Arafo: Don José Rodríguez Arvelo (1882-1963), cabo de Artillería, comerciante, secretario de Juzgados, corresponsal de periódicos, auxiliar ejecutivo, vicesecretario local del Partido Republicano Tinerfeño, presidente del “Club Central” y de la Agrupación Artístico-Musical “La Candelaria”

     Nuestro polifacético biografiado se inició en su adolescencia como labrador y zapatero; prestó su servicio militar como artillero 2º y cabo de Artillería y, después de licenciado, actuó como tallador de quintos en el Ayuntamiento de Arafo. En plena juventud abrió en su pueblo natal un comercio de comestibles bastante innovador para su época, vendió ganado, se dedicó a la compraventa de acciones de galerías, en una de las cuales también ocupó la secretaría de su junta directiva, y fue corresponsal de los periódicos Diario de Tenerife y El Progreso. Pero, sobre todo, ejerció como secretario del Juzgado Municipal de Arafo durante 27 años y medio, secretario habilitado del Juzgado Comarcal de Güímar y secretario titular del Juzgado del Realejo Bajo; simultáneamente actuó como auxiliar de la Agencia Ejecutiva de Hacienda en la zona de Santa Cruz de Tenerife. Además, fue colaborador adjunto de la Junta local del Censo de Población, vocal suplente de la Junta Municipal del Censo electoral de Arafo, vicesecretario de la Junta local del Partido Republicano Tinerfeño, presidente del “Club Central” y de la Agrupación Artístico-Musical “La Candelaria”, de la que luego fue presidente honorario.

     Nació en Arafo el 2 de agosto de 1882, siendo hijo de los agricultores don Antonio Rodríguez de Mesa y Mesa, natural de dicho pueblo, y doña María de los Dolores Arvelo Díaz, que lo era de la Villa de La Orotava. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de San Juan Degollado por el cura servidor don Antonio González Fernández; se le puso por nombre “Ángel José” y actuó como madrina doña Francisca Gil Fariña…

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El naufragio del vapor transatlántico español “Valbanera” en la costa de Cuba (1919) y su repercusión en el Sur de Tenerife

     El pasado año, concretamente el 10 de septiembre de 2019, se conmemoró el primer centenario de la mayor tragedia naval española en tiempo de paz, el naufragio del vapor transatlántico “Valbanera”, que partiendo de Barcelona recogió 569 pasajeros en Canarias, quienes emigraban a Cuba en busca de mejor fortuna; pero muchos de ellos encontraron la muerte en esa travesía, sin haber llegado a su destino. El hundimiento de dicho buque con motivo de un huracán acabó con la vida de 488 personas, de las cuales al menos 408 eran canarias, por lo que fue conocido como el “Titanic de los pobres”, el “Titanic canario” o el “Titanic de la emigración canaria”. En este artículo nos ocupamos de ese triste suceso, de repercusión internacional, recordando a los pasajeros del Sur de Tenerife que viajaban en él. Curiosamente, en su viaje anterior el mismo barco sufrió una grave epidemia de gripe en la travesía de Cuba a Canarias, en la que murieron unos 30 pasajeros, además de otros que fallecieron después de desembarcar en Las Palmas de Gran Canaria. Sin duda es una de las historias más dramáticas de la emigración canaria, una constante que ha marcado la historia de este archipiélago.

     El vapor “Valbanera” era un gran buque correo transatlántico español, propiedad de la compañía de navegación “Pinillos”. Fue construido en Glasgow, en Escocia, y entregado a dicha naviera en noviembre de 1906, siendo bautizado como “Valbanera” en honor a la Virgen de Valvanera, de La Rioja, aunque por algún error se modificó el nombre cambiando la segunda v por una b. Sus características generales eran: 121,9 m de eslora; 14,6 m de manga; 6,5 m de puntal; 7,6 m de calado; propulsión por alternativa de triple expansión, con dos hélices; velocidad de 12 nudos; y capacidad para 1.200 pasajeros, repartidos en 4 clases o categorías. Fue asignado por la Naviera Pinillos a la línea entre los puertos mediterráneos españoles y los atlánticos de Canarias, a Puerto Rico, Cuba y los puertos norteamericanos del Golfo de México. También navegó en la ruta entre España, Brasil y Argentina…

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Descripción del término de Arafo en 1798

     Este artículo se centra en la primera descripción conocida del término de Arafo tras su segregación de Candelaria, que se produjo el 3 de enero de 1798. Corresponde a un informe redactado a finales de ese mismo año probablemente por el fiel de fechos del primer Ayuntamiento o alcaldía real, don Domingo González García, aunque en su elaboración sin duda participó el alcalde real, don Felipe Marrero de Castro, en respuesta a las 47 preguntas incluidas en una instrucción remitida por el Gobierno de España a todos los pueblos del Reino, para que éstos se lo remitiesen al intendente provincial.

     En ella se describe sucintamente el lugar y se especifican los grupos de edad de la población, por sexos; el número de casas; los oficios o actividades profesionales; los cargos y empleos públicos; y el personal adscrito a la vida militar y religiosa de la localidad. También se señala la dependencia de las tierras del Convento agustino de La Laguna. En síntesis, una interesante visión de esta jurisdicción a finales del siglo XVIII…

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Los graves efectos del aluvión de 1826 en el municipio de Güímar y en los pueblos vecinos de Arafo y Fasnia

     Mucho se ha escrito sobre el célebre aluvión, huracán, tormenta o temporal de 1826, la catástrofe natural de ese tipo más grave de las registradas en la historia de Tenerife, pero aún quedan muchos datos por conocer del mismo. Los días 7 y 8 de noviembre de dicho año, hace casi dos siglos (exactamente 193 años), acometió a las islas, y con especial crudeza a Tenerife, uno de esos temporales de viento y lluvias torrenciales que en periodos más o menos largos suelen visitarla y que, por desgracia, siempre dejan una honda huella de su marcha destructora. Pero si de todos los ocurridos habían quedado recuerdos imperecederos, del que nos ocupa ha perdurado su memoria aterradora, viva y fresca, hasta la actualidad, pues tal fue la magnitud de sus estragos, humanos y materiales, que se considera el mayor de los ocurridos después de la Conquista. De lo ocurrido en Candelaria ya nos ocupamos en otro artículo de este mismo blog, por lo que en esta ocasión nos vamos a centrar en lo ocurrido con motivo de esa catástrofe en Güímar, Arafo y Fasnia.

     En el término de Güímar el número de víctimas mortales se elevó a siete, cinco de ellas sorprendidas en las Dehesas de Agache (de las que tres fueron llevadas por las aguas torrenciales que discurrieron por el barranco de Herques) y las dos restantes arrastradas con sus casas en el barrio de La Hoya de Güímar. En cuanto al resto de los daños, debemos destacar los 103 animales que sucumbieron con motivo del aluvión en todo el municipio: 3 bueyes, 1 yegua, 2 mulos, 5 burros, 72 cabras, 18 ovejas y 2 gallinas. Se dañaron decenas de casas, 7 de las cuales fueron “llevadas desde sus cimientos”. Numerosas fueron las pérdidas de frutos (tanto los que ya se habían recogido como los de próxima cosecha), los estragos de tierras superficiales y las cercas destruidas en los terrenos que se salvaron. Hubo graves daños en las higueras, pues fueron muchas las arrancadas por el huracán sin pérdida de tierras, por un importe de 17.558,3 pesos. También se perdieron otros árboles en La Ladera, la Costa, Las Rozas, Boruga, el pueblo, las Lomas y Agache, por un valor total de 151.249,3 pesos; las tierras que se llevó el agua, en extensión y profundidad, se elevaron a 7.536 almudes y la mayor parte correspondían a viñedos. De los 695 contribuyentes que existían en el término según el último repartimiento de la Contribución Territorial, 498 presentaron cuentas de pérdidas, restando “197 propietarios que puedan asegurar haber sufrido más o menos”. El total de las pérdidas económicas sufridas en el término se evaluó en 196.476,33 pesos.

     En Arafo, además de la pérdida de un elevado número de animales domésticos, árboles silvestres y frutales, así como daños en las cosechas y en las casas de sus habitantes, sólo hubo una víctima mortal del aluvión, que fue arrastrada hasta la costa por las aguas torrenciales que bajaron por el barranco de Añavingo. Por fortuna, el aluvión sólo provocó la muerte de un hijo del municipio de Fasnia, ahogado en un naufragio, pero también afectó a la iglesia de San Joaquín, que por entonces ya adolecía de graves defectos estructurales, pues se desplomaron unas paredes, con el consiguiente deterioro del pavimento, aparte de los consiguientes daños en ganado, viviendas particulares y cultivos…

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La orquesta “Club” de Arafo (1951-1956)

     De las numerosas orquestas de baile que han existido en Arafo, municipio que como es sabido cuenta con una larga tradición musical, en esta ocasión nos centramos en la orquesta “Club”, que recorrió la geografía insular en los años cincuenta, aunque su trayectoria fue corta, pues solo permaneció en los escenarios durante cinco años. Siempre tuvo siete miembros, todos ellos naturales y vecinos de Arafo, siendo su director-coordinador el prestigioso músico don Luciano Pérez Rivero; ensayaban en la casa de don Nelson Rodríguez Fariña y en su etapa final incorporaron una vocalista. Pero, desgraciadamente, no hemos podido localizar ninguna fotografía suya.

     Esta orquesta se formó en 1951 con músicos procedentes del “Trío Argeo” y la Sociedad Filarmónica “Nivaria”. En sus inicios estuvo constituida por los siguientes componentes: don Nelson Rodríguez Fariña (piano y acordeón), don Luciano Pérez Rivero (batería), don Argeo Pestano Fariña (trompeta), don Antonio García Marrero (saxo alto), don Fidel Fariña Hernández (saxo tenor), don Vidal Otazo Rodríguez (contrabajo) y don Bolívar Pestano Coello (trombón de vara). Don Luciano Pérez (“Chano”) actuó como director-organizador del grupo, con la colaboración de don Vidal Otazo. Ensayaban en casa de don Nelson Rodríguez, en la calle José Antonio. Hacia 1954, cuando don Argeo Pestano se trasladó a Santa Cruz de Tenerife, don Luciano pasó a tocar la trompeta; luego, cuando se fue don Antonio García, don Vidal pasó a saxo alto; ambas bajas se cubrieron con don Febes Pestano Ferrera (batería) y don Quírico Coello Albertos (bajo).…

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Arafo: Don Antero Rodriguez Fariña (1917-1997), sargento de las Milicias de Falange y efectivo de Infantería, con sueldo de brigada y condecorado, agricultor, operador de cine, concejal síndico, vicepresidente del Casino, presidente de la Cooperativa Agrícola y músico de orquestas

     Aunque nacido en Cuba, nuestro biografiado se estableció de corta edad en Arafo, pueblo del que era oriundo por ambos padres, donde fue conocido por “Siso”. Siguió la carrera militar hasta alcanzar el empleo de sargento de las Milicias de Falange durante la Guerra Civil; con dicho empleo pasó a Infantería con carácter efectivo, prestando sus servicios en Tenerife, La Palma, Menorca, donde fue subinstructor de reclutas, y Lanzarote; luego, cuando ya estaba en situación de reemplazo voluntario se le reconoció el sueldo de brigada; durante su servicio militar también obtuvo el título de Monitor de Gimnasia, participó en competiciones de natación y, en reconocimiento a sus méritos, recibió varias condecoraciones. Además, fue agricultor, operador de cine, concejal del Ayuntamiento de Arafo, vicepresidente del Casino “Unión y Progreso”, cofundador del Centro Cultural y Recreo y presidente de la Cooperativa Agrícola “María Auxiliadora” de dicha villa. Como la mayoría de los miembros de su familia también fue un músico destacado, pues debutó como laúd de un quinteto de cuerdas y formó parte durante muchos años, como acordeonista y pianista, de las orquestas “Nivaria”, “Río de Oro” y “España” de Arafo; de esta última fue fundador y director-coordinador.

     Nació en una casa de la Carretera de Sagua, en la ciudad de Santa Clara (provincia de Las Villas, Cuba) el 24 de noviembre de 1917, a las dos de la madrugada, aunque fue inscrito en el Registro Civil como nacido el 3 de enero de 1918 (su fecha oficial); era hijo de don Heliodoro Rodríguez Coello y doña María Concepción Fariña Vizcaíno (conocida por “Martina”), ambos naturales de Arafo. El 20 de febrero inmediato fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa Clara de dicha ciudad…

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Arafo: Don Leovigildo César Rodríguez Rodríguez (1929-2018), puntal, capitán, mandador y vocal del “C.L. Chimisay”, agricultor, cabo de Ingenieros y policía municipal de Arafo, donde da nombre al Terrero municipal de lucha canaria

     Miembro de una familia muy conocida de Arafo, oriunda de El Escobonal (Güímar), don César comenzó a luchar a los 14 años de edad en el equipo aficionado “Ayesa” de su pueblo natal y, tres años después, pasó al “C.L. Chimisay” de la misma villa, en el que continuó el resto de su carrera deportiva, otros 19 años, en los que actuó como puntal, entrenador y capitán, aunque también formó parte de selecciones del Sur de la isla; después de retirado volvió a actuar como mandador y vocal del mismo club. Además, durante el servicio militar, que prestó como cabo de Ingenieros, fue puntal-entrenador de un equipo de lucha militar, así como atleta lanzador de jabalina, peso y martillo, modalidad ésta en la que quedó 4º en el Campeonato de Canarias. Desde el punto de vista profesional, se inició en el comercio de su padre y luego trabajó como agricultor, empleado de la Cooperativa agrícola de Arafo, paredero y guardia municipal de dicha localidad durante casi tres décadas, ejerciendo también como tallador-pesador de quintos en el Ayuntamiento. En reconocimiento a sus méritos deportivos, el Ayuntamiento de Arafo dio su nombre al Terrero municipal de lucha canaria.

     Nació en Arafo el 20 de agosto de 1929, a la una de la madrugada, siendo hijo de don Ricardo Rodríguez Curbelo y doña Ernestina Rodríguez y Rodríguez. El 17 de noviembre de ese mismo año fue bautizado en la iglesia de San Juan Degollado por el cura párroco propio don Hildebrando Reboso Ayala; se le puso por nombre “Leovigildo César” y actuó como padrino don Antonio Rodríguez y Rodríguez…

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La Orquesta “The Six Men” de la Villa de Arafo (1969-1971)

     El presente artículo está dedicado a una de las numerosas orquestas de baile que han existido en la villa de Arafo. Llevó por nombre “The Six Men”, por el número de miembros que la componían, y solo permaneció en activo algo menos de dos años. No obstante, en ese tiempo llevaron su buen hacer musical a salas de numerosas localidades tinerfeñas e incluso de Lanzarote. La mayoría de sus miembros eran araferos, siendo uno de ellos su coordinador, don Adalberto Albertos Albertos, a pesar de ser el más joven del grupo.

     Tres meses después de la disolución del conjunto músico-vocal “Los 5 de Arafo” , en junio de 1969 se formó una nueva orquesta en la villa de Arafo, con tres componentes de la anterior más otros tres músicos nuevos, la cual fue bautizada como “The Six Men”, en inglés para darle un toque de modernidad. Como ya se ha indicado, fue coordinada y dirigida por don Adalberto Albertos Albertos (cofundador y saxo tenor), a quien acompañaban dos de la orquesta anterior: don Rubén Delgado Coello (cofundador y trompeta) y don José Marrero Albertos (órgano), los tres araferos; a ellos se sumaron tres nuevas incorporaciones: don Quírico Coello Albertos (contrabajo eléctrico), también hijo de Arafo, don Antonio García (batería), de Igueste de Candelaria, y don Miguel (vocalista), de La Laguna…

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Arafo: Don Alejandro Pérez García (1866-1938), guardia provincial, sargento de Infantería, tallador de quintos en los Ayuntamientos de Arafo y Güímar, carrero, propietario agrícola y ventero

     Miembro de una familia de agricultores, nuestro biografiado comenzó trabajando como jornalero para luego seguir una modesta carrera militar, que inició como soldado de Infantería para, después de ejercer durante dos meses como guardia provincial de 2ª, ir ascendiendo a soldado de 1ª, cabo 2º y sargento de Infantería; con este último empleo actuó como tallador de quintos en los ayuntamientos de Arafo y Güímar, así como delegado de la autoridad militar en el primero de ellos. Al margen de su actividad militar, desde el punto de vista profesional, fue carrero y propietario agrícola, además de regentar una venta con su esposa y su hija. Tuvo una destacada sucesión.

     Nació en Arafo el 23 de noviembre de 1866, siendo hijo del albañil don Francisco Pérez Albertos, natural de Santa Cruz de Tenerife pero oriundo de dicho pueblo, y doña María García y García, que lo era de la localidad sureña. Dos días después fue bautizado en la iglesia de San Juan Degollado por el Lcdo. don Claudio Marrero Delgado, “primer Cura Párroco” de la misma; se le puso por nombre “Alejandro Juan” y actuó como madrina doña Candelaria García, natural de Güímar y soltera…

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Arafo-Güímar: Don Diego Alonso Bencomo (1661-1742), descendiente del Mencey de Adeje, alférez de Milicias, patrono de una Capellanía, mayordomo de la fábrica parroquial de Güímar, miembro de dos hermandades y una cofradía

    Miembro de una destacada familia de origen guanche, en la que proliferaron los militares y religiosos, nuestro biografiado también siguió la carrera militar, pues a pesar de ser analfabeto obtuvo el empleo de alférez del Tercio de Infantería de Güímar y Candelaria, con el que continuó tras la transformación de dicho cuerpo en el Regimiento de Milicias de Güímar. Además, fue un rico propietario agrícola y patrono de una capellanía, que recayó en su hijo Cristóbal, para el que también instituyó un patronato vitalicio, con lo que éste tuvo suficiente congrua para ordenarse de sacerdote. También fue mayordomo de fábrica de San Pedro Apóstol, hermano de la Hermandad del Santísimo Sacramento de la misma parroquia y de la Hermandad del Rosario del Convento de Santo Domingo en Soriano, así como cofrade de la Cofradía de la Misericordia, de la mencionada parroquia. Con motivo de un pleito, junto a su hermano Juan probó su noble filiación hasta el Rey Don Diego de Adeje (“Pelinor”), al demostrar que ambos eran tataranietos por ambas líneas de doña Juana Díaz, mujer de don Juan Marrero, bisnieta y “heredera universal del rey don Diego”.

     Nació en Arafo en noviembre de 1661, siendo hijo de don Juan Alonso Bencomo “El Menor” y doña Nicolasa Díaz de Ledesma. El 17 de ese mismo mes recibió el bautismo en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Güímar, de manos del Bachiller don Salvador Pérez, cura y beneficiado de la misma y de Santa Ana de Candelaria; se le puso por nombre “Diego” y actuó como padrino el sacerdote dominico fray Diego Bencomo, su tío paterno…

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