Güímar: Don Anselmo Pérez García (1917-2008), luchador destacado, emigrante ilegal a Venezuela en un viaje que fue una odisea, soldado de Infantería condecorado, repartidor de frutos y agricultor

Nuestro biografiado fue un hombre del campo, que destacó como luchador en el primer equipo de lucha canaria de su pueblo natal. Luego fue movilizado con motivo de la Guerra Civil, en la que prestó sus servicios como soldado de Infantería y fue condecorado. Después de licenciado emigró a Venezuela, en busca de mejor fortuna, pero su viaje en un velero clandestino constituyó una auténtica odisea que duró 41 días. En el país hermano trabajó inicialmente en la agricultura, hasta obtener la documentación legal; luego lo hizo en el bar-restaurante de un tinerfeño y, finalmente, en el reparto de fruta tropical en una camioneta de su propiedad. Regresó temporalmente a su pueblo natal, en el que contrajo matrimonio, y luego volvió a Venezuela, donde continuó viviendo con su esposa durante algunos años. Tras permanecer durante 23 años en el gran país americano, regresó definitivamente a Tenerife y se estableció en su pueblo natal, donde se dedicó a la agricultura, llevando los productos cultivados al Mercado de Santa Cruz de Tenerife.

Nació en la calle de la Vera de Abajo de El Escobonal (Güímar) el 17 de abril de 1917, siendo hijo de don Anselmo Pérez Yanes y doña Dolores García Marrero. Fue bautizado en la iglesia de San José por el cura párroco don Simón Higuera Marrero, aunque su partida fue anotada en la iglesia matriz de San Pedro Apóstol de Güímar, pues aquella aún no había sido elevada a parroquia. Se le puso por nombre “Anselmo Juan” …

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Güímar: Don José Torres Sosa (1873-1918), guarda forestal asesinado por su celo profesional, agricultor, emigrante a San Antonio de Texas, cabo de Infantería condecorado en la Guerra de Filipinas y tallador de mozos en el Ayuntamiento de Güímar

Nuestro personaje emigró de corta edad con sus padres a San Antonio de Texas, en los Estados Unidos, donde todos se dedicaron a las labores agrícolas; pero tras la muerte de sus progenitores, en su adolescencia decidió regresar a su tierra, con el dinero que allí habían ahorrado, y se estableció en el barrio de San Juan, donde se dedicó a partir de entonces a la agricultura, primero como jornalero y luego como propietario. Prestó su servicio militar en el Batallón de Cazadores de Tenerife, en el que alcanzó el empleo de soldado de primera; pero al estallar por entonces la Guerra de independencia de Filipinas, fue movilizado por sorteo y enviado a dicho archipiélago, donde estuvo a punto de perder la vida. Al final de la contienda bélica, en la que España perdió dicho archipiélago, fue repatriado, regresando a Tenerife con el empleo de cabo y la Medalla de la campaña de Filipinas. Como cabo licenciado, actuó como tallador de mozos en el alistamiento celebrado en el Ayuntamiento de Güímar. En su municipio natal se dedicó al cuidado de sus propiedades agrícolas y luego obtuvo una plaza de guarda forestal, que desempeñó en los montes de dicho municipio, ganándose el respeto de sus paisanos por su celo profesional y su integridad. Pero las rencillas de unos cabreros a los que había multado hicieron que comenzara a sufrir un continuo acoso, hasta que fue asesinado de un tiro a la puerta de su casa, en presencia de una hija. Fueron detenidos los dos culpables y el propietario del rebaño de cabras que aquellos cuidaban, pero éste fue puesto en libertad, mientras que aquellos fueron enviados a prisión. Uno de ellos murió en la cárcel antes de ser juzgado, mientras que el otro fue sometido a juicio en la Audiencia Provincial, dos años después del asesinato y tras varios aplazamientos, siendo condenado a 14 años, 8 meses y 1 día de presidio, además de 3.000 pesetas de indemnización a la familia del muerto.

Nació en el barrio de La Hoya (Güímar) el 26 de junio de 1873, a las tres de la madrugada, siendo hijo de don Vicente Torres de la Rosa y doña Rita Sosa Gómez. Dos días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por don Fidel Farré y Pujol, cura párroco rector ecónomo de la misma y arcipreste del partido; se le puso por nombre “José” y actuó como madrina doña Francisca Galdona Torres, siendo testigos don Francisco Yanes y don Emilio Hernández Delgado. Fue conocido entre sus paisanos como “Pepe”. …

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Güímar: Don Braulio García Campos (1907-1979), capitán de complemento de Ingenieros, secretario del Casino de Güímar y de varias comunidades de aguas, tesorero del “C.D. Güímar”, concejal del Ayuntamiento, secretario del “Sindicato Agrícola Tomatero de la Villa de Güímar” e industrial

Nuestro biografiado siguió una destacada carrera militar ascendiendo desde soldado hasta sargento de complemento de Ingenieros durante su servicio militar obligatorio. Después de licenciado fue movilizado con motivo de la Guerra Civil y pasó al frente, en el que ascendió hasta teniente de complemento de Ingenieros y obtuvo varias condecoraciones. De regreso a Tenerife, ejerció en el Grupo de Ingenieros de Tenerife como cajero, auxiliar de Mayoría y Almacén, mayor accidental, juez instructor, profesor de las Escuelas Regimentales de Cabos y ayudante del Grupo; finalmente, ya en la reserva, ascendió a capitán de complemento de Ingenieros. Además, trabajó como agricultor y como industrial fue titular de un café-bar y de una fábrica de gaseosas en su Güímar natal. También desempeñó numerosos cargos: vicesecretario y secretario del Casino de Güímar; secretario de las comunidades de aguas “El Madroño” y “La Unión”; tesorero del “C.D. Güímar”; miembro de la comisión organizadora del Comité Local de la Juventud de Acción Popular Agraria; concejal y regidor síndico suplente del Ayuntamiento; secretario del “Sindicato Agrícola Tomatero de la Villa de Güímar”; presidente de la Comunidad de aguas “El Milagro”. Finalmente, estuvo empleado en Santa Cruz de Tenerife, donde falleció.

Nació en la calle San Pedro Arriba de Güímar el 5 de octubre de 1907, a las nueve de la mañana, siendo hijo de don Florentín García Díaz y doña Emelina Campos Jorge. El 27 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el cura ecónomo don Manuel E. Cortés y Segura, arcipreste del distrito; se le puso por nombre “Braulio Vicente” y actuó como padrino don Braulio García Díaz…

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Güímar: Don José Delgado Trinidad y de la Rosa (1753-1814), subteniente de Cazadores propuesto para capitán, alcalde real de Güímar en dos ocasiones, acomodado propietario agrícola de origen guanche e instigador del motín de 1810 contra el corregidor de Tenerife

Miembro de una de las familias más ilustres de Güímar y de todo el Sur de Tenerife, de origen guanche, nuestro biografiado siguió la tradición militar de sus antepasados e ingresó como subteniente de bandera en la 1ª compañía del Regimiento Provincial de Güímar, empleo con el que luego pasó a la compañía de Cazadores; fue propuesto para el ascenso a capitán del mismo cuerpo, pero una hemiplejia que le afectó al lado derecho de su cuerpo truncó su carrera militar. Además, destacó como propietario agrícola, sobre todo en El Escobonal; actuó en una ocasión como comisionado del corregidor; y fue elegido en dos ocasiones alcalde real de Güímar, protagonizando el motín de 1810 contra dicha autoridad insular, que había acudido a Güímar para anular las elecciones y destituirlo de la alcaldía. Falleció prematuramente y su esposa le sobrevivió durante casi 35 años, dejando amplia y destacada sucesión.

Nació en la casa familiar de Chacaica (Güímar) el 13 de noviembre de 1753, siendo hijo del capitán don José Delgado Trinidad y Díaz y doña Antonia (Hernández) de la Rosa y Ramos. El 21 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol por el presbítero don José Fernández Camillón, con licencia de don Cristóbal Alonso Núñez, beneficiado de la misma; se le puso por nombre “José Domingo Diego de Santa María del Carmen” y actuó como padrino el capitán don Domingo Joaquín Baulén y Briones, vecino de dicho lugar…

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La construcción y bendición de la primera iglesia de San José en El Escobonal (Güímar), el polémico traslado de la imagen de San José desde la antigua ermita y su devenir hasta su elevación a parroquia (1850-1929)

Aún no había pasado un siglo desde que en 1755 se procediese a la bendición de la primitiva ermita de San José de El Escobonal, en Cano, y ésta ya se había quedado aislada y demasiado pequeña, pues el pueblo había crecido mucho, sobre todo hacia la parte alta, y gran parte de los asistentes a misa se veían obligados a quedarse fuera del recinto, no llegando a ver ni tan siquiera el altar en el momento de la celebración de los oficios. Por este motivo, la mayor parte del vecindario, que por entonces vivía lejos de la ermita, solicitó construir otra de mayores dimensiones y más céntrica, para que de esa manera pudieran beneficiarse los que tenían que desplazarse desde más lejos. La propuesta fue apoyada plenamente por el beneficiado y vicario de Güímar, don Agustín Díaz Núñez, quien pensaba que en el nuevo templo podría erigirse una ayuda de parroquia, cuando tuviese lugar el nuevo arreglo parroquial que se pretendía llevar a cabo en la Diócesis. Como consecuencia de ello, el 11 de septiembre de 1850 el Dr. Díaz Núñez solicitó al obispo el traslado de la ermita de San José a otro lugar más céntrico y el 19 de ese mismo mes se concedió la oportuna licencia, siempre que no resultase perjuicio a terceros. En virtud de ello, los vecinos del lugar comenzaron a organizarse, nombrando encargado de la obra a don Joaquín de Castro y depositario de las limosnas a don Amaro Díaz; éstos se concertaron con don Matías Perera, maestro de mampostería vecino de la Villa de Santa Cruz, para que construyera dicho templo.

En 1851 ya se habían construido las paredes, pero las obras se detuvieron en ese punto por disidencias vecinales e incumplimiento del albañil, lo que motivó un juicio de conciliación en 1852. Pero pasaban los años y no se concluía la obra de la iglesia, que en 1858 continuaba parada, notándose ya los graves daños que los agentes atmosféricos iban efectuando en la parte construida. Finalmente, a comienzos de los años sesenta los vecinos le dieron el impulso final y pudieron techarla, gracias a sus prestaciones personales. Pero cuando las obras ya estaban a punto de finalizar, surgieron una serie de rumores que alarmaron a los vecinos que vivían más cerca de la primitiva ermita de Cano, pues se afirmaba que algunos de sus paisanos pretendían derribar la antigua ermita con el objetivo de poder utilizar los materiales en la nueva iglesia, lo que inició un periodo de cierta tensión entre el vecindario. Por ello, en 1860 y 1861 los vecinos de El Escobonal de Abajo cursaron sendas solicitudes al gobernador eclesiástico, con el fin de que ordenase al párroco-arcipreste de Güímar que no permitiese la demolición de la ermita; y así se hizo, por lo que desapareció dicha amenaza. No obstante, en 1862, los mismos vecinos elevaron otro escrito a la citada autoridad eclesiástica, al circular nuevos rumores de que se iban a trasladar los objetos de culto y la imagen del patrono titular (San José) de la antigua ermita al nuevo templo, que estaba a punto de inaugurarse. Pero esta idea estaba apoyada por el mencionado beneficiado de Güímar y arcipreste del distrito, Dr. don Agustín Díaz Núñez, quien entendía que la nueva iglesia era mucho más céntrica y tenía suficiente capacidad para albergar la ayuda de parroquia que tenía prevista en su arreglo parroquial, por lo que con el traslado se beneficiaría todo el vecindario y se mejoraría el culto. El gobernador eclesiástico apoyó la propuesta del arcipreste y el 17 de marzo de 1862 dispuso que se bendijese la nueva iglesia y se trasladase a ella la imagen del patrono San José, pero que se colocase en la vieja ermita una nueva imagen expuesta al culto. Ante esta decisión, los vecinos de El Escobonal de Abajo elevaron sendos escritos a dicho gobernador y al obispo, reiterando su solicitud de que la antigua imagen de San José permaneciese en su primitiva ermita y proponiendo que se adquiriese otra nueva para la iglesia que acababa de construirse, aunque todo fue en vano. Una vez finalizada y dotada de lo necesario para el culto, el 21 de mayo de ese mismo año se procedió a la bendición de la nueva iglesia y al traslado de la imagen de San José desde la antigua ermita de Cano, en una solemne ceremonia presidida por el citado Dr. Díaz Núñez. La vieja ermita permanecería abierta al culto y dedicada a San Vicente Ferrer, hasta su desplome y ruina posterior…

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Güímar: Don Segundo de la Oliva y López (1827-1899), escribiente, maestro de las escuelas públicas de niños de Güímar y Candelaria, secretario de los ayuntamientos de Arafo y Candelaria, sochantre de la parroquia de Santa Ana, oficial de Correos en la capital, secretario del Gabinete Instructivo y jurado judicial

Nuestro biografiado se inició en la vida laboral como escribiente en la Escribanía pública que regentaba su padre en Güímar, donde vivió desde su adolescencia y contrajo matrimonio. Luego fue nombrado maestro de la escuela pública de niños de dicha localidad, a cuyo frente permaneció durante casi ocho años; dicho empleo lo simultaneó durante tres años con la secretaría del Ayuntamiento de Arafo. Tras solicitar una plaza de escribiente u oficial auxiliar de secretaría en el Ayuntamiento de Güímar, que le fue negada, renunció a su plaza de maestro para asumir la plaza de secretario del Ayuntamiento de Candelaria; en esta localidad también ejerció como sochantre de la parroquia y luego como maestro de la escuela pública de niños; y a continuación realizó algunos trabajos de estadística municipal para el Ayuntamiento güimarero. Posteriormente, se estableció en Santa Cruz de Tenerife, donde obtuvo una plaza de auxiliar y luego de oficial en la Oficina Principal de Correos, en la que continuó trabajando incluso después de su jubilación; además, en dicha capital también fue secretario de la Junta Administrativa del Gabinete Instructivo y jurado judicial. Asimismo, se dedicó a la explotación y comercialización de arena.

Nació en Las Palmas de Gran Canaria el 1 de junio de 1827, siendo hijo de don Domingo de la Oliva Bérriz, “visitador general y comandante del Resguardo de Rs. Rs. de esta Provincia”, natural de La Laguna, y doña Francisca López López, que lo era de Santa Cruz de Tenerife. Tres días después fue bautizado en la parroquia del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de dicha ciudad por el cura semanero don Prudencio Almeida; se le puso por nombre “Segundo Francisco Caraciolo” y actuó como madrina doña María Consolación López…

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Güímar: Don Isidro Pérez Aparicio (1830-1903), sargento 1º de Milicias, comandante de armas, tallador de quintos, teniente de alcalde y recaudador de las Contribuciones directas de los pueblos de Güímar, Arafo y Fasnia

Nuestro biografiado siguió la carrera militar en el Batallón Ligero Provincial de La Laguna, que comenzó desde soldado hasta alcanzar el empleo de sargento 1º de Milicias; con éste ejerció como comandante de armas de Güímar y tallador de quintos en el Ayuntamiento de dicha localidad. Además, como notable propietario agrícola, fue elegido teniente de alcalde del Ayuntamiento de Güímar y nombrado recaudador de las Contribuciones directas de los pueblos de Güímar, Arafo y Fasnia. Continuando a su padre y su abuelo, también fue hermano de la Confraternidad del Rosario y del Carmen de la parroquia de San Pedro.

Nació en Güímar el 12 de mayo de 1830, siendo hijo de don José Domingo Pérez Cartaya y Campos, de la misma naturaleza, y doña Rita Aparicio Rodríguez, natural de Santa Cruz de Tenerife y oriunda de Castilla por su padre. Ese mismo día fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el Br. Don Agustín Díaz Núñez, examinador sinodal y beneficiado curado de la misma; se le puso por nombre “Isidoro Mamerto” y actuó como padrino don Juan Delgado Fariña. Siempre fue conocido por “Isidro”.

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Los primeros alcaldes pedáneos de El Escobonal (Güímar) entre 1833 y 1894

Aunque en principio pueda parecer lo contrario, por lo menos en los dos últimos siglos la comarca de Agache (Güímar) ha tenido representantes municipales propios. Conocemos la designación de alcaldes pedáneos para el pago de El Escobonal (también llamado por entonces “Pago de San José”) desde 1833 hasta 1894, por lo general limitados a dicho pueblo, pero en ocasiones con jurisdicción sobre todos los núcleos de población de la comarca de Agache. Estos alcaldes pedáneos o de barrio eran delegados gubernativos para asuntos locales, nombrados por el alcalde de Güímar o por el gobernador civil de la provincia, previa propuesta de una terna por parte del Ayuntamiento. Luego, entre 1894 y 1936, se nombraron alcaldes de barrio independientes en todos los núcleos de Agache: El Escobonal, Lomo de Mena, La Medida y Pájara, aunque algunos de éstos tuvieron jurisdicción conjunta sobre Lomo de Mena – La Medida, o sobre La Medida – Pájara.

Además, con carácter esporádico se nombraron algunos jueces pedáneos, que colaboraban con los jueces municipales en asuntos de Justicia, pero solo en el ámbito territorial delegado por éstos. Simultáneamente, Agache también ha tenido representación en el Ayuntamiento de Güímar, del que casi siempre han formado parte regidores o concejales que han nacido y/o vivido en los distintos pueblos, algunos de los cuales han repetido en el cargo. De ellos, varios han ocupado tenencias de alcaldía, con autoridad sobre toda la comarca. Como curiosidad, Agache tuvo más ediles municipales entre 1838 y 1900 que en todo el siglo XX; en el siglo XXI su cifra ha vuelto a aumentar e, incluso, en estos años dos ediles agacheros han ostentado la primera tenencia de alcaldía y la alcaldía del municipio de Güímar.

En este artículo nos vamos a centrar exclusivamente en los alcaldes pedáneos de El Escobonal, nombrados durante la primera etapa de la que tenemos documentación, de 1833 a 1894. Son 18 hombres, pues las mujeres en esa época no tenían opción de desempeñar dicho cargo, de los que sólo uno repitió en el mismo (en tres ocasiones). Todos fueron agricultores y propietarios de tierras; además, dos fueron venteros y uno patrón de barco…

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Güímar: Don Domingo Hernández de la Rosa (1699-1770), alférez y teniente capitán de Milicias, propietario agrícola y ganadero y hermano mayor de la Hermandad del Rosario

Nuestro biografiado vivió toda su vida en Güímar, dedicándose al cuidado de sus propiedades agrícolas y ganaderas. Simultáneamente, siguió la carrera militar en el Regimiento Provincial de Güímar, en el que ostentó los empleos de alférez y teniente capitán de Milicias, aunque es probable que también alcanzase el sobregrado de capitán, pues con él se le menciona en diversos documentos. Además, fue elegido hermano mayor de la Hermandad del Rosario, que tenía su sede en el Convento dominico de dicha localidad, cargo desde el que tuvo que buscar solución a las controversias surgidas con la Hermandad de la Misericordia de la Parroquia de San Pedro.

Nació en Güímar el 26 de abril de 1699, siendo hijo de don Lucas Hernández Oliva (también conocido como “Lucas Hernández Guapo”) y doña Isabel María de la Rosa (o Arrosa), casados en 1694. El 1 de mayo inmediato recibió las aguas bautismales en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de manos del presbítero don Francisco Hernández de la Rosa, con licencia del beneficiado don Bartolomé Peres Sutil; actuaron como padrinos don Juan Ximenes y doña Luisa de Roxas…

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Güímar-Arico: Don Domingo Campos de la Rosa (1884-1970), maestro albañil, agricultor, primer teniente de alcalde de Arico, jurado judicial, somatenista, concejal, secretario suplente del Juzgado municipal, falangista y vocal de la Junta local del Subsidio Pro-Combatientes

Nuestro biografiado, nacido en El Escobonal pero establecido de corta edad en Arico, trabajó durante toda su vida como maestro albañil y agricultor. Además, al igual que su padre, a lo largo de su vida desempeñó numerosos cargos en su municipio adoptivo: primer teniente de alcalde; jurado judicial; somatenista; de nuevo concejal del Ayuntamiento; secretario suplente del Juzgado Municipal, estando al frente de la secretaría durante casi siete meses; falangista y vocal de Junta Local del Subsidio Pro-Combatientes. Contrajo matrimonio en la Villa de Arico, donde dejó una sucesión amplia y longeva.

Nació en el pago de El Escobonal (Güímar) el 21 de marzo de 1884, a las seis de la madrugada, siendo hijo de don Domingo Campos Yanes y doña Estéfana de la Rosa Lugo, naturales y vecinos de dicho pueblo. Al día siguiente fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por el Lcdo. don Fidel Farré Pujol, examinador sinodal, beneficiado de la parroquia y arcipreste del distrito; actuó como madrina doña Dominga Díaz Rodríguez…

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