Los sonetos dedicados a los núcleos de población de Agache (Güímar) por el poeta don Arístides Hernández Mora

En el año 1971, el prestigioso poeta güimarero don Arístides Hernández Mora publicó un bello poemario titulado “Al soplo vario del tiempo”, el único que vio la luz durante su vida, todo compuesto por sonetos, agrupados en nueve bloques: “Caprichos y temas varios”, “Campestres”, “Playeras”, “Amatorias y subjetivas”, “Familiares”, “Recordaciones”, “Mundo pequeño”, “Motivos del mar y de la costa”, y “Barrios de Güímar”. En ese último bloque incluyó un soneto dedicado al conjunto del municipio y otros 12 a los distintos barrios que por entonces constituían el municipio, entre ellos Pájara, La Medida, Lomo de Mena y El Escobonal. Todos ellos fueron escritos en 1961 y de su lectura se desprende el amor que el poeta demostró a todo el municipio y a cada uno de sus barrios.

Atendiendo a una propuesta del médico don Javier Hernández Pérez, hijo del citado poeta, la cual fue asumida por la Comisión Municipal de Honores y Distinciones, el Ayuntamiento de Güímar decidió colocar una serie de mosaicos con los bellos sonetos dedicados a los distintos barrios en lugares céntricos de los mismos, elegidos de acuerdo con los vecinos, con el fin de que contribuyesen a incrementar su patrimonio estético y cultural. Con respecto a los que nos ocupa, en 2016 se colocó el de El Escobonal y en 2018 los de Lomo de Mena, La Medida y Pájara. Fueron inaugurados por los familiares del poeta, ante la alcaldesa de Güímar, doña Carmen Luisa Castro Dorta, así como numerosos concejales, miembros de la Comisión de Honores y Distinciones y vecinos de los barrios; y en todos los actos el cronista oficial hizo el análisis crítico de cada soneto y procedió a la lectura del mismo…

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Güímar: Don Juan Rodríguez Adrián Bencomo (1704-1764), teniente capitán de Milicias graduado de capitán, mayordomo accidental de la fábrica parroquial de San Pedro Apóstol, miembro de todas las cofradías y hermandades de Güímar y propietario agrícola

Miembro de una familia de origen portugués y guanche, que destacó sobre todo en las Milicias, nuestro biografiado también siguió la carrera militar, que inició como alférez del Regimiento Provincial de Güímar, en el que luego ascendió a teniente capitán de Milicias; al final de su vida probablemente obtuvo el sobregrado de capitán, pues con él se le menciona en muchos documentos. También fue mayordomo accidental de la fábrica parroquial de Güímar, por enfermedad y muerte del sacerdote don Francisco Hernández de la Rosa, quien ostentaba dicho cargo y del que su esposa era heredera. Además, su vinculación con la parroquia de San Pedro Apóstol le llevó a ser cofrade de la Cofradía de la Misericordia y hermano de sus dos Hermandades, la del Santísimo Sacramento y la Virgen del Carmen, así como de la Hermandad del Rosario del Convento dominico de la misma localidad. Con la capellanía del mencionado presbítero fundó un patronato laical, para que su hijo Salvador siguiese la carrera eclesiástica, lo que no logró. Celebró dos enlaces matrimoniales, de los que tuvo 16 hijos. Trabajó como propietario agrícola y también fue conocido como “Juan Adrián Rodríguez”.

Nació en Güímar el 10 de diciembre de 1704, siendo hijo del alférez don Juan Rodríguez Adrián y doña María Sebastiana González. Tres días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro por el teniente servidor del Beneficio don Francisco Hernández de la Rosa; se le puso por nombre “Joan” y actuó como padrino don Francisco Rodríguez Portugués, vecino del mismo pueblo…

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Güímar: Don Antonio Mauricio Jorge de Fleitas Perdomo (1767-1836), capellán, clérigo presbítero adscrito a la parroquia de San Pedro y mayordomo de la imagen y Cofradía de los Remedios de Güímar

Como otros miembros de su familia, incluidos dos de sus hermanos, nuestro biografiado decidió seguir la carrera eclesiástica. De este modo, tras obtener una capellanía fundada por sus antepasados, cursó estudios de Latinidad, Filosofía y Teología en el convento de Santo Domingo en Soriano de su pueblo natal, continuándolos en el colegio de la misma localidad que había sido fundado por el presbítero güimarero don Florentín Núñez y Torres. Una vez que obtuvo la preparación adecuada fue recibiendo la prima Tonsura, las Órdenes Menores, el Subdiaconado y el Diaconado. Simultáneamente, siendo ya clérigo diácono, se le concedió el nombramiento de mayordomo de la imagen y Cofradía de Ntra. Sra. de los Remedios. Posteriormente fue ordenado de Presbítero y, como tal, estuvo adscrito como capellán a la parroquia de San Pedro Apóstol de Güímar, donde colaboró con los sucesivos párrocos hasta el final de su vida.

Nació en Güímar el 22 de septiembre de 1767, siendo hijo de don Juan Jorge de Fleitas Perdomo y doña María (Leandro) Pérez Texera. El 29 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el beneficiado don Joseph Fernández Camillón de Mederos; se le puso por nombre “Antonio de San Mauricio” y actuó como padrino don Simón García de Sexas [sic], natural de la isla de El Hierro y vecino de dicho pueblo…

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Güímar: Don Antonio Damián Herrera Chávez (1977-2022), cura párroco de Garafía (La Palma) y Agache (Güímar), capellán del Hospital Universitario, responsable del servicio religioso católico del tanatorio «Servisa Tenerife» y vicearcipreste de Güímar

Hace menos de un mes que nos dejaba repentinamente el joven cura párroco de Agache, en el municipio de Güímar. Me hubiese gustado no tener que hacer esta reseña, pues lo normal es que, por su edad, él me hubiese sobrevivido, pero su inesperada muerte y la repercusión que ésta ha tenido, así como la profunda huella que ha dejado en esta comarca, me obligan a ello.

Nuestro biografiado, nacido en la capital gomera, cursó sus estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Tenerife y, una vez concluidos, fue ordenado de presbítero en la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción de San Sebastián de La Gomera, en la que había sido bautizado y en la que celebró su primera misa. Su primer destino fue el de cura párroco de Garafía, en La Palma, donde regentó durante cuatro años las parroquias de Nuestra Señora de La Luz de la villa capital, San Vicente Ferrer de Franceses y San Antonio de Padua de San Antonio del Monte. Luego fue trasladado a la comarca de Agache (Güímar), al ser nombrado párroco de San José de El Escobonal, San Antonio de Padua de La Medida, La Santa Cruz de Lomo de Mena y Nuestra Señora de Agache-San Carlos Borromeo de El Tablado, al frente de cuyas parroquias permaneció durante 13 años y medio, hasta su prematura muerte. Simultáneamente, ejerció como capellán del Hospital Universitario de Tenerife y del Tanatorio “Servisa Tenerife”, vicearcipreste de Güímar y miembro del Consejo Presbiteral de la Diócesis. Su carácter, sencillo y cercano, así como su bonhomía, han dejado una profunda huella en El Escobonal y el resto de la comarca de Agache, en lo que también ha influido el ser el párroco que más tiempo ha permanecido en esta tierra y el primero que muere en la misma en plena labor pastoral.

Nació en San Sebastián de La Gomera el 22 de septiembre de 1977, a las cinco de la tarde, siendo hijo del marinero don Antonio Alejo Herrera Aguilar, natural de Las Palmas de Gran Canaria y oriundo de dicha villa, y doña Ramona Elena Chávez Medina, que lo es de Agulo. El 16 de octubre inmediato fue bautizado en la parroquia de La Asunción de la Santísima Virgen de la capital gomera por el cura párroco don Prudencio Redondo Camarero; se le puso por nombre “Antonio Damián” y actuaron como padrinos sus tíos, don Manuel Chávez Medina y doña María Dolores Herrera Aguilar…

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Güímar: Doña Josefina Perdomo Pérez (1903-1990), maestra nacional de El Escobonal, El Charcón, Masca, Arafo y Teno

Nacida en el seno de una familia modesta, nuestra biografiada cursó la carrera de Magisterio y, una vez obtenido el correspondiente título, ejerció como maestra interina en diversas localidades tinerfeñas, dos de ellas situadas en el extremo más alejado y aislado de la isla: El Escobonal (Güímar), pueblo del que era oriunda; El Charcón (La Laguna); Masca (Buenavista del Norte), durante nueve años; Arafo; y Teno Alto (Buenavista del Norte). Solicitó en varias ocasiones su admisión a concursos-oposiciones para acceder en propiedad al Magisterio público, pero no consta que se presentase a ellos. Su actividad docente fue reconocida en dos de sus destinos con sendos homenajes: en El Charcón, con motivo de su cese; y en Masca, muchos años después de su muerte, donde se colocó una placa en su recuerdo, que allí continúa. En cuanto a su esposo, el fasniero don Domingo de la Rosa del Pino, fue chófer de vehículos de transporte público (taxis y guaguas) y propietario de un camión; además, fue un activo promotor de la explotación de galerías y pozos. Ambos tuvieron una destacada sucesión.

Nació en la calle de Herradores nº 16 de La Laguna el 17 de septiembre de 1903, a las ocho de la noche, siendo hija de doña Luisa Perdomo y Pérez, natural de El Escobonal (Güímar). El 28 de ese mismo mes fue bautizada en la parroquia del Sagrario Catedral por el coadjutor don José Tolerá, con licencia del párroco don Eduardo Martín y Rodríguez; se le puso por nombre “Josefina Tomasa” y actuó como madrina doña Balbina Martínez Chávez, casada…

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Candelaria-Güímar: Don Isidoro Nóbrega Navarro (1885-1971), escribiente, auxiliar del agente ejecutivo de los Pósitos y de la Recaudación de Hacienda, oficial mayor y secretario del Ayuntamiento de Garachico, agente comercial, cofundador y directivo del Colegio Oficial de Agentes Comerciales de la provincia y Medalla de Plata de la Cruz Roja

Siguiendo la estela de su padre, nuestro biografiado vivió en Güímar y Garachico, donde al igual que aquel se dedicó inicialmente a la actividad administrativa. Comenzó a trabajar como escribiente en el Ayuntamiento de Güímar; luego fue nombrado auxiliar del agente ejecutivo de los Pósitos de Tenerife y El Hierro, así como de la Recaudación de Hacienda de la Zona de Santa Cruz de Tenerife. Posteriormente ejerció como oficial mayor y secretario habilitado del Ayuntamiento de Garachico; por entonces, en dicha villa también fue elector contribuyente de compromisarios para senadores y jurado judicial. Luego se estableció en Santa Cruz de Tenerife como agente comercial, siendo uno de los principales fundadores del Colegio oficial de Agentes Comerciales de esta provincia, en el que desempeñó los cargos de vocal y tesorero de su junta de gobierno. Además, recibió la Medalla de Plata de la Cruz Roja Española, como activo colaborador de dicha institución

Miembro de una destacada familia, nació en Candelaria el 11 de noviembre de 1885, a las cinco de la madrugada, siendo hijo de don Abelardo Nóbrega y González, natural de la ciudad de La Laguna, y doña Enriqueta Navarro Llarena, que lo era del citado pueblo sureño. Siete días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el cura párroco propio don Antonio de la Barreda y Payba; se le puso por nombre “Isidoro Martín Abelardo” y actuó como madrina doña María del Carmen González de Navarro, vecina de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, siendo testigos don Miguel Navarro y don Domingo Trujillo…

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El Depósito de prisioneros franceses en Güímar (1809-1814), durante la Guerra de la Independencia

Poco se sabe de la participación de los canarios en la Guerra de la Independencia entre España y Francia y mucho menos se conoce de un hecho histórico que se produjo hace más de dos siglos, prácticamente ignorado por la mayor parte de la población, que relaciona al entonces pueblo de Güímar con dicha contienda bélica, la existencia de un Depósito de prisioneros franceses en esta localidad tinerfeña. El 2 de mayo de 1809, casi un millar y medio de prisioneros franceses, capturados en la Península durante la invasión napoleónica, fueron deportados desde Cádiz a las Islas Canarias en un convoy formado por tres bergantines, un navío y dos buques de línea armados, escoltados por dos navíos de la flota británica. De ese modo, el 11 de ese mismo mes llegaron al puerto de Santa Cruz de Tenerife 1.484 prisioneros, sin advertencia ni aviso previo del Gobierno a las autoridades insulares.

Aunque inicialmente fueron concentrados en el pueblo de Candelaria, luego fueron redistribuidos por distintas localidades de las islas. Atendiendo a lo dispuesto, en el pueblo de Güímar se habilitó, hace más de dos siglos, un Depósito para 60 prisioneros franceses, que permanecieron en esta localidad desde 1809 hasta 1814 y, según las respuestas a la Junta, no se advirtieron en ella reacciones desfavorables a la orden de acogida de dichos presos. Tres de ellos murieron en Güímar y otros siete en el Hospital Militar de Santa Cruz de Tenerife. Desconocemos donde fueron recluidos, pero si tenemos en cuenta lo que se hizo en Candelaria, es probable que todos, o parte de ellos, se alojasen en el convento dominico de Santo Domingo en Soriano, que por entonces sólo contaba con cinco frailes…

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Güímar: Don Casildo Delgado Gómez (1801-1875), escribiente, procurador de los Tribunales, sargento 2º de la Milicia Nacional, regidor del Ayuntamiento de La Laguna y propietario agrícola

Miembro de una familia güimarera modesta, pero destacada, y segundo de cinco hermanos, nuestro biografiado fue el único de ellos que contrajo matrimonio y tuvo descendencia. Casó en su pueblo natal, en el que nacieron sus hijos y donde él trabajó como escribiente y propietario agrícola. Luego se trasladó con su familia a San Cristóbal de La Laguna, donde ejerció como procurador de los tribunales; además, en dicha ciudad fue elegido sargento 2º de la Milicia Nacional y regidor del Ayuntamiento; asimismo, como elector contribuyente pudo participar en las elecciones de diputados a Cortes. Falleció en La Laguna y, tras su muerte, su esposa regresó a Güímar con tres de sus cuatro hijos y en esta localidad residió hasta el final de sus días.

Nació en Güímar el 9 de abril de 1801, siendo hijo de don Juan Delgado Fresneda y doña María Victoria Gómez Bello, naturales y vecinos de dicha localidad en Los Majuelos. Al día siguiente fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el beneficiado propio don Florentín Núñez y Torres; se le puso por nombre “Casildo del Santísimo Sacramento Esteban” y actuó como padrino don Bernardo Rodríguez Marrero, de la misma naturaleza y vecindad…

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El largo proceso de creación de la parroquia de San José de El Escobonal (Güímar)

En 1755 se bendijo y abrió al culto la primitiva ermita de San José en el pago de El Escobonal (Güímar), concretamente en la zona de Cano, junto al Camino Real pero en el extremo inferior de dicho pueblo. Por ello, a partir de entonces la mayoría de los vecinos de la comarca de Agache comenzaron a acudir a ella para asistir a la celebración litúrgica dominical y a la fiesta del patrono, dada su mayor proximidad frente a la lejana iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Güímar. Un siglo después, en 1854, el ilustre beneficiado de Güímar don Agustín Díaz Núñez, oriundo de El Escobonal por su abuelo paterno, propuso la creación de una ayuda de parroquia en dicha ermita, precisamente por su lejanía a la parroquia matriz, que fue informada favorablemente por el Obispado en 1856, pero considerando que debía ser una parroquia totalmente independiente. Pero a pesar de las buenas expectativas, ese arreglo parroquial quedó paralizado durante más de una década.

Por entonces, el mencionado párroco o beneficiado propuso la construcción de un nuevo templo en una zona más céntrica de El Escobonal y con mayor capacidad, dado su incremento de población, que lentamente fue construido por el vecindario, siendo bendecido y abierto al culto en 1862. Éste ya contaría con servicio religioso permanente, pero los bautismos, matrimonios y entierros debían continuar celebrándose en la parroquia de San Pedro, única existente por entonces en el municipio y con jurisdicción sobre todo él, con las dificultades de alejamiento que ello suponía. Por ello, en 1867 se reactivó el expediente de la parroquia de San José y en ese mismo año, tras los informes correspondientes, el obispo fray Joaquín Lluch y Garriga decretó su creación.

Pero el Gobierno de la nación paralizó la propuesta y no respondió a ella hasta 1895, disponiendo que se completase el expediente, lo que así se hizo, por lo que en 1897 el obispo don Nicolás Rey Redondo decretó de nuevo la creación de dicha parroquia, que volvió a quedar paralizada, porque el Gobierno no la ratificó. Mientras tanto, para favorecer la asistencia al culto, los párrocos encargados de las ermitas de El Escobonal ya celebraban en ella la mayoría de los bautismos y matrimonios, a los que se unieron desde 1919 los entierros, tras la construcción del cementerio de El Escobonal, aunque las partidas debían anotarse en los libros parroquiales de San Pedro de Güímar.

Finalmente, en 1926 se retomó de nuevo por la feligresía la necesidad de elevar a parroquia a la ermita de San José de El Escobonal y en 1928 el obispo de la Diócesis, fray Albino González Menéndez-Reigada, dispuso que se abriese expediente sobre el arreglo parroquial del Arciprestazgo de Güímar, que fue informado por el arcipreste, que por entonces era don Domingo Pérez Cáceres. En virtud de ello, en 1929 fue erigida por el mencionado obispo la nueva parroquia de San José de El Escobonal, que esta vez si fue aprobada por el Gobierno de la Nación y sancionada por el Rey, por lo que 75 años después de haber sido propuesta inicialmente, el 1 de enero de 1930 comenzó a regir dicha parroquia…

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Güímar: Don Graciliano Báez Díaz (1846-1894), primer escribiente de oficinas militares, alférez del Ejército Permanente de Cuba, condecorado por méritos de guerra, teniente segundo ayudante del Estado Mayor de Plazas, fiscal militar, bígamo, desertor a Estados Unidos, extraditado y fallecido en La Habana

En este artículo nos ocupamos de un curioso militar, que ingresó como soldado voluntario en el Batallón Ligero Provisional de Canarias, en el que ascendió a cabo 2º, cabo 1º y sargento 2º, obteniendo luego el grado de sargento 1º de Milicias; por entonces ejerció durante seis años como primer escribiente en las oficinas de dicho Batallón y contrajo matrimonio en Santa Cruz de Tenerife con una ariquera. Luego, tras ascender a sargento 1º, a solicitud suya pasó con el mismo empleo al Ejército Permanente de la Isla de Cuba, donde tuvo una destacada actuación en las operaciones de campaña y ascendió a alférez; en La Habana contrajo un segundo matrimonio, ocultando estar casado en Tenerife. Posteriormente pasó al Estado Mayor de Plazas, primero como tercer ayudante y luego como teniente 2º ayudante, con destino en La Habana y en el Castillo del Príncipe; estuvo encargado de la Brigada de Prisioneros de Guerra; ejerció como habilitado de dicho cuerpo durante tres años económicos; fue condecorado por méritos de guerra; se le nombró gobernador interino del Castillo de San Severino de Matanzas; y, finalmente, ejerció como fiscal militar en la Plaza de La Habana. Pero en dicho destino desertó, por lo que se le dio de baja en el Ejército. Siete años más tarde fue localizado en Tampa (Estados Unidos), de donde fue extraditado a La Habana, donde se le dio de alta de nuevo en el Ejército como preso preventivo, procesado por deserción, abandono de servicio, estafa y falsificación. Pero falleció durante el proceso en el Hospital Militar de la capital cubana, aún joven y a consecuencia de una grave enfermedad. Por dicho motivo, su viuda cubana solicitó y obtuvo la pensión de viudedad que le correspondía, lo mismo que hizo después su viuda tinerfeña.

Nació en el barrio de Los Majuelos de Güímar el 31 de marzo de 1846, siendo hijo del zapatero don Gregorio Báez Díaz, natural de Candelaria y oriundo por su madre de Arico, y doña Florentina Díaz Pérez, que lo era de Güímar. El 2 de abril inmediato fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por don Agustín Díaz Núñez, Dr. en Sagrada Teología, examinador sinodal y beneficiado curado propio de dicha iglesia matriz y sus anexos, y vicario juez eclesiástico del mencionado pueblo y su partido; se le puso por nombre “Graciliano” y actuó como madrina doña María Concepción Pérez, de la misma vecindad…