Natural de Icor y oriundo de Granadilla, don Francisco Rodríguez Bello fue clérigo tonsurado y luego, una vez casado como rico propietario, desempeñó numerosos cargos en su municipio natal, que lo situaron entre los personajes más relevantes del mismo en su época, entre ellos: diputado provincial en tres ocasiones, dos de ellas con carácter interino, cartero, directivo del comité local de Unión Republicana, vicesecretario de la Junta de Gobierno del Cantón Federal de Arico, masón (bajo el pseudónimo “Tajo”), secretario acompañado del Juzgado Municipal, mayordomo de la Ermita y Cofradía de Ntra. Sra. de La Luz, interventor electoral, corresponsal de Diario de Tenerife y jurado. Probablemente, también ocupó algún cargo en el Ayuntamiento de Arico, pero no lo hemos podido confirmar.
Nuestro biografiado nació en el pago de Icor el 22 de marzo de 1845, siendo hijo de don Pedro Rodríguez Venero, natural de Granadilla de Abona, y de doña Antonia Bello y Morales, que lo era del citado pago; por hallarse en peligro de muerte lo bautizó en su casa don Antonio Nazario Venero, su hermano, quien fue examinado posteriormente por el párroco de la localidad, comprobando que “administró con la materia y forma propia de su institución”. Cuatro días después se le administraron los Sagrados Cánones en la iglesia parroquial de San Juan Bautista por su titular don Simón Díaz Curbelo; se le puso por nombre “Francisco Pascual” y actuó como madrina su tía doña Antonia Rodríguez Morales…
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La humildad que caracterizó todas sus actuaciones, no consiguió que el paso del tiempo hiciera borrar la existencia del sacerdote que nos ocupa, cuyo celo e inteligencia fueron reconocidos además de por sus paisanos, por cuantos tuvieron la dicha de conocerle, especialmente los vecinos de Vallehermoso, Alajeró y Santa Úrsula, pueblos donde ejerció durante la mayor parte de sus 37 años de intensa labor pastoral, 25 de ellos en la última localidad del Norte de Tenerife.





