El depósito de prisioneros franceses en Candelaria durante la Guerra de la Independencia (1809-1814)

Candelaria desde San Blas   Hace cuatro años se cumplió el segundo centenario de un hecho histórico prácticamente ignorado, que relaciona al pueblo de Candelaria con la Guerra de la Independencia. El 2 de mayo de 1809, casi un millar y medio de prisioneros franceses capturados en la Península durante la invasión napoleónica fueron deportados desde Cádiz a las Islas Canarias, en un convoy formado por tres bergantines, un navío y dos buques de línea armados, escoltados por dos navíos de la flota británica. Y el 11 de ese mismo mes llegaron al puerto de Santa Cruz de Tenerife 1.484 prisioneros, sin advertencia ni aviso previo del Gobierno.

     No pudiendo rechazar el convoy de prisioneros, el comandante general interino, don Carlos O’Donnell, solicitó instrucciones para el desembarco y alojamiento de los prisioneros a la Junta Suprema de La Laguna, que en la sesión extraordinaria celebrada ese mismo día 11 de mayo acordó concentrarlos, a pesar de sus escasos recursos económicos, en el pueblo de Candelaria: “Considerando que no conviene que los dichos prisioneros estén diseminados en el país, ni tampoco el tenerlos encerrados a causa de que su reunión puede inficcionar el aire; que, sin embargo, el reducirlos a un solo punto disminuiría proporcionalmente la guarnición necesaria para su custodia, juzgando que lo mejor era, pues, confinarlos a un lugar, que no puede ser otro que el de Candelaria”…

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Candelaria: Don Juan González Sabina “Cachucho” (1916-1990), pescador, cabo de Infantería por méritos de guerra, sepulturero, barrendero y uno de los personajes más populares de esta villa, donde da nombre a una calle

Fue uno de los personajes más entrañables, populares y queridos de Candelaria, por su nobleza e ingenuidad. Trabajó en la pesca y fue movilizado con motivo de la Guerra Civil, ascendiendo a cabo de Infantería por una acción heroica. Después de licenciado trabajó primero como sepulturero y luego como barrendero, siendo el único existente en su localidad natal. Por ello fue homenajeado por la Agrupación Folclórica “Chaxiraxi” y, muchos años después de su muerte, se le dio su nombre a una calle de la Villa Mariana.

Era un hombre humilde, bueno y cariñoso, con una pícara sonrisa, muy querido por sus paisanos, aunque también tuvo que sufrir las burlas sobre su apodo por parte del sector más intransigente con el diferente que siempre ha existido. Durante las fiestas de agosto se pasaba el día entre los puestos de feriantes y tómbolas que se instalaban en la calle de San Blas, donde compraba muñecas, juguetes y abalorios que luego regalaba a los niños de su barrio, a cambio de un café o de una simple sonrisa.

Conocido por sus paisanos como “Juan Cachucho”, nació en Candelaria el 10 de julio  de 1916, siendo hijo de don Pedro Manuel González y doña Claudina Sabina Delgado. El 23 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el cura párroco don José Trujillo y Trujillo, y actuó como padrino don Juan de Mesa Torres, de la misma vecindad…

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El “Champio”, primer equipo de fútbol de Igueste de Candelaria (1933-1935)

Igueste Candelaria-lejos     Todos los habitantes de Candelaria tienen constancia de que este municipio ha tenido una larga tradición luchística, con excelentes individualidades y equipos en la mayoría de los núcleos de población del término, pero no todos saben que también cuenta con una tradición futbolística que ya es casi centenaria. La afición por el fútbol nació en la cabecera municipal en los años veinte del siglo pasado, pero luego se extendió también a Barranco Hondo e Igueste de Candelaria, núcleos en los que se ha mantenido hasta el presente.

     Si nos centramos en la actividad futbolística del pueblo de Igueste, en él han existido seis equipos en los últimos ochenta años: el “Champio” (1933-1935), el “Club Deportivo Igueste Candelaria” (1942-1948), el “Igueste Club de Fútbol” (1962-1964), el “Infantil Igueste” (1974-1977), el “Club Infantil Caletillas” (1981-1984), el equipo aficionado del Plantel de Extensión Agraria y el “C.D. Igueste”, fundado en 1986, que tras celebrar sus bodas de plata aún continúa en activo. Además, en el fútbol sala este núcleo de población ha contado con un equipo senior, el Igueste”, y otro dentro de las escuelas municipales deportivas, en el colegio de la localidad. Este artículo lo vamos a dedicar al primer equipo de fútbol de Igueste de Candelaria, el “Champio”, que por su antigüedad es el más desconocido.

    El pionero fue el “Champio”, o sea el “Campeón”, que se fundó a comienzos de noviembre de 1933, durante la II República Española, tal como informó en La Prensa el corresponsal don Esteban Coello Pestano, en una reseña publicada el 7 de dicho mes bajo el titular “Primer equipo de fútbol”: “En estos días se formó en este pueblo el primer equipo de fútbol, denominado «Champion», el cual invitará para las próximas fiestas de la Concepción al equipo de Barranco-Hondo, estrenando en su primer debut el hermoso campo de Afirama”. Según veremos más adelante, su nombre real sería “Champio”, con el que figuraría en casi todas las reseñas periodísticas…

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Candelaria-Arafo: Don Vicente Otazo Ramos (1798-1863), capitán graduado de Milicias, jefe de Artillería, castellano de la Batería de Santiago, comandante de armas, alcalde constitucional, guarda mayor de montes, comisionado de apremios, secretario y hermano mayor de la Hermandad del Sacramento

Muchos fueron los oficiales de las Milicias Canarias que desarrollaron casi toda su labor profesional en un ambiente estrictamente local, sin llevar a cabo grandes heroicidades, pero trabajando calladamente con honradez y rectitud en favor de la defensa de las islas y en el mantenimiento del orden en los distintos pueblos. Ese fue el caso del teniente don Vicente Otazo Ramos, quien sirvió a las Milicias durante más de 27 años, en los cuales prácticamente no salió del Valle de Güímar. Compartió su vida entre Candelaria, donde nació, y Arafo, donde murió; en dichas localidades se ganó el aprecio y respeto de todos los vecinos, pues en ambas desempeñó los cargos de comandante de armas y alcalde constitucional. Además, en Candelaria ejerció como comandante accidental de Artillería de dicho puerto, castellano de la Batería de Santiago y guarda mayor de montes; y residiendo ya en Arafo fue elegido regidor suplente del Ayuntamiento y desempeñó los cargos de comisionado para el cobro de apremios de las contribuciones del Valle, nombrado por la Intendencia provincial, miembro de la Junta local del Censo electoral, secretario interino del Ayuntamiento, secretario y hermano mayor de la Hermandad del Santísimo Sacramento de la parroquia de San Juan Degollado. Al obtener el retiro, con uso de uniforme y fuero entero de guerra, se le concedió también el grado de capitán, como reconocimiento a sus méritos y a los importantes servicios prestados.

Nuestro biografiado nació en Candelaria el 5 de abril de 1798, siendo hijo de don Juan José Otazo de Barrios, natural del mismo lugar, y doña Manuela Juana Ramos y Villa, que lo era de Sevilla. Dos días después recibió el bautismo en la iglesia parroquial de Santa Ana, de manos de don Agustín Tomás de Torres, cura propio de la misma; se le puso por nombre “Vicente Josef del Sacramento” y actuó como padrino el reverendo padre definidor fray Juan de San Agustín Ramos, de la Orden de San Agustín, tío de su madre…

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La primitiva ermita de San José de Barranco Hondo (Candelaria): construcción, bendición, dotación y vicisitudes (1860-1943)

Barranco Hondo-iglesia-cuadro     Desde siempre, los vecinos de Barranco Hondo tenían que trasladarse hasta Candelaria para recibir los Sacramentos o gozar de la Misa, lo que suponía una hora de camino. Pero cuando no acudían a la cabecera municipal, los días de precepto tenían que recorrer la considerable distancia que los separaba de las ermitas de El Rosario y de la Santísima Trinidad de Igueste, que también frecuentaban. Ello les suponía graves inconvenientes, pues debían atravesar caminos y barrancos impracticables, sobre todo en invierno y verano, lo que les dificultaba o impedía la práctica religiosa, en especial a los enfermos, ancianos y niños.

   Por ello, a mediados del siglo XIX se despertó en los vecinos de Barranco Hondo el deseo de tener una ermita propia, con lo que se ahorrarían la mayoría de dichos traslados, que solo se limitarían a la celebración de Sacramentos. Así, el 6 de agosto de 1849, cuando el pueblo contaba con 78 familias (unos 340 habitantes), elevaron un escrito a don Domingo Morales y Guédez, vicario capitular y gobernador eclesiástico de la Diócesis en sede vacante, para exponerle las graves dificultades que tenían para poder atender sus necesidades espirituales debido a la carencia de un templo, manifestándoles su deseo de construir una ermita bajo la advocación de San José, así como su intención de responsabilizarse de los gastos que aquella edificación generara, ya que eran conscientes de la gran escasez de medios económicos que tanto la iglesia diocesana como su clero atravesaba en aquellas fechas, tras la reciente desamortización, hasta el punto de que no podía afrontarse la construcción de nuevos edificios ni tan siquiera mantener los existentes, necesitados de reparación.

     Los orígenes de esta ermita no fueron sencillos, pues la falta de fondos retrasó el inicio de las obras, luego el depositario que adelantó el dinero retrasó la bendición y su apertura al culto, que se tuvo que resolver por la justicia; y en la II República sufrió un incendio y el desplome del coro, causando varios heridos…

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Candelaria: Don Juan Coello Núñez (1913-1995), cabo de Infantería y de la Guardia de Asalto, capitán condecorado de la Policía Armada y socorrista

Juan Coello Núñez-carnet     Nuestro biografiado fue el militar de mayor graduación de los nacidos en el municipio de Candelaria en el siglo XX. Tras su ingreso como soldado, durante su vida activa pasó por tres cuerpos: Infantería, en el que ascendió a cabo; Fuerzas de Seguridad y Asalto, en las que ostentó el mismo empleo; y Policía Armada (cuando aún era un cuerpo militar), en la que ascendió desde cabo hasta capitán. También fue profesor de la Academia de aspirantes a cabos de su guarnición y realizó diversos cursos, entre otros el de socorrista. Por sus méritos profesionales se le concedieron nueve felicitaciones públicas, que se incorporaron a su hoja de servicios; tres cruces a la Constancia en el Servicio, dos de ellas pensionadas; y la Cruz de San Jorge, que le fue entregada por la Diputación Provincial de Barcelona. Después de retirado se dedicó a sus grandes aficiones: la docencia (a nivel familiar y particular), la lectura (sobre todo de poetas clásicos), la música (como miembro de los coros de las Rondallas “Bon Mati” y “La Llantia”), el deporte (como nadador y socio del C.F. Barcelona) y la “garrafina” (dominó).

    Nació en Igueste de Candelaria el 24 de septiembre de 1913, siendo hijo de don Lorenzo Coello Núñez y doña Carmen Núñez Padrón. Tres días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de Candelaria por el cura ecónomo don José Trujillo y Trujillo, actuando como madrina doña María Antonia Higuera Marrero, natural y vecina del mismo pueblo de Igueste…

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Artículo-JUAN COELLO NÚÑEZ

La frustrada Banda de Música de Candelaria de 1936

Candelaria-calle Arena     Gracias a la memoria de don Jesús Castellano y a la colaboración del amigo Antonio Fariña Díaz (“Charly”), hemos podido rescatar del olvido el intento fallido de formación de la primera banda de música de Candelaria. La “Agrupación musical” se organizó en mayo de 1936 por iniciativa del destacado músico candelariero don Álvaro González Tejera, después de llevar un año enseñando Solfeo e instrumentos a unos 25 alumnos. La junta directiva, presidida por don Gregorio Rodríguez Delgado, fue la que asumió la compra de los instrumentos a una fábrica de Cataluña. Pero cuando ya los tenían cargados en un barco para enviarlos a Tenerife, quedaron detenidos en el puerto de Barcelona al estallar la Guerra Civil, lo que unido a la movilización militar de los músicos truncó este bello proyecto.

     En 1933, el candelariero don Álvaro González Tejera obtuvo en Madrid el carnet de músico, al superar con éxito el examen de Violín. Poco después abrió una academia musical privada en la calle de la Arena, que primero estuvo situada en la barbería de don Fernando Rodríguez y luego en el Casino (en el solar del actual bar “Las Dos Terrazas”), la cual llegó a tener unos 25 alumnos, a los que enseñaba Solfeo entonado, cobrándoles unas 3 pesetas al mes. Entre ellos se recuerda a don Andrés Tejera Reyes, don Aníbal González Sabina, don Cipriano Castro García, don José Acosta y don Domingo Sosa Castellano. Cuando ya llevaban algún tiempo estudiando música, don Álvaro consiguió tres instrumentos: un saxofón, un clarinete y una trompeta, con los que empezaron a ensayar los tres estudiantes más adelantados, don Andrés Tejera, don Aníbal González y don Cipriano Castro, respectivamente…

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Los casinos de Barranco Hondo (Candelaria) en la II República Española (1931-1936)

Barranco Hondo-1962-2     La II República Española (1931-1936) fue un período de gran inquietud social, política y cultural en Canarias, por lo que en todos los pueblos surgieron casinos, así como agrupaciones políticas y sindicales. El municipio de Candelaria no podía ser una excepción, por lo que contó en ese período con seis sociedades culturales y recreativas repartidas por los distintos núcleos de población del municipio.

     En este trabajo nos vamos a centrar en los dos casinos que existieron en esa etapa en Barranco Hondo, el pueblo más alejado del término municipal. Ambos fueron importantes focos de cultura y recreo, pero lamentablemente tuvieron una vida muy corta. El primero fue la Sociedad “Teobaldo Power”, que se fundó a comienzos de 1932 y se mantuvo hasta finales de 1934. Le sucedió la Sociedad “Recreo”, creada a comienzos de 1935, tras la disolución de la anterior, y clausurada por su carácter progresista en septiembre de 1936, en los inicios de la Guerra Civil, al ser considerada contraria al Movimiento.

     Desgraciadamente, conocemos pocos datos de ambas sociedades, pero gracias a la prensa de la época contamos con suficiente información para hacernos una idea de su funcionamiento, así como del revulsivo social, cultural y recreativo que supusieron en la tranquila vida del pueblo de Barranco Hondo, pues durante cuatro años y medio alegraron la vida de los vecinos, a los que sacaron de la rutina laboral, encontrando en ellos el único desahogo a su intenso trabajo en las duras faenas agrícolas, hasta que tropezaron con la intransigencia surgida al estallar la Guerra…

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Candelaria: Don Manuel Llarena y Mesa (1843‑1899), Bachiller, Licenciado en Medicina, masón y médico en Santa Cruz de Tenerife y Cuba

     La carrera de Medicina no era una de las más frecuentes en pleno siglo XIX y menos aún fuera de las principales ciudades del Archipiélago. Por ello, llama la atención que dos hermanos, nacidos en un pequeño pueblo de pescadores, eligiesen como meta de su vida el aliviar el dolor de los demás, sin distinción de raza ni de clase social, pues ambos desarrollaron gran parte de su labor en la Cuba colonial. Nos referimos a don José y don Manuel Llarena y Mesa, aunque en este trabajo solo nos vamos a ocupar del segundo, mucho menos conocido que el anterior y del que aún tenemos poca información. Tras obtener el título de Bachiller en La Laguna y el de Licenciado en Medicina en Madrid, don Manuel se estableció primero en Santa Cruz de Tenerife, donde también ingresó en la masonería; y luego se trasladó a la isla de Cuba, desarrollando una destacada labor sanitaria en la localidad de San José de los Ramos. Regresó a Tenerife en 1896, donde permaneció dos años con motivo de la Guerra de Independencia de Cuba, y en la capital de la isla fallecieron dos de sus hijas. Luego, en 1898 volvió a Cuba, donde solo un año después le sorprendió la muerte.

    Nuestro biografiado nació en Candelaria, en la calle que hoy lleva el nombre de su hermano José, el 16 de diciembre de 1843, siendo hijo de don Manuel (Feo) Llarena y Delgado y doña María del Pilar Rodríguez de Mesa y Fariña. Dos días después fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa Ana por el párroco propio don Juan Núñez del Castillo; se le puso por nombre “Manuel Eusebio” y actuó como madrina doña María Candelaria Fariña…

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La creación de la cartería de Igueste de Candelaria, un logro de don Francisco Garabote García

     En el presente trabajo nos vamos a ocupar de uno de los servicios más demandados por los vecinos de Igueste de Candelaria a comienzos del siglo XX, la creación de una cartería en 1931, cuando ya se llevaba una década solicitando dicho servicio desde la prensa. Ese importante logro que se debió al empresario y político iguestero don Francisco Garabote García, destacada personalidad local, quien no solo presentó la moción para crearla sino que se ofreció para desempeñarla gratuitamente en sus inicios, instalándola en su casa de la Carretera. La cartería tuvo carácter provisional, hasta que en 1933 fue constituida oficialmente como estafeta de correos, asumida por el Estado.

     El municipio de Candelaria cuenta con una cartería en el casco desde el siglo XIX, mientras que este servicio tardó mucho en llegar a los diferentes barrios. El primero que se benefició de ello fue Barranco Hondo, en 1922, pero Igueste, a pesar de ser el pueblo más populoso del municipio tuvo que esperar hasta 1931, como ya hemos indicado.

     El 23 de noviembre de 1921, el corresponsal del periódico El Progreso, que se firmaba “Un Iguestero”, se quejaba de “Las promesas de nuestro Ayuntamiento”, indicando que los caciques que lo integraban solo perseguían engañar a los campesinos en las vísperas de elecciones, a pesar de los abusos que habían cometido: “Segundo. También se nos ha propuesto la creación de una cartería, que tanto beneficio nos reportaría, ya que por ser este pueblo, sobre el cual está gravada la mayor parte de la contribución territorial, por ser el que mayor número de habitantes cuenta en toda la jurisdicción, es razonable se le atienda”. Luego añadía: “No menos justas son las peticiones del poblado de Barranco Hondo, […] que, también, pasando el correo por sus puertas, se lleve la correspondencia a Candelaria, distante de este sus cinco o seis kilómetros”…

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