Datos para la historia del desaparecido Castillo de San Pedro en la Marina de Candelaria

      Con el fin de impedir el saqueo del Santuario de Ntra. Sra. de Candelaria, que siempre había sido una preocupación de las autoridades, en 1686, siendo comandante general de las Islas Canarias don Francisco Bernardo Barona (1685-1689), se proyectó un reducto, fortín o baluarte en las inmediaciones de la Cueva de San Blas, pues hasta entonces había permanecido sin defensa alguna y solo al cuidado del Tercio de Milicias de Güímar, creado en 1665; pero aún tardaría una década en hacerse realidad.

    Con la misma finalidad, en 1697 el capitán general don Pedro de Ponte ordenó la construcción del Castillo de San Pedro en la Marina de Candelaria, capaz para tres cañones. En él se estableció media compañía de Artillería y siempre contó con un castellano o gobernador de nombramiento real, así como un teniente castellano, además de un condestable, luego sustituido por un cabo o sargento de Artillería veterana, y un guarda almacén de Artillería. Durante 129 años cumplió su cometido, hasta que en 1826 fue destruido por el célebre aluvión que afectó gravemente a la isla de Tenerife y, concretamente, al pueblo de Candelaria, aunque por entonces su papel en la defensa costera ya era secundario…

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El curioso pleito entre las parroquias de Güímar y Candelaria por la impresión de una polémica estampa de la Virgen del Socorro (1852-1867)

      Tras la desaparición de la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria en el aluvión 1826 y el cierre del Convento dominico de dicha localidad en 1836, decayó mucho la afluencia de fieles a las fiestas de la Virgen de Candelaria, coyuntura que fue aprovechada por el culto beneficiado de Güímar, Dr. don Agustín Díaz Núñez, natural de dicha localidad, para potenciar la festividad de la Virgen del Socorro. Por ello, en 1837 solicitó y obtuvo del obispo el traslado de fecha de dicha festividad del 26 de diciembre al 8 de septiembre, época más benigna desde el punto de vista climático, pues ello favorecería la asistencia de peregrinos. Otras decisiones posteriores de este beneficiado y sus sucesores, tendentes también a potenciar la Fiesta del Socorro, despertaron el recelo de los párrocos de Candelaria, que veían peligrar la privilegiada devoción de su venerada imagen. Por ello, tanto don Juan Núñez del Castillo, que ejerció como párroco de Santa Ana desde 1828 hasta su muerte en 1863, como su sucesor, don Antonio de la Barreda y Payva, que estuvo al frente de dicha parroquia desde ese mismo año 1863 hasta 1890, alegaron en diversas ocasiones que los vecinos de Güímar hacían esfuerzos por atraerse las romerías de Candelaria a la ermita del Socorro. Por dicho motivo, se opusieron a las aspiraciones de los güimareros, considerando que eran perjudiciales a los derechos del Santuario de Candelaria, por lo que promovieron dos curiosos pleitos: el de las estampas de la Virgen del Socorro, iniciado en 1852 y revitalizado en 1866; y el de la Ceremonia de los “guanches”, que se litigó en 1872, cuando ésta se representó por primera vez en El Socorro. En este trabajo nos vamos a ocupar del primero de dichos enfrentamientos.

        En 1852, el obispo de Tenerife autorizó al beneficiado de Güímar, el mencionado don Agustín Díaz Núñez, la impresión de unas estampas que recogían el acto en el que el Rey Acaymo pidió “socorro” a los guanches, con la finalidad de repartirlas en la festividad de la Virgen del Socorro. Pero en ellas se representó a la Virgen de Candelaria y no a la del Socorro, lo que despertó la suspicacia del párroco de Candelaria, don Juan Núñez del Castillo, natural de dicho municipio, al pensar que con ello se pretendía potenciar la festividad de El Socorro a costa de la de Candelaria; por ello elevó una protesta al arcipreste e impidió que las estampas se distribuyesen. Pero, tras la muerte de ambos sacerdotes, el sucesor del Dr. Díaz Núñez, el también güimarero don Juan Elías Hernández, decidió repartir dichas estampas el 8 de septiembre de 1866, en la festividad de la Virgen del Socorro, lo que dio lugar a un curioso enfrentamiento con el nuevo párroco de Candelaria, el herreño don Antonio de la Barreda y Payba, quien presentó una denuncia ante el Obispado, la cual motivó un largo expediente, que se vino a resolver el 1 de agosto de 1867, por auto del gobernador eclesiástico en sede vacante, Dr. don José Martín Méndez, en el que daba la razón al denunciante…

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Los vínculos de Arafo con el Convento dominico de Candelaria. La hacienda y la capilla de “La Granja de los Frailes”

La Granja-Arafo    Hasta el siglo XIX, gran parte del término de Arafo estaba gravado con tributos pertenecientes a distintos conventos y órdenes religiosas establecidas en Canarias. En este sentido, destacaban las extensas propiedades pertenecientes a dos conventos, el agustino de La Laguna y el dominico de Candelaria, que influyeron notablemente en el devenir histórico de dicha localidad y en su trayectoria religiosa.

     En este trabajo nos vamos a centrar en el asentamiento dominico de Arafo, en la conocida como “La Granja de los Frailes”, que pertenecía al Convento Real de Nuestra Señora de Candelaria. Contaba con unas amplias instalaciones y en ella vivían los medianeros, así como temporalmente los frailes que administraban dicha hacienda. Poseía una capilla u oratorio de considerables dimensiones, preparada para albergar a la imagen de la Virgen de Candelaria, en la que se veneraba un antiguo cuadro que la representaba, hoy expuesto en la Basílica.

     En 1620 los frailes dominicos de Candelaria compraron terrenos en Arafo a don Tomás Pacheco Solís, con el fin de trasladar allí el santuario de la Virgen, por temor a los ataques de piratas que se acercaban hasta las costas del Valle atraídos por sus tesoros; asimismo, se acordó construir la capilla mayor del nuevo convento a costa de los bienes de propios del Cabildo. Aunque no se realizó la traslación prevista, ignoramos si por aquel entonces se llevó a cabo la proyectada edificación o si ésta se retrasó; lo cierto es que en las ruinas de “La Granja” se conservan las paredes de una capilla de gran tamaño, para tratarse de un simple oratorio, pues tiene 150 m²…

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Candelaria: Don Agustín de Castro (1784-1841), piloto, armador, práctico de puerto, teniente coronel graduado de Infantería, alcalde de mar y gobernador de armas

   Muchos fueron los canarios que participaron activamente en las guerras de Independencia de las distintas colonias españolas en América; de ellos, unos lo hicieron al lado del Ejército español y otros junto a las tropas insurrectas. Don Agustín de Castro fue uno de esos isleños que se encontraban en Venezuela cuando comenzó la Guerra de Independencia, y de los que optó por ponerse al lado del Ejército Realista, aportando no sólo su persona sino también sus barcos, armados y tripulados, y gran parte de sus bienes para socorrer a las víctimas de crueles sitios. Conocía perfectamente el dominio de los navíos, fue un buen estratega y destacó sobremanera en cuantas acciones navales le tocó participar, como los sitios de Puerto Cabello (Venezuela) y Tampico de Tamaulipas (Méjico), así como en la batalla naval del Lago Maracaibo, ganándose por ellas su ascenso hasta capitán de las Milicias regladas de Infantería y el sobregrado de teniente coronel. Fue, en suma, un hombre responsable y fiel a sus ideas. A su regreso a Tenerife, fue nombrado comandante del guardacostas de la isla, así como alcalde de mar accidental y gobernador de las armas del municipio de Candelaria.

      Nuestro biografiado nació en el lugar de Candelaria el 1 de marzo de 1784, siendo hijo de don Pascual de Castro y Mesa, natural de Güímar, y de doña Laura Castellano de Mesa, que lo era de la primera localidad. Seis días después recibió el bautismo en la iglesia parroquial de Santa Ana, de manos de don Fernando de San José Fuentes, cura teniente de beneficiado; se le puso por nombre “Ángel Agustín del Carmen” y actuó como padrino don José Coello…

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Datos para la historia de Igueste de Candelaria

Igueste Candelaria-iglesia     En este artículo queremos recordar los acontecimientos y los personajes más destacados que han conformado la historia de Igueste de Candelaria, que durante más de cuatro siglos fue el mayor núcleo de población del municipio y cuyos principales aspectos iremos desarrollando en trabajos posteriores.

     Tras la aparición de la imagen de la Virgen de Candelaria o “Chaxiraxi” de los guanches y su traslado posterior a la Cueva de Achbinico, fue venerada por los aborígenes del Bando de Goymar, que le cedieron un rebaño de 600 cabras que pastaban en el Valle de Igueste, destinado a tal efecto por el Rey, teniendo pena de muerte el que intentase robarlo u osara meterse con su ganado en dicho lugar. El guardián de dicho rebaño y paraje era el guanche Napay Guacherbe, después Francisco Napay, que por lo tanto es el primer habitante conocido de Igueste.

      En la toponimia de este pueblo quedan vestigios de los guanches, de sus ritos y costumbres, como la Montaña de Arguama o “Montaña Santa”, la “Laja del Diablo” en Chacorche y “El granel de los guanches” (cueva en el barranco de Afirama). Y entre los yacimientos arqueológicos descubiertos en este lugar destacan numerosas cuevas o auchones, tagoros, santuarios, majadas pastoriles, concheros y cuevas sepulcrales…

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Arafo-Candelaria: Don José de Baute Santos (1739-1820), teniente de Artillería, comandante de armas, castellano, guarda-almacén de Artillería, teniente coronel de Milicias, Caballero de San Hermenegildo, síndico personero y alcalde de Candelaria-Arafo, descendiente del Rey guanche de Adeje

      En este artículo nos ocupamos del militar de mayor graduación nacido en Arafo, que vivió gran parte de su vida en Candelaria, donde falleció. Comenzó su carrera en Artillería, pero enseguida ascendió a subteniente y teniente de las Milicias Provinciales. Con este último empleo se reintegró al cuerpo de Artillería, como comandante de la media Compañía de Artilleros Milicianos de Candelaria, volviendo luego a las Milicias, en las que ascendió a capitán y alcanzó el retiro con el empleo de teniente coronel. Fue comandante de armas de Candelaria durante más de cuatro décadas, además de teniente castellano del Castillo de San Pedro, castellano de la Batería de Santiago y guarda-almacén de Artillería en dicha localidad, siendo condecorado con la Cruz de la Orden de San Hermenegildo; asimismo, desempeñó el cargo de síndico personero y, en tres ocasiones, el de alcalde de Candelaria y Arafo (cuando todavía constituían un único municipio), que repitió en otras dos etapas, solo del primer municipio. Además, poesía amplias propiedades agrícolas en Arafo, así como algunos pozos de nieve, producto del que fue uno de los principales suministradores en el archipiélago. Desde el punto de vista familiar, descendía de los antiguos guanches de la isla, concretamente y en una de sus ramas del Rey don Diego de Adeje; por ello, era uno de los que podían cargar y acompañar en procesión a la Virgen de Candelaria, según privilegio real.

      Este ilustre personaje nació en el pueblo de Arafo el 11 de enero de 1739, siendo hijo de don Juan de Baute Santos y doña María de Barrios Rodríguez; fue bautizado el 18 de ese mismo mes en la iglesia de Santa Ana de Candelaria, a cuya jurisdicción pertenecía por entonces dicho lugar, por fray Miguel de Salas teniente del beneficiado, quien le impuso el nombre de “Joseph”, siendo apadrinado por don Bernardo Pérez Marrero, también vecino de Arafo…

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El escudo municipal de la Villa de Candelaria: su tramitación y concesión

       Mientras se tramitaba la solicitud del título de “Siempre abnegada y piadosa Villa”, el Ayuntamiento de Candelaria inició en 1956 otro expediente para que se le autorizase la creación de un escudo heráldico municipal, el cual después de una larga tramitación se vino a conceder por acuerdo del Consejo de Ministros y decreto del jefe del Estado dado en Madrid a 10 de enero de 1958, como veremos en el presente trabajo. Por ello, en el mes de enero de 2008, se conmemoró en Candelaria el 50 aniversario de la aprobación de su escudo municipal.

     El artífice de ambos logros fue el alcalde Andrés Tejera Reyes, que nació en Candelaria el 18 de diciembre de 1906, siendo hijo de Pedro Tejera Marrero y de Antonia Reyes Fariña. Perteneciente al reemplazo de 1927, prestó sus servicios como soldado en el Regimiento de Ingenieros de Tenerife. Una vez licenciado, fue nombrado recaudador de este Ayuntamiento, plaza que ocupó durante casi tres años (de 1936 a 1939); por entonces fue movilizado con motivo de la Guerra Civil en el mismo Regimiento de Ingenieros, en el que alcanzó el empleo de cabo. Posteriormente, en 1941 fue presidente de la Comisión de festejos de Santa Ana y luego accedió a la Alcaldía de este municipio, que desempeñó durante ocho años (de 1953 a 1961). Andrés Tejera falleció en la Clínica la Colina de Santa Cruz de Tenerife el 10 de octubre de 1994, cuando contaba casi 88 años de edad. Le sobrevivió su esposa María Luisa González Sabina. Y desde el año 2000 lleva su nombre una calle de esta Villa Mariana, muy cercana a este Ayuntamiento, en la que actualmente vivo…

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La tramitación y concesión a Candelaria del título de “Siempre abnegada y piadosa Villa” (1954-1957)

En el año 2007 se conmemoró en Candelaria el 50 aniversario de la concesión del título de “Siempre abnegada y piadosa villa” y al año siguiente, en 2008, se celebró el mismo aniversario de la concesión del escudo municipal. Con ambos motivos, impartimos una conferencia en el Ayuntamiento de Candelaria, con el deseo de que no pasasen desapercibidas las Bodas de Oro de eventos tan significativos.

Según el Nomenclátor editado periódicamente por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para la confección del censo de población, los núcleos o entidades de población ostentan distintas categorías, asignadas tradicionalmente en función de sus características geográficas, demográficas e históricas. Las principales de éstas son las siguientes, de menor a mayor: caserío, aldea, lugar, villa y ciudad.

Dedicamos el presente artículo a recordar la dilatada tramitación que siguió el Ayuntamiento de Candelaria para conseguir el título de Villa, que aún ostenta con orgullo este amplio municipio sureño, a pesar de que desde entonces ha experimentado un continuo crecimiento demográfico, económico y social.

A mediados del siglo XX, el Ayuntamiento de Candelaria remitió al Instituto de Estudios de Administración Local y al Gobierno Civil unos antecedentes históricos de la localidad para que se mejorase su catalogación ente los núcleos de población de la isla, pues hasta entonces se la consideraba como un mero “Lugar”; pero se le contestó negativamente en lo relacionado con la heráldica y tratamiento del Ayuntamiento, dado que los cambios de categoría de las poblaciones tenían como condición previa la autorización y reconocimiento del Ministerio de la Gobernación. Por ello, el 4 de mayo de 1954 el alcalde de Candelaria don Andrés Tejera Reyes elevó al Ayuntamiento una larga moción, con el fin de iniciar un expediente en tal sentido…

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Candelaria-Arico: Don José Antonio Baute Chico (1939-2003), sacerdote de férrea vocación, párroco de El Pinar, La Restinga, Isora y San Andrés, vicearcipreste de El Hierro, párroco de la Villa de Arico, El Río y Chimiche, y esclavo del Santísimo Cristo de La Laguna, quien da nombre a una calle de Araya

     Lo conocí como estudiante del Instituto de Güímar y enseguida me despertó admiración aquel hombre, mucho mayor que nosotros, que partiendo de un origen humilde suplió su carencia de estudios con una enorme voluntad y con la fe absoluta en que lograría alcanzar su meta, el ser sacerdote de Cristo. Y así lo hizo, a pesar de las fuertes trabas que se le pusieron en su camino, pues gracias a su férrea vocación logró ser ordenado y destinado a diversas parroquias de la Diócesis. Pero al final de su vida, la incomprensión dentro de la propia jerarquía eclesiástica volvió a poner a prueba su profunda vocación, que una vez más se impuso a la complejidad humana. Y un absurdo accidente vino a truncar de manera inesperada la vida de este hombre admirable, un humilde y entrañable sacerdote del clero tinerfeño, que fue párroco de El Pinar, vicearcipreste de El Hierro y párroco de Arico.

     Nuestro biografiado nació en Araya el 26 de abril de 1939, a las doce de la noche, siendo hijo de don Juan Baute Chico y doña Matilde Chico Baute. El 2 de julio de ese mismo año fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de Candelaria por el cura párroco Fray Vicente Bravo y Bravo, de la Orden de Predicadores; se le puso por nombre “José Antonio” y actuó como padrino don Federico Chico Baute. El 3 de febrero de 1940 fue confirmado en el mismo templo…

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Apuntes para la historia de Barranco Hondo (Candelaria)

     En el presente artículo queremos recordar los principales acontecimientos y personajes que han conformado la historia de este pueblo, cuyos principales aspectos pensamos desarrollar en trabajos posteriores.

    En la toponimia de este lugar quedan vestigios de los guanches del menceyato de Goymar, de sus ritos y costumbres, como la “Cueva y Salto del Infierno” y “La Trojita”. Asimismo, entre los yacimientos aborígenes descubiertos destacan: el panteón dela Media Montaña, con restos de 160 personas que fueron a parar al Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife; y en la Cueva de la Arena (El Picacho) se encontró un sarcófago de tea, que permaneció durante años en el gabinete científico de la capital tinerfeña.

     Desde el siglo XVI comenzaron a establecerse en Barranco Hondo algunas familias aisladas, que a comienzos del siglo XVIII ya constituían un pequeño caserío, que fue creciendo en las proximidades del barranco que le da nombre, condicionado por la topografía y la pendiente. Sus habitantes se dedicaban por entonces, como en los dos siglos siguientes a la agricultura (alcanzando fama el pueblo por sus ricas frutas pasadas, tanto higos como porretas) y al pastoreo…

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