Los antiguos enterramientos en los templos y la habilitación del primer cementerio de Candelaria

Esqueletos San Blas-3     El municipio de Candelaria cuenta en la actualidad con tres cementerios, pero solo desde mediados del siglo XX, pues con anterioridad sólo existía uno en el casco de Candelaria y hasta comienzos del siglo XIX, durante más de tres siglos, los enterramientos se efectuaban exclusivamente en los recintos religiosos de la localidad: el Santuario de la Virgen, la Cueva-ermita de San Blas, la iglesia parroquial de Santa Ana, la capilla del Convento dominico y raramente en las ermitas de la jurisdicción. No debemos olvidar, que en estos lugares también se enterraron los vecinos de Arafo hasta 1795, en que se segregó su parroquia.

     En el año de 1811, con motivo de la tristemente célebre epidemia de fiebre amarilla que asoló Tenerife, se habilitó un campo santo parroquial, en el que fueron enterrados al menos dos vecinos fallecidos del rigor de dicha epidemia, uno de ellos el propio párroco de la localidad. Tras pasar la epidemia, los entierros continuaron efectuándose de forma mayoritaria en la iglesia de Santa Ana, aunque muchos se hicieron también en la capilla del Convento. En 1828 se habilitó un cementerio parroquial provisional, a consecuencia del gran número de fallecidos en una epidemia de viruelas, aunque solo se mantuvo abierto durante nueve meses, pues dado que carecía hasta de vallado los entierros volvieron a la iglesia parroquial. Finalmente, en 1835 los enterramientos abandonaron definitivamente los templos, al abrirse de nuevo el cementerio provisional, que ya estaba cercado con un muro de piedra seca, el cual permaneció en funcionamiento hasta 1843, en que fue clausurado al trasladarse a las ruinas de la inacabada Basílica de la Virgen de Candelaria, donde continuó durante muchos años. El cementerio antiguo solo volvió a utilizarse esporádicamente y en cortos períodos coincidiendo con algunas epidemias, como ocurrió en 1862-1863 y 1897…

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El antiguo caserío de Pasacola en Igueste de Candelaria

Pasacola-Google     Uno de los aspectos más curiosos y desconocidos de la historia de Candelaria lo constituye el devenir del pequeño caserío de Pasacola, también denominado en el pasado Panzacola o Pansacola, que se asentaba cerca de Igueste y junto al antiguo Camino real de Candelaria que comunica dicho pueblo con Barranco Hondo. Ocupaba una franja de terreno en forma de cuña, orientada de Norte a Sur, comprendida entre los barrancos del Saltadero de las Gambuesas y Salto de Chajarche.

       Lo constituían varios edificios, con sus corrales y cuevas, y se dividía en dos partes, la de arriba y la de abajo, y en parcelas como “El Alférez”, “El Calabozo” o “La Vera”, esta última la preferida. Las casas, de típica arquitectura canaria, estaban construidas con piedras y barro o argamasa, que garantizaba la solidez del muro, apoyándose en las esquinas en pilares de piedras archetadas o tosca roja de montaña. Poseía una cueva grande, con vistas al Barranco de Chajarche, y una hermosa era comunitaria, que aún se conserva en buen estado, en la que aparte de su uso agrícola también se celebraban sus tradicionales bailes. Hoy casi todo está abandonado y en ruinas…

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La erupción volcánica de 1705 en el Valle de Güímar. Un suceso que produjo daños en los tres pueblos de la comarca y una gran inquietud en toda la isla

Volcán de las Arenas-2     Ya se han cumplido más de tres siglos de un acontecimiento geológico que en la primera mitad del siglo XVIII vino a alterar el normal devenir del Valle de Güímar, tanto en lo material como en lo espiritual: la erupción volcánica de 1705. A pesar del tiempo transcurrido, sus huellas son perceptibles en el paisaje y sus efectos aún se recuerdan en los tres municipios de esta comarca. El cono volcánico del que partió la lava se conoció en el pasado como “Volcán de Güímar” y en la actualidad como “Volcán de Arafo” o “Volcán de las Arenas”. Conviene recordar que en el momento de la erupción, los tres pueblos del Valle estaban unidos bajo una única alcaldía pedánea y en una misma parroquia.

     Tras dos erupciones volcánicas ocurridas un mes antes en las cumbres de Arico y Fasnia, el 2 de febrero de 1705, cuando se celebraba la festividad de la Virgen de Candelaria, surgió un volcán en los altos del Valle de Güímar, en la caldera de Pedro Gil y junto al Pico del Valle o de Cho Marcial, erupción que amenazó con destruir los pueblos de Arafo y Güímar, y que se constituyó en el suceso más devastador de la historia local. Duró casi dos meses, hasta el 27 de marzo, fue visible desde La Orotava y sus efectos se dejaron sentir en toda la isla. Las coladas de lava se dividieron en tres brazos y provocaron graves daños: el más largo se dirigió a Arafo y llegó hasta por encima del caserío de El Socorro y sobre él están asentados hoy los barrios de El Carmen (Arafo) y San Francisco Javier (Güímar), así como parte del polígono industrial; el segundo brazo se dirigió a Güímar y sobre él se asientan los actuales barrios de Fátima, Constitución y Afonso Carrillo; y el tercero, el más corto, se quedó por encima de Chacaica. Solo en Güímar se arruinaron 70 casas y fallecieron 16 personas, en su mayoría de miedo…

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Candelaria: Don Agustín Rodríguez del Castillo (1749-1791), propietario agrícola, cosechero de vinos, promotor y primer mayordomo de la ermita de la Santísima Trinidad de Igueste, alcalde real de Candelaria y subteniente de Milicias

Igueste Candelaria      Miembro de la familia más acomodada de Igueste de Candelaria, nuestro biografiado destacó como propietario agrícola, dedicado a la cosecha y compraventa de vino, cereales y miel, siendo uno de los tres únicos vecinos que sabían leer y escribir. Además, fue el principal promotor de la construcción de la ermita de la Santísima Trinidad de dicha localidad y su primer mayordomo; perteneció a la Hermandad del Santísimo Sacramento y la Cofradía de la Santa Misericordia de la parroquia de Santa Ana, así como de la Hermandad del Santísimo Rosario del convento dominico; resultó elegido alcalde real de Candelaria en tres etapas; y al final de su vida solicitó y obtuvo el empleo de subteniente de Milicias, aunque su carrera militar se vio truncada por su prematuro fallecimiento. No obstante, ésta fue continuada por su hijo Pedro, quien llegó a ser teniente de Milicias..

      Nació en el pago de Igueste el 14 de diciembre de 1749, siendo hijo de don Francisco Gaspar Rodríguez del Castillo y doña María Josefa de Ledesma. El 21 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de Candelaria por el padre presentado ex‑regente fray Domingo Oropesa, de la Orden de Predicadores y servidor de dicha parroquia; se le puso el nombre “Agustín” y fue su padrino don Juan Gaspar, vecino del pago de Barranco Hondo…

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La Sociedad “Patria y Unión” de Candelaria (1921-1922), el segundo casino en la historia de este municipio

     Buscando en archivos y hemerotecas hemos descubierto la existencia de dos sociedades, las primeras existentes en el municipio de Candelaria, de las que ni siquiera se acuerdan los vecinos más mayores; se trata de “El Porvenir de Candelaria” y “Patria y Unión”, las dos con sede en la cabecera municipal. La existencia de ambas fue efímera, pues de la primera sólo existen referencias puntuales, mientras que de la segunda sólo tenemos constancia de su funcionamiento durante unos cinco meses, al ser disuelta tras la briosa irrupción de la Sociedad “Casino de Candelaria”. En este artículo vamos a ocuparnos de la segunda sociedad, el Casino “Patria y Unión”.

    Esta sociedad fue fundada por don Juan Reyes Fariña, vecino de Candelaria y maestro nacional, quien el 31 de octubre de 1921 firmó como “Fundador” el Reglamento por el que se habría de regir, el cual constaba de 56 artículos, agrupados en 15 capítulos. En el artículo 1º se fijaban sus objetivos: “El objeto de esta Sociedad es el de procurar a los miembros que la constituyen la distracción que reporta la lectura de las obras y periódicos que se adquieran, y principalmente aumentar y avivar la devoción a la Santísima Imagen de Na. Sa. la Virgen de Candelaria, el amor a la Patria y al pueblo, así como la protección mutua de todos los asociados. / Dar reuniones, como bailes, conciertos, funciones dramáticas y permitiéndose los juegos no prohividos por las leyes”…

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Candelaria: D. FELIPE VÍCTOR OTAZO RAMOS (1812-1870), sacerdote, párroco propio de Matanzas en la isla de Cuba y cura encargado de Arafo

     A pesar de nacer en el seno de una familia destacada, como tantos otros canarios emigró a América en unión de un hermano y se estableció en Venezuela, de donde pasó a Curazao. No sabemos a qué se dedicó en dicho continente, pero lo cierto es que ya mayor cursó allí la carrera eclesiástica y, tras ser ordenado sacerdote, obtuvo en propiedad la importante parroquia de la ciudad de Matanzas, en la isla de Cuba, que regentó durante casi una década. Luego regresó a Tenerife, donde solo pensaba estar una temporada, pero vivió los tres últimos años de su vida, en los que estuvo encargado durante unas semanas de la parroquia de Arafo, sorprendiéndole la muerte sin volver a su destino.

      Nació en Candelaria el 21 de julio de 1812, siendo hijo de don Juan Obtazo de Barrios, natural de dicho pueblo, y doña Manuela Ignacia Ramos Villa, que lo era de Sevilla. Dos días después recibió el bautismo en la iglesia parroquial de Santa Ana, de manos del cura párroco don Esteban Montañés; se le puso por nombre “Felipe Víctor de Santa Práxedes” y actuó como su padrino el presbítero don José Rafael Otazo, su tío paterno…

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La Banda de Música “Tres de Mayo” de Barranco Hondo (Candelaria). Una corta pero emotiva trayectoria

FOTO BANDA DE BCO HONDO-1     Poca gente se acuerda ya de que la primera banda de música que existió en el municipio de Candelaria se formó en Barranco Hondo en 1936. Llevó por nombre “Tres de Mayo”, por el día de su debut, y se presentó en su pueblo por todo lo alto, incluso con padrinos. Llegó a actuar en Llano del Moro e Igueste de Candelaria, además de en Barranco Hondo, pero solo se mantuvo en activo durante dos meses y medio, pues el comienzo de la Guerra Civil acabó con su corta pero emotiva trayectoria. La dirección la asumió el músico don José Verdejo Rodríguez, natural de Cádiz, aunque residente durante muchos años en Garachico.

       A lo largo de la II República Española se produjo un intenso movimiento asociativo y cultural en todos los pueblos canarios, como en el resto del Estado, surgiendo numerosos casinos, así como agrupaciones musicales, políticas y sindicales. Siguiendo esta inquietud, en Barranco Hondo se fundó en 1932 la Sociedad “Teobaldo Power”; en 1934 el “Comité Local de Acción Popular Agraria”; y en 1935 la Sociedad “Recreo” (también conocida como “Sociedad Nueva”). Fue probablemente en este segundo casino donde se fraguó la idea de crear una banda de música…

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El terrible aluvión que azotó Tenerife en 1826 y sus irreparables daños en Candelaria

      Aunque ya me he ocupado en alguna ocasión de los daños ocasionados en el Valle de Güímar por el célebre aluvión o temporal de 1826, el más grave registrado en la historia de Tenerife, no queremos que se olvide ese suceso natural que en cualquier momento puede volver a ocurrir y del que, a pesar de haber transcurrido 186 años, aún quedan muchos datos por conocer. A continuación vamos a analizar someramente los efectos del aluvión en la isla, para centrarnos luego en las graves pérdidas materiales, humanas y religiosas que causó en Candelaria, donde se llevó el Castillo de San Pedro, con el cabo de guarnición y toda su familia, así como una docena de casas y parte de la Capilla del Convento dominico, de la que desapareció la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria, la Patrona de Canarias.

      Los días 7 y 8 de noviembre de dicho año 1826 acometió a las islas, y con especial crudeza a Tenerife, uno de esos tempora­les de viento y lluvias torrenciales que en periodos más o menos largos suelen visitarla y que, por desgracia, siempre dejan hondas huellas de su marcha destructora. Pero si de todos los ocurridos habían quedado recuerdos imperece­deros, del que nos ocupa aún perdura su memoria aterradora, viva y fresca, durante casi dos siglos, pues tal fue la magnitud de sus estragos que se reputa por el mayor de los ocurridos después de la Conquista…

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Candelaria: Don José Sabina Albertos (1849-1893), maestro de la escuela pública de niños, sochantre-organista, notario público eclesiástico, alcalde constitucional, mayordomo de la Virgen de Candelaria, secretario del Juzgado y del Ayuntamiento, y juez municipal suplente

Candelaria antigua-15      Don José Sabina Albertos fue uno de los personajes más destacados de Candelaria en la segunda mitad del siglo XIX, transcurriendo casi toda su vida en dicha localidad. Adquirió una notable cultura, que completó con el título de Maestro, y desempeñó en su pueblo natal todos los cargos que requerían una cierta preparación intelectual. Así, fue durante 21 años maestro de la escuela pública de niños, que obtuvo en propiedad por oposición; sochantre, organista y notario público eclesiástico de la parroquia de Santa Ana; mayordomo del Santuario de la Virgen de Candelaria; secretario interino del Ayuntamiento y acompañado del Juzgado Municipal, en dos ocasiones cada uno; elector como capacidad e interventor electoral; alcalde constitucional y juez municipal suplente. Falleció prematuramente, dejando ocho hijos de corta edad. Como reconocimiento al prestigio de que gozaba, a su entierro asistieron la mayoría de sus paisanos y la banda de música del vecino pueblo Arafo.

     Conocido por “El Santo”, probablemente por su larga vinculación con la parroquia, nuestro biografiado nació en Candelaria el 5 de septiembre de 1849, siendo hijo de don José Nicolás Sabina y Llarena y doña Rosa Albertos de Frías, naturales y vecinos de dicha villa. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el cura párroco don Juan Núñez del Castillo y actuó como padrino don Aurelio Perdigón, vecino de Arafo…

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Candelaria: Fray Tomás Texera (1762-1829), sacerdote dominico, Presentado en Teología, notario, cantor, depositario, administrador, suprior y prior del Convento Real, cura encargado de la parroquia de Santa Ana, secretario del prior provincial y profesor

Capilla antigua-fiestas Candelaria    Muchas fueron las vocaciones religiosas que surgieron en torno a la Virgen y al Convento Real de Candelaria, gracias a lo cual la Villa Mariana destacó en el pasado por el número de sus hijos que ingresaron en la Orden de Predicadores. En este trabajo queremos recordar a uno de ellos, Fray Tomás Texera, sacerdote dominico que permaneció casi toda su vida como morador del citado convento, donde ostentó casi todos los cargos de responsabilidad: notario, cantor, depositario, administrador, profesor, suprior y prior; aunque también actuó como secretario y compañero del provincial. Recibió el importante título de Presentado en Sagrada Teología, que le fue retirado cuando se secularizó, con motivo de la supresión temporal del convento (1821-1824). Una vez reintegrado en su Orden y recuperado su título, continuó en dicho convento hasta su muerte, que se produjo mientras ostentaba el Priorato. A lo largo de su vida vivió dos tristes sucesos: primero, el incendio que en 1789 destruyó el convento y la basílica; y luego, el aluvión que en 1826 se llevó la primitiva imagen de la Virgen y el Castillo de San Pedro.

     Nuestro biografiado nació en Candelaria el 7 de marzo de 1762, siendo hijo de don Melchor Texera de Castro y doña Agustina Pérez. Cuatro días después fue bautizado, con óleo y crisma, en la iglesia de Santa Ana por don José Méndez y Azevedo, teniente de beneficiado; se le puso por nombre “Tomás del Rosario” y actuó como padrino don Agustín Lorenzo de Barrios…

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