Descripción del término de Arafo en 1798

     Este artículo se centra en la primera descripción conocida del término de Arafo tras su segregación de Candelaria, que se produjo el 3 de enero de 1798. Corresponde a un informe redactado a finales de ese mismo año probablemente por el fiel de fechos del primer Ayuntamiento o alcaldía real, don Domingo González García, aunque en su elaboración sin duda participó el alcalde real, don Felipe Marrero de Castro, en respuesta a las 47 preguntas incluidas en una instrucción remitida por el Gobierno de España a todos los pueblos del Reino, para que éstos se lo remitiesen al intendente provincial.

     En ella se describe sucintamente el lugar y se especifican los grupos de edad de la población, por sexos; el número de casas; los oficios o actividades profesionales; los cargos y empleos públicos; y el personal adscrito a la vida militar y religiosa de la localidad. También se señala la dependencia de las tierras del Convento agustino de La Laguna. En síntesis, una interesante visión de esta jurisdicción a finales del siglo XVIII…

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Granadilla de Abona: Don Andrés García Tacoronte y Bencomo (1820-1901), capitán de Milicias, propietario agrícola, elector contribuyente, presidente de la mesa electoral y alcalde constitucional de Granadilla

     Aunque por ambas líneas ostentaba apellidos guanches, nuestro biografiado nació en Caracas, pero con tan solo dos años se estableció en Charco del Pino (Granadilla de Abona), pueblo natal de su padre. Durante más de veinte años siguió la carrera militar, en la que ingresó como subteniente, para ascender luego a 2º ayudante, teniente y capitán de Milicias, primero en el Regimiento de Abona y luego en la Batallón del mismo nombre. Además, destacó como propietario agrícola, lo que le permitió figurar entre los electores contribuyentes de Granadilla, que podían participar en las elecciones de diputados provinciales y diputados a Cortes; fue presidente de la mesa electoral de dicho término, alcalde constitucional del mismo y asociado para la distribución del presupuesto municipal. Posteriormente, volvió a ser designado concejal interino del Ayuntamiento, pero como los restantes miembros nombrados fue sentenciado por prolongación de funciones a seis años, ocho meses y un día de inhabilitación para cargos públicos. Finalizado ese plazo volvió a la política local, pues volvió a ser alcalde accidental de Granadilla de Abona.

     Nació en el pueblo de Yaritagua, en la provincia de Caracas (Venezuela), el 4 de febrero de 1820, siendo hijo natural de don Juan Antonio (García) Tacoronte y Hernández, natural de Charco del Pino (Granadilla de Abona), y doña María Inés Bencomo Monterola, que lo era de la citada localidad venezolana pero oriunda de Güímar, quienes tenían “tratado matrimonio”. Tres días después fue bautizado por don José de Jesús Gale, venerable cura de dicho pueblo; se le puso por nombre “Juan Andrés Corvino” y actuó como padrino don Antonio García Tacoronte. Siempre fue conocido como “Andrés”…

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Guía de Isora: Don Miguel Martín González (1910-1995), oficial mayor y secretario interino del Ayuntamiento, secretario de la Sociedad “Centro Isorano”, cofundador de la Academia de Segunda Enseñanza, Cronista Oficial de Guía de Isora y colaborador periodístico

     Nuestro biografiado obtuvo una plaza de funcionario en el Ayuntamiento de Guía de Isora, en el que ejerció sucesivamente como auxiliar administrativo, oficial interino, oficial mayor y secretario interino, empleos desde los que desarrolló una destacada labor municipal, en la que cooperó en muchas mejoras alcanzadas por el municipio y sus vecinos. Además, fue secretario de la Sociedad “Centro Isorano” y cofundador de la Academia de Segunda Enseñanza. Asimismo, llevado por su amor hacia su pueblo natal, publicó muchos artículos en el periódico El Día, del que fue un asiduo colaborador, con crónicas sobre la historia, tradiciones y personajes de su tierra, así como sobre otros lugares de la isla, que serían recopilados en un libro. Ello le valió el nombramiento de Cronista Oficial de Guía de Isora.

     Nació en el Lomo del Balo (Guía de Isora) el 5 de marzo de 1910, a las cuatro de la madrugada, siendo hijo del zapatero don Lucio Martín Alonso, conocido por “Manuel”, y doña María Concepción González. El 6 de abril inmediato fue bautizado en la iglesia de Ntra. Sra. de la Luz por el cura párroco don Salvador Morales Real; se le puso por nombre “Miguel” y actuó como padrino don José Borges Rodríguez, casado y propietario…

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San Miguel de Abona: Don José Rodríguez Amador (1722-1782), sargento de Milicias y humilde tejero

     Miembro de una modesta familia rural, nuestro biografiado trabajó en la fabricación de tejas, al igual que dos de sus hermanos, lo que solo le permitió sacar adelante a su familia con bastante pobreza. Además, siguió una limitada carrera militar, en la que alcanzó los empleos de cabo de escuadra y sargento en el Regimiento de Milicias de Abona. Contrajo dos matrimonios y tuvo cuatro hijos del primero de ellos. Las siguientes generaciones de toda su familia simplificaron el apellido doble “Rodríguez Amador” a “Amador”, como ha llegado hasta el presente.

     Nació en el pago de San Miguel el 22 de octubre de 1722, siendo hijo de don José Rodríguez Amador (o Rodríguez Berganciano), natural del Valle de San Lorenzo y de origen guanche, y doña Ana Francisca de las Nieves, que lo era de San Miguel, pero oriunda por sus padres de Puntagorda (La Palma) y La Orotava, y ambos casados en 1715. Cinco días después fue bautizado con óleo y crisma en la iglesia de San Pedro Apóstol de Vilaflor, a cuya jurisdicción pertenecía por entonces dicho lugar, por el beneficiado don Agustín de la Cruz y Vera; se le puso por nombre “Joseph” y actuó como padrino el presbítero don Antonio García del Castillo; el párroco advirtió a sus padres “la obligación de enseñarle la Doctrina Cristiana”…

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Arona en 1930, según el artículo “El Sur de Tenerife” del obispo Fray Albino González Menéndez-Reigada

     El interesante artículo “El Sur de Tenerife” fue publicado en junio de 1930 en el periódico católico Gaceta de Tenerife por el obispo de esta Diócesis, Fray Albino González y Menéndez-Reigada, en sucesivas entregas. En él relata la visita que había efectuado a las parroquias del Sur de Tenerife, de la que en este artículo nos hemos limitado a su estancia en el municipio de Arona. Llegó al pueblo de Arona el 18 de marzo de 1930 y continuó hasta el 19, coincidiendo con la festividad de San José. En su bella crónica se centra, como era de esperar, en la detallada descripción de los distintos templos del término. Además de describir el recibimiento que se le hizo en la parroquia matriz, detalla las misas que presidió. Pero otra aportación valiosa de esta crónica es el detenerse a analizar las carencias o los proyectos de mejora que existían por entonces en este municipio. Se lamenta de la falta de una buena carretera de enlace del Valle de San Lorenzo con la Carretera General del Sur, que ya había reclamado; visitó la Caldera de Arona, situada en una finca del entonces alcalde don Eugenio Domínguez Alfonso, en la que se proyectaba la construcción de una presa o pantano que permitiría el riego de toda la zona costera del término, con la consiguiente riqueza económica; destaca en la bahía de Los Cristianos sus inmejorables condiciones para establecer el aeropuerto internacional de Tenerife, así como su puerto, cuya actividad creciente había permitido el crecimiento de la población, destacando el papel de un consejero del Cabildo de Tenerife, don Juan Bethencourt Herrera, en las gestiones para llevar a cabo las obras de mejora en el Sur de la isla. En fin, se trata de un trabajo de gran interés para conocer algunos aspectos religiosos, sociales y económicos del municipio de Arona en los albores de los años treinta del pasado siglo XX, seis años antes del inicio de la Guerra Civil, que tanto alteró la vida de estos pueblos y de toda la nación.

     El autor del artículo, Fray Albino González y Menéndez-Reigada (1881-1958), fue un destacado sacerdote dominico, Ldo. en Filosofía y Letras, Doctor en Teología y Derecho Civil, obispo de Tenerife y de Córdoba, escritor y predicador, que tuvo una polémica actuación durante la Guerra Civil y una fuerte vinculación con el Régimen de Franco…

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Arico: Don Andrés Hernández González (1822-1872), propietario agrícola, teniente de Milicias, director de las academias de sargentos y cabos, comandante de armas de Fasnia y Arico, vocal de la Junta de Gobierno local, juez de paz suplente y alcalde constitucional de Arico

     Miembro de una familia numerosa y acomodada, don Andrés Hernández González entró a servir como subteniente en el Batallón Ligero Provincial de Abona, empleo con el que fue nombrado director de las academias de sargentos y cabos del mismo cuerpo, en el que luego ascendió a teniente de Milicias. Siendo teniente de la nueva Sección Ligera Provincial de Abona, estuvo movilizado al mando de una partida en persecución de criminales y fue nombrado comandante de armas de Fasnia y Arico. Tras obtener voluntariamente su retiro, con uso de uniforme y fuero criminal, desempeñó algunos cargos públicos en su pueblo adoptivo, como los de vocal de la Junta de Gobierno local, juez de paz suplente y alcalde constitucional de Arico. Además fue propietario agrícola y criador de cochinilla.

     Nació en Santa Cruz de Tenerife el 30 de noviembre de 1822, siendo hijo de don José Patricio Hernández Rodríguez y doña Antonia González Gómez, naturales y vecinos del pago de El Río, en el municipio de Arico. Recibió el bautismo en la Vicaría castrense de dicha capital. Fueron sus abuelos paternos: don Juan Gaspar Hernández y doña Juana Rodríguez Cano; y los maternos: don Agustín González y doña María Josefa López y Gómez. De corta edad se estableció con su familia en ese pueblo sureño, donde transcurrió el resto de su vida…

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Güímar: Don Domingo Díaz Bermúdez (1939-2018), maestro nacional, jefe de estudios y director del Colegio “Alfonso X El Sabio”, propietario fundador de la Librería “Góngora”, concejal, presidente de una Asociación de Agricultores, del Consejo Regulador de Vinos y del Patronato “Amigos del Arte” de Güímar

     Tras cursar en Güímar los Estudios Primarios y el Bachillerato, nuestro biografiado obtuvo el título de Maestro como alumno libre en la Escuela Normal de Magisterio de La Laguna. Después de superar la correspondiente oposición, tomó posesión como maestro propietario definitivo en Alfabetización y, durante ocho años, ejerció en Las Aguas (San Juan de la Rambla), en el Colegio “Hernández Melque” de Güímar, en el Centro de Reclutamiento e Instrucción de Hoya Fría y en el Sanatorio Psiquiátrico de Santa Cruz de Tenerife; luego regresó a la Agrupación Escolar “Hernández Melque” de Güímar, donde permaneció hasta su integración en el nuevo Colegio “Alfonso X El Sabio”; en éste desarrolló su labor docente durante otros 25 años, en los que fue jefe de estudios, director de la emisora escolar “Radio Valle de Güímar” y director del centro. También es muy recordado como propietario fundador de la Librería-Papelería “Góngora”, la tercera en antigüedad en la historia de Güímar, a la que el Ayuntamiento le concedió el III Marcador de Plata. Además, en su adolescencia y juventud fue jugador de fútbol, secretario de la Juventud de Acción Católica, clarinete de la Banda de Música “Amigos del Arte” de Güímar y vicepresidente del Casino. Posteriormente, fue concejal del Ayuntamiento, presidente de la Asociación de Agricultores para la defensa del Valle de Güímar, bodeguero, catador de vinos, miembro fundador de la Cofradía del Vino de Canarias, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Vinos “Valle de Güímar” y presidente del Patronato “Amigos del Arte” de esta ciudad.

     Nació en Güímar el 26 de abril de 1939, a las tres de la madrugada, siendo hijo de don Domingo Díaz Gómez y doña Veneranda Bermúdez Tejera, ambos naturales de dicha ciudad y él oriundo por su padre de Las Palmas de Gran Canaria. El 30 de junio de ese mismo año fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el cura encargado don Domingo Pérez Cáceres, por entonces deán de Tenerife; se le puso por nombre “Domingo Estanislao” y actuaron como padrinos sus tíos don Manuel Díaz Gómez y doña Juana Díaz Gómez. El 8 de febrero de 1942 fue confirmado en la misma parroquia…

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Candelaria: Don Juan Baute Chico (1854-?), 2º teniente condecorado del Batallón de Voluntarios de Matanzas en la Guerra de Cuba

     Aunque formaba parte de una familia de propietarios agrícolas con una situación económica más o menos desahogada, dado que ésta era muy numerosa nuestro biografiado decidió emigrar a Cuba, con el deseo de mejorar su fortuna. En dicha isla le sorprendió la Guerra de la Independencia, por lo que ingresó como voluntario en la 6ª compañía del Tercer Batallón de Cazadores Voluntarios de Matanzas, del Ejército español; en reconocimiento a los servicios prestados, mereció un voto de gracia y la Medalla de Constancia con dos pasadores, así como el ascenso a 2º teniente del mismo cuerpo. Desgraciadamente no conocemos más detalles de su vida.

     Nació en Araya de Candelaria el 12 de julio de 1854, siendo hijo de don Vicente de Baute Núñez y doña Juana Chico Díaz. El 19 de ese mismo mes recibió el bautismo en la iglesia parroquial de Santa Ana, de manos del cura párroco don Juan Núñez del Castillo; se le puso por nombre “Juan Gualverto” y actuó como madrina doña Petra de la Cruz Navarro…

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La construcción de la torre de la iglesia parroquial de San Antonio de Padua de Granadilla de Abona, la instalación del reloj y el legado de don Domingo González Mena

     La torre de la iglesia parroquial de San Antonio de Padua de Granadilla de Abona se bendijo en 1885 y fue sufragada en un 60 % por don Domingo González Mena, acaudalado emigrante granadillero en Venezuela. Once años más tarde, en 1896, se instaló en ella el reloj, que se había encargado en Francia y fue sufragado mediante una suscripción popular entre el vecindario. Al año siguiente se proyectó la adquisición de nuevas campanas para ella. El Sr. González Mena, fallecido en América hacia 1908, dejó en su testamento un importante legado para ampliar la capilla de El Calvario de su villa natal y poner en ella una imagen, para lo que creó una comisión que debía administrarlo. Su generosidad con su pueblo natal motivó su nombramiento como Hijo Predilecto de Granadilla de Abona y la nominación de una plaza o alameda. Pero la inversión del resto del legado dio lugar a una agria polémica, pues unos querían invertirlo en edificios religiosos (construcción de una casa parroquial y acondicionamiento de la iglesia del antiguo convento), mientras que otros querían que se invirtiese en edificios civiles para alojar dependencias públicas (casas consistoriales, casa cuartel de la Guardia Civil, estación de Telégrafos, escuelas, etc.). Finalmente, ese dinero se invirtió en la reforma de la Plaza del exconvento franciscano, que llevaba el nombre del donante.

     La construcción de la torre comenzó en 1885 y concluyó al año siguiente Su costo ascendió a la cantidad de 11.818,48 pesetas, de cuya cantidad más del 60 %, 7.425,06 pesetas, fueron aportadas por don Domingo González Mena, emigrante granadillero en Venezuela, quien envió ese dinero desde Venezuela con un paisano. El autor de los planos fue don Felipe Pérez Mejías, natural y vecino de la propia villa, quien también dirigió las obras. La torre se bendijo el lunes 14 de junio de 1886, por el cura párroco de Arico don Antonio Martín Bautista; se le puso por nombre “Antonia María del Rosario”, en honor del patrón y compatrona de la parroquia, y actuó como padrino de la misma el párroco de Granadilla, don Atanasio Viña y Vera. En el mismo acto se bendijo el baptisterio por el mismo sacerdote…

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Los graves efectos del aluvión de 1826 en el municipio de Güímar y en los pueblos vecinos de Arafo y Fasnia

     Mucho se ha escrito sobre el célebre aluvión, huracán, tormenta o temporal de 1826, la catástrofe natural de ese tipo más grave de las registradas en la historia de Tenerife, pero aún quedan muchos datos por conocer del mismo. Los días 7 y 8 de noviembre de dicho año, hace casi dos siglos (exactamente 193 años), acometió a las islas, y con especial crudeza a Tenerife, uno de esos temporales de viento y lluvias torrenciales que en periodos más o menos largos suelen visitarla y que, por desgracia, siempre dejan una honda huella de su marcha destructora. Pero si de todos los ocurridos habían quedado recuerdos imperecederos, del que nos ocupa ha perdurado su memoria aterradora, viva y fresca, hasta la actualidad, pues tal fue la magnitud de sus estragos, humanos y materiales, que se considera el mayor de los ocurridos después de la Conquista. De lo ocurrido en Candelaria ya nos ocupamos en otro artículo de este mismo blog, por lo que en esta ocasión nos vamos a centrar en lo ocurrido con motivo de esa catástrofe en Güímar, Arafo y Fasnia.

     En el término de Güímar el número de víctimas mortales se elevó a siete, cinco de ellas sorprendidas en las Dehesas de Agache (de las que tres fueron llevadas por las aguas torrenciales que discurrieron por el barranco de Herques) y las dos restantes arrastradas con sus casas en el barrio de La Hoya de Güímar. En cuanto al resto de los daños, debemos destacar los 103 animales que sucumbieron con motivo del aluvión en todo el municipio: 3 bueyes, 1 yegua, 2 mulos, 5 burros, 72 cabras, 18 ovejas y 2 gallinas. Se dañaron decenas de casas, 7 de las cuales fueron “llevadas desde sus cimientos”. Numerosas fueron las pérdidas de frutos (tanto los que ya se habían recogido como los de próxima cosecha), los estragos de tierras superficiales y las cercas destruidas en los terrenos que se salvaron. Hubo graves daños en las higueras, pues fueron muchas las arrancadas por el huracán sin pérdida de tierras, por un importe de 17.558,3 pesos. También se perdieron otros árboles en La Ladera, la Costa, Las Rozas, Boruga, el pueblo, las Lomas y Agache, por un valor total de 151.249,3 pesos; las tierras que se llevó el agua, en extensión y profundidad, se elevaron a 7.536 almudes y la mayor parte correspondían a viñedos. De los 695 contribuyentes que existían en el término según el último repartimiento de la Contribución Territorial, 498 presentaron cuentas de pérdidas, restando “197 propietarios que puedan asegurar haber sufrido más o menos”. El total de las pérdidas económicas sufridas en el término se evaluó en 196.476,33 pesos.

     En Arafo, además de la pérdida de un elevado número de animales domésticos, árboles silvestres y frutales, así como daños en las cosechas y en las casas de sus habitantes, sólo hubo una víctima mortal del aluvión, que fue arrastrada hasta la costa por las aguas torrenciales que bajaron por el barranco de Añavingo. Por fortuna, el aluvión sólo provocó la muerte de un hijo del municipio de Fasnia, ahogado en un naufragio, pero también afectó a la iglesia de San Joaquín, que por entonces ya adolecía de graves defectos estructurales, pues se desplomaron unas paredes, con el consiguiente deterioro del pavimento, aparte de los consiguientes daños en ganado, viviendas particulares y cultivos…

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