Güimareros en las Guerras de Cuba (1868-1898)

     Muchos han sido los trabajos que han puesto de manifiesto los estrechos lazos existentes entre Canarias y América, pero a pesar de ello sólo ha aflorado la punta del iceberg, pues sin duda aún queda mucha información en los archivos existentes a ambos lados del Océano Atlántico de una integración canario americana que ya dura cinco siglos. Con el presente trabajo sólo pretendemos que se conozca mejor la aportación canaria a la Historia de América, aunque sea desde una óptica local y centrada exclusivamente en la Independencia cubana. Sobre los canarios en Cuba se posee una documentación extensa, pues el contingente canario que emigró a dicha isla tuvo un mayor peso demográfico que en otros lugares de América. Centrándonos en la Guerra, muchos canarios ya se encontraban en Cuba cuando estalló el movimiento insurreccional y allí tomaron partido por uno u otro bando contendiente; la mayoría se alinearon con el Ejército español, pero un colectivo nada despreciable lo hizo con el Ejército libertador o mambí. Además, muchos canarios acudieron a dicha Guerra desde España, como militares de reemplazo o como oficiales profesionales.

     Este artículo está dedicado a la presencia de los hijos de Güímar en dicha Guerra, en algún caso, desde las filas de la prensa, como hizo don Miguel Espinosa Hernández. Aparte de los soldados de reemplazo, destinados a la guerra por sorteo, fueron numerosos los oficiales güimareros que se incorporaron al Ejército español en Cuba, la mayoría de los cuales solicitaron su pase al mismo con carácter voluntario, con el fin de lograr ascensos y mejoras en su carrera militar; nueve combatieron en dicha isla durante la “Guerra de los Diez Años” (1868-1878), en la que uno murió; los otros ocho lo hicieron también en la “Guerra Chiquita” (1879-1880) y en otros brotes revolucionarios posteriores, período en el que murieron dos de ellos; y otros dos participaron en la “Guerra de Independencia” (1895-1898). Sólo conocemos a tres güimareros que se enrolaron en las fuerzas independentistas de Cuba, en las que alcanzaron cierta graduación, aunque probablemente no fueron los únicos, pero ellos nos sirven de muestra de que no todos los canarios que vivían en dicha isla en el momento de la Guerra de Independencia lucharon a favor de España. Aunque probablemente fueron más, también tenemos información de ocho güimareros fallecidos durante las campañas de Cuba o a consecuencia de las mismas. Finalmente, de los numerosos soldados nacidos en este municipio que combatieron en Cuba y fueron repatriados, sólo conocemos a otros 19, la mayoría por la prensa de la época, aunque seguro que no fueron todos los que participaron en dicha contienda bélica; de ellos, solo dos murieron después de 1960, por lo que llegaron a percibir una pensión extraordinaria del Estado…

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Candelaria: Don Abelardo Nóbrega y González (1850-1920), sochantre, notario público eclesiástico, tallador de quintos, maestro interino, auxiliar del recaudador de Contribuciones, agente ejecutivo de Pósitos, secretario de los Ayuntamientos de Candelaria, Tacoronte, Güímar y Garachico y corresponsal de El Progreso

     Este inquieto y polifacético personaje fue estudiante de Magisterio y luego se estableció en Candelaria, donde contrajo matrimonio y desempeñó diversos empleos públicos: escribiente de la secretaría municipal, secretario interino del Ayuntamiento y del Juzgado municipal, sochantre y notario público eclesiástico de la parroquia de Santa Ana, tallador de quintos, agente recaudador de cédulas personales y maestro interino. Además, fue secretario del Ayuntamiento de Tacoronte, auxiliar del agente ejecutivo de Contribuciones del Sureste de Tenerife, secretario del Ayuntamiento de Güímar, auxiliar de la Recaudación de Contribuciones de la zona de Santa Cruz de Tenerife, agente ejecutivo de los créditos de Pósitos, secretario del ayuntamiento de Garachico durante por lo menos nueve años, elector contribuyente, corresponsal de El Progreso en dicha villa y vicepresidente de la Asociación de Secretarios de Ayuntamiento del Partido de Icod.

     Nació en la ciudad de La Laguna el 30 de marzo de 1850, siendo hijo de don Atanasio Nóbrega y Abad, natural de Las Palmas de Gran Canaria, oriundo por su madre de Madeira y “Notario principal Castrense de esta Subdelegación”, y su segunda esposa doña Severina González Rivero, que lo era de Tacoronte, pero ambos vecinos de la ciudad de los Adelantados. El 2 de abril inmediato fue bautizado en la parroquia del Sagrario Catedral, “señalada para la castrense”, por el presbítero don Domingo Franchy, cura párroco castrense de dicha ciudad; se le puso por nombre “Abelardo Juan Crimaco María del Rosario” y actuó como padrino su hermano de padre don Atanasio Nóbrega y Valido…

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Granadilla de Abona-San Miguel de Abona: Don Juan Gómez del Castillo (1778-1848), propietario agrícola, cadete de Milicias propuesto para subteniente, diputado del común, síndico personero, diputado 1º y alcalde real de San Miguel de Abona

     Miembro de una familia de propietarios agrícolas, nuestro biografiado ingresó como cadete en el Regimiento de Milicias Provinciales de Abona, donde prestó sus servicios durante más de una docena de años, pero no mostró una gran vocación militar y ello limitó su carrera, a pesar de lo cual fue propuesto para el empleo de subteniente de Milicias, que no llegó a obtener. No obstante, su desahogada situación económica le permitió gozar de cierto prestigio social en San Miguel de Abona, donde contrajo matrimonio y se estableció, por lo que fue elegido varias veces para los cargos de diputado del común, síndico personero y diputado 1º del Ayuntamiento, así como alcalde real de dicho término en dos ocasiones.

     Nació en Charco del Pino (Granadilla de Abona) el 2 de mayo de 1778, siendo hijo de don Antonio Gómez del Castillo y doña María Hernández González. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de San Antonio de Padua de Granadilla por el cura párroco don Francisco Cruz Alayón y Salcedo; se le puso por nombre “Juan Manuel” y actuó como padrino don Mateo Fonte del Castillo…

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Guía de Isora: Sor Sixta de San Vicente Pérez González (1856-1930), religiosa lega dominica del Monasterio de clausura de Santa Catalina de Siena en La Laguna

     Este artículo está dedicado a una mujer sencilla, nacida en el seno de una familia de agricultores, labor en la que trabajó en su adolescencia y juventud. Luego, llevada de una profunda vocación religiosa y siendo ya mayor de edad, ingresó en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de La Laguna, donde profesó como dominica, pero al carecer de dote solo lo pudo hacer como religiosa lega, permaneciendo el resto de su vida en dicho convento de clausura como hermana de obediencia, exenta de coro, pero volcada en el servicio a su comunidad, sobre todo en las labores domésticas.

     Nuestra biografiada nació en Guía de Isora el 21 de agosto de 1856, siendo hija de don Julián Pérez Hernández y doña Josefa González Alonso. El 28 de ese mismo mes fue bautizada en la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Luz por don Juan Espinosa y Salas, cura párroco de la misma; se le puso por nombre “Sixta María de los Dolores” y actuó como madrina doña María Pérez González…

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La religiosidad, la vida social y la situación económica en el municipio de Arona, según la Santa Misión de 1965

     Hace poco más de medio siglo, en 1965, se celebró una Santa Misión en la isla de Tenerife, una vez concluidas las realizadas en las demás islas de la Diócesis Nivariense. Después de un asesoramiento previo, el obispo de la Diócesis, don Luis Franco Cascón, dispuso que se celebrara dicha Misión empezando por el Sur de la isla y siguiendo un orden geográfico, desde la parroquia de Santiago del Teide hasta la de Barranco Hondo. Tuvo lugar entre la segunda semana de mayo y la segunda de julio, evitando la época de la zafra del tomate, que solía trastocar la vida en el Sur al ocasionar un considerable trasiego de personas, dedicadas en esos meses casi exclusivamente a dicho trabajo, “de día y de noche sin descanso”. Al final de la campaña se tuvo que hacer una ligera variación, para que no coincidieran las fiestas patronales de San Pedro de Güímar con la Santa Misión. Pero resultó interesante el que el Valle de Güímar quedase para el final, con el fin de que la concentración que se planteaba en Candelaria como clausura estuviese más nutrida, como así ocurrió. La dirección de esta campaña misional fue encomendada por el citado obispo a un prestigioso sacerdote jesuita, el padre Sebastián Puerto, director del Centro Misional del Beato Juan de Ávila, en Montilla, a quien acompañarían otros siete padres jesuitas de la Península, más cuatro padres paúles y dos dominicos de Candelaria. Con algo más de un mes de anticipación se desplazó a esta isla el director, con el objetivo de conocer el terreno, tomar contacto con todos los párrocos de cada Arciprestazgo y planear la Santa Misión según las necesidades de cada parroquia, lo que motivó la confección de un estudio sociológico previo en cada una de ellas. La idea que presidió el plan fue “que no quedara ningún grupo de personas, algo notable, sin que llegara a él la gracia de la palabra de Dios”; por ello, dicha misión se extendió a un total de 73 centros, entre parroquias y barrios.

     El municipio de Arona estaba constituido por numerosos núcleos de población y contaba por entonces con tres parroquias, una de ellas muy reciente: San Antonio Abad (creada en 1796), San Lorenzo Mártir del Valle de San Lorenzo (creada en 1929) y Nuestra Señora del Carmen de Los Cristianos (creada en 1963), que reunían una población de hecho de 1.401, 2.497 y 2.896 habitantes, respectivamente. Se establecieron centros misionales en las tres parroquias, así como en los barrios de Los Frailes, Las Galletas, Buzanada y Cabo Blanco, donde a falta de templos, o por su escasa capacidad, se utilizaron los cines y algunos salones de empaquetado. A continuación, vamos a analizar como tuvo lugar la Santa Misión en este municipio, tal como fue descrita por los propios misioneros jesuitas que la llevaron a cabo en cada uno de dichos centros misionales (parroquias o barrios), lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa y social, así como la situación económica, en los distintos núcleos que integraban el término municipal, con datos a veces muy curiosos…

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Granadilla de Abona: Don Antonio de Frías y Peraza (1821-1875), subteniente de Milicias, propietario agrícola, elector contribuyente, secretario escrutador de la mesa electoral y notario castrense de la Sección Ligera Provincial de Abona

     Siguiendo una larga tradición familiar, nuestro biografiado ingresó como subteniente en las Milicias Canarias, pero solo permaneció en ella durante un año y medio, al tener que pedir su licencia absoluta para atender los intereses familiares y hacerse cargo de sus hermanos, con motivo de la prematura muerte de su padre. En los años posteriores se dedicó por entero al cuidado de sus propiedades agrícolas, llegando a figurar entre los mayores contribuyentes del municipio, por lo que actuó durante muchos años como elector de diputados provinciales, diputados a Cortes y compromisarios para senadores, incluso fue designado secretario escrutador de la mesa electoral de Granadilla. También participó en una suscripción a favor de las viudas y huérfanos causados por la epidemia de fiebre amarilla en Santa Cruz de Tenerife. Luego obtuvo en propiedad la plaza de notario castrense de la Sección Ligera Provincial de Abona, por lo que volvió a las Milicias, pero ahora en un empleo remunerado, al formar parte del cuadro permanente de dicho cuerpo, en el que permaneció hasta su muerte.

     Nació en Granadilla de Abona el 26 de febrero de 1821, siendo hijo del entonces subteniente y alcalde don Gregorio Francisco de Frías y Cruz y doña Gerónima Peraza y Ayala. Ese mismo día fue bautizado en la iglesia de San Antonio de Padua por el presbítero don Manuel González Guillén, con licencia del cura párroco don Pedro Machado y Texera; se le puso por nombre “Antonio Lorenzo del Santísimo Sacramento”. Creció en el seno de una de las familias más destacadas de la localidad, con arraigada tradición militar, religiosa y política, en la que destacaron varios de sus miembros…

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Güímar: Don Cirilo Díaz Díaz (1857-1943), “Cho Cirilo El Tamborilero”, agricultor en su tierra, flautista y tamborilero durante 70 años de las Danzas de El Escobonal, Güímar y Fasnia, y folclorista más conocido en esta faceta de todas las islas


     La historia no sólo la escriben los hombres de estudio, cultos y brillantes, pues a veces una persona de origen humilde y sin estudios puede cubrir páginas tan gloriosas como aquellos. Tal es el caso de don Cirilo Díaz Díaz, “Cho Cirilo el Tamborilero”, viejo flautista isleño y labrador en su tierra, quien tuvo que hacerse cargo de las danzas a los 17 años de edad, ante la prematura muerte de su padre. Con su música recorrió la geografía insular e incluso la llevó hasta la Península, al formar parte de una representación de lo más selecto del folclore canario. Llegó a ser uno de los hombres más  populares de Tenerife y el tamborilero más conocido de Canarias, gracias a los 70 años que permaneció acompañando con su flauta y su tambor a las Danzas de cintas y arcos de El Escobonal, Güímar y Fasnia.

     Nuestro biografiado nació en El Escobonal el 13 de diciembre de 1857, en una cueva vivienda de La Quebrada, siendo hijo de don Gaspar Díaz Yanes y de doña Inés Díaz Rodríguez, natural ésta de Santa Cruz de Tenerife. Cuatro días después recibió el bautismo en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Güímar, de manos del presbítero don Pedro Pérez Fariña, teniente del Dr. don Agustín Díaz Núñez, beneficiado propio de la misma y arcipreste del partido; se le puso por nombre “Cirilo” y actuó como padrino don Juan Díaz Delgado…

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Arafo-Güímar: Don Diego Alonso Bencomo (1661-1742), descendiente del Mencey de Adeje, alférez de Milicias, patrono de una Capellanía, miembro de dos hermandades y una cofradía

     Miembro de una destacada familia de origen guanche, en la que proliferaron los militares y religiosos, nuestro biografiado también siguió la carrera militar, pues a pesar de ser analfabeto obtuvo el empleo de alférez del Tercio de Infantería de Güímar y Candelaria, con el que continuó tras la transformación de dicho cuerpo en el Regimiento de Milicias de Güímar. Además, fue un rico propietario agrícola y patrono de una capellanía, que recayó en su hijo Cristóbal, para el que también instituyó un patronato vitalicio, con lo que éste tuvo suficiente congrua para ordenarse de sacerdote. También fue hermano de la Hermandad del Santísimo Sacramento de la parroquia de San Pedro y de la Hermandad del Rosario del Convento de Santo Domingo en Soriano, así como cofrade de la Cofradía de la Misericordia, de la misma parroquia. Con motivo de un pleito, junto a su hermano Juan probó su noble filiación hasta el Rey Don Diego de Adeje (“Pelinor”), al demostrar que ambos eran tataranietos por ambas líneas de doña Juana Díaz, mujer de don Juan Marrero, bisnieta y “heredera universal del rey don Diego”.

     Nació en Arafo en noviembre de 1661, siendo hijo de don Juan Alonso Bencomo “El Menor” y doña Nicolasa Díaz de Ledesma. El 17 de ese mismo mes recibió el bautismo en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Güímar, de manos del Bachiller don Salvador Pérez, cura y beneficiado de la misma y de Santa Ana de Candelaria; se le puso por nombre “Diego” y actuó como padrino el sacerdote dominico fray Diego Bencomo, su tío paterno…

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Fasnia: Sor Andrea Esquivel Chico (1920-2018), religiosa oblata del Santísimo Redentor

     Miembro de una familia numerosa y muy conocida en Fasnia, nuestra biografiada sintió desde su adolescencia una férrea vocación religiosa, pero no contó con el apoyo de sus padres. Por ello, cuando ya contaba 29 años abandonó su casa e ingresó como novicia en la Congregación de Religiosas Oblatas del Santísimo Redentor, en la Residencia de Gracia (La Laguna), de la que pasó a la sede de Pamplona, donde emitió los votos temporales, regresando a Tenerife para hacer su profesión perpetua. A partir de entonces prestó sus servicios en La Laguna, Alacuás (Valencia), Zaragoza, donde ejerció como superiora, Benicasim (Castellón), Las Palmas de Gran Canaria y, finalmente, de nuevo en Benicasim, donde falleció a los 98 años de edad, 69 de ellos como religiosa oblata. Siempre destacó por su humildad, su bondad y su espíritu de servicio a los demás.

     Nació en Fasnia el 8 de abril de 1920, a las ocho de la mañana, siendo hija de don Genaro Esquivel Díaz y doña Leoncia Chico Cruz. El 13 de diciembre de 1924 fue bautizada en la iglesia parroquial de San Joaquín por el cura párroco propio don Luis Navarro Nóbrega; se le puso por nombre “Andrea Eloína” y actuaron como padrinos el párroco actuante y la señorita doña Eloína Esquivel Díaz, su tía paterna…

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El largo proceso de creación de la parroquia de San Bartolomé del Río de Arico y la relación de sus párrocos

     Después de consolidado el núcleo del Río de Arico, los vecinos principales decidieron levantar una ermita y, tras obtener la correspondiente autorización, en junta celebrada en 1674 acordaron dedicarla a San Bartolomé Apóstol y dotar al templo. El cargo de primer mayordomo recayó en don Antonio Gaspar, quien rindió sus primeras cuentas en 1678, de las cuales se deduce que ese primer templo era una modesta capilla, en forma de salón, sin presbiterio diferenciado, y presidida por un cuadro de San Bartolomé. En 1691 ya se había incorporado al templo la actual imagen del Santo titular, de talla completa y policromada, cuyo autor fue el imaginero don Domingo de Campos. Desde su fundación contó con mayordomos y capellanes para su cuidado y servicio. En 1739 comenzó la construcción de una capilla mayor, separada de la nave principal por un arco de cantería de medio punto, que ya había sido construido en 1745; luego siguió la construcción de la sacristía y todas las obras de esta ampliación concluyeron en 1754; el presbiterio resultante tenía planta cuadrada y estaba situado a la misma altura de pavimento de la nave; no se le pudo hacer retablo, pero se abrieron tres nichos en la pared del fondo. Mientras se reconstruía la ermita, en 1774 fue dotada la festividad de San Bartolomé, el 24 de agosto, por una vecina de El Río, doña María Candelaria Pérez. En el inventario de 1780 ya figuraba en el nicho central la Virgen de la O y a los lados un Cristo y San Bartolomé; también existían en el presbiterio una imagen de la Concepción, quince cuadritos y la pila del agua bendita con tasa de cantería, que también se conserva. En 1778 fue dotada la festividad de la Virgen de la O, que se celebraba el 18 de diciembre, en el testamento de doña Ángela María Martín. En 1836 se reformó todo el frente de la ermita y se recomendó la construcción de un campanario, un sardinel en la capilla mayor y un retablo para la misma, con repisa de cantería. En ese mismo año el obispo aceptó cederle la campana de la incendiada ermita de la Punta de Abona, por lo que ya contaba con una espadaña sobre la puerta principal. A mediados de esa centuria se construyó el retablo, que ya existía en 1882. En 1932 se sustituyó el campanario por su nueva torre y se adquirió la campana grande. En 1967 se restauró el interior del templo y se levantaron los nuevos cuerpos de la torre.

     En el presente artículo nos vamos a centrar en el largo proceso seguido para elevar la ermita de San Bartolomé Apóstol a la categoría de parroquia, el cual comenzó el 27 de mayo de 1854 y concluyó el 1 de enero de 1944, en que comenzó a regir, aunque desde 1929 ya era parroquia filial de la de San Juan Bautista de la villa de Arico. También se incluye la relación de párrocos que la han regentado desde su creación, con breves reseñas biográficas. En estos 75 años, desde el 1 de enero de 1944, han estado al frente de esta parroquia un total de 24 sacerdotes, ninguno de los cuales ha nacido en Arico y solo siete han sido nombrados exclusivamente para esta parroquia. El récord de permanencia en la parroquia lo ostenta don José Bernardo Juan, con 12 años y medio; le siguen: don José Antonio Baute Chico (más de 12 años), don Miguel Dévora Hernández (5 años), don Jorge Hernández Rodríguez, don Norberto Álvarez González, don Jerónimo Hernández Rodríguez y don Juan P. Velázquez Velázquez (más de 4 años cada uno), don José Luis B. Escobar Blanco (casi 4 años), don Pablo González y González (casi 3 años y medio) y don Benito José María Lagos (más de 3 años).

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