
Poco se sabe de la participación de los canarios en la Guerra de la Independencia entre España y Francia y mucho menos se conoce de un hecho histórico que se produjo hace más de dos siglos, prácticamente ignorado por la mayor parte de la población, que relaciona al entonces pueblo de Güímar con dicha contienda bélica, la existencia de un Depósito de prisioneros franceses en esta localidad tinerfeña. El 2 de mayo de 1809, casi un millar y medio de prisioneros franceses, capturados en la Península durante la invasión napoleónica, fueron deportados desde Cádiz a las Islas Canarias en un convoy formado por tres bergantines, un navío y dos buques de línea armados, escoltados por dos navíos de la flota británica. De ese modo, el 11 de ese mismo mes llegaron al puerto de Santa Cruz de Tenerife 1.484 prisioneros, sin advertencia ni aviso previo del Gobierno a las autoridades insulares.
Aunque inicialmente fueron concentrados en el pueblo de Candelaria, luego fueron redistribuidos por distintas localidades de las islas. Atendiendo a lo dispuesto, en el pueblo de Güímar se habilitó, hace más de dos siglos, un Depósito para 60 prisioneros franceses, que permanecieron en esta localidad desde 1809 hasta 1814 y, según las respuestas a la Junta, no se advirtieron en ella reacciones desfavorables a la orden de acogida de dichos presos. Tres de ellos murieron en Güímar y otros siete en el Hospital Militar de Santa Cruz de Tenerife. Desconocemos donde fueron recluidos, pero si tenemos en cuenta lo que se hizo en Candelaria, es probable que todos, o parte de ellos, se alojasen en el convento dominico de Santo Domingo en Soriano, que por entonces sólo contaba con cinco frailes…
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Después de obtener el título de Bachiller Universitario nuestro biografiado inició la carrera de Magisterio, que tuvo que interrumpir para prestar el servicio militar. Sirvió como cabo de Sanidad en Santa Cruz de Tenerife y, como tal, fue movilizado durante la Guerra Civil, permaneciendo en el frente durante más de un año y medio, por lo que obtuvo dos condecoraciones. Luego regresó a Tenerife, donde tras la realización de un cursillo para bachilleres obtuvo el título de Maestro de Primera Enseñanza y, al igual que su hermana Isabel y su prima Dolores, se dedicó a la docencia y ejerció en Santa Cruz de Tenerife, Arico el Nuevo, La Cisnera, El Granel (Puntallana), La Campana (Sevilla), Arico el Viejo y La Degollada, siendo director en los dos últimos centros; en ese último colegio lo hizo durante 16 años, hasta su jubilación. Además, durante 12 años trabajó en la empresa exportadora de su padre, así como en la tienda de comestibles y el molino de gofio que éste tenía en Arico el Nuevo. Asimismo, debido a sus inquietudes artísticas, deportivas y políticas, participó en otras muchas actividades, pues formó parte del coro parroquial y fue futbolista (defensa del “C.D. Arico”), actor aficionado, director de teatro, presidente de la comisión de fiestas de Arico el Nuevo, falangista, instructor del Frente de Juventudes, concejal del Ayuntamiento, delegado local de Asociaciones, tesorero de la Junta parroquial y mayordomo de la Virgen del Carmen. También destacó como acuarelista, maquetista y escenógrafo.





