Detallada descripción del municipio de Santiago del Teide en 1907, por el militar don Julio Ardanaz

Según Francisco Báez Hernández, que es quien da a conocer este documento, el entonces teniente coronel Julio Ardanaz redactó un informe militar con el fin de complementar la información gráfica que ofrecía el plano de esta isla editado en 1907 por el Depósito de la Guerra y amplifica enormemente el contenido de la monografía del capitán Juan López Soler sobre Tenerife, editada en 1906. El motivo de ello se debe a que, tras el desastre del 98, las Islas Canarias evidenciaban aún más su condición de territorio de frontera y la administración española entendió que para preservar su soberanía sobre ellas debía invertir fondos en su defensa, destinando una parte de los mismos a la elaboración de un exhaustivo levantamiento cartográfico del archipiélago. Este nuevo documento, titulado “Descripción topográfica de la isla de Tenerife”, está fechado en La Laguna el 31 de agosto de 1907 y es de excepcional valor histórico, desde la perspectiva de la descripción del paisaje preindustrial de Tenerife, al registrar de manera pormenorizada las diferentes estribaciones, vertientes, costas, toponimia y la red de caminos de las isla. Con anterioridad, en 1885 Ardanaz ya había publicado en Madrid una excelente monografía titulada “La Isla de Tenerife desde el punto de vista topográfico militar”, siendo aún capitán de Estado Mayor, en la que describía pormenorizadamente este territorio.

En este nuevo informe el autor, tras pasar por el término municipal de Guía de Isora (por entonces Guía de Tenerife), del que nos ocuparemos en otra ocasión, en una primera parte describe con bastante detalle la aldea de Arguayo, con los barrancos próximos; el Valle de Santiago, con su barranco principal y la villa capital; la aldea de Tamaimo; el Puerto de Santiago y las casas próximas de Lomo Morisco y Argel; y, de paso, los caseríos de El Retamar, El Molledo y la Vera de Tamaimo. Luego estudia minuciosamente los barrancos que confluyen en el barranco de Santiago, con todos sus afluentes. A continuación se detiene en la descripción del valle de Masca, tan vinculado a Santiago del Teide, volviendo a ocuparse sucintamente del Puerto de Santiago. Finalmente, se centra en los caminos de herradura que comunicaban al Valle de Santiago con el resto de la isla, detallando sus recorridos y los ramales que enlazaban con los distintos núcleos de población. En todos ellos detalla sus características demográficas, paisajísticas y económicas: población, situación geográfica, producción agrícola y ganadera, suministro de agua, caminos de acceso y posible alojamiento para militares…

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Descripciones del término municipal de San Miguel de Abona en la primera mitad del siglo XIX

En el presente trabajo se incluyen seis descripciones del municipio de San Miguel de Abona que, por lo general, son de extensión bastante limitada, así como dos referencias indirectas o colaterales a esta localidad, todas de la primera mitad del siglo XIX. En el conjunto de ellas se destacan diversos aspectos: la situación en el contexto comarcal e insular; los límites o la distancia a otras localidades; la población; la parroquia; el ayuntamiento; el embarcadero más próximo; la riqueza o los recursos económicos; etc. Destacan por su extensión y detalle dos de ellas, la de Escolar y Serrano y la de Madoz.

A pesar de la corta información que ofrece la mayoría y al margen de algún error o confusión que hemos intentado aclarar, todas incluyen datos de interés para conocer algunas características de este municipio en la época estudiada. Una de ellas (Escolar), la más extensa, dedica especial interés a la economía, la parroquia y la población; dos (Mac-Gregor y Díaz Núñez) destacan su segregación parroquial de Vilaflor; otra (Zufiría & Monteverde) menciona la composición de su Ayuntamiento; y la más completa (Madoz), relaciona su situación, clima, población, parroquia, fiestas, límites, orografía, producción agrícola, población y riqueza…

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La religiosidad, la vida social y la situación económica en el municipio de Guía de Isora, según la Santa Misión de 1965

En 1965 se celebró una Santa Misión en la isla de Tenerife, una vez concluidas las realizadas en las demás islas de la Diócesis Nivariense. Después de un asesoramiento previo, el obispo de la Diócesis, don Luis Franco Cascón, dispuso que se celebrara dicha Misión empezando por el Sur de la isla y siguiendo un orden geográfico, desde la parroquia de Santiago del Teide hasta la de Barranco Hondo (Candelaria). Tuvo lugar entre la segunda semana de mayo y la segunda de julio, evitando la época de la zafra del tomate, que solía trastocar la vida en el Sur al ocasionar un considerable trasiego de personas, dedicadas en esos meses casi exclusivamente a dicho trabajo, “de día y de noche sin descanso”. Resultó interesante el que el Valle de Güímar quedase para el final, con el fin de que la concentración que se planteaba en Candelaria como clausura estuviese más nutrida, como así ocurrió.

En esa época, el municipio de Guía de Isora estaba constituido por numerosos núcleos de población y, según la descripción realizada por el canónigo don José Trujillo Cabrera en su Guía de la Diócesis de Tenerife, contaba con cinco parroquias: la de Nuestra Señora de la Luz en la cabecera municipal, creada en 1738, categoría de ascenso, una población de hecho de 3.040 habitantes y cuatro pagos: Chirche (con la ermita de San Felipe), Jaral, Aripe (con la ermita de San Pedro) y Acojeja; la de San Juan Bautista en Chío, creada en 1929, categoría de entrada, 1.350 habitantes y con el pago de Chiguergue (con la ermita de San Roque, recién construida); la Nuestra Señora del Rosario de Tejina de Isora, creada en 1943, también de entrada, con 990 habitantes y cuatro pagos: Vera de Herques, Abama, Tijoco Abajo (perteneciente al municipio de Adeje) y Las Fuentes (con la ermita de San José); la de San Juan Bautista en Playa de San Juan, creada en 1963, de entrada, con 1.120 habitantes y sin pagos; y la de Nuestra Señora de Candelaria de Puerto de Alcalá, creada en 1963, asimismo de entrada, con 850 habitantes y sin pagos.

En la Santa Misión que nos ocupa, se establecieron seis centros misionales en el municipio de Guía de Isora: uno en la capital y los otros cinco en Chío, Chiguergue, El Jaral, Abama y Playa de San Juan. En Guía, Chío y Playa de San Juan tuvieron como sede sus respectivas iglesias parroquiales; en Chiguergue, la nueva ermita de San Roque; en El Jaral y Abama, probablemente salones habilitados, pues no se indica. A continuación, vamos a analizar como tuvo lugar dicha Misión en este término municipal, tal como fue descrita por los propios misioneros que la llevaron a cabo en cada uno de los centros misionales, lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa y social, así como la situación económica y demográfica, en algunos de los núcleos que integraban el término municipal, con datos a veces muy curiosos. Llama la atención que en esta ocasión no se estableciesen centros misionales en dos de las parroquias del municipio, Tejina de Isora y Puerto de Alcalá; y que no se mencionasen otros pagos existentes por entonces y alejados del municipio, como Chirche Aripe, Acojeja y Vera de Herques, cuyos vecinos se supone que acudirían a los centros misionales más cercanos…

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Descripciones de Santiago del Teide en el primer tercio del siglo XX

En este trabajo vamos a hacer un repaso por 13 de las descripciones que se conocen del municipio de Santiago del Teide, correspondientes al primer tercio del pasado siglo XX. Las más extensas e interesantes de ellas que reproducimos son las de Zumbado y las de los sucesivos anuarios, sobre todo desde el punto de vista humano, pues se relacionan las personas que ocupaban los principales cargos y empleos públicos, así como los oficios más llamativos. Aunque otras más pequeñas también aportan datos concretos de gran valor, como las de Juan María González, A. Samler Brown y José Delgado Marrero.

En otro momento nos ocuparemos de otras interesantes descripciones geográficas de este Valle de Santiago, que fueron hechas por Juan López Soler (1906), Ardanaz (1907), T. Y. D. (1929) y F. Sosa Acevedo (1929) …

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La religiosidad y la vida social en el municipio de San Miguel de Abona en 1965, según el canónigo José Trujillo Cabrera y cuatro misioneros

Conocemos la situación religiosa y, en parte, social del municipio de San Miguel de Abona en el año 1965, gracias a dos destacados acontecimientos, la publicación del libro Guía de la Diócesis de Tenerife del canónigo don José Trujillo Cabrera, en el que se recogían interesantes datos de la única parroquia existente por entonces, y la celebración de una Santa Misión en la isla de Tenerife, de la que en San Miguel de Abona se hicieron cargo cuatro misioneros, que recogieron en su crónica tanto la religiosidad de la población como otros interesantes aspectos sociales. El municipio de San Miguel de Abona, aparte de la cabecera del término, contaba en ese año con varios núcleos de población: El Roque, Las Zocas, Aldea Blanca y El Frontón. Existía una sola parroquia, la del Arcángel San Miguel (creada en 1796), que reunía una población de hecho de 3.150 habitantes y era atendida por el cura ecónomo don Miguel González Díaz, natural del mismo pueblo.

En el mencionado libro del canónigo don José Trujillo Cabrera se recogió una interesante información de la parroquia del Arcángel San Miguel de San Miguel de Abona, que por entonces incluía a todo el término municipal. En ella se detalla el Santo titular, la población, las escuelas existentes, la casa rectoral, la reseña histórica desde su creación, la iglesia parroquial, los colectivos que funcionaban en ella y las fiestas patronales, así como la relación de pagos existentes en su jurisdicción, con sus correspondientes escuelas, ermitas y habitantes.

Por su parte, con motivo de la Misión celebrada en ese mismo año 1965, en este municipio se establecieron tres centros misionales, uno en la cabecera municipal, otro en Las Zocas y el tercero en Aldea Blanca; llama la atención que no se pusiese un centro misional en El Roque ni en El Frontón, a pesar de su aislamiento y de contar con una considerable población, por lo que dichos vecinos debieron acudir a la cabecera municipal. En este artículo se recoge la crónica de los actos misionales, redactada por los propios misioneros que la llevaron a cabo, lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa y social en los distintos núcleos que integraban el término municipal, con datos a veces curiosos…

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La religiosidad, la vida social, la situación económica y demográfica en el municipio de Adeje, según la Santa Misión de 1965

Hace poco más de medio siglo, en 1965, se celebró una Santa Misión en la isla de Tenerife, una vez concluidas las realizadas en las demás islas de la Diócesis Nivariense. Después de un asesoramiento previo, el obispo de la Diócesis, don Luis Franco Cascón, dispuso que se celebrara dicha Misión empezando por el Sur de la isla y siguiendo un orden geográfico, desde la parroquia de Santiago del Teide hasta la de Barranco Hondo. Tuvo lugar entre la segunda semana de mayo y la segunda de julio, evitando la época de la zafra del tomate, que solía trastocar la vida en el Sur al ocasionar un considerable trasiego de personas, dedicadas en esos meses casi exclusivamente a dicho trabajo, “de día y de noche sin descanso”. Al final de la campaña se tuvo que hacer una ligera variación, para que no coincidieran las fiestas patronales de San Pedro de Güímar con la Santa Misión. Pero resultó interesante el que el Valle de Güímar quedase para el final, con el fin de que la concentración que se planteaba en Candelaria como clausura estuviese más nutrida, como así ocurrió. La dirección de esta campaña misional fue encomendada por el citado obispo a un prestigioso sacerdote jesuita, el padre Sebastián Puerto, director del Centro Misional del Beato Juan de Ávila, en Montilla, a quien acompañarían otros siete padres jesuitas de la Península, más cuatro padres paúles y dos dominicos de Candelaria. Con algo más de un mes de anticipación se desplazó a esta isla el director, con el objetivo de conocer el terreno, tomar contacto con todos los párrocos de cada Arciprestazgo y planear la Santa Misión según las necesidades de cada parroquia, lo que motivó la confección de un estudio sociológico previo en cada una de ellas. La idea que presidió el plan fue “que no quedara ningún grupo de personas, algo notable, sin que llegara a él la gracia de la palabra de Dios”; por ello, dicha misión se extendió a un total de 73 centros, entre parroquias y barrios.

En esa época, el municipio de Adeje estaba constituido por numerosos núcleos de población y contaba con una sola parroquia, la de Santa Úrsula en la cabecera municipal, creada en 1560; tenía categoría de ascenso y una población de hecho de 6.777 habitantes; por entonces, según la descripción de dicha parroquia realizada por el canónigo don José Trujillo Cabrera en su Guía de la Diócesis de Tenerife, se incluían entre sus pagos: Ifonche, Taucho, La Quinta (con la ermita de Santa Margarita), Hoya Grande (con la ermita de La Milagrosa), La Concepción (con la ermita del mismo nombre), Los Menores, Armeñime, La Caleta, El Puertito y Fañabé (con la ermita de la Virgen del Campo); pero, curiosamente, no figuraban Tijoco Alto, Tijoco Bajo, ni la ermita de La Enramada en el litoral, que evidentemente existían por entonces. En la Santa Misión que nos ocupa, se establecieron cuatro centros misionales en el municipio de Adeje: uno en la villa capital; otro en Fañabé; otro en Taucho, que también se extendió al inmediato caserío de La Quinta; y el último en Las Cancelas-Armeñime, que además de dichos núcleos incluyó a los alejados caseríos de Los Menores, El Pinque (actual Playa Paraíso) y El Puertito. En la villa de Adeje tuvo su sede en la parroquia matriz de Santa Úrsula, en Fañabé se utilizó un templo privado, en Taucho y en los otros barrios las distintas escuelas. A continuación, vamos a analizar como tuvo lugar dicha Misión en este término municipal, tal como fue descrita por los propios misioneros que la llevaron a cabo en cada uno de los centros misionales, lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa y social, así como la situación económica y demográfica, en algunos de los núcleos que integraban el término municipal, con datos a veces muy curiosos. Llama la atención que en esta Misión no se mencionasen otros pagos alejados del municipio, como Ifonche, Hoya Grande, Tijoco Alto, La Concepción, Tijoco Bajo y La Caleta, cuyos vecinos se supone que acudirían a los centros misionales más cercanos…

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El municipio de Fasnia, su parroquia y su vida religiosa en 1965, según el canónigo don José Trujillo Cabrera y dos misioneros jesuitas

Contamos con una somera descripción del municipio de Fasnia en 1965, centrada sobre todo en su dotación parroquial y en la religiosidad de su feligresía, gracias a dos destacados acontecimientos: la publicación del libro Guía de la Diócesis de Tenerife del canónigo don José Trujillo Cabrera, en el que se recogían interesantes datos de la única parroquia existente por entonces en esta localidad; y la celebración de una Santa Misión, que tuvo su sede tanto en la cabecera municipal como en el pago de La Zarza.

El término municipal de Fasnia lo constituían por entonces numerosos núcleos de población: Fasnia, La Zarza, La Sombrera, Sabina Alta, Apartadero, Fuente Nueva (compartido con Arico), Cruz del Roque, Las Eras y Los Roques. Contaba en ese año con una sola parroquia, la de San Joaquín de Fasnia, atendida hasta el mes de junio por el cura encargado don Gregorio Dorta Pérez y a partir de julio por el cura ecónomo don Senén Salvador González, quienes también atendían una ermita y tres capillas existentes por entonces en dicha jurisdicción, que contaba con 3.197 habitantes.

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Arico en 1930, según el artículo “El Sur de Tenerife” del obispo Fray Albino González Menéndez-Reigada

El interesante artículo “El Sur de Tenerife” fue publicado en sucesivas entregas en el periódico católico Gaceta de Tenerife en junio de 1930, hace 90 años, por el obispo de esta Diócesis Fray Albino González y Menéndez-Reigada. En él relata la visita que había efectuado a las parroquias del Sur de Tenerife, de la que en este artículo nos hemos limitado a su paso por el municipio de Arico. Comienza describiendo la aridez del paisaje sureño, donde los árboles eran raros, pues los pinares estaban limitados a la cumbre y en las medianías solo habían algunos frutales, sobre todo higueras; de resto, una pendiente suave hasta el mar que parecía un desierto, en una visión que domina y abruma al visitante, mezclando la tristeza con lo sublime, con lo espiritual, debido a su luminosidad. El sol que brilla sobre el horizonte y el mar también llaman la atención del obispo. También menciona las plantas peculiares de esa vegetación subdesértica que domina el paisaje, algunas cubiertas de espinas, como el cardón y la tunera, otras con savia tóxica, como el mismo cardón y la tabaiba amarga; también menciona al balo, que igualmente supone con savia cáustica, aunque no es así a pesar de que desprende mal olor. Describe las continuas curvas de la carretera, que sortean lomos y barrancos, así como los pueblos. Comienza con Icor, con sus pocas casas viejas y un aspecto que considera triste. Le sigue Arico el Nuevo, con casas señoriales y huertas frondosas, una especie de oasis entre tanta sequedad. Por arriba, subiendo hacia la cumbre, La Degollada y La Sabinita, que junto con el anterior y Arico el Viejo (al que curiosamente no nombra) conformaban la nueva parroquia de Ntra. Sra. de la Luz, cuya iglesia se pretendía ampliar por los propios feligreses, con el alcalde a la cabeza, para convertirla en un auténtico templo parroquial. Luego, asciende hasta El Lomo de Arico, donde se detiene en su bello y espacioso templo, la antigua parroquia del término. A continuación menciona las numerosas cuevas del lugar, algunas utilizadas como viviendas y otras, las más, como bodegas o depósitos de productos agrícolas. Con posterioridad, tras recorrer otro paisaje desierto y rocoso, llega a El Río, el núcleo más poblado del municipio, donde a pesar de su nombre en el pueblo el agua solo corría por atarjeas, y en cuya ermita sugiere establecer una parroquia filial de Arico, con un coadjutor residente. Finalmente, tras cruzar el profundo barranco del Río, llega a Chimiche, ya en el término municipal de Granadilla de Abona.

El autor del artículo, Fray Albino González y Menéndez-Reigada (1881-1958), fue un destacado sacerdote dominico, Ldo. en Filosofía y Letras, Doctor en Teología y Derecho Civil, obispo de Tenerife y de Córdoba, escritor y predicador, que tuvo una polémica actuación durante la Guerra Civil y una fuerte vinculación con el Régimen de Franco…

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La detallada descripción de las Fiestas de la Virgen del Socorro de Güímar en 1888, escrita por el culto sacerdote don Santiago Beyro y Martín

Al culto sacerdote don Santiago Beyro y Martín le debemos una de las descripciones más completas, aunque poco conocida, de las fiestas de Nuestra Señora del Socorro en el siglo XIX, concretamente las celebradas el 7 y 8 de septiembre de 1888. Curiosamente, no la publicó hasta once años después, entre el 15 de abril y el 24 de mayo de 1899, en cinco entregas que vieron la luz en el Diario de Tenerife; y la reprodujo íntegramente entre el 20 de julio y el 24 de agosto del año siguiente, también en cinco partes, en el semanario Siglo XX. Está extraída del libro sobre “Historia y evolución de las Fiestas de Nuestra Señora del Socorro en Güímar”, que tenemos en preparación.

En su interesantísimo trabajo, el Doctor Beyro describe con todo lujo de detalles los principales aspectos de dichas fiestas: los repiques de las campanas en la iglesia de San Pedro y en la ermita de El Socorro; la salida de la Virgen de la iglesia matriz y el entorno de ésta, incluso las plantas que adornaban la plaza y sus olores, así como la masa humana que la espera, su emoción e incluso sus trajes; la danza de las cintas, con los principales aspectos del baile y la vestimenta de los danzarines; la procesión hasta La Asomada, con la banda de música y los numerosos fieles; los ramos de albahaca que llevaban las chicas para adornar la ermita costera; la llegada a ésta, sus olores y el canto de la Salve; el baño de los romeros, su posterior almuerzo y las parrandas; el pozo al que se llevaba el agua para esta fiesta; las promesas de los fieles y las limosnas entregadas al mayordomo; la tradicional luchada en la playa; la emotiva representación de la “Ceremonia” de aparición de la Virgen a los guanches, en el mismo Llano donde se produjo; la procesión de retorno a la ermita, con la banda de música; la suelta de globos aerostáticos y los fuegos artificiales; el regreso a Güímar de los señores más acomodados en sus bestias; la noche pasada en la costa por otros muchos vecinos, en las chozas improvisadas o en los ventorrillos; la función de la mañana del día 8, con sermón; el regreso a Güímar de la mayoría de los romeros, para esperar allí a la Virgen ya vestidos de fiesta; la soledad de Nuestra Señora esa tarde en la costa, solo acompañada por el mayordomo, que por entonces era don Nicasio García Díaz, y un escaso número de amigos y devotos, que le ayudan a recoger la capilla y al traslado de la venerada imagen a la iglesia de San Pedro; la concentración de fieles de todos los barrios del municipio y de Arafo en La Asomada; el alegre recibimiento en dicho lugar; el regreso a la parroquia en procesión abigarrada; el educado juego de “¿Pares o nones?” (primera referencia escrita sobre el mismo); la llegada a la iglesia matriz, entre fuegos artificiales, vítores, alegría y fe religiosa de una densa masa de fieles; la emotiva entrada en el templo; la posterior soledad y el silencio de esa noche en Güímar. Concluye el Dr. Beyro, recordando con nostalgia la playa de El Socorro, la ermita costera y la fiesta que había vivido hacía más de dos lustros, recreando la presencia guanche en dicho término, que había dado lugar a esta celebración.

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Descripciones del municipio de Fasnia en el último tercio del siglo XIX

En artículos anteriores ya nos hemos ocupado de algunas descripciones de Fasnia en el siglo XIX y en esta ocasión nos vamos a centrar en las correspondientes al último tercio del mismo. De esta etapa hemos reunido 13 descripciones, aunque cinco de ellas corresponden a un Anuario nacional, que periódicamente actualizaba los datos de cada municipio de España; en las mismas se recogen, además de datos demográficos, los principales pagos y los nombres de las personas más relevantes del término: párroco, alcalde, juez, fiscal, secretarios, maestros, empleados y comerciantes. Unas son muy escuetas y otras más extensas; algunas reúnen datos de gran valor histórico, geográfico, demográfico y económico, como la de Desiré Dugour; otras son exclusivamente geográficas, como la de Julio Ardanaz; y una más etnográfica, la de Charles Edwardes.

El francés José Desiré Dugour (1814-1875), afincado desde niño en Santa Cruz de Tenerife, destacó en diferentes campos de la cultura, como profesor, escritor (de poesías, cuentos y dramas), director teatral, director de periódicos, geógrafo e historiador. Gracias a su curioso manuscrito autógrafo titulado Trabajos históricos de Canarias. Proyecto de una Geografía regional de Canarias, escrito hacia 1870 y conservado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, conocemos una de las más amplias descripciones del “Distrito municipal de Fasnia”, con datos en gran parte extraídos del Diccionario de Pedro de Olive. Entre otros aspectos destaca la iglesia, las calles del casco, el Barranco de Herques, la producción agrícola y ganadera, la escasez de agua, los principales caminos y los núcleos de población, llamando la atención que La Zarza tenía por entonces más habitantes que la cabecera municipal…

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