Descripción del término de Candelaria en 1798

     Este artículo se centra en la primera descripción conocida del término de Candelaria tras la segregación de Arafo, que se produjo el 3 de enero de 1798. Corresponde a un informe redactado a finales de ese mismo año por el fiel de fechos del Ayuntamiento de Candelaria, don Luis Pablo Ramos, en respuesta a las 47 preguntas incluidas en una instrucción remitida por el Gobierno de España a todos los pueblos del Reino. Aunque no se desglosan los distintos pagos, que ni siquiera se nombran, en ella se especifican los grupos de edad de la población, por sexos; los oficios o actividades profesionales; los empleados y edificios públicos; y el personal adscrito a la vida militar y religiosa (tanto de la parroquia como del convento). En síntesis, una interesante visión de esta jurisdicción a finales del siglo XVIII.

     El autor, don Luis Pablo Ramos y Tapia (1735-1813), nacido en Sevilla y fallecido en Tacoronte, hijo de padre canario, se estableció con su familia en Candelaria, donde el Sr. Ramos fue nombrado fiel de fechos del Ayuntamiento en 1797-1798 y elegido alcalde real del mismo en 1807; aún vivía en esta localidad en 1810, al solicitar el empleo de oficial de Milicias para su hijo.

     Según el anterior informe, el término de Candelaria contaba por entonces con 1.475 habitantes, con una clara descompensación por sexos, pues de ellos 608 pertenecían al género masculino y 867 al femenino; suponemos que en ese elevado desfase tenía mucho que ver la fuerte emigración de hombres a América, en busca de mejor fortuna. Toda la población vivía en casas útiles, salvo tres que estaban en ruinas. De los hombres, 201 se dedicaban a la agricultura y 12 a la ganadería. En la mar trabajaban 65 hombres, a pesar de lo cual no existía ningún matriculado en la Marina, con objeto de prestar el servicio militar en ella. El resto de los oficios masculinos se repartían entre los siguientes: 8 comerciantes de mosto, uno de los cuales exportaba a América; 8 zapateros; 2 carpinteros, con 2 aprendices; 2 cocineros, uno de los cuales era jorobado; 3 taberneros y aguadores; 4 fabricantes de aguardiente; y 3 criados. Pero no existía ningún cazador de oficio y tampoco había cereros (que fabricasen velas), por lo que se vivía a oscuras. En cuanto a las mujeres, aparte de atender la casa, cuidar de los hijos y colaborar en las labores agrícolas o ganaderas, la mayoría de las que vivían en las medianías eran tejedoras de lino y, en menor medida, de lana; mientras que las del casco se dedicaban sobre todo a fabricar losa, gozando de notable prestigio como alfareras. También existía una sirviente…

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El artículo: “Unas líneas / En Vilaflor”, de Nicolás Mingorance (1926)

    El artículo “Unas líneas / En Vilaflor”, publicado en El Progreso el miércoles 4 de agosto de 1926 por el periodista y poeta don Nicolás Mingorance Pérez, comienza con una corta, pero poética descripción de Vilaflor de Chasna, según lo contempló el autor al llegar a dicho pueblo al amanecer de un día de julio, destacando la tupida vegetación de sus campos y el fondo montañoso rematado en la cumbre con El Sombrerito, todo cubierto de pinos. Continúa con el camino de acceso lateral, bordeado de árboles; la iglesia, con los tres cipreses centenarios, que aún crecen en su frente; su plaza, poco acogedora y muy triste a esa hora; sus calles empinadas y sus pequeñas casas agrupadas. Luego, con la salida del Sol, destaca como se rompe el silencio y el calor del verano se deja sentir, en contraste con el invierno en el que se cubre de nieve. Posteriormente, se centra en la fonda en la que se iba a alojar, situada en lo alto del pueblo, en la montaña de San Roque y junto a la ermita que le daba nombre, lugar desde el que se contempla Vilaflor en toda su belleza, con sus árboles frutales (cirueleros y almendreros), además de los pinos. A continuación, habla del inmediato Sanatorio del doctor Rodríguez López, instalado para aprovechar el clima tan saludable de esta localidad, en el que trataba a enfermos procedentes de la Península y del extranjero, que enseguida apreciaban una mejoría en su salud, que los llenaba de júbilo.

     En la visita detenida que efectuó por el pueblo, se le presentaron las dos personas de mayor relieve intelectual que allí residían: don Germán Fumero Alayón (1846-1936), reconocido poeta y polifacético hombre público, quien ostentó los cargos de secretario del Ayuntamien¬to, alcalde, juez municipal, sochantre y organista de la parroquia y cartero rural; don Manuel Rodríguez Escalona (1894-1967), culto escritor, propietario de una fonda y cónsul de Cuba, casado y fallecido en dicho pueblo; y don Pablo González Morera, secretario del Ayuntamiento, oficial agregado y piloto de la Marina Mercante española, cabo de Infantería, ex-secretario de la Sociedad “Luz y Vida”, escritor y conferenciante. Destaca la obra poética del viejo poeta chasnero, cantor de todos los rincones del municipio, quien le habló del mismo con entusiasmo juvenil, a pesar de superar los 80 años. Mientras que del escritor cubano destacó su romanticismo, así como su amor por la belleza y el clima de Vilaflor. Señalando que ambos participaban en las frecuentes fiestas literarias y participaban en todas las iniciativas que redundasen en el progreso local. Concluye su artículo insistiendo en la belleza del pueblo y en la próxima terminación de la carretera que lo comunicaría con Granadilla y que, una vez completada la Carretera General del Sur, le permitiría adquirir la importancia que merecía en el contexto insular y salir del abandono en el que había estado sumido este municipio.

     Pocos meses después, el 17 de febrero de 1927, don Nicolás Mingorance participó en una velada literaria celebrada en Vilaflor, en la casa del secretario del Ayuntamiento, don Pablo González Morera. Asimismo, en noviembre de ese mismo año 1927, colaboró con 10 pesetas al homenaje que se le iba a tributar en Vilaflor al viejo poeta don Germán Fumero Alayón a finales de ese año o comienzos del siguiente, en el que también intervino.

     El autor, don Nicolás Mingorance Pérez (1903-1999), natural de Santa Cruz de Tenerife, fue actor cómico-dramático, poeta, periodista, directivo de varias sociedades culturales y deportivas, presidente de la Asociación General de Empleados de Comercio, Industria y Banca, presidente de la Sección de Tejidos, Sombrererías y Peleterías, dirigente de la Agrupación Socialista Tinerfeña y concejal del Frente Popular de Santa Cruz, preso político fugado, sargento del Ejército Republicano y exiliado en Chile, donde murió…

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El artículo “Pequeña descripción del Valle de Güímar” de N. H. G. (1892)

     Este artículo o reportaje periodístico fue publicado en el Diario de Tenerife el 5 de abril de 1892 (pág. 2) y firmado por N.H.G., iniciales que creemos corresponden a don Nicolás Hernández González (1838-1914), Bachiller, maestro y comerciante, natural de La Laguna y establecido en Güímar, donde contrajo matrimonio y falleció, siendo la única persona con esas iniciales que por entonces residía en dicha localidad y poseía la suficiente cultura para escribir este interesante trabajo.

     En la interesante descripción que nos ocupa, en primer lugar se analiza orográficamente el Valle, destacando los accidentes que lo remarcan, su suave pendiente y las montañas que sobresalen en la costa (Montaña Grande y Montaña de los Guirres). A continuación se compara con el de La Orotava, del que lo diferencia su menor verdor, pero al que supera tanto por su cielo despejado como por su aire seco y saludable durante todo el año. Se hace hincapié en las brisas frescas del Norte, que cesan con la puesta del sol, haciendo que los atardeceres sean apacibles e inviten al paseo y las excursiones, mientras que las noches son plácidas y frescas, por lo despejado del cielo. Se resalta su clima templado y sus escasas lluvias, lo que condiciona que la costa sea árida, pero no así las zonas altas y las medianías, donde dominan los cultivos variados, que prosperan gracias al riego. La abundancia de agua en esa época procedía de dos manantiales perennes, que discurrían por los barrancos de Badajoz y El Río, que el autor describe con detalle. En el Barranco del Río destaca sus numerosas fuentes, con saltos y cascadas, el espesor del bosque de laurisilva, los precipicios y los senderos que lo recorrían. Por su parte el de Badajoz, sobresalía por las impresionantes laderas, elevadísimas y verticales, que aún sobrecogen al visitante, así como por la hermosa cascada que existía y la “Cueva del Culantrillo”, con el agua rezumante y la flora que tapizaba sus paredes. Mencionando luego los caminos que llegaban hasta dichos lugares, pendientes, pero sin peligro, que podían recorrerse en bestias. Luego se refiere a la Carretera General del Sur, deteniéndose en un punto de la misma, la “Cortada”, en la parte superior de La Ladera, desde el que se domina todo el Valle (donde luego se instalaría el Mirador de Don Martín). Ello permite al autor reproducir una interesante descripción del paisaje que desde allí se contempla, debida al culto sacerdote lagunero don Ireneo González, oriundo de Güímar por su madre. Finalmente, recomienda al viajero que desde la cumbre se detenga en un lugar desde el que se observan los dos valles opuestos y casi simétricos, a la vez que se pueden contemplar las dos corrientes de lava histórica (de 1705), que partiendo del Volcán situado entre los Roques descendieron hacia el mar, poniendo en peligro a las localidades de Güímar y Arafo.

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El artículo descriptivo-literario “La villa de Adeje” (1892)

     Este artículo, publicado en El Liberal de Tenerife el 25 de agosto de 1892, hace un recorrido por los principales aspectos del municipio de Adeje en 1892. Comienza con una descripción de la villa, en la que destaca la belleza de su paisaje, barrancos, medianías y costa, haciendo hincapié en la feracidad de su suelo y sus abundantes aguas, que podrían haber multiplicado su población si no hubiese sido por su trayectoria política caciquil, marcada por el dominio absoluto del Señorío. Luego destaca los tapices gobelinos que por entonces se conservaban en la iglesia parroquial, restos de la antigua magnificencia del Marquesado de Adeje. Para centrarse a continuación en la Casa Fuerte, sede del Señorío y edificio más emblemático no solo de la villa sino, probablemente, de todo el Sur de Tenerife, que describe tanto desde el punto de vista arquitectónico como político-social. Posteriormente, dedica una gran parte del artículo a una curiosa anécdota sobre la pompa con la que vivía el Marqués-viejo, a pesar de las dificultades económicas que sufrió, y su tirante relación con el Rey Fernando VII. A continuación, dedica unos párrafos al bello Barranco del Infierno, con su riqueza vegetal y animal, sus angostas laderas, su cascada y riachuelo, sin duda el atractivo natural más importante del municipio y uno de los más notables de la isla. Asimismo, destaca el valor de unas aguas recién descubiertas y que podrían tener un gran valor medicinal, atribuyendo el descubrimiento a dos hermanos, destacados maestros y personajes públicos de la propia villa. El artículo se centra al final en el carácter de sus habitantes, su afición por la música, el canto y el baile, ese regocijo popular que les permitía olvidar la pobreza en la que vivían. Dedica un apartado especial a la mujer adejera, poniendo en valor su honestidad, alegría, sinceridad, aseo y fidelidad, destacando con especial énfasis su duro trabajo y el constituir el núcleo central de la familia. Por el contrario, concluye con una costumbre masculina negativa, que incorpora en tono de broma.

     De momento no sabemos con seguridad quien era el corresponsal de El Liberal de Tenerife en la villa de Adeje en dicho año, pero casi con total seguridad se trataba de alguno de los siete adejeros, de nacimiento o adopción, que reseñamos a continuación, pues por esa época eran los únicos que tenían suficiente preparación para asumir dicha responsabilidad, aunque dos de ellos figuran en el texto como “amigos” del posible autor: don Miguel García Alfonso (1834-1921), don José Ledesma (1842-1894), don Petronilo Casañas García (1847-1908), don Fernando Jorge García (1854-?), don Eduardo Díaz Ledesma (1856-1954), don Manuel Bello Ángel (1867-1952) y don Fermín Fraga y Fraga (1870-1917). De todos ellos, nos inclinamos por el último, a pesar de que tendría 22 años al publicarse este artículo, sobre todo teniendo en cuenta su cualificación profesional y su afición por la historia de Adeje, que dejó plasmada en varios artículos publicados en la prensa de la época…

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La religiosidad, la vida social y la situación económica en el municipio de Arona, según la Santa Misión de 1965

     Hace poco más de medio siglo, en 1965, se celebró una Santa Misión en la isla de Tenerife, una vez concluidas las realizadas en las demás islas de la Diócesis Nivariense. Después de un asesoramiento previo, el obispo de la Diócesis, don Luis Franco Cascón, dispuso que se celebrara dicha Misión empezando por el Sur de la isla y siguiendo un orden geográfico, desde la parroquia de Santiago del Teide hasta la de Barranco Hondo. Tuvo lugar entre la segunda semana de mayo y la segunda de julio, evitando la época de la zafra del tomate, que solía trastocar la vida en el Sur al ocasionar un considerable trasiego de personas, dedicadas en esos meses casi exclusivamente a dicho trabajo, “de día y de noche sin descanso”. Al final de la campaña se tuvo que hacer una ligera variación, para que no coincidieran las fiestas patronales de San Pedro de Güímar con la Santa Misión. Pero resultó interesante el que el Valle de Güímar quedase para el final, con el fin de que la concentración que se planteaba en Candelaria como clausura estuviese más nutrida, como así ocurrió. La dirección de esta campaña misional fue encomendada por el citado obispo a un prestigioso sacerdote jesuita, el padre Sebastián Puerto, director del Centro Misional del Beato Juan de Ávila, en Montilla, a quien acompañarían otros siete padres jesuitas de la Península, más cuatro padres paúles y dos dominicos de Candelaria. Con algo más de un mes de anticipación se desplazó a esta isla el director, con el objetivo de conocer el terreno, tomar contacto con todos los párrocos de cada Arciprestazgo y planear la Santa Misión según las necesidades de cada parroquia, lo que motivó la confección de un estudio sociológico previo en cada una de ellas. La idea que presidió el plan fue “que no quedara ningún grupo de personas, algo notable, sin que llegara a él la gracia de la palabra de Dios”; por ello, dicha misión se extendió a un total de 73 centros, entre parroquias y barrios.

     El municipio de Arona estaba constituido por numerosos núcleos de población y contaba por entonces con tres parroquias, una de ellas muy reciente: San Antonio Abad (creada en 1796), San Lorenzo Mártir del Valle de San Lorenzo (creada en 1929) y Nuestra Señora del Carmen de Los Cristianos (creada en 1963), que reunían una población de hecho de 1.401, 2.497 y 2.896 habitantes, respectivamente. Se establecieron centros misionales en las tres parroquias, así como en los barrios de Los Frailes, Las Galletas, Buzanada y Cabo Blanco, donde a falta de templos, o por su escasa capacidad, se utilizaron los cines y algunos salones de empaquetado. A continuación, vamos a analizar como tuvo lugar la Santa Misión en este municipio, tal como fue descrita por los propios misioneros jesuitas que la llevaron a cabo en cada uno de dichos centros misionales (parroquias o barrios), lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa y social, así como la situación económica, en los distintos núcleos que integraban el término municipal, con datos a veces muy curiosos…

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Descripción de Santiago del Teide en 1934 por don Joaquín García Suárez (J.G.S.)

     El artículo “Santiago del Teide”, englobado bajo el epígrafe “Pueblo de Tenerife”, se le encargó al periodista y poeta lagunero Joaquín García Suárez (J. G. S.) por el director del diario Hoy, del que era redactor, para ser incluido en un anuario o suplemento de dicho periódico publicado el 1 de enero de 1934, en forma de libro y dedicado a las islas occidentales. Llama la atención que sea más extenso que los dedicados en el mismo suplemento a otros municipios del Sur de mayor peso demográfico y económico, lo que creemos se debió a los vínculos de su hermana Concepción con dicha villa, de la que era maestra y su primera alcaldesa, motivo por el cual don Joaquín la visitó con especial afecto.

     Comienza haciendo hincapié en el aislamiento, el atraso y la pobreza en que vivía Santiago del Teide antes de contar con una carretera de acceso, hasta que ésta llegó desde el Norte y con ella el progreso. El paso de los vehículos que se dirigían a otras localidades del suroeste o que daban vuelta a la isla lo habían sacado del desconocimiento general y ya permitía su relación con el resto de la isla. Junto a ella habían llegado algunos de los servicios que venían a cubrir sus necesidades básicas, como el agua potable a Arguayo, instalada gracias al Cabildo. Luego describe el paisaje que se aprecia desde la carretera, llamando la atención la desaparición del verdor del Norte al irse alejando de Icod de los Vinos, para ser sustituido al acercarse a El Tanque por el negro de la lava del Volcán que arrasó Garachico, lo que contrastaba mucho con lo que se dejaba atrás, pues todo se volvía más oscuro (los campos, las casas, los árboles…).

     Al municipio de Santiago del Teide el autor no lo considera extraordinario, pero sí interesante y digno de ser visitado, a pesar de su paisaje de aspecto grisáceo y pobre. Su iglesia, con las cúpulas que recordaban a una mezquita; la disposición del pueblo a lo largo del antiguo camino (ahora carretera); las casas pequeñas,… Modelo que se repetía en los demás núcleos de población del municipio (Tamaimo, Arguayo, El Puerto, etc.), todos constituidos por un grupo de casas reunidas con más o menos orden, en un entorno seco y escaso de agua, en resumen, caseríos y terrenos que aparentaban pobreza, con escasos avances de progreso, pero en los que destacaban los cultivos que salpicaban el paisaje y le quitaban monotonía (higueras, almendreros, algunos plantíos y platanales en la costa). No obstante, con respecto a sus habitantes, el autor destacaba que eran sencillos y cordiales. Considera que el mayor interés de este término es el paisaje volcánico, no exento de belleza y atractivo. También aprecia que, gracias al influjo de la carretera, los caseríos del Valle de Santiago ya comenzaban a progresar, aunque lentamente, y sus habitantes comenzaban a parecer más alegres, porque además de traerles el progreso y el adelanto les podría salvar de la tragedia, en el caso de repetirse otra erupción, como la aún reciente del Chinyero, cuyas lavas amenazaron la villa…

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Artículo-DESCRIPCIÓN SANTIAGO DEL TEIDE-1934

Principales descripciones de San Miguel de Abona en el último cuarto del siglo XIX

     En el presente trabajo se incluyen cinco descripciones del municipio de San Miguel de Abona, por lo general de extensión bastante limitada, así como una referencia colateral a esta localidad, todas del último cuarto del siglo XIX. En el conjunto de ellas se destacan diversos aspectos: situación en el contexto insular; altitud, relieve, límites o distancias a otras localidades; población; existencia de ayuntamiento, parroquia y escuelas; caminos o barrancos del término; cargos públicos y comerciantes; puerto más próximo; industrias (canteras) y otros recursos económicos existentes.

     A pesar de la corta información que ofrecen y al margen de algún error o confusión que hemos intentado aclarar, todas incluyen datos de interés para conocer algunas características de este municipio en la época estudiada. Una de ellas (Millares), dedica especial interés a la iglesia parroquial; otra (Ardanaz) se centra en el relieve o topografía del término de interés militar y destaca la disponibilidad de alojamiento para las tropas; otra (Anuario de 1886) relaciona los pagos o barrios principales e incluye una interesante relación de los personajes que ocupaban los cargos más destacados o asumían las principales actividades económicas; y la última (Arribas) señala sus características climáticas y recoge una graciosa anécdota relacionada con un personaje popular…

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Artículo-DESCRIPCIONES SAN MIGUEL DE ABONA-1875-1900

El artículo “Ciudades de Tenerife / Granadilla / Por qué escribo estas cuartillas” (1934), de doña María de las Casas Pérez

Granadilla-1934     Este artículo, dedicado a Granadilla de Abona y firmado por doña María de las Casas Pérez, fue publicado en las páginas 252 y 253 del Almanaque anual del diario Hoy, de Santa Cruz de Tenerife, el 1 de enero de 1934. En el pequeño trabajo, la autora comienza aclarando que escribía el artículo por encargo de don Manuel Batista y por su amor a dicha localidad. Luego hace una fugaz descripción del término, para destacar el protagonismo que éste debería tener en el futuro desde los puntos de vista agrícola, comercial y cultural, dada la mejora de las comunicaciones, su estratégica ubicación entre El Médano y Vilaflor, y el ser cabeza del partido judicial. Continúa haciendo un repaso a la problemática económi­ca y social de Granadi­lla, analizando sus necesidades en carrete­ras, agua, cultura, benefi­cencia y porvenir turístico, con lo que demuestra el profundo conocimiento que tenía de la situación real de su entorno.

     Considera como el principal problema del municipio la falta de agua para la agricultura y, ante la dificultad de explotación de las galerías, sugiere que la solución pasaría por la construcción de embalses, con la participación de accionistas. Con respecto a la educación, tema que le tocaba más de cerca, solicitaba la creación de una escuela graduada en la cabecera municipal y que el Ayuntamiento becase a los alumnos pobres en el Instituto de Segunda Enseñanza de la capital, pues eran muy pocos los granadilleros que alcanzaban títulos académicos. Se centra luego en la sanidad, solicitando a la corporación municipal que apoyase el sostenimiento de la clínica del médico don Antonio Pérez Díaz y, a través de la beneficencia, permitiese que los cuidados alcanzasen también a los vecinos más desfavorecidos del término. Finalmente, destaca la belleza de El Médano y la calidad de su playa, que considera la mejor de la isla, solo afectada por el viento constante. A continuación, en un párrafo que parece incompleto, también sugiere la plantación de árboles y el control de la cabra, como animal dañino para los montes.

     Su autora fue doña María de las Casas Pérez (1891-1969),  nacida en Santa Cruz de La Palma y fallecida en Los Llanos de Aridane, fue Bachiller, maestra, jefa de Telégrafos, escritora, conferenciante y profesora de Bachillerato…

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Descripción-GRANADILLA DE ABONA-1934

El artículo “Nuestras informaciones. Lo que tienen y lo que necesitan los pueblos: San Miguel” (1912)

San Miguel-artículo-1912     Este artículo, dedicado a San Miguel de Abona y firmado por “H.”, fue publicado en las páginas primera y segunda del “diario republicano autonomista El Progreso, de Santa Cruz de Tenerife, el viernes 7 de junio de 1912.

     En el corto trabajo, en primer lugar se hace un completo análisis del municipio de San Miguel de Abona, que incluye su situación geográfica, número de habitantes y topografía; posteriormente se relacionan los principales edificios de la localidad, la producción agrícola, las industrias locales y las dos sociedades existentes, ambas de carácter político (“La Libertad”, republicana, y “La Unión”, monárquica); destacando a continuación la mala situación del Ayuntamiento, con deudas, incapacidad de los concejales y servicios mal atendidos.

    Luego, se centra en enumerar las principales necesidades y aspiraciones del término municipal: las mejoras en las escuelas y viviendas de los maestros, la construcción de una casa para la escuela de niñas y otra para estación telegráfica, el arreglo del cementerio, la modificación de los lavaderos públicos y los caminos vecinales; la necesaria explotación de aguas subterráneas, el estudio de la enfermedad que afectaba a las higueras y el establecimiento de una sucursal bancaria; la terminación de la carretera general, la construcción de otra que comunicase los principales pueblos de la comarca de Chasna, la mejora de las comunicaciones con los embarcaderos más cercanos y la construcción de un embarcadero en Los Abrigos; la necesaria duplicación de las escuelas, la elevación de categoría de la cartería local, la conducción de los paquetes postales por vapores hasta Los Abrigos y la instalación del ferrocarril de circunvalación. Por último, el articulista recoge las críticas a los políticos locales, que solo se acordaban del pueblo en los períodos electorales y a los que solo había que agradecer, en toda la historia de la localidad, la creación de una estación telegráfica y la inacabada carretera al puerto…

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Descripción-SAN MIGUEL DE ABONA-1912

El artículo “Reportajes de la isla. El Porís de Abona” (1931), de Atilano Santos (Antonio Suárez Amaro).

Arico-Punta de Abona     Este artículo, publicado en La Prensa el 14 de octubre de 1931 y firmado por “Atilano Santos”, constituye una de las primeras descripciones detalladas que conocemos de este núcleo de población del municipio de Arico. En él, su autor comienza por ubicar y describir de forma literaria este pequeño caserío litoral, destacando su encanto estético y su carácter acogedor. Luego se centra en los veraneantes santacruceros, que ya se disponían a abandonar su refugio vacacional, sorprendiéndole sobre todo las jóvenes, desinhibidas y encantadoras, que transmitían su alegría y con ella rompían el sosiego del lugar. Destaca el principal acontecimiento vivido durante su estancia, que todo el pueblo esperaba, la actuación de un artista con su perro amaestrado en la fonda de doña Juana y el posterior baile, que constituía la principal distracción de esa época.

     A continuación se ocupa de los dos principales medios de vida del lugar, favorecidos por la nueva carretera de Arico a El Porís, que había incrementado el tráfico agrícola y comercial entre los pueblos de la comarca y Santa Cruz de Tenerife: por un lado un buen servicio de barcos de cabotaje a motor, integrados en una empresa de gestión comunitaria; y por otro la pesca, en la que destacaba la calidad y el módico precio del pescado. Pero lamenta con firmeza la falta de una escuela de niños, a pesar de que el pueblo contase con un elevado censo escolar, pues los alumnos debían acudir diariamente a la escuela de Arico, a siete kilómetros de distancia. Concluye su reportaje haciendo un elogio del lugar, por su tranquilidad, la laboriosidad de sus vecinos, las virtudes de sus mujeres y el amor por la enseñanza, así como por el espíritu acogedor y la nobleza de sus habitantes, que, gracias a su fortaleza, soportaban la dureza de su vida y el desamparo en el que estaban sumidos.

     Su autor fue Antonio Suárez Amaro “Atilano Santos” (1892-1947), prestigioso periodista y escritor tinerfeño, con un fuerte compromiso social y político…

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Artículo-DESCRIPCIÓN PORÍS DE ABONA-1931