Arona en 1930, según el artículo “El Sur de Tenerife” del obispo Fray Albino González Menéndez-Reigada

     El interesante artículo “El Sur de Tenerife” fue publicado en junio de 1930 en el periódico católico Gaceta de Tenerife por el obispo de esta Diócesis, Fray Albino González y Menéndez-Reigada, en sucesivas entregas. En él relata la visita que había efectuado a las parroquias del Sur de Tenerife, de la que en este artículo nos hemos limitado a su estancia en el municipio de Arona. Llegó al pueblo de Arona el 18 de marzo de 1930 y continuó hasta el 19, coincidiendo con la festividad de San José. En su bella crónica se centra, como era de esperar, en la detallada descripción de los distintos templos del término. Además de describir el recibimiento que se le hizo en la parroquia matriz, detalla las misas que presidió. Pero otra aportación valiosa de esta crónica es el detenerse a analizar las carencias o los proyectos de mejora que existían por entonces en este municipio. Se lamenta de la falta de una buena carretera de enlace del Valle de San Lorenzo con la Carretera General del Sur, que ya había reclamado; visitó la Caldera de Arona, situada en una finca del entonces alcalde don Eugenio Domínguez Alfonso, en la que se proyectaba la construcción de una presa o pantano que permitiría el riego de toda la zona costera del término, con la consiguiente riqueza económica; destaca en la bahía de Los Cristianos sus inmejorables condiciones para establecer el aeropuerto internacional de Tenerife, así como su puerto, cuya actividad creciente había permitido el crecimiento de la población, destacando el papel de un consejero del Cabildo de Tenerife, don Juan Bethencourt Herrera, en las gestiones para llevar a cabo las obras de mejora en el Sur de la isla. En fin, se trata de un trabajo de gran interés para conocer algunos aspectos religiosos, sociales y económicos del municipio de Arona en los albores de los años treinta del pasado siglo XX, seis años antes del inicio de la Guerra Civil, que tanto alteró la vida de estos pueblos y de toda la nación.

     El autor del artículo, Fray Albino González y Menéndez-Reigada (1881-1958), fue un destacado sacerdote dominico, Ldo. en Filosofía y Letras, Doctor en Teología y Derecho Civil, obispo de Tenerife y de Córdoba, escritor y predicador, que tuvo una polémica actuación durante la Guerra Civil y una fuerte vinculación con el Régimen de Franco…

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Vilaflor de Chasna-Arona-Arico: Lcdo. don Francisco González “Natural” (1623-1697), sacerdote de origen guanche, capellán de Vilaflor y Arico, y beneficiado servidor de Adeje

     Miembro de una destacada familia chasnera de ascendencia guanche por sus cuatro abuelos, don Francisco siguió la carrera sacerdotal hasta ordenarse de presbítero; simultáneamente obtuvo el título de Licenciado en Sagrada Teología. Como sacerdote, fue durante muchos años capellán de la parroquia de San Pedro Apóstol de Vilaflor, así como beneficiado servidor de la parroquia de Santa Úrsula de la villa de Adeje durante más de un año y medio. Al final de su vida se estableció en Arico, pueblo del que era oriundo por su madre y en el que falleció, tras haber actuado como capellán de la parroquia de San Juan Bautista.

     Nació en la amplia jurisdicción de Vilaflor, probablemente en el pago del Valle del Ahijadero (actual Valle de San Lorenzo en Arona), en agosto de 1623, siendo hijo de don Alonso González “Natural” (también llamado Alonso González Guanche), nacido en el citado Valle, y de doña Águeda de Morales, natural de Arico; ambos casados en Vilaflor en 1622 y de origen guanche. El 16 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Vilaflor…

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Arona: Don Antonio Villarreal Frías (1850-1895), sochantre y organista de la parroquia de Arona, encargado de la construcción del Calvario, interventor electoral y miembro de la Junta local de Instrucción Pública

     Miembro de una familia destacada, cuyos componentes ocuparon muchos cargos en las Milicias Canarias y en las principales instituciones locales (Ayuntamiento, Juzgado, Parroquia, escuelas, etc.), nuestro biografiado se vinculó a la vida musical de la parroquia de San Antonio Abad, de la que fue sochantre y organista durante casi dos décadas y hasta su prematura muerte. Además, intervino en la vida pública de Arona, municipio en el que estuvo encargado de la construcción del Calvario y luego actuó como elector contribuyente, interventor electoral y miembro de la Junta local de Instrucción Pública.

     Nació en Arona el 3 de diciembre de 1850, siendo hijo de don Francisco Villarreal Bethencourt y doña Jerónima de Frías Delgado. Cinco días después fue bautizado en la iglesia de San Antonio Abad por el cura propio don Miguel Rodríguez Guillama; se le puso por nombre “Antonio Francisco Xavier del Sacramento” y actuaron como padrinos don Cesáreo y doña María de la Consolación Bethencourt…

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Arona: Don José Peña y Medina (1852-1909), Maestro Elemental de Primera Enseñanza, interino de Arona y en propiedad de San Antonio de los Baños (Cuba), de cuya escuela de niños fue director

     Miembro de una familia acomodada, de la terratenencia sureña, nuestro biografiado obtuvo el título de Maestro Elemental de Primera Enseñanza en la Escuela Normal de La Laguna y ejerció como maestro interino de Arona. Luego, tras emigrar a Cuba, ejerció como maestro interino en la escuela de niños de San Antonio de los Baños, que luego obtuvo en propiedad, por oposición; de ella fue director y a su frente continuó probablemente hasta su muerte, que se produjo en dicha república americana.

     Nació en Arona el 23 de enero de 1852, siendo hijo de don José Tomás Peña García, natural de la Antigua (Fuerteventura), y doña Tomasa Benigna Medina Domínguez, que lo era de la antedicha localidad tinerfeña. Dos días después fue bautizado en la iglesia de San Antonio Abad por el cura propio don Miguel Rodríguez Guillama; se le puso por nombre “José Antonio de San Ildefonso” y actuó como padrino don Antonio Sarabia, de la misma vecindad…

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Arona: Don Domingo Barroso y Villarreal (1868-1931), zapatero, músico, sargento de Infantería, jurado judicial, auxiliar de Hacienda, desinfectador, practicante en Medicina y Cirugía, vocal fundador de un casino y dos equipos de fútbol

     Miembro de una familia destacada, el personaje que nos ocupa compartió su vida entre Arona, donde nació y falleció, La Victoria de Acentejo, villa en la que vivió gran parte de su vida, y Santa Cruz de Tenerife, donde ejerció. Comenzó trabajando como zapatero, para luego seguir una modesta carrera militar, en la que alcanzó el empleo de sargento de Infantería. En la vida civil, obtuvo el título de Practicante en Medicina y Cirugía y desempeñó los empleos públicos de auxiliar de la Agencia ejecutiva de Hacienda de Las Palmas, desinfectador de la Sección de Higiene de Santa Cruz de Tenerife y practicante de la Casa de Socorro de dicha capital, así como del Consultorio gratuito de la Comisión Provincial de Damas de la Cruz Roja. Además, fue jurado judicial, músico, vocal fundador de la junta directiva de la Sociedad “El Centro” de La Victoria y del “San Sebastián Foot-ball Club” de Santa Cruz de Tenerife.

     Nació en la Calle Nueva de Arona el 29 de septiembre de 1868, siendo hijo de don Domingo Barroso y Frías, natural de la Villa de La Orotava, y doña Benigna Villarreal Frías, que lo era del pueblo sureño. El 4 de octubre inmediato fue bautizado en la iglesia de San Antonio Abad por el cura párroco propio don Miguel Rodríguez Guillama; se le puso por nombre “Domingo Miguel Rosendo de los Dolores” y actuaron como padrinos don Rosendo Trujillo, natural y vecino de la ciudad de La Laguna, y doña María Dolores Brioso, que lo era de dicho pueblo…

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La religiosidad, la vida social y la situación económica en el municipio de Arona, según la Santa Misión de 1965

     Hace poco más de medio siglo, en 1965, se celebró una Santa Misión en la isla de Tenerife, una vez concluidas las realizadas en las demás islas de la Diócesis Nivariense. Después de un asesoramiento previo, el obispo de la Diócesis, don Luis Franco Cascón, dispuso que se celebrara dicha Misión empezando por el Sur de la isla y siguiendo un orden geográfico, desde la parroquia de Santiago del Teide hasta la de Barranco Hondo. Tuvo lugar entre la segunda semana de mayo y la segunda de julio, evitando la época de la zafra del tomate, que solía trastocar la vida en el Sur al ocasionar un considerable trasiego de personas, dedicadas en esos meses casi exclusivamente a dicho trabajo, “de día y de noche sin descanso”. Al final de la campaña se tuvo que hacer una ligera variación, para que no coincidieran las fiestas patronales de San Pedro de Güímar con la Santa Misión. Pero resultó interesante el que el Valle de Güímar quedase para el final, con el fin de que la concentración que se planteaba en Candelaria como clausura estuviese más nutrida, como así ocurrió. La dirección de esta campaña misional fue encomendada por el citado obispo a un prestigioso sacerdote jesuita, el padre Sebastián Puerto, director del Centro Misional del Beato Juan de Ávila, en Montilla, a quien acompañarían otros siete padres jesuitas de la Península, más cuatro padres paúles y dos dominicos de Candelaria. Con algo más de un mes de anticipación se desplazó a esta isla el director, con el objetivo de conocer el terreno, tomar contacto con todos los párrocos de cada Arciprestazgo y planear la Santa Misión según las necesidades de cada parroquia, lo que motivó la confección de un estudio sociológico previo en cada una de ellas. La idea que presidió el plan fue “que no quedara ningún grupo de personas, algo notable, sin que llegara a él la gracia de la palabra de Dios”; por ello, dicha misión se extendió a un total de 73 centros, entre parroquias y barrios.

     El municipio de Arona estaba constituido por numerosos núcleos de población y contaba por entonces con tres parroquias, una de ellas muy reciente: San Antonio Abad (creada en 1796), San Lorenzo Mártir del Valle de San Lorenzo (creada en 1929) y Nuestra Señora del Carmen de Los Cristianos (creada en 1963), que reunían una población de hecho de 1.401, 2.497 y 2.896 habitantes, respectivamente. Se establecieron centros misionales en las tres parroquias, así como en los barrios de Los Frailes, Las Galletas, Buzanada y Cabo Blanco, donde a falta de templos, o por su escasa capacidad, se utilizaron los cines y algunos salones de empaquetado. A continuación, vamos a analizar como tuvo lugar la Santa Misión en este municipio, tal como fue descrita por los propios misioneros jesuitas que la llevaron a cabo en cada uno de dichos centros misionales (parroquias o barrios), lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa y social, así como la situación económica, en los distintos núcleos que integraban el término municipal, con datos a veces muy curiosos…

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Arona: Don José de Frías y Hernández (1832-1915), sargento 2º de Milicias, propietario agrícola, elector contribuyente, alcalde de Arona, vocal de una junta e interventor electoral

     Miembro de una familia de larga tradición militar, nuestro biografiado también siguió dicha carrera, pero de una forma más modesta, pues ingresó como soldado y solo ascendió hasta sargento 2º de Milicias. Destacó como propietario agrícola y, en virtud de ello, actuó como elector contribuyente, lo que le permitió participar en las elecciones de diputados a Cortes y ostentar el cargo de alcalde de Arona. También fue vocal contribuyente de la Junta de Reforma de la cárcel del Partido Judicial de La Orotava, nombrado por el gobernador civil, e interventor de la mesa electoral de Arona.

     Nació en la casona familiar de Altavista (Arona) el 25 de febrero de 1832, siendo hijo de los acomodados terratenientes don Juan Antonio de Frías Nieves y Sarabia y doña María Antonia Agustina Hernández Montesino y de las Nieves. Tres días después fue bautizado en la iglesia de San Antonio Abad por el cura párroco propio don Miguel Rodríguez Guillama; se le puso por nombre “José Matías del Jesús” y actuaron como padrinos don Basilio Sarabia y doña Ceferina Espínola, vecinos de dicho lugar…

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Artículo-JOSÉ DE FRÍAS HERNÁNDEZ

La bendición de la nueva ermita del Valle de San Lorenzo (Arona) y su elevación a parroquia filial (1929)


     La primitiva ermita de San Lorenzo Mártir en el Valle del Ahijadero, actual Valle de San Lorenzo en el municipio de Arona, se construyó en el primer tercio del siglo XVII en el actual barrio de La Fuente. Tres siglos después, en 1923, comenzó su traslado a un nuevo emplazamiento más céntrico, en El Natero; se inauguró al año siguiente, pero no se bendijo hasta 1929, poco antes de su elevación a parroquia filial; y se terminó en los años siguientes. Allí ha continuado hasta el presente, tras sucesivas obras de ampliación y mejora.

     En 1855, el párroco de Arona, don Miguel Rodríguez Guillama, ya solicitaba la reconstrucción y el traslado de la ermita a un lugar más céntrico del Valle de San Lorenzo. Pero fue en el primer tercio del siglo XX, cuando muchos vecinos iniciaron las peticiones para el traslado, con el que no estaban de acuerdo los residentes en La Fuente, pero sí los del resto de los caseríos que conformaban el amplio Valle. Según recogió el Boletín Oficial del Obispado de Tenerife en su crónica diocesana, el 22 de junio de 1923 “El Rdo. Cura Regente de Arona Sr. Díaz-Llanos, con licencia del Sr. Vicario y el beneplácito de la Junta diocesana de Admon. trabaja celosamente unida a una respetable comisión nombrada al efecto, para trasladar la solitaria ermita de San Lorenzo a la parte más poblada del valle, aspiración antigua de sus habitantes. Ya tienen los recursos necesarios”…

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Artítulo-NUEVA ERMITA VALLE SAN LORENZO

Arona-Vilaflor de Chasna: Don Aparicio González Natural de Morales (1625-1711), propietario acomodado, alférez y capitán de Milicias de origen guanche

     A pesar de su ascendencia guanche por todas las ramas, lo que aparentemente podría parecer un obstáculo social en su época, los familiares de nuestro biografiado gozaron de una posición desahogada como propietarios agrícolas, lo que permitió a algunos de ellos alcanzar el sacerdocio y a otros seguir la carrera militar. Así ocurrió con nuestro biografiado, quien fue primero alférez y luego capitán de Milicias, empleo con el que estuvo durante muchos años al frente de la compañía de Arona, a la que también se incorporó como alférez su hijo Alonso.

     Nació en la amplia jurisdicción de Vilaflor, probablemente en el pago del Valle del Ahijadero (actual Valle de San Lorenzo en Arona), en abril de 1625, siendo hijo de los propietarios don Alonso González Natural y doña Águeda de Morales, ambos de origen guanche. El 11 de dicho mes fue bautizado en la iglesia de San Pedro de Vilaflor por el presbítero don Pedro Méndez Vergara; se le puso por nombre “Aparicio” y actuaron como padrinos y testigos el beneficiado de dicha parroquia, don Alonso Pérez Perera, y don Juan Estévez de Mena, éste también de origen guanche…

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Artículo-APARICIO GONZÁLEZ NATURAL

La primitiva ermita de San Casiano de Las Galletas o Villamar (Arona) y las fiestas en su honor durante la II República (1932-1936)

     El caserío costero de Las Galletas, perteneciente al municipio de Arona pero con una clara influencia de San Miguel de Abona, careció de templo católico hasta 1932, en que se bendijo la primitiva ermita de San Casiano y se celebró su primera fiesta. Su construcción fue promovida por el rico propietario local don Casiano Alfonso Hernández, natural de San Miguel, quien le dio su patronazgo y adquirió las tres primeras imágenes. Fue bendecida el sábado 13 de agosto, festividad de San Casiano, por el obispo de la Diócesis, Fray Albino González Menéndez-Reigada, quien presidió la primera misa; y ese mismo día comenzaron las fiestas celebradas con dicho motivo, que fueron apadrinadas por el empresario santacrucero don Álvaro Rodríguez López. Llama la atención, que al año siguiente se cambió el nombre oficial de dicha localidad por el de “Puerto de Villamar”, nombre que también llevó el primer equipo de fútbol, pero que no llegaría a arraigar y el pueblo lo continuó conociendo como Las Galletas, nombre que ha prevalecido hasta la actualidad.

     En este trabajo reseñamos también las primeras fiestas patronales de dicha localidad, celebradas durante la II República y hasta el inicio de la Guerra Civil, siempre en torno al 13 de agosto, en que la Iglesia Católica festeja a San Casiano. En los dos primeros años, los festejos se limitaron a dos días (13-14 de agosto en 1932 y 12-13 del mismo mes en 1933); en 1934 estaba previsto que durasen tres días, pero aparentemente se redujo a uno (26 de agosto), tras ser aplazados por la muerte de una hija de don Casiano Alfonso Hernández; y en 1935 se extendieron a tres días (12, 13 y 14 de agosto). En dichos años, los actos religiosos solo incluyeron el repique de campanas, dos misas solemnes y una procesión marítimo-terrestre, con las tres imágenes a bordo de barcos engalanados y desembarcadas por El Varadero, entre muchos fuegos artificiales. Por su parte, los actos populares incluían diana, verbena popular, paseo con música, bailes, teatro y concursos de belleza femeninos (premio a la señorita mejor ataviada en una “exposición de mantones de Manila”, en 1933; elección de la “reina de las fiestas” en 1934 o de “Miss Villamar” en 1935), casi todos ellos amenizados por una banda de música. En cuanto a los actos deportivos, contaban con regatas de botes, concursos de natación, partidos de fútbol, combates de boxeo y carreras pedestres; además de diversos juegos, como cucañas en el muelle, carreras de sacos y juego de la sartén, entre otros regocijos; a ellos se unieron el último año unas “jiras a la montaña Amarilla o Pelada”…

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Artículo-PRIMITIVA ERMITA Y PRIMERAS FIESTAS DE LAS GALLETAS