La familia García Adrián y los orígenes de la enseñanza pública en Güímar (1796-1837)

Güímar-Plaza-Berthelot      Gracias a un informe firmado en La Laguna el 29 de marzo de 1791 por el corregidor don Joaquín Bernard y Vargas, dirigido al Supremo Consejo, podemos conocer la situación de la educación en el pueblo de Güímar, donde no existían escuelas públicas. Era considerado un “pueblo rico de campo”, con 612 vecinos (o familias); para los niños, “dos eclesiásticos dan enseñanza por caridad”; mientras que para las niñas, “hay dos mujeres que se dedican a dar escuela”. El fondo de la Alhóndiga o Pósito local era de 449 fanegas y con respecto a los arbitrios para establecimientos de escuelas proponía: “Parece que con 20 Fns. de trigo que se sacasen del fondo de la alhondiga, los 12 para un maestro y los 8 para una maestra, pudiendo sostenerse en los términos que corresponde a un pueblo de su clase”.

       Afortunadamente, pocos años más tarde se vino a cubrir la falta de escuelas públicas y la dotación de las mismas, pero no gracias a los fondos públicos de la Alhóndiga, sino a la iniciativa de un particular, de un güimarero, cuyo nombre no debe quedar en el olvido.

      El presente trabajo está dedicado a la primera escuela pública de niños que se creó en el municipio de Güímar, gracias a que un hijo de este pueblo, don Andrés García Adrián, emigrante en Venezuela, dejó todos sus bienes para este objetivo en 1796. Como reconocimiento a su generosidad, se esboza la biografía de este olvidado personaje, reproduciendo la cláusula del testamento en la que hizo la dotación. Se analiza luego la administración familiar de dichos bienes, incluyendo la biografía de los dos personajes que la asumieron hasta que se hizo cargo de ellos el Ayuntamiento de la localidad. Finalmente, se relacionan los administradores y los maestros que se conocen de esa etapa (1796-1837)…

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Güímar-Fasnia: Don Juan de Castro y Baute (1766-1844), profesor, cura servidor de Arico, notario público, primer párroco de Fasnia y prebendado de la Catedral de Tenerife

Casa del Cura-Escobonal    Este artículo está dedicado a uno de los escobonaleros más ilustres de todos los tiempos, el prebendado don Juan de Castro Baute. Tras conseguir que su padre fundara a su favor un Patrimonio vitalicio y una Capellanía perpetua, se pudo ordenar de sacerdote. Como tal, regentó en Güímar, durante dos años, una escuela con estudio de Latinidad. Luego fue el primer cura de Fasnia, al crearse la parroquia de San Joaquín, aunque en concepto de párroco interino. Tras cesar en ella, fue nombrado cura servidor de Arico. Con posterioridad volvió a Fasnia como teniente de cura, notario público y párroco propio, por lo que estuvo ligado a esta parroquia durante 23 años. Finalmente, dado el prestigio de que ya gozaba entre el clero canario, al crearse la Diócesis Nivariense fue nombrado racionero medio del nuevo Cabildo Catedral de Tenerife, importante responsabilidad en la que permaneció durante 22 años y a la que renunció para retirarse en su querido pueblo natal, El Escobonal, donde pasó los últimos años de su vida como mero capellán de la ermita de San José, querido y respetado por todos sus paisanos. Desde 2013 da nombre a la plaza de la Iglesia Vieja de Fasnia.

      Nuestro biografiado nació en El Escobonal (por entonces conocido como pago de San José) el 25 de marzo de 1766, siendo hijo de don Ignacio de Castro y doña María de León Delgado Baute, naturales y vecinos de dicho pago en el Lomo de Bayón. El 1 de abril inmediato fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Güímar por Fray José Infante, de la Orden de San Francisco, beneficiado servidor de dicha iglesia y de Ntra. Sra. Santa Ana de Candelaria, quien le impuso el óleo con el nombre “Juan Francisco”; actuó como padrino don Luis Rodríguez Truxillo. Estuvieron presentes en dicha ceremonia sus abuelos paternos don Ignacio de Castro y doña Ana García, y los maternos don Juan Delgado de Baute y doña María de León…

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“El tesoro de Pancho Pérez” (cuento centrado en Güímar, 1926), por Rafael Peña León

Puertito-5-espigón-1929-Fonda Medina     El cuento al que dedicamos este trabajo fue publicado el 20 de junio de 1926 en la revista Hespérides, editada en Santa Cruz de Tenerife, siendo su autor el director-gerente de dicha revista don Rafael Peña León. La historia está centrada en Güímar y en un personaje local muy particular, Pancho Pérez. El citado autor había estado en esta localidad un par de meses antes y el 4 de mayo había anunciado en la revista que dirigía, que iba a dedicar un número monográfico a Güímar, lo que se hizo realidad el 6 de junio de 1926, dos semanas antes de publicar el cuento que nos ocupa en otra edición de dicha publicación.

    El breve relato recoge la ilusión que alguna vez ha tenido cualquier persona de encontrar un tesoro que le ayudase a mejorar su vida. En Güímar, como en otras muchas localidades de la isla, las búsquedas de este tipo han estado centradas, sobre todo, en el legendario tesoro del pirata “Cabeza de Perro”, tras el cual muchos vecinos de éste y otros municipios de la isla han recorrido el litoral escudriñando todas las cuevas y covachas que encontraban a su paso, pero que sepamos sin ningún éxito, sobre todo teniendo en cuenta que según recientes estudios este célebre pirata solo fue una mera creación literaria.

      En el cuento, el autor combina la realidad con la fantasía y transforma la natural ilusión de un hombre en una obsesión enfermiza, por encontrar la riqueza que ni su origen ni su trabajo le proporcionarían nunca, obsesión que le alejaba de su familia y del mundo en que vivía. Cuando por fin parecía que había logrado su objetivo, durante un paseo por El Puertito, el brutal desengaño parece que hizo aflorar en el personaje un sentimiento humano que parecía olvidado. El desenlace está basado en un hecho real ocurrido ese mismo año.

     El autor del cuento, don Rafael Peña León (1888-1955), nació en Río Tinto (Huelva) y falleció en Santa Cruz de Tenerife. Fue comandante de Infantería, secretario del Ateneo de La Laguna, periodista, escritor y editor…

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El callejero de El Tablado (Güímar): la razón de unos nombres

Plano-calles-Tablado-2      El Tablado, como todos los pueblos, está configurado por una plaza y un entramado de calles, más estrechas y sinuosas las antiguas, más anchas y rectas las recientes. Para identificarlas, a cada vía se le ha dado un nombre vinculado al propio caserío o a la comarca en la que se asienta. Este es el motivo del presente trabajo, desentrañar los nombres que figuran en el callejero de esta pequeña pero acogedora localidad costera de la Comarca de Agache.

     El Tablado figuró por primera vez como entidad de población en el censo de 1920, pues hasta entonces estaba incluido en El Escobonal; en dicho año ya tenía la categoría de caserío y contaba con 6 edificios de un piso y 5 cuevas, en total 11 posibles viviendas, sólo habitadas accidentalmente. La estructura del núcleo se mantuvo prácticamente igual hasta 1950, en que el número de viviendas (incluyendo las cuevas) era de 16, solamente habitadas con carácter temporal. El salto se produjo en la década de los cincuenta, cuando los propietarios de la mayor parte de los terrenos que pertenecían a la Finca de Cano, don Carlos Reyes González de Mesa y su esposa doña María Elisa Fuentes Cullen, procedieron a vender numerosas parcelas en dicho caserío a bajo precio; por ello, en 1960 el núcleo ya constaba de 70 viviendas, cuyos propietarios habían construido dos años antes un estanque de agua potable. Así comenzó su desarrollo actual, como lugar de segunda residencia, descanso y veraneo de los escobonaleros…

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El curioso pleito entre las parroquias de Güímar y Candelaria por la impresión de una polémica estampa de la Virgen del Socorro (1852-1867)

      Tras la desaparición de la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria en el aluvión 1826 y el cierre del Convento dominico de dicha localidad en 1836, decayó mucho la afluencia de fieles a las fiestas de la Virgen de Candelaria, coyuntura que fue aprovechada por el culto beneficiado de Güímar, Dr. don Agustín Díaz Núñez, natural de dicha localidad, para potenciar la festividad de la Virgen del Socorro. Por ello, en 1837 solicitó y obtuvo del obispo el traslado de fecha de dicha festividad del 26 de diciembre al 8 de septiembre, época más benigna desde el punto de vista climático, pues ello favorecería la asistencia de peregrinos. Otras decisiones posteriores de este beneficiado y sus sucesores, tendentes también a potenciar la Fiesta del Socorro, despertaron el recelo de los párrocos de Candelaria, que veían peligrar la privilegiada devoción de su venerada imagen. Por ello, tanto don Juan Núñez del Castillo, que ejerció como párroco de Santa Ana desde 1828 hasta su muerte en 1863, como su sucesor, don Antonio de la Barreda y Payva, que estuvo al frente de dicha parroquia desde ese mismo año 1863 hasta 1890, alegaron en diversas ocasiones que los vecinos de Güímar hacían esfuerzos por atraerse las romerías de Candelaria a la ermita del Socorro. Por dicho motivo, se opusieron a las aspiraciones de los güimareros, considerando que eran perjudiciales a los derechos del Santuario de Candelaria, por lo que promovieron dos curiosos pleitos: el de las estampas de la Virgen del Socorro, iniciado en 1852 y revitalizado en 1866; y el de la Ceremonia de los “guanches”, que se litigó en 1872, cuando ésta se representó por primera vez en El Socorro. En este trabajo nos vamos a ocupar del primero de dichos enfrentamientos.

        En 1852, el obispo de Tenerife autorizó al beneficiado de Güímar, el mencionado don Agustín Díaz Núñez, la impresión de unas estampas que recogían el acto en el que el Rey Acaymo pidió “socorro” a los guanches, con la finalidad de repartirlas en la festividad de la Virgen del Socorro. Pero en ellas se representó a la Virgen de Candelaria y no a la del Socorro, lo que despertó la suspicacia del párroco de Candelaria, don Juan Núñez del Castillo, natural de dicho municipio, al pensar que con ello se pretendía potenciar la festividad de El Socorro a costa de la de Candelaria; por ello elevó una protesta al arcipreste e impidió que las estampas se distribuyesen. Pero, tras la muerte de ambos sacerdotes, el sucesor del Dr. Díaz Núñez, el también güimarero don Juan Elías Hernández, decidió repartir dichas estampas el 8 de septiembre de 1866, en la festividad de la Virgen del Socorro, lo que dio lugar a un curioso enfrentamiento con el nuevo párroco de Candelaria, el herreño don Antonio de la Barreda y Payba, quien presentó una denuncia ante el Obispado, la cual motivó un largo expediente, que se vino a resolver el 1 de agosto de 1867, por auto del gobernador eclesiástico en sede vacante, Dr. don José Martín Méndez, en el que daba la razón al denunciante…

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La Sociedad de Recreo y Cultura “Club Juventud” y el primer cine de El Escobonal (1931-1933)

OLYMPUS DIGITAL CAMERA     En el primer tercio del siglo XX, el pueblo de El Escobonal (Güímar) contó con tres sociedades o casinos, que estuvieron instalados en La Hoya de los Almendreros, en dos casas situadas una frente a otra, sólo separadas por la carretera: una fue la sede de la Sociedad “El Progreso” (1919-1922) y la otra, situada frente a la anterior, estuvo ocupada primero la Sociedad Cultural “El Porvenir” (1929-1936) y luego por el “Club Juventud” (1931-1933).

    El 15 de enero de 1930, la “Sociedad Cultural El Porvenir” abandonó el salón que ocupaba en la Hoya de los Almendreros, propiedad de don Graciliano Díaz y Díaz, para pasar a un local más céntrico, situado en La Fonda y propiedad de don Arsenio Pérez Díaz. Pero el local de don Graciliano no permanecería cerrado, pues la inquietud de su dueño le llevó a continuar celebrando bailes en el mismo, para lo que contaba con un autopiano y una gramola. Posteriormente, deseando dotar al pueblo de otro incentivo cultural y recreativo (que a la par le fuera rentable), compró un aparato proyector de películas mudas, surgiendo así el primer cine de El Escobonal. Por entonces era la única casa del pueblo que tenía corriente eléctrica, gracias a un motor.

       Pero no acabó aquí el entusiasmo de don Graciliano y para potenciar el nuevo cine, al mismo tiempo que para enriquecer el ocio de los escobonaleros, en 1931 se fundó y estableció en el mismo local, bajo su iniciativa, un nuevo Casino denominado “Sociedad de Recreo y Cultura Club Juventud”. Para su creación se eligió una comisión organizadora, que quedó presidida por don Francisco Díaz Yanes, ex-concejal y ex-alcalde pedáneo de El Escobonal, y en la que actuó como secretario el mencionado don Graciliano Díaz. Y el 6 de julio de dicho año, la citada comisión terminó de redactar el Reglamento de la nueva Sociedad, compuesto por 38 artículos (agrupados en tres títulos) y tres disposiciones transitorias, que fue firmado por los dos principales organizadores mencionados, aunque había sido confeccionado con la colaboración del entonces oficial de Secretaría del Ayuntamiento de Güímar don Juan Álvarez Delgado (luego catedrático de Filología clásica de Enseñanza Media y de la Universidad de La Laguna)…

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Los estrechos lazos que justifican un hermanamiento entre la isla de La Gomera y el municipio de Güímar

Güímar-Homenaje Gomera-1982-2     Con motivo del hermanamiento entre La Gomera y el municipio tinerfeño de Güímar, en el que reside un elevado número de hijos de la isla hermana, el 29 de junio de 2002 tuve la oportunidad de pronunciar un discurso ante las autoridades de ambos lugares, encabezadas por el presidente del Cabildo de La Gomera, don Casimiro Curbelo, y el alcalde-presidente del Ayuntamiento de Güímar, don Gumersindo Rigoberto González, con asistencia de un numeroso público. Por el posible interés que puede tener, lo reproducimos a continuación, aunque con nuevos datos que hemos ido incorporando desde entonces.

       Aunque tradicionalmente se cree que la llegada y el establecimiento de gomeros en el municipio de Güímar se ha producido casi exclusivamente en el siglo XX, en este trabajo pretendo demostrar que este contacto humano se ha venido produciendo desde mucho antes y no sólo en un sentido. Además, no se ha limitado al Barrio de Fátima, donde adquiere especial protagonismo, sino afecta a todo el municipio, incluyendo la Comarca de Agache…

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«Por ir de prisa…» (cuento tinerfeño), por José Galán Hernández

      En 1928, el escritor tacorontero José Galán Hernández publicó en Gaceta de Tenerife el cuento “Por ir de prisa…”, que fue escrito por el autor mientras vivía en el municipio de Fasnia, donde ejercía como maestro y concejal, tras haber cesado en la Alcaldía. La trama, de tinte folclórico y jocoso, discurre en un recorrido en guagua desde Fasnia hasta Güímar, pasando por El Escobonal, donde se incorpora el personaje central del cuento, Cho Juan.

       A pesar de su corta extensión, la calidad literaria del autor logra introducir al lector en la historia, de tal modo que todos los que conocemos dicha carretera entendemos la queja del autor por las numerosas curvas que existen en dicho trayecto y los que hemos viajado en guagua alguna vez podemos imaginarnos que estamos viendo la escena en primera persona. Los diálogos están escritos reproduciendo la forma de expresarse de nuestros antepasados de entonces, lo que también le da a este trabajo un valor testimonial y lingüístico. En su transcripción hemos querido respetar la ortografía original.

   El autor del cuento, don José Galán Hernández (1893-1936), cuya biografía desarrollamos en este artículo, fue un destacado intelectual tinerfeño, tristemente asesinado al comienzo de la Guerra Civil, como consecuencia de su trayectoria progresista. Fue maestro nacional, sargento de Artillería, alcalde de Fasnia, fundador de la Agrupación Socialista de Güímar, secretario de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE-UGT), destacado escritor, periodista y poeta…

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Güímar: Fray Andrés Gómez (1705-1792), predicador dominico, teniente de beneficiado de Güímar, capellán de Fasnia y El Escobonal, administrador de Anocheza y recordado “Profeta”

      Aunque no destacó por desempeñar grandes cargos, este humilde religioso dominico ocupa un lugar destacado en la Historia de Güímar, pues su lejana existencia es quizás una de las tradiciones orales que mejor se conservan en el municipio. Sabemos que profesó en el Convento de Santo Domingo en Soriano de este municipio y que, tras ordenarse de presbítero, ejerció en él como lector y predicador. Se le nombró administrador de la lejana Hacienda de Anocheza, propiedad del convento; y desde allí tenía que cumplir con otras obligaciones, como capellán de las ermitas de San Joaquín de Fasnia y San José de El Escobonal, así como teniente de beneficiado de la iglesia matriz de San Pedro Apóstol de Güímar. La vida, la “maldición” y las “profecías” de Fray Andrés se han transmitido de padres a hijos, pero nunca se ha llegado a saber donde acaba la realidad y donde comienza la leyenda.

      Nació en Güímar el día 30 de noviembre de 1705, siendo hijo de don Juan Luis Gómez y doña Lucía Francisca Gómez. Recibió las aguas bautismales el 6 de diciembre inmediato en la iglesia parroquial matriz del Apóstol San Pedro, de manos de don Francisco Hernández de la Rosa, teniente de beneficiado de la misma, y actuó como padrino don Salvador González Medina. Desconocemos el lugar exacto de su nacimiento dentro del municipio, pues no se especifica en la partida de bautismo y Fray Andrés tenía familiares cercanos residiendo tanto en el casco de Güímar como en El Escobonal…

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El cementerio «San José» de El Escobonal (Güímar)

      En el año 2009 se cumplió el 90 aniversario de la inauguración del cementerio de El Escobonal, una obra que vino a cubrir una de las necesidades más apremiantes de los vecinos de este pueblo, pues durante siglos tuvieron que trasladar hasta Güímar los cadáveres de los fallecidos, primero por el camino real y luego por la carretera, para recibir sepultura en las iglesias o en el cementerio de la capital del municipio. El principal argumento esgrimido para no permitir la existencia de un camposanto en esta comarca era que no contaba con parroquia y no residía ningún cura en Agache, ya que la Religión Católica prohibía dar sepultura a los cadáveres sin practicar antes un sacerdote los responsos litúrgicos, lo que en dichas circunstancias no podía llevarse a cabo.

      Para finalizar con el traslado de los cadáveres desde El Escobonal al cementerio de Güímar, en 1915 el Ayuntamiento de este municipio elaboró un proyecto de cementerio para este pago, que se le remitió al Cabildo de Tenerife para que lo informase. En 1916 el Ayuntamiento compró el solar a don Bernardo Yanes y en 1918 comenzó la construcción de este añorado camposanto, con prestaciones de los vecinos de dicho pago, bajo la dirección de albañiles pagados por el Ayuntamiento y con la supervisión del alcalde de barrio don Francisco Díaz Yanes y del teniente de alcalde don Rogelio Ojeda Bethencourt, que fueron los principales impulsores de la construcción. Una vez finalizadas las obras, en sesión celebrada por el Ayuntamiento Pleno el 26 de dicho mes de marzo de 1919 se aprobó su utilización con el nombre de “Cementerio de San José”. Y el domingo 27 del inmediato mes de abril se procedió a su bendición por el cura párroco don Domingo Pérez Cáceres, en un emotivo y solemne acto al que asistió una representación del Ayuntamiento de Güímar, la banda de música de dicha villa y casi todo el vecindario, batiendo el récord de asistencia a un acto registrado en dicho pueblo hasta entonces…

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