Arico-Güímar: Don José Bernardo Carrillo (1760-1822), sacristán, colector, bolsero, cura servidor, notario público y teniente de beneficiado de Güímar, y cura encargado de Arafo

Arico-iglesia     Numerosos han sido los sacerdotes que hemos ido dando a conocer en este blog, algunos de los cuales llegaron a ocupar puestos de relieve dentro del clero tinerfeño, mientras que otros fueron más modestos, menos conocidos, ganándose exclusivamente el aprecio de los feligreses de las distintas parroquias que regentaron a lo largo de su vida. Los hubieron que nunca llegaron a estar al frente de una iglesia parroquial, sino que se limitaron a desempeñar cargos secunda­rios en los templos e, incluso, fueron numerosos los que no llegaron a salir en toda su existencia de los pueblos donde habían nacido; sin embargo, no por ello fueron menos queridos por cuantos tuvieron la dicha de conocerles, ni su labor ministerial fue por dicha causa menos brillante y fructífera.

     El presbítero que hoy nos ocupa, don José Bernardo Carrillo, se pareció más a los últimos que a los primeros. Su vida transcu­rrió en el Sureste de Tenerife; nació en Arico y de corta edad se estableció en Güímar, localidad donde desarrolló casi toda su labor parroquial: sacristán, colector, bolsero, cura servidor, notario público eclesiástico y teniente de beneficiado. Realizó algunas cortas escapadas a Fasnia y a su Arico natal, con el fin de celebrar algunos sacramentos, y al final de su vida regentó durante dos años, como cura encargado, la parroquia de San Juan Degollado de Arafo, destino en el que le sorprendió la muerte.

     Nuestro biografiado nació en Arico el 8 de enero de 1760, siendo hijo de don Pedro Lorenzo Carrillo y doña Catalina Lorenzo González de Vera (conocida por Catalina Gaspar), naturales y vecinos de dicho lugar. Tres días después fue bautizado en la iglesia de San Juan Bautista por don José Nicolás Vallada­res, cura propio de la misma; se le puso por nombre “José Bernardo” y actuó como padrino el presbítero don Andrés Francisco de la Cámara, capellán de la ermita de El Río…

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Artículo-JOSÉ BERNARDO CARRILLO

La Orquesta “Los Peregrinos” o “La Alegría” de El Escobonal –Güímar– (1939-1955)

Escobonal-orquesta-LaAlegría    A finales de la II República, un grupo de jóvenes de El Escobonal de Arriba se entusiasmaron con la música y comenzaron a comprar instrumentos a antiguos aficionados de la localidad. Se iniciaron en los conocimientos musicales libremente, asistiendo a los ensayos de las dos orquestas de cuerda que existían por entonces en el pueblo, la Orquesta “El Escobonal”, dirigida por don Joaquín Rodríguez, y la de El Barranco (Sexteto “Apolo”), que dirigía don Tomás de la Rosa. Su principal impulsor fue don Octavio Rodríguez Díaz, quien con tan sólo 14 años ya había construido tres violines. Una vez adquiridos los conocimientos básicos, hacia 1939 dichos jóvenes se agruparon en una orquesta de cuerda, que quedó compuesta por los siguientes miembros: don Otero Gómez (laúd y bandurria), don Faustino García “Tinerfe” (guitarra), don Rafael Leandro “Felo” (guitarra), don Mario Gómez (laúd), don Miguel “El de Solís” (laúd) y don Octavio Rodríguez (violín), quienes comenzaron a actuar en público después de la Guerra Civil. Luego se unirían a ellos don Severino de la Rosa “El Negro” (mandolina, laúd y bandurria) y don Fortunato Gómez “Nato” (laúd y violín).

     Hacia 1944 se fueron la mayoría de los fundadores a cumplir el servicio militar, por lo que la orquesta siguió actuando en ese período bajo la dirección de “Nato” y a ella se incorporaron dos hermanos de éste, don David Gómez (guitarra y laúd), don Dionisio Gómez «Niso» (bandurria y violín), don Julio Díaz “Yuyo” (laúd), don Bernardo Rodríguez “El Cojo Facundo” (guitarra) y don Silvio Gómez (guitarra). Al ser entonces cuatro de sus miembros hijos de doña Peregrina Cubas del Lomo de Montijo (Otero, Nato, David y Niso), la orquesta comenzó a ser conocida como “Los Peregrinos”, aunque luego sería conocida oficialmente como “La Alegría”…

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Güímar (sus bellezas y tradiciones) (1932), por Domingo Pérez Cáceres

Güímar-Iglesia San Pedro-fiestas     El artículo “Güímar”, englobado bajo el epígrafe “Güímar y Granadilla, sus bellezas y tradiciones”, se le encargó por el director de La Prensa, don Leoncio Rodríguez, al entonces párroco-arcipreste de Güímar, don Domingo Pérez Cáceres, para ser incluido en un suplemento de dicho periódico dedicado al Sur de Tenerife, publicado el 24 de enero de 1932. En este breve trabajo, de estructura sencilla y fácil lectura, el sacerdote güimarero destaca someramente el paisaje, la producción agrícola, la central Hidroeléctrica, los vinos, la vida parroquial y las fiestas. Al final, fiel a su origen y destino, pide el apoyo de las distintas administraciones, insulares y nacionales, a los abandonados pueblos del Sur. Que conozcamos, este artículo es el único trabajo salido de la pluma de don Domingo Pérez Cáceres dedicado exclusivamente a su municipio natal. No es un ensayo profundo sobre Güímar, pero en su lectura se vislumbra el conocimiento que su autor tenía de la realidad religiosa, económica y social de su pueblo, así como el sincero cariño que sentía por él y por sus paisanos.

  Su autor, don Domingo Pérez Cáceres (1892-1961), fue sucesivamente: coadjutor y cura ecónomo de Güímar, cura regente de La Matanza, coadjutor de Santa Cruz de Tenerife, párroco propio y arcipreste de Güímar, cura encargado de El Escobonal, deán de la Santa Iglesia Catedral de Tenerife, vicario general y capitular de la Diócesis, y VIII obispo de Tenerife. Al cesar como párroco de La Matanza fue nombrado Hijo Adoptivo de dicha localidad y se dio su nombre a la calle principal; ya deán, recibió el título de Hijo Predilecto de Güímar; y tras ser nombrado obispo, todos los ayuntamientos de la Diócesis lo nombraron Hijo Adoptivo y dieron su nombre a las calles más céntricas; simultáneamente, la Mancomunidad Interinsular de Cabildos acordó su nombramiento como Hijo Predilecto de la provincia. Su ardiente caridad, recogida como lema de su pontificado (“Parte tu pan con el pobre”), fue premiada por el Gobierno de la Nación con la Gran Cruz de Beneficencia con distintivo Morado y motivó que se le llamase el “Obispo de los Pobres”…

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El “Entierro de la Sardina” en El Escobonal (Güímar), una celebración festiva violentamente reprimida en 1950

Escobonal-1930 (Foto G. Díaz)     Todo ocurrió en el año 1950. Como era tradición en El Escobonal (Güímar) desde hacía muchos años, el miércoles de Ceniza era, después de la del patrono San José, la fiesta más importante de este pueblo. Ese día se daban cita jóvenes y mayores para olvidar por unas horas sus problemas cotidianos y la dura vida del campo, en estas tierras sedientas y ásperas del Sur. Sin embargo, en los últimos años el entorno social y político había cambiado, el “Nuevo Poder” dictatorial prohibía los Carnavales y el “Entierro de la Sardina”, la manifestación más genuina y pura de los mismos, iba desapareciendo paulatinamente de la geografía canaria.

     En ese año 1950, El Escobonal fue uno de los escasos pueblos de Tenerife que se atrevió a celebrar el “Entierro de la Sardina”, si no el único, debido al gran arraigo que tenía entre la población. Tampoco se limitó a una sola comitiva que recorriera las calles más céntricas, pues debido a la constitución geográfica de la localidad, su dispersión, su gran superficie,… cada zona o lomo principal preparó su propia “sardina”. De este modo, fueron cuatro los “entierros” que se dieron cita ese año en dicho pueblo; uno salió del Lomo de Mena con una sardina, propiamente dicha; otro salió de El Pino, con una figura humana yacente; otro del Lomo de Montijo, con un muñeco disfrazado de militar de pasadas épocas; y el último desde La Corujera, que fue el origen de los disturbios que ese Miércoles de Ceniza sacudieron a El Escobonal y que tuvieron eco en toda la isla …

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Güímar: Sor JESÚS MARÍA DE SAN JOSÉ ÁLVAREZ DE CASTRO (1774-1861), supriora y última religiosa agustina recoleta del Monasterio de San Andrés y Santa Mónica del Realejo Bajo

     Aunque a priori parezca que la vida de una humilde monja recoleta poco puede aportar a la historia de nuestros pueblos, si se lee con detenimiento la biografía de Sor Jesús María de San José Álvarez de Castro se puede comprobar que hay interesantes facetas de la historia canaria, sobre todo de la vida religiosa, que aún no son suficientemente conocidas. También se observará en esta sencilla biografía, como una profunda vocación puede mantener viva la ilusión y vencer las dificultades que se presentan durante toda una vida, por muy larga que esta sea.

    Esta entrañable monja profesó en el Monasterio de agustinas recoletas de San Andrés y Santa Mónica del Realejo Bajo, en el que transcurrió casi toda su vida y del que fue supriora. Incluso permaneció en él tras su supresión y la muerte de sus compañeras, sola en una celda a pesar de su ancianidad, compartiendo el edificio con el Ayuntamiento, la alhóndiga, la escuela y las cárceles públicas. Casi octogenaria y privándose de muchas cosas, sostenía el culto con su mísera pensión, mientras esperaba el milagro de la restauración del monasterio, que en una emotiva carta solicitó sin éxito a la Reina doña Isabel II, en 1852.

     Nuestra biografiada vino al mundo en Güímar el 17 de julio de 1774, siendo hija de don Nicolás Álvarez Pérez y doña Inés Rosalía de Castro Díaz. El 31 de ese mismo mes fue bautizada en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol por el presbítero don Agustín Antonio Núñez, con licencia del beneficiado servidor don José Benito Penedo; se le puso por nombre “María del Carmen Pantaleón” y actuó como madrina doña Juana Torres de Ledesma…

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Güímar: D. EULOGIO YANES GARCÍA (1911-1997), vocal de la Sociedad Cultural “El Porvenir” y de la Agrupación Socialista de El Escobonal, soldado condecorado, policía armado y barbero

    El recordado escobonalero al que dedicamos este artículo inició su vida pública a finales de la II República, al ser elegido vocal de la Sociedad Cultural “El Porvenir” de su pueblo natal y de la Agrupación Socialista Obrera de la misma localidad, de la que fue uno de sus fundadores. Con motivo de la Guerra Civil estuvo movilizado como soldado de Infantería, obteniendo tres condecoraciones por los méritos contraídos en el servicio. Acabada la contienda bélica ingresó en el cuerpo de Seguridad y Asalto, luego transformado en el de Policía Armada y de Tráfico, estando destinado en Madrid y Barcelona, donde prestó parte de sus servicios en la barbería del cuerpo. Una vez retirado se estableció en El Escobonal, donde ejerció como barbero durante muchos años.

     Nació en El Escobonal (Güímar) el 13 de marzo de 1911, siendo hijo de don Eulogio Yanes Díaz y doña María García y García. El 6 de abril inmediato fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por el cura ecónomo don Basilio Santiago y González; se le puso por nombre “Eulogio Leandro” y actuaron como padrinos don Aurelio Mujica Díaz y doña Agustina Marrero Díaz, siendo testigos don Francisco Díaz Rodríguez y don Juan Antonio Viera…

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Los inicios de la Banda de Música de Güímar, la más antigua del Sur de Tenerife

Banda de música     Durante muchos años, hasta mediados del siglo XIX, los actos religiosos y populares que se celebraban en Güímar con motivo de las Fiestas Patronales en honor de San Pedro Apóstol eran animados por la danza de las cintas de la localidad, así como por bandas de música foráneas, traídas desde Santa Cruz o La Laguna; un ejemplo de esta costumbre lo tenemos en el año 1848, en el que con motivo de dicha festividad los encabezados convidaron a la orquesta de Santa Cruz, dirigida por don Rafael Bethencourt. Pero la cosa cambió hace algo más de un siglo y medio.

     La primera referencia conocida de la banda de música de Güímar hasta hace poco tiempo, se remontaba a 1859 y fue incluida por José de Olivera en su diario Mi Album. Pero gracias a mi compañera María Victoria Hernández, cronista oficial de Los Llanos de Aridane, en 2009 accedí a una cita cinco años más antigua, de 1854, y luego descubrí otra que remonta a esta agrupación por lo menos al año anterior.

     La banda u orquesta de aficionados de Güímar se creó probablemente en 1853, año en el que ya estaba perfectamente organizada y daba realce a los principales actos oficiales y solemnidades religiosas de la localidad. Pero pronto estuvo a punto de desorganizarse al sufrir su primera crisis, que ya había superado en enero de 1854, tal como informó El Noticioso de Canarias el 7 de de dicho mes, al publicar la carta enviada por su corresponsal de Güímar, quien daba cuenta de varios temas, entre los que figuraba la problemática de dicha banda: “La orquesta de aficionados que se creó en este pueblo, y que por varias causas estuvo para desorganizarse, vuelve á animarse otra vez y esperamos tener la satisfacción de verla de nuevo ordenada, y proporcionar á este pueblo ratos de agradable solaz, concurriendo al lucimiento de sus solemnidades civiles y religiosas”.

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La afición al baile en El Escobonal (Güímar) y los primeros músicos de este pueblo

Escobonal-Baile plaza-1    El pueblo de El Escobonal se ha caracterizado desde siempre por su alegría, pues sus habitantes poseen un espíritu inquieto y festivo, que aprovecha cualquier oportunidad para evadirse de la rutina de sus ocupaciones y estrechar la comunicación social y los lazos de amistad vecinal. De esta manera, siempre se han aprovechado las fiestas del Patrono San José, que se vienen celebrando desde 1755, para realizar, al margen de los tradicionales actos religiosos (misa y procesión), otros populares y recreativos, que hasta hace un par de décadas consistían casi exclusivamente en competiciones deportivas (sobre todo lucha canaria y corrida de sortijas), algunas representaciones teatrales a cargo de jóvenes del pueblo y, sobre todo, bailes, tanto el sábado como el domingo y a distintas horas del día (mañana, tarde y noche), a veces especificándose que eran bailes regionales y que eran amenizados por pianolas, orquestas o músicos de la propia banda invitada a los festejos, los cuales se celebraban tanto en salones particulares como en los casinos del pueblo, además de verbenas en la propia plaza, sobre todo a partir de los años cuarenta.

     Además, desde principios de siglo se venían celebrando bailes en algunas casas particulares durante los fines de semana. Tal es así, que el pueblo llegó a ser famoso “por lo que en él se bailaba”, como afirmaba el obispo Fray Albino González. En el siglo XIX y en las primeras décadas del XX dichos bailes eran amenizados por parrandas o grupos de cuerda y, la mayoría de las veces, por uno, dos o tres músicos que, tan solo por divertirse o por un vaso de vino, tocaban sus guitarras, bandurrias, timples o laúdes, instrumentos de los que se desprendía un amplio repertorio de música folclórica canaria…

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Güímar: Don Miguel Reyes Bethencourt (1931-2008), comerciante, subdirector de la Banda de Música de Güímar, voz solista de los “Amigos del Arte” y Medalla de Bronce de Güímar

     Conocido comerciante en su ciudad natal, fue propietario de una popular tienda de comestibles y luego de un supermercado. Pero, sobre todo, destacó en la faceta musical como trompetista y tenor. Perteneció a dos orquestas y a la Banda de Música de Güímar, a ésta durante 55 años, 24 de ellos como subdirector; también destacó como voz solista de la Agrupación vocal e instrumental “Amigos del Arte”, de la que formó parte durante más de medio siglo, y componente de “Los Fregolinos” durante dos años. Además, a lo largo de toda su vida fue un profundo devoto de la Virgen del Socorro, lo que mereció la concesión de dos Guanches de Plata y la Medalla de la Virgen. Al final de su vida fue distinguido con el primer Pentagrama de Honor del Coro “Miguel Castillo”, el Premio “Herold Domingo Díaz Martín” de la Agrupación “Amigos del Arte” y la Medalla de Bronce de Güímar, concedida por el Ayuntamiento de dicha ciudad. Tras su muerte, se dio su nombre a la Banda Juvenil de este municipio

       Don Miguel Reyes Bethencourt, “Miguelito” para sus amigos, nació en la casa familiar de la Plaza de San Pedro de Güímar el 29 de septiembre de 1931, a las cuatro de la madrugada, siendo hijo de don Andrés Reyes Ledesma y doña Carmen Bethencourt Pérez. El 20 de noviembre de ese mismo año fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por don Domingo Pérez Cáceres, por entonces beneficiado propio de dicha parroquia y arcipreste del partido, y actuaron como padrinos don Miguel Cuesta y doña Carlota Martín.

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Güímar: Don Fortunato Gómez Cubas (1926-2002), minero, cantero, agricultor, emigrante, músico de orquestas, folclorista, director musical y compositor

     El presente artículo está dedicado a un entrañable escobonalero, don Fortunato Gómez Cubas, un hombre sencillo, a quien tuve la fortuna de conocer y tratar personalmente. En su juventud trabajó en una galería de agua, en una cantera y en la agricultura, aunque fue esta última la que marcó casi toda su vida. Además, como otros muchos canarios de su época, buscó mejorar su fortuna en el extranjero, habiendo emigrado en una ocasión a Brasil, en dos a Venezuela y en otra a Holanda. Pero, sobre todo, destacó como músico autodidacta, llegando a dominar la guitarra, el laúd, el violín y el acordeón, aunque también cantaba. Perteneció a las orquestas “La Alegría” y “Ritmo del Sur” de El Escobonal, así como a varias agrupaciones folclóricas: la Rondalla “El Escobonal”, “Los Cinco de Agache”, la Rondalla del Club de la Tercera Edad de Güímar, la Rondalla de África Alonso y la Agrupación Musical “Antón Guanche” de Candelaria, de la que fue director. Asimismo, destacó como compositor de numerosas canciones canarias populares.

     Nuestro biografiado nació en El Escobonal el 14 de diciembre de 1926, siendo hijo de don Carlos Gómez Rodríguez y doña Peregrina Cubas Castro. Fue bautizado en la parroquia de San Joaquín de Fasnia por el cura párroco don Celso González Tejera, encargado por entonces de la iglesia de San José. Siempre fue conocido en su pueblo natal como “Nato”…

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