Güímar: D. JUAN CASTRO GONZÁLEZ (1850-1923), labrador, artillero miliciano, cabo 1º de Milicias, comandante del Puesto de la Guardia Provincial de Fuerteventura, subdelegado de Marina condecorado y agente ejecutivo de recaudación de dicha isla, socio fundador de la Cruz Roja, concejal síndico y alcalde accidental de Puerto de Cabras, actor aficionado y comerciante en Las Palmas de Gran Canaria

     La comarca de Agache se ha caracterizado siempre por la emigración de sus habitantes, tanto dentro de la isla como fuera de ella, a distintos países de América, Europa y África o a otras islas del archipiélago. Este fue el caso del personaje al que dedicamos el presente artículo, quien tras ingresar en las Milicias Canarias prestó sus servicios como artillero miliciano en la Batería de Santiago de Candelaria, pasando luego como sustituto al Batallón Provisional de Canarias, destacado en Santa Cruz de Tenerife, en el que ascendió a cabo 2º y cabo 1º de Milicias. Al crearse la Compañía de Guardia Provincial, se enroló en ella como voluntario y fue destinado a Fuerteventura como cabo 1º comandante del Puesto de la Guardia Provincial en dicha isla. En ésta contrajo matrimonio y, tras su retiro, vivió durante muchos años en Puerto de Cabras, desempeñando cargos de relieve, como los de vocal de la Junta Municipal de Asociados, secretario escrutador de mesa electoral, agente ejecutivo de recaudación en Fuerteventura, socio fundador de la Cruz Roja local, jurado judicial y concejal del Ayuntamiento durante 18 años, en tres etapas, en los que ejerció como concejal síndico, teniente de alcalde y alcalde accidental. Además, por lo menos durante 17 años desempeñó gratuitamente el importante cargo de subdelegado de Marina de Fuerteventura, en el que fue condecorado con la Cruz de primera clase de la Orden del Mérito Naval. También destacó como actor aficionado, junto a sus hijos, que además lo hicieron en el canto. Al final de su vida se trasladó como comerciante a Las Palmas de Gran Canaria, donde falleció y dejó descendencia.

     Nuestro biografiado nació en el pago de El Escobonal (Güímar) el 5 de octubre de 1850, siendo hijo de don Juan de Castro Díaz y doña Juana González Pérez. Tres días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por don Agustín Díaz Núñez, Doctor en Sagrada Teología, examinador sinodal, beneficiado curado propio y vicario juez eclesiástico de dicho pueblo y su partido, y actuó como padrino don Juan Modesto Díaz, de la misma vecindad…

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Güímar: Fray ROBERTO GONZÁLEZ (1773-1847), sacerdote, predicador general y presentado dominico, comisario, secretario y notario de la Hermandad del Rosario, cura servidor de Fasnia, sochantre de la parroquia de San Pedro, último prior del convento de Güímar y primer maestro de su escuela pública

     En los casi dos siglos de existencia del convento dominico de Güímar muchos fueron los religiosos que en él se formaron, que vivieron en sus celdas y que en ellas fallecieron. Un alto porcentaje de los mismos habían nacido en la propia localidad, ocupando desde el humilde puesto de fraile lego hasta el de prior del monasterio e incluso, en algún caso, el de prior provincial de la Orden de Predicadores.

   Uno de estos hombres fue fray Roberto González, quien permaneció durante la mayor parte de su vida unido al histórico edificio religioso. Ordenado de sacerdote fue nombrado cura servidor de Fasnia, cargo que desempeñó durante seis meses, aunque continuó vinculado a dicha parroquia durante un año, para reintegrarse luego a su convento, en el que ocuparía sucesivamente los cargos de director del Santísimo, comisario administrador del ingreso y gasto del trigo y de la cera, suprior, depositario, prior y presidente; por entonces recibió el título de predicador general. Tras la primera desamortización de 1821 solicitó la secularización, desempeñando a partir de ese momento los cargos de secretario de la Confraternidad del Santísimo Rosario, instalada en la capilla del ex-convento, y sochantre de la parroquia matriz de San Pedro Apóstol. Una vez vueltas las cosas a su anterior estado, fray Roberto reasumió su hábito y grado, siendo nombrado presidente y luego prior de su antiguo convento; se le concedió el título de presentado y el de maestro de la escuela de niños instalada en el propio edificio. Al llegar la desamortización definitiva de 1835, fray Roberto, que ya había quedado sólo en su convento, se secularizó y fue adscrito a la parroquia de San Pedro, con la que siempre había colaborado; volvió a desempeñar durante algún tiempo la escuela pública y a ocupar el cargo de secretario de la Confraternidad del Rosario. Fue por tanto el último fraile y prior del convento dominico, así como el primer maestro de la escuela pública de Güímar

     Nuestro biografiado nació en Chacaica (Güímar) el 26 de marzo de 1773, siendo hijo de don Cristóbal González Jorge, natural del pago de la Zarza (Fasnia, por entonces jurisdicción de Arico), y doña Antonia López Tejera, que lo era del propio Güímar, donde ambos estaban avecindados. El 2 de abril inmediato fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol por el beneficiado don José Fernández Camillón; se le puso por nombre “Roberto Antonio Martín” y actuó como padrino don Juan Martín Lobo, natural de Castilla La Vieja y sargento del Regimiento de Milicias de Güímar…

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Arico-Güímar: Don José Bernardo Carrillo (1760-1822), sacristán, colector, bolsero, cura servidor, notario público y teniente de beneficiado de Güímar, y cura encargado de Arafo

Arico-iglesia     Numerosos han sido los sacerdotes que hemos ido dando a conocer en este blog, algunos de los cuales llegaron a ocupar puestos de relieve dentro del clero tinerfeño, mientras que otros fueron más modestos, menos conocidos, ganándose exclusivamente el aprecio de los feligreses de las distintas parroquias que regentaron a lo largo de su vida. Los hubieron que nunca llegaron a estar al frente de una iglesia parroquial, sino que se limitaron a desempeñar cargos secunda­rios en los templos e, incluso, fueron numerosos los que no llegaron a salir en toda su existencia de los pueblos donde habían nacido; sin embargo, no por ello fueron menos queridos por cuantos tuvieron la dicha de conocerles, ni su labor ministerial fue por dicha causa menos brillante y fructífera.

     El presbítero que hoy nos ocupa, don José Bernardo Carrillo, se pareció más a los últimos que a los primeros. Su vida transcu­rrió en el Sureste de Tenerife; nació en Arico y de corta edad se estableció en Güímar, localidad donde desarrolló casi toda su labor parroquial: sacristán, colector, bolsero, cura servidor, notario público eclesiástico y teniente de beneficiado. Realizó algunas cortas escapadas a Fasnia y a su Arico natal, con el fin de celebrar algunos sacramentos, y al final de su vida regentó durante dos años, como cura encargado, la parroquia de San Juan Degollado de Arafo, destino en el que le sorprendió la muerte.

     Nuestro biografiado nació en Arico el 8 de enero de 1760, siendo hijo de don Pedro Lorenzo Carrillo y doña Catalina Lorenzo González de Vera (conocida por Catalina Gaspar), naturales y vecinos de dicho lugar. Tres días después fue bautizado en la iglesia de San Juan Bautista por don José Nicolás Vallada­res, cura propio de la misma; se le puso por nombre “José Bernardo” y actuó como padrino el presbítero don Andrés Francisco de la Cámara, capellán de la ermita de El Río…

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Artículo-JOSÉ BERNARDO CARRILLO

La Orquesta “Los Peregrinos” o “La Alegría” de El Escobonal –Güímar– (1939-1955)

Escobonal-orquesta-LaAlegría    A finales de la II República, un grupo de jóvenes de El Escobonal de Arriba se entusiasmaron con la música y comenzaron a comprar instrumentos a antiguos aficionados de la localidad. Se iniciaron en los conocimientos musicales libremente, asistiendo a los ensayos de las dos orquestas de cuerda que existían por entonces en el pueblo, la Orquesta “El Escobonal”, dirigida por don Joaquín Rodríguez, y la de El Barranco (Sexteto “Apolo”), que dirigía don Tomás de la Rosa. Su principal impulsor fue don Octavio Rodríguez Díaz, quien con tan sólo 14 años ya había construido tres violines. Una vez adquiridos los conocimientos básicos, hacia 1939 dichos jóvenes se agruparon en una orquesta de cuerda, que quedó compuesta por los siguientes miembros: don Otero Gómez (laúd y bandurria), don Faustino García “Tinerfe” (guitarra), don Rafael Leandro “Felo” (guitarra), don Mario Gómez (laúd), don Miguel “El de Solís” (laúd) y don Octavio Rodríguez (violín), quienes comenzaron a actuar en público después de la Guerra Civil. Luego se unirían a ellos don Severino de la Rosa “El Negro” (mandolina, laúd y bandurria) y don Fortunato Gómez “Nato” (laúd y violín).

     Hacia 1944 se fueron la mayoría de los fundadores a cumplir el servicio militar, por lo que la orquesta siguió actuando en ese período bajo la dirección de “Nato” y a ella se incorporaron dos hermanos de éste, don David Gómez (guitarra y laúd), don Dionisio Gómez «Niso» (bandurria y violín), don Julio Díaz “Yuyo” (laúd), don Bernardo Rodríguez “El Cojo Facundo” (guitarra) y don Silvio Gómez (guitarra). Al ser entonces cuatro de sus miembros hijos de doña Peregrina Cubas del Lomo de Montijo (Otero, Nato, David y Niso), la orquesta comenzó a ser conocida como “Los Peregrinos”, aunque luego sería conocida oficialmente como “La Alegría”…

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Güímar (sus bellezas y tradiciones) (1932), por Domingo Pérez Cáceres

Güímar-Iglesia San Pedro-fiestas     El artículo “Güímar”, englobado bajo el epígrafe “Güímar y Granadilla, sus bellezas y tradiciones”, se le encargó por el director de La Prensa, don Leoncio Rodríguez, al entonces párroco-arcipreste de Güímar, don Domingo Pérez Cáceres, para ser incluido en un suplemento de dicho periódico dedicado al Sur de Tenerife, publicado el 24 de enero de 1932. En este breve trabajo, de estructura sencilla y fácil lectura, el sacerdote güimarero destaca someramente el paisaje, la producción agrícola, la central Hidroeléctrica, los vinos, la vida parroquial y las fiestas. Al final, fiel a su origen y destino, pide el apoyo de las distintas administraciones, insulares y nacionales, a los abandonados pueblos del Sur. Que conozcamos, este artículo es el único trabajo salido de la pluma de don Domingo Pérez Cáceres dedicado exclusivamente a su municipio natal. No es un ensayo profundo sobre Güímar, pero en su lectura se vislumbra el conocimiento que su autor tenía de la realidad religiosa, económica y social de su pueblo, así como el sincero cariño que sentía por él y por sus paisanos.

  Su autor, don Domingo Pérez Cáceres (1892-1961), fue sucesivamente: coadjutor y cura ecónomo de Güímar, cura regente de La Matanza, coadjutor de Santa Cruz de Tenerife, párroco propio y arcipreste de Güímar, cura encargado de El Escobonal, deán de la Santa Iglesia Catedral de Tenerife, vicario general y capitular de la Diócesis, y VIII obispo de Tenerife. Al cesar como párroco de La Matanza fue nombrado Hijo Adoptivo de dicha localidad y se dio su nombre a la calle principal; ya deán, recibió el título de Hijo Predilecto de Güímar; y tras ser nombrado obispo, todos los ayuntamientos de la Diócesis lo nombraron Hijo Adoptivo y dieron su nombre a las calles más céntricas; simultáneamente, la Mancomunidad Interinsular de Cabildos acordó su nombramiento como Hijo Predilecto de la provincia. Su ardiente caridad, recogida como lema de su pontificado (“Parte tu pan con el pobre”), fue premiada por el Gobierno de la Nación con la Gran Cruz de Beneficencia con distintivo Morado y motivó que se le llamase el “Obispo de los Pobres”…

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El “Entierro de la Sardina” en El Escobonal (Güímar), una celebración festiva violentamente reprimida en 1950

Escobonal-1930 (Foto G. Díaz)     Todo ocurrió en el año 1950. Como era tradición en El Escobonal (Güímar) desde hacía muchos años, el miércoles de Ceniza era, después de la del patrono San José, la fiesta más importante de este pueblo. Ese día se daban cita jóvenes y mayores para olvidar por unas horas sus problemas cotidianos y la dura vida del campo, en estas tierras sedientas y ásperas del Sur. Sin embargo, en los últimos años el entorno social y político había cambiado, el “Nuevo Poder” dictatorial prohibía los Carnavales y el “Entierro de la Sardina”, la manifestación más genuina y pura de los mismos, iba desapareciendo paulatinamente de la geografía canaria.

     En ese año 1950, El Escobonal fue uno de los escasos pueblos de Tenerife que se atrevió a celebrar el “Entierro de la Sardina”, si no el único, debido al gran arraigo que tenía entre la población. Tampoco se limitó a una sola comitiva que recorriera las calles más céntricas, pues debido a la constitución geográfica de la localidad, su dispersión, su gran superficie,… cada zona o lomo principal preparó su propia “sardina”. De este modo, fueron cuatro los “entierros” que se dieron cita ese año en dicho pueblo; uno salió del Lomo de Mena con una sardina, propiamente dicha; otro salió de El Pino, con una figura humana yacente; otro del Lomo de Montijo, con un muñeco disfrazado de militar de pasadas épocas; y el último desde La Corujera, que fue el origen de los disturbios que ese Miércoles de Ceniza sacudieron a El Escobonal y que tuvieron eco en toda la isla …

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Güímar: Sor JESÚS MARÍA DE SAN JOSÉ ÁLVAREZ DE CASTRO (1774-1861), supriora y última religiosa agustina recoleta del Monasterio de San Andrés y Santa Mónica del Realejo Bajo

     Aunque a priori parezca que la vida de una humilde monja recoleta poco puede aportar a la historia de nuestros pueblos, si se lee con detenimiento la biografía de Sor Jesús María de San José Álvarez de Castro se puede comprobar que hay interesantes facetas de la historia canaria, sobre todo de la vida religiosa, que aún no son suficientemente conocidas. También se observará en esta sencilla biografía, como una profunda vocación puede mantener viva la ilusión y vencer las dificultades que se presentan durante toda una vida, por muy larga que esta sea.

    Esta entrañable monja profesó en el Monasterio de agustinas recoletas de San Andrés y Santa Mónica del Realejo Bajo, en el que transcurrió casi toda su vida y del que fue supriora. Incluso permaneció en él tras su supresión y la muerte de sus compañeras, sola en una celda a pesar de su ancianidad, compartiendo el edificio con el Ayuntamiento, la alhóndiga, la escuela y las cárceles públicas. Casi octogenaria y privándose de muchas cosas, sostenía el culto con su mísera pensión, mientras esperaba el milagro de la restauración del monasterio, que en una emotiva carta solicitó sin éxito a la Reina doña Isabel II, en 1852.

     Nuestra biografiada vino al mundo en Güímar el 17 de julio de 1774, siendo hija de don Nicolás Álvarez Pérez y doña Inés Rosalía de Castro Díaz. El 31 de ese mismo mes fue bautizada en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol por el presbítero don Agustín Antonio Núñez, con licencia del beneficiado servidor don José Benito Penedo; se le puso por nombre “María del Carmen Pantaleón” y actuó como madrina doña Juana Torres de Ledesma…

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Güímar: D. EULOGIO YANES GARCÍA (1911-1997), vocal de la Sociedad Cultural “El Porvenir” y de la Agrupación Socialista de El Escobonal, soldado condecorado, policía armado y barbero

    El recordado escobonalero al que dedicamos este artículo inició su vida pública a finales de la II República, al ser elegido vocal de la Sociedad Cultural “El Porvenir” de su pueblo natal y de la Agrupación Socialista Obrera de la misma localidad, de la que fue uno de sus fundadores. Con motivo de la Guerra Civil estuvo movilizado como soldado de Infantería, obteniendo tres condecoraciones por los méritos contraídos en el servicio. Acabada la contienda bélica ingresó en el cuerpo de Seguridad y Asalto, luego transformado en el de Policía Armada y de Tráfico, estando destinado en Madrid y Barcelona, donde prestó parte de sus servicios en la barbería del cuerpo. Una vez retirado se estableció en El Escobonal, donde ejerció como barbero durante muchos años.

     Nació en El Escobonal (Güímar) el 13 de marzo de 1911, siendo hijo de don Eulogio Yanes Díaz y doña María García y García. El 6 de abril inmediato fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por el cura ecónomo don Basilio Santiago y González; se le puso por nombre “Eulogio Leandro” y actuaron como padrinos don Aurelio Mujica Díaz y doña Agustina Marrero Díaz, siendo testigos don Francisco Díaz Rodríguez y don Juan Antonio Viera…

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Los inicios de la Banda de Música de Güímar, la más antigua del Sur de Tenerife

Banda de música     Durante muchos años, hasta mediados del siglo XIX, los actos religiosos y populares que se celebraban en Güímar con motivo de las Fiestas Patronales en honor de San Pedro Apóstol eran animados por la danza de las cintas de la localidad, así como por bandas de música foráneas, traídas desde Santa Cruz o La Laguna; un ejemplo de esta costumbre lo tenemos en el año 1848, en el que con motivo de dicha festividad los encabezados convidaron a la orquesta de Santa Cruz, dirigida por don Rafael Bethencourt. Pero la cosa cambió hace algo más de un siglo y medio.

     La primera referencia conocida de la banda de música de Güímar hasta hace poco tiempo, se remontaba a 1859 y fue incluida por José de Olivera en su diario Mi Album. Pero gracias a mi compañera María Victoria Hernández, cronista oficial de Los Llanos de Aridane, en 2009 accedí a una cita cinco años más antigua, de 1854, y luego descubrí otra que remonta a esta agrupación por lo menos al año anterior.

     La banda u orquesta de aficionados de Güímar se creó probablemente en 1853, año en el que ya estaba perfectamente organizada y daba realce a los principales actos oficiales y solemnidades religiosas de la localidad. Pero pronto estuvo a punto de desorganizarse al sufrir su primera crisis, que ya había superado en enero de 1854, tal como informó El Noticioso de Canarias el 7 de de dicho mes, al publicar la carta enviada por su corresponsal de Güímar, quien daba cuenta de varios temas, entre los que figuraba la problemática de dicha banda: “La orquesta de aficionados que se creó en este pueblo, y que por varias causas estuvo para desorganizarse, vuelve á animarse otra vez y esperamos tener la satisfacción de verla de nuevo ordenada, y proporcionar á este pueblo ratos de agradable solaz, concurriendo al lucimiento de sus solemnidades civiles y religiosas”.

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La afición al baile en El Escobonal (Güímar) y los primeros músicos de este pueblo

Escobonal-Baile plaza-1    El pueblo de El Escobonal se ha caracterizado desde siempre por su alegría, pues sus habitantes poseen un espíritu inquieto y festivo, que aprovecha cualquier oportunidad para evadirse de la rutina de sus ocupaciones y estrechar la comunicación social y los lazos de amistad vecinal. De esta manera, siempre se han aprovechado las fiestas del Patrono San José, que se vienen celebrando desde 1755, para realizar, al margen de los tradicionales actos religiosos (misa y procesión), otros populares y recreativos, que hasta hace un par de décadas consistían casi exclusivamente en competiciones deportivas (sobre todo lucha canaria y corrida de sortijas), algunas representaciones teatrales a cargo de jóvenes del pueblo y, sobre todo, bailes, tanto el sábado como el domingo y a distintas horas del día (mañana, tarde y noche), a veces especificándose que eran bailes regionales y que eran amenizados por pianolas, orquestas o músicos de la propia banda invitada a los festejos, los cuales se celebraban tanto en salones particulares como en los casinos del pueblo, además de verbenas en la propia plaza, sobre todo a partir de los años cuarenta.

     Además, desde principios de siglo se venían celebrando bailes en algunas casas particulares durante los fines de semana. Tal es así, que el pueblo llegó a ser famoso “por lo que en él se bailaba”, como afirmaba el obispo Fray Albino González. En el siglo XIX y en las primeras décadas del XX dichos bailes eran amenizados por parrandas o grupos de cuerda y, la mayoría de las veces, por uno, dos o tres músicos que, tan solo por divertirse o por un vaso de vino, tocaban sus guitarras, bandurrias, timples o laúdes, instrumentos de los que se desprendía un amplio repertorio de música folclórica canaria…

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