La afición al baile en El Escobonal (Güímar) y los primeros músicos de este pueblo

Escobonal-Baile plaza-1    El pueblo de El Escobonal se ha caracterizado desde siempre por su alegría, pues sus habitantes poseen un espíritu inquieto y festivo, que aprovecha cualquier oportunidad para evadirse de la rutina de sus ocupaciones y estrechar la comunicación social y los lazos de amistad vecinal. De esta manera, siempre se han aprovechado las fiestas del Patrono San José, que se vienen celebrando desde 1755, para realizar, al margen de los tradicionales actos religiosos (misa y procesión), otros populares y recreativos, que hasta hace un par de décadas consistían casi exclusivamente en competiciones deportivas (sobre todo lucha canaria y corrida de sortijas), algunas representaciones teatrales a cargo de jóvenes del pueblo y, sobre todo, bailes, tanto el sábado como el domingo y a distintas horas del día (mañana, tarde y noche), a veces especificándose que eran bailes regionales y que eran amenizados por pianolas, orquestas o músicos de la propia banda invitada a los festejos, los cuales se celebraban tanto en salones particulares como en los casinos del pueblo, además de verbenas en la propia plaza, sobre todo a partir de los años cuarenta.

     Además, desde principios de siglo se venían celebrando bailes en algunas casas particulares durante los fines de semana. Tal es así, que el pueblo llegó a ser famoso “por lo que en él se bailaba”, como afirmaba el obispo Fray Albino González. En el siglo XIX y en las primeras décadas del XX dichos bailes eran amenizados por parrandas o grupos de cuerda y, la mayoría de las veces, por uno, dos o tres músicos que, tan solo por divertirse o por un vaso de vino, tocaban sus guitarras, bandurrias, timples o laúdes, instrumentos de los que se desprendía un amplio repertorio de música folclórica canaria…

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5 comentarios en “La afición al baile en El Escobonal (Güímar) y los primeros músicos de este pueblo

    • No me extraña Arturo, todo aquel que conoce en profundidad esta tierra tan singular del Sureste de Tenerife termina cogiéndole mucho cariño y, sin duda, lo pasa bien en ella. Saludos cordiales.

  1. Don Octavio, ahora me explico yo esa habilidad sandunguera suya, cada vez que suenan los compaces de una cumbia o pasodoble. Así cualquiera, usted lo ha mamado en el terruño, donde se adquieren las cosas que imprimen carácter y que jamás se olvidan.
    Ahora, por mor del socavón de Las Vueltas, me lo imagino bailando agarrado a las muletas, como si de una grácil señorita (o señora) se tratara. Tenga cuidado con los traspiés.
    Realmente, su producción es inagotable, y no por ello menos interesante. Con razón «doña Rosario» (a la que usted afectuosamente llama Charito) no para de jalearle.

    • Sí Pedro, la atracción por la música me viene desde la cuna, pues no en vano durante más de una década una orquesta de baile ensayó en mi casa. Pero a pesar de ello y del pueblo en el que nací, no he sido músico, a diferencia de mi padre y mi hermano, pero sí me atraen mucho las verbenas de pueblo, aunque ahora lo tengo difícil hasta que me recupere.
      El parón obligado al que estoy sometido me ha permitido programar los artículos de todo este año que está comenzando, aunque los iré puliendo a medida que su publicación se acerque, tanto los del blog como los de revistas y programas de fiesta.
      Charito es una joven maestra, paisana mía, que ahora forma parte del equipo directivo del Colegio Agache, donde realiza una excelente labor, a pesar de lo cual aún le queda tiempo para leer algunos de mis artículos.
      Saludos compañero.

  2. Las chicas del pueblo donde único podíamos conocer chicos (pues la férrea guerra que tenían las madres contra algo que pusiera en riesgo la virtud de sus hijas), era en los bailes, sobre todo los de el cine de Cheo, allí conocí a mi marido. ¡Qué tiempos!

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