Candelaria: Don Pedro Rodríguez del Castillo (1773-1840), teniente de Milicias, comandante de armas, alcalde en dos ocasiones e interventor del Pósito de Candelaria

Foto 2A-Vista Igueste     Aunque sólo alcanzó el modesto empleo de teniente de Milicias, éste fue suficiente para que don Pedro Rodríguez del Castillo poseyese la mayor graduación militar del municipio de Candelaria en su época, por lo que desempeñó la Comandancia de Armas de la jurisdicción. Hijo de subteniente, también pasará a la historia local como el militar más prestigioso nacido en Igueste en los siglos XVIII y XIX. Al margen de su actividad castrense, ocupó la Alcaldía de Candelaria en dos ocasiones, una como alcalde constitucional y otra como alcalde real; además, fue interventor del Pósito de dicho término, así como un honrado y próspero propietario agrícola.

     Nuestro biografiado nació en el entonces pago de Igueste el día 22 de abril de 1773, siendo hijo de don Agustín Rodríguez del Castillo y doña Rosalía Ramos del Castillo. El 29 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa Ana de Candelaria por el teniente de beneficiado fray Tomás Núñez, predicador general de la Orden de Predicadores; se le puso por nombre “Pedro” y actuó como padrino su tío paterno don Andrés Rodríguez del Castillo.

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Artículo-PEDRO RODRÍGUEZ DEL CASTILLO

El antiguo “Cementerio del Pino” en Arafo (1839-1924) y los serios conflictos que ocasionó entre la Parroquia y el Ayuntamiento

     Durante 298 años, todos los fallecidos en la jurisdicción de Arafo recibieron sepultura en los templos de Candelaria: primero en la Cueva de San Blas, desde 1497 hasta 1580, y luego en la iglesia de Santa Ana, desde ese último año hasta 1795. No obstante, algunos vecinos recibieron sepultura en la ermita de San Juan de Güímar y a partir de 1608 en la nueva iglesia de San Pedro Apóstol de esa misma localidad, sobre todo después de que en 1630 la parroquia comarcal pasase a este último templo.

   A pesar de que por una Real Orden de Carlos III, fechada en 1787, se prohibía el entierro de cadáveres en las iglesias por motivo de salubridad, esa disposición estuvo sin aplicarse en Arafo durante más de medio siglo, pues los araferos continuaron sepultándose en la iglesia de Santa Ana de Candelaria y luego, durante 43 años y medio, todos los fallecidos en Arafo (más de 600) fueron enterrados en la iglesia de San Juan Degollado, desde la elevación de ésta a parroquia en 1795 hasta la construcción del viejo cementerio en 1839. Ocasionalmente, también se dedicó a este uso la antigua sacristía, en la que el 28 de octubre de 1810 se enterró a don Pedro Quiroga, natural de Galicia.

    La edificación de un camposanto se mantuvo como una de las principales necesidades de Arafo a lo largo del primer tercio del siglo XIX. Por ello, en 1833 el alcalde don Vicente Tomás Marrero dirigió un memorial al corregidor de la isla, exponiendo la urgencia de destinar una asignación para la expresada fábrica. El Ayuntamiento volvió a tratar de este asunto el 20 de marzo de 1836, cuando dispuso que los vecinos debían aportar materiales para su construcción, conforme a las posibilidades de cada uno, castigándoseles con multas a aquellos que no cumplieran con ese deber. Se eligió para su ubicación un lugar situado en las afueras del pueblo, al lado del antiguo Pino del Calvario y los terrenos fueron cedidos por don José González. De este modo, casi medio siglo después de la creación de la parroquia, en 1838 comenzó la construcción del primer cementerio de este pueblo…

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Arico: Don Diego Perdomo Amaral (1855-1895), maestro propietario de El Río de Arico, secretario acompañado del Juzgado Municipal e interventor electoral

Arico-El Lomo-6      Nuestro biografiado solo regentó una escuela pública, la incompleta de niños de El Río de Arico, haciéndolo en propiedad durante 14 años, hasta su prematura muerte. Pero en ese tiempo, fue uno de los ejemplos más representativos en el Sur de la isla de aquella vieja expresión: “Pasas más hambre que un maestro de escuela”, pues llegó a acumular una deuda de 63 meses de sueldo por parte del Ayuntamiento de Arico, lo que le hizo dirigir una conmovedora instancia al gobernador civil de la provincia, en la que le exponía que ya no podía mantener a su esposa y a sus hijos que, literalmente, se morían de hambre (lamentablemente, tres de ellos tendrían una vida corta, por distintos motivos). Además, ejerció como testigo y secretario acompañado del Juzgado Municipal de Arico y como interventor electoral en las elecciones para diputados a Cortes.

      Nació en El Lomo de Arico el 19 de mayo de 1855, siendo hijo de don Juan Perdomo Sosa y doña María Amaral Pérez. Seis días después fue bautizado en la iglesia de San Juan Bautista por el presbítero don Domingo González Morales, con licencia del párroco don Antonio Martín Bautista; se le puso por nombre “Diego José del Sacramento” y actuó como madrina doña Petronila Vega, natural del pueblo de Artenara en Gran Canaria…

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Artículo-DIEGO PERDOMO AMARAL

Adeje: Don Eulogio Gutiérrez y Estévez (1851-1917), cura ecónomo de El Tanque, servidor de San Pedro de Daute, párroco en Venezuela y beneficiado propio de la Villa de Adeje

Adeje-iglesia-Santa Úrsula      En este artículo queremos recordar a uno de los beneficiados de Adeje que, a pesar de no haber nacido en esta Villa, figuró entre los seis de más larga estancia en la localidad, don Eulogio Gutiérrez Estévez. Primero había sido cura ecónomo de El Tanque durante nueve años, uno de los cuales lo simultaneó como servidor de la parroquia de San Pedro de Daute. Luego pasó a Venezuela, donde fue titular de la importante parroquia de Ntra. Sra. de la Candelaria de Caracas, así como de otra en un pueblo limítrofe. A su regreso fue nombrado párroco de la Villa de Adeje, donde desarrolló su labor pastoral durante 17 años, hasta su fallecimiento, tras haberla obtenido en propiedad.

       Nuestro biografiado nació en Icod de los Vinos el 10 de marzo de 1851, siendo hijo de don Antonio Gutiérrez Ramos y doña María Estévez y Alfonso, naturales de dicha localidad. Tres días después fue bautizado por el presbítero don Miguel Peña, con licencia del beneficiado curado servidor don Antonio Machado, Br. en Filosofía y Sagrada Teología; se le puso por nombre “Eulogio Vicente Nicolás de Gracia”, y actuó como padrino su tío don Vicente Ramos, teniente de beneficiado.

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Artículo-EULOGIO GUTIÉRREZ ESTÉVEZ

Los estrechos vínculos humanos entre Arafo y Güímar

Valle de Güímar-3    La Villa de Arafo, situada al centro del Valle, ha mantenido estrechos vínculos históricos, económicos y sociales con los dos pueblos vecinos, Candelaria y Güímar, que la llevaron a organizar en varias ocasiones, a partir de 1930, la recordada “Fiesta del Valle”. En 1996 el Ayuntamiento de Arafo reeditó dicho hermanamiento en el transcurso de las Fiestas Patronales, con el deseo de que estos actos no se limitasen a un encuentro folclórico y festivo, sino que constituyesen el primer paso de una mancomunidad del Sureste, que no del Valle, pues existen barrios y pueblos fuera de él, que sirviese para potenciar los servicios existentes y lograr otros de los que se carece.

     Arafo constituye un ejemplo de la fuerte relación existente entre los pueblos de la comarca. Varios de sus párrocos han nacido en Güímar, Candelaria y Arico; alcaldes, tenientes de alcalde y jueces municipales de esta villa lo han hecho en Candelaria y Güímar; también han nacido en pueblos vecinos maestros, guardias municipales, carpinteros, panaderos, herreros, empresarios, etc. Asimismo, hijos de Arafo han regentado, aunque en cortos períodos, las parroquias de Candelaria, Güímar y Fasnia; varios han dirigido bandas de música en Güímar, Fasnia y Arico; algunos han ejercido como alcaldes, tenientes de alcalde y jueces municipales en Candelaria, Güímar y Arico; y otros han trabajado y continúan haciéndolo en los pueblos vecinos como maestros, médicos, farmacéuticos, comerciantes, etc.

     Aprovechando mi fuerte vinculación con Arafo, villa de la que soy Hijo Adoptivo, y la circunstancia de ser Cronista Oficial de Güímar, quiero dedicar este trabajo a resaltar las estrechas relaciones existentes entre ambos municipios desde tiempo inmemorial, en especial a su continuo trasiego humano…

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Santiago del Teide: Don Tomás Gorrín González (1692-1757), teniente capitán de Milicias

Tamaimo-procesión      Muchos pensarán que la vida de personas modestas, cuya esfera de actuación no ha superado siquiera las fronteras de pequeñas y lejanas localidades del Sur tinerfeño, no merece el tiempo y el espacio que a veces se les dedica. No obstante, no conviene olvidar que la historia, la pequeña y la grande, de toda comunidad, depende de la trayectoria de sus miembros y de la suma de su trabajo, de sus conocimientos y de sus experiencias. Por ello continuaremos dando a conocer las semblanzas biográficas de aquellos tinerfeños que nos precedieron en el tiempo y que destacaron en cualquier actividad, por muy humilde o ajena que sea a los gustos individuales de cada uno de nosotros.

      En el presente trabajo nos vamos a ocupar de un militar santiaguero, que dedicó parte de su vida a las Milicias Canarias, aunque durante su carrera prácticamente no abandonó la villa natal ni participó en acción militar alguna. Sólo alcanzó el empleo de teniente de Milicias, pero solo con ello logró ser durante el siglo XVIII el militar de mayor graduación nacido en el Valle de Santiago. También perteneció a la Hermandad del Santísimo Sacramento. Además, dado su prestigio, es muy probable que fuese una persona de confianza del Señor de la Villa (que fue padrino de su segunda boda) y que, por lo tanto, fuese alcalde mayor de la misma, como todos sus antepasados, pero de momento no hemos podido confirmarlo.

    Nuestro biografiado nació en el Valle de Santiago (probablemente en el pago de Tamaimo) el martes 19 de febrero de 1692, siendo hijo de don Feliciano Gorrín y doña María González, naturales y vecinos de dicha villa. Cinco días después fue bautizado en la iglesia de San Fernando por fray Juan Pérez Bento, religioso de la Orden de San Francisco, con licencia del cura párroco don Francisco González de Jesús, que actuó como padrino…

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Fasnia: Don Antonio Santana Díaz (1909-1971), seminarista, clérigo tonsurado, maestro, bibliotecario, notario público eclesiástico, sochantre-organista, contador, periodista y poeta, quien da nombre a una avenida en Venezuela

      Nuestro biografiado fue uno de los personajes más destacados nacidos en Fasnia en el siglo XX. Hombre polifacético, fue seminarista, clérigo tonsurado y maestro de Primera Enseñanza. En Fasnia ejerció como notario público eclesiástico y sochantre-organista de la parroquia, así como maestro interino, figurando también entre los fundadores de la Sociedad “1º de Febrero”, de cuya primera junta directiva fue bibliotecario. Luego, desarrolló su actividad docente en Frontera de El Hierro, donde también dio muestras de su profesionalidad como sochantre-organista. Posteriormente se estableció en Santa Cruz de Tenerife, ciudad en la que trabajó como contador y periodista (redactor de Amanecer y colaborador de La Tarde y Aire Libre), iniciando su actividad literaria como poeta festivo y humorístico. Por entonces también ingresó en Falange. Finalmente se estableció en Venezuela, donde sobresalió como periodista (redactor de Alto Llano y director‑gerente de El Mercurio) y como poeta, sobre todo en Barinas, ciudad en la que publicó dos poemarios, falleció y dio nombre a una céntrica avenida.

      Nació en Fasnia el 12 de diciembre de 1909, a las diez de la noche, siendo hijo de don Manuel Santana, natural de Santa Cruz de Tenerife, y de doña María Cleofé Díaz Marrero, que lo era del antedicho pueblo sureño, donde ambos se hallaban domiciliados en “el centro parroquial”. El 27 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de San Joaquín por don José Batista y Cabrera, cura regente de la parroquia; se le puso por nombre “Antonio Francisco Donato” y actuaron como padrinos don Francisco Frías Díaz y doña María de las Mercedes Esquivel Díaz, ésta soltera…

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El “Cementerio del Convento” de Candelaria (1843-1918)

Candelaria-Ruinas basílica-cementerio      En un trabajo anterior ya estudiamos en detalle los antiguos lugares de enterramiento que existieron en Candelaria: la cueva-ermita de San Blas, la iglesia de Santa Ana y la capilla del Convento, además de otros lugares no habituales, así como el primer cementerio provisional de Santa Ana, que estuvo en funcionamiento en 1828 y de 1835 a 1843 (aunque con posterioridad volvió a ser utilizado esporádicamente con motivo de algunas epidemias).

      En el presente artículo nos vamos a ocupar del recordado “Cementerio del Convento”, que cubrió la demanda de enterramientos de todo el municipio de Candelaria durante 75 años y medio, del 30 de junio de 1843 al 19 de diciembre de 1918. Curiosamente, este cementerio se habilitó porque el cementerio provisional existente con anterioridad no reunía los requisitos mínimos de higiene y seguridad, pero parecidos argumentos serían utilizados luego para construir un nuevo cementerio y clausurar el situado en el solar de la Basílica, debido a su mala ubicación y a su total saturación. El tercer y último recinto (el actual) fue edificado por la Parroquia, por lo que quiso mantener su propiedad, a lo que se negó el Ayuntamiento, lo que dio lugar a una seria polémica, que incluso trascendió con fuerza a la prensa, y a que el nuevo cementerio tras su construcción permaneciese durante cinco años sin ser utilizado, hasta que el elevado número de fallecidos por la epidemia de gripe española obligó a buscar un acuerdo. Definitivamente, la Villa de Candelaria no tuvo suerte con sus primeros cementerios.

     Dada la mala ubicación y el mal estado de construcción y conservación del cementerio provisional de Candelaria, durante los ocho años en que estuvo en funcionamiento ininterrumpido (1835-1843) se intentó trasladar a un lugar más conveniente. Por ello, en 1838 el Ayuntamiento de Candelaria solicitó permiso a las autoridades provinciales para trasladar este cementerio a la fábrica de la inacabada segunda basílica de la Patrona del Archipiélago, cuyas obras habían quedado paralizadas en 1817, cuando ya estaban levantadas las paredes y columnas…

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San Miguel de Abona: Don Manuel Hernández Reyes (1865-1949), párroco de Guía de Isora, Candelaria, Barlovento, Granadilla y San Miguel, cura propio e Hijo Adoptivo del Realejo Bajo

Manuel Hernández Reyes-2     Este destacado sacerdote seguramente pasará a la historia, por ser uno de los más queridos y recordados en los pueblos del Sur de Tenerife, no ya por el hecho de haber nacido en uno de ellos, como así lo fue, sino porque en sus 59 años de vida sacerdotal recorrió cuatro como párroco: Guía de Isora, Candelaria, Granadilla y San Miguel de Abona; este último, su pueblo natal, en cuatro ocasiones, la última con más de 80 años y hasta su muerte. Además, fue cura servidor de Barlovento, en La Palma, y había obtenido el título de maestro de Instrucción Primaria. Tampoco podemos olvidar su gran labor ministerial como cura párroco propio en el Realejo Bajo, pues las casi cuatro décadas que allí permaneció le valieron el título de Hijo Adoptivo y le hicieron figurar en el cuadro de honor de aquella importante parroquia del Norte de la isla, en la que realizó una labor inolvidable.

     Don Manuel Hernández Reyes nació en San Miguel de Abona el día 15 de noviembre de 1865, a las cinco de la tarde, siendo hijo de don José Agustín Hernández y doña Antonia Reyes de León. El 13 de diciembre inmediato fue bautizado en la iglesia del Arcángel San Miguel por el cura ecónomo, Bachiller don Juan Frías y Peraza; se le puso por nombre “Manuel Antonio” y actuaron como padrinos don Manuel Casanova y su mujer doña María San Pedro Rodríguez. En 1871 recibió la Confirmación en el mismo templo de manos del Dr. don José María de Urquinaona y Bidot, obispo de Canarias y administrador apostólico de la Diócesis de Tenerife, actuando como padrino don Antonio Santos Sierra…

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Artículo-MANUEL HERNÁNDEZ REYES

Güímar: Don Francisco Delgado Trinidad (1774-1817), capellán, capitán de Milicias, alcalde y apoderado de Güímar, colonizador de Aguerche (El Escobonal) y fundador de El Tablado

     Pocas familias del Sur de Tenerife pueden preciarse de contar con un número tan elevado de miembros destacados como la Delgado-Trinidad, extendida por Güímar, Arico y Santa Cruz de Tenerife, pero oriunda de Adeje y Fasnia, con legítima sangre guanche por sus venas. En su seno sobresalieron numerosos militares (incluyendo un general y un coronel), políticos (alcaldes, diputados provinciales y diputados a Cortes), clérigos, etc.

     En este trabajo vamos a recordar a uno de estos hombres, don Francisco Delgado Trinidad, que fue un destacado militar, político y propietario, colonizador en la práctica del caserío de Aguerche y fundador de El Tablado, en el pueblo de El Escobonal. Inicialmente se le adjudicó una capellanía, pero no sintió la llamada vocacional y renunció a la vida eclesiástica. Luego siguió la carrera militar, que inició como subteniente de Artillería, para luego ascender a teniente del mismo cuerpo, con el que fue agregado al Regimiento Provincial de Güímar; posteriormente ascendió a capitán de Milicias y fue gobernador de las armas de su pueblo natal. Asimismo ocupó diversos cargos de responsabilidad política en Güímar, entre ellos los de alcalde real en dos períodos y “Apoderado General de la Justicia, Ayuntamiento y vecinos de Güímar” para actuar en dos expedientes.

     Nuestro biografiado nació en el municipio de Güímar el 2 de abril de 1774, siendo hijo del capitán don José Delgado Trinidad y Díaz y doña Antonia María Hernández de la Rosa, vecinos y naturales de dicho lugar. El día 10 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por Fray Andrés Gómez (presbítero de la Orden de Predicadores, morador en el convento de Santo Domingo Soriano de la localidad, capellán de la ermita de San José de El Escobonal y recordado “profeta”), con licencia de don José Fernández Camillón, venerable beneficiado de dicha parroquia y de Santa Ana de Candelaria; se le puso por nombre “Francisco María de los Dolores Benito” y actuó como padrino por el entonces capitán don Bernardo de Torres Marrero…

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