La erupción volcánica de 1705 en el Valle de Güímar. Un suceso que produjo daños en los tres pueblos de la comarca y una gran inquietud en toda la isla

Volcán de las Arenas-2     Ya se han cumplido más de tres siglos de un acontecimiento geológico que en la primera mitad del siglo XVIII vino a alterar el normal devenir del Valle de Güímar, tanto en lo material como en lo espiritual: la erupción volcánica de 1705. A pesar del tiempo transcurrido, sus huellas son perceptibles en el paisaje y sus efectos aún se recuerdan en los tres municipios de esta comarca. El cono volcánico del que partió la lava se conoció en el pasado como “Volcán de Güímar” y en la actualidad como “Volcán de Arafo” o “Volcán de las Arenas”. Conviene recordar que en el momento de la erupción, los tres pueblos del Valle estaban unidos bajo una única alcaldía pedánea y en una misma parroquia.

     Tras dos erupciones volcánicas ocurridas un mes antes en las cumbres de Arico y Fasnia, el 2 de febrero de 1705, cuando se celebraba la festividad de la Virgen de Candelaria, surgió un volcán en los altos del Valle de Güímar, en la caldera de Pedro Gil y junto al Pico del Valle o de Cho Marcial, erupción que amenazó con destruir los pueblos de Arafo y Güímar, y que se constituyó en el suceso más devastador de la historia local. Duró casi dos meses, hasta el 27 de marzo, fue visible desde La Orotava y sus efectos se dejaron sentir en toda la isla. Las coladas de lava se dividieron en tres brazos y provocaron graves daños: el más largo se dirigió a Arafo y llegó hasta por encima del caserío de El Socorro y sobre él están asentados hoy los barrios de El Carmen (Arafo) y San Francisco Javier (Güímar), así como parte del polígono industrial; el segundo brazo se dirigió a Güímar y sobre él se asientan los actuales barrios de Fátima, Constitución y Afonso Carrillo; y el tercero, el más corto, se quedó por encima de Chacaica. Solo en Güímar se arruinaron 70 casas y fallecieron 16 personas, en su mayoría de miedo…

       En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Candelaria: Don Agustín Rodríguez del Castillo (1749-1791), propietario agrícola, cosechero de vinos, promotor y primer mayordomo de la ermita de la Santísima Trinidad de Igueste, alcalde real de Candelaria y subteniente de Milicias

Igueste Candelaria      Miembro de la familia más acomodada de Igueste de Candelaria, nuestro biografiado destacó como propietario agrícola, dedicado a la cosecha y compraventa de vino, cereales y miel, siendo uno de los tres únicos vecinos que sabían leer y escribir. Además, fue el principal promotor de la construcción de la ermita de la Santísima Trinidad de dicha localidad y su primer mayordomo; perteneció a la Hermandad del Santísimo Sacramento y la Cofradía de la Santa Misericordia de la parroquia de Santa Ana, así como de la Hermandad del Santísimo Rosario del convento dominico; resultó elegido alcalde real de Candelaria en tres etapas; y al final de su vida solicitó y obtuvo el empleo de subteniente de Milicias, aunque su carrera militar se vio truncada por su prematuro fallecimiento. No obstante, ésta fue continuada por su hijo Pedro, quien llegó a ser teniente de Milicias..

      Nació en el pago de Igueste el 14 de diciembre de 1749, siendo hijo de don Francisco Gaspar Rodríguez del Castillo y doña María Josefa de Ledesma. El 21 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de Candelaria por el padre presentado ex‑regente fray Domingo Oropesa, de la Orden de Predicadores y servidor de dicha parroquia; se le puso el nombre “Agustín” y fue su padrino don Juan Gaspar, vecino del pago de Barranco Hondo…

      En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

La Sociedad “Patria y Unión” de Candelaria (1921-1922), el segundo casino en la historia de este municipio

     Buscando en archivos y hemerotecas hemos descubierto la existencia de dos sociedades, las primeras existentes en el municipio de Candelaria, de las que ni siquiera se acuerdan los vecinos más mayores; se trata de “El Porvenir de Candelaria” y “Patria y Unión”, las dos con sede en la cabecera municipal. La existencia de ambas fue efímera, pues de la primera sólo existen referencias puntuales, mientras que de la segunda sólo tenemos constancia de su funcionamiento durante unos cinco meses, al ser disuelta tras la briosa irrupción de la Sociedad “Casino de Candelaria”. En este artículo vamos a ocuparnos de la segunda sociedad, el Casino “Patria y Unión”.

    Esta sociedad fue fundada por don Juan Reyes Fariña, vecino de Candelaria y maestro nacional, quien el 31 de octubre de 1921 firmó como “Fundador” el Reglamento por el que se habría de regir, el cual constaba de 56 artículos, agrupados en 15 capítulos. En el artículo 1º se fijaban sus objetivos: “El objeto de esta Sociedad es el de procurar a los miembros que la constituyen la distracción que reporta la lectura de las obras y periódicos que se adquieran, y principalmente aumentar y avivar la devoción a la Santísima Imagen de Na. Sa. la Virgen de Candelaria, el amor a la Patria y al pueblo, así como la protección mutua de todos los asociados. / Dar reuniones, como bailes, conciertos, funciones dramáticas y permitiéndose los juegos no prohividos por las leyes”…

     En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Candelaria: Don Felipe Víctor Otazo Ramos (1812-1870), párroco propio de Matanzas en la isla de Cuba y cura encargado de Arafo

25-Candelaria-Convento-Bannerman (1922)     A pesar de nacer en el seno de una familia destacada, como tantos otros canarios emigró a América en unión de un hermano y se estableció en Venezuela, de donde pasó a Curazao. No sabemos a qué se dedicó en dicho continente, pero lo cierto es que ya mayor cursó allí la carrera eclesiástica y, tras ser ordenado sacerdote, obtuvo en propiedad la importante parroquia de la ciudad de Matanzas, en la isla de Cuba, que regentó durante casi una década. Luego regresó a Tenerife, donde solo pensaba estar una temporada, pero vivió los tres últimos años de su vida, en los que estuvo encargado durante unas semanas de la parroquia de Arafo, sorprendiéndole la muerte sin volver a su destino.

      Nació en Candelaria el 21 de julio de 1812, siendo hijo de don Juan Obtazo de Barrios, natural de dicho pueblo, y doña Manuela Ignacia Ramos Villa, que lo era de Sevilla. Dos días después recibió el bautismo en la iglesia parroquial de Santa Ana, de manos del cura párroco don Esteban Montañés; se le puso por nombre “Felipe Víctor de Santa Práxedes” y actuó como su padrino el presbítero don José Rafael Otazo, su tío paterno…

      En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Artículo-FELIPE VÍCTOR OTAZO RAMOS

La Banda de Música “Tres de Mayo” de Barranco Hondo (Candelaria). Una corta pero emotiva trayectoria

FOTO BANDA DE BCO HONDO-1     Poca gente se acuerda ya de que la primera banda de música que existió en el municipio de Candelaria se formó en Barranco Hondo en 1936. Llevó por nombre “Tres de Mayo”, por el día de su debut, y se presentó en su pueblo por todo lo alto, incluso con padrinos. Llegó a actuar en Llano del Moro e Igueste de Candelaria, además de en Barranco Hondo, pero solo se mantuvo en activo durante dos meses y medio, pues el comienzo de la Guerra Civil acabó con su corta pero emotiva trayectoria. La dirección la asumió el músico don José Verdejo Rodríguez, natural de Cádiz, aunque residente durante muchos años en Garachico.

       A lo largo de la II República Española se produjo un intenso movimiento asociativo y cultural en todos los pueblos canarios, como en el resto del Estado, surgiendo numerosos casinos, así como agrupaciones musicales, políticas y sindicales. Siguiendo esta inquietud, en Barranco Hondo se fundó en 1932 la Sociedad “Teobaldo Power”; en 1934 el “Comité Local de Acción Popular Agraria”; y en 1935 la Sociedad “Recreo” (también conocida como “Sociedad Nueva”). Fue probablemente en este segundo casino donde se fraguó la idea de crear una banda de música…

       En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

El terrible aluvión que azotó Tenerife en 1826 y sus irreparables daños en Candelaria

      Aunque ya me he ocupado en alguna ocasión de los daños ocasionados en el Valle de Güímar por el célebre aluvión o temporal de 1826, el más grave registrado en la historia de Tenerife, no queremos que se olvide ese suceso natural que en cualquier momento puede volver a ocurrir y del que, a pesar de haber transcurrido 186 años, aún quedan muchos datos por conocer. A continuación vamos a analizar someramente los efectos del aluvión en la isla, para centrarnos luego en las graves pérdidas materiales, humanas y religiosas que causó en Candelaria, donde se llevó el Castillo de San Pedro, con el cabo de guarnición y toda su familia, así como una docena de casas y parte de la Capilla del Convento dominico, de la que desapareció la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria, la Patrona de Canarias.

      Los días 7 y 8 de noviembre de dicho año 1826 acometió a las islas, y con especial crudeza a Tenerife, uno de esos tempora­les de viento y lluvias torrenciales que en periodos más o menos largos suelen visitarla y que, por desgracia, siempre dejan hondas huellas de su marcha destructora. Pero si de todos los ocurridos habían quedado recuerdos imperece­deros, del que nos ocupa aún perdura su memoria aterradora, viva y fresca, durante casi dos siglos, pues tal fue la magnitud de sus estragos que se reputa por el mayor de los ocurridos después de la Conquista…

       En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Candelaria: Don José Sabina Albertos (1849-1893), maestro de la escuela pública de niños, sochantre-organista, notario público eclesiástico, alcalde constitucional, mayordomo de la Virgen de Candelaria, secretario del Juzgado y del Ayuntamiento, y juez municipal suplente

Candelaria antigua-15      Don José Sabina Albertos fue uno de los personajes más destacados de Candelaria en la segunda mitad del siglo XIX, transcurriendo casi toda su vida en dicha localidad. Adquirió una notable cultura, que completó con el título de Maestro, y desempeñó en su pueblo natal todos los cargos que requerían una cierta preparación intelectual. Así, fue durante 21 años maestro de la escuela pública de niños, que obtuvo en propiedad por oposición; sochantre, organista y notario público eclesiástico de la parroquia de Santa Ana; mayordomo del Santuario de la Virgen de Candelaria; secretario interino del Ayuntamiento y acompañado del Juzgado Municipal, en dos ocasiones cada uno; elector como capacidad e interventor electoral; alcalde constitucional y juez municipal suplente. Falleció prematuramente, dejando ocho hijos de corta edad. Como reconocimiento al prestigio de que gozaba, a su entierro asistieron la mayoría de sus paisanos y la banda de música del vecino pueblo Arafo.

     Conocido por “El Santo”, probablemente por su larga vinculación con la parroquia, nuestro biografiado nació en Candelaria el 5 de septiembre de 1849, siendo hijo de don José Nicolás Sabina y Llarena y doña Rosa Albertos de Frías, naturales y vecinos de dicha villa. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el cura párroco don Juan Núñez del Castillo y actuó como padrino don Aurelio Perdigón, vecino de Arafo…

        En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Candelaria: Fray Tomás Texera (1762-1829), sacerdote dominico, Presentado en Teología, notario, cantor, depositario, administrador, suprior y prior del Convento Real, cura encargado de la parroquia de Santa Ana, secretario del prior provincial y profesor

Capilla antigua-fiestas Candelaria    Muchas fueron las vocaciones religiosas que surgieron en torno a la Virgen y al Convento Real de Candelaria, gracias a lo cual la Villa Mariana destacó en el pasado por el número de sus hijos que ingresaron en la Orden de Predicadores. En este trabajo queremos recordar a uno de ellos, Fray Tomás Texera, sacerdote dominico que permaneció casi toda su vida como morador del citado convento, donde ostentó casi todos los cargos de responsabilidad: notario, cantor, depositario, administrador, profesor, suprior y prior; aunque también actuó como secretario y compañero del provincial. Recibió el importante título de Presentado en Sagrada Teología, que le fue retirado cuando se secularizó, con motivo de la supresión temporal del convento (1821-1824). Una vez reintegrado en su Orden y recuperado su título, continuó en dicho convento hasta su muerte, que se produjo mientras ostentaba el Priorato. A lo largo de su vida vivió dos tristes sucesos: primero, el incendio que en 1789 destruyó el convento y la basílica; y luego, el aluvión que en 1826 se llevó la primitiva imagen de la Virgen y el Castillo de San Pedro.

     Nuestro biografiado nació en Candelaria el 7 de marzo de 1762, siendo hijo de don Melchor Texera de Castro y doña Agustina Pérez. Cuatro días después fue bautizado, con óleo y crisma, en la iglesia de Santa Ana por don José Méndez y Azevedo, teniente de beneficiado; se le puso por nombre “Tomás del Rosario” y actuó como padrino don Agustín Lorenzo de Barrios…

        En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Apuntes históricos de la desaparecida Batería de Santiago en la Marina de Candelaria

Batería Santiago-1      En un artículo anterior ya nos ocupamos del desaparecido Castillo de San Pedro que existía en la Marina de Candelaria, cuya construcción fue ordenada en 1697 por el capitán general don Pedro de Ponte. Tuvo gobernador o castellano puesto por el Rey, además de un condestable y media compañía de Artillería. A pesar de sus deficiencias, continuó cumpliendo su misión defensiva hasta que el aluvión de 1826 lo hundió en el mar.

      En 1779 ya se advertía que el citado Castillo, que tenía solo dos cañones, era de tan mala construcción y debilidad que servía de muy poco, por lo que era forzoso sustituirla por una batería situada junto al desembarcadero de Pocillo Santo, al otro lado de la playa, debiendo quedar la antigua fortaleza para la fusilería, como desahogo de la línea de defensa. Por este motivo, en 1793 se construyó la Batería de Santiago, explanada descubierta y semicircular capaz para cuatro cañones. Tras la desaparición del Castillo de San Pedro continuaron las obras de defensa del Santuario, siendo reconstruida y mejorada la Batería de Santiago, que permaneció en servicio hasta 1878, en que fue desartillada. A ella vamos a dedicar el presente trabajo…

       En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Candelaria: Don Juan Jerónimo Pérez y Pérez (1928-1995), escritor experto en lucha canaria y juego del palo, fundador y primer presidente del C.L. “Unión Santa Cruz” y de dos sociedades

Juan Jerónimo Pérez      Don Juan Jerónimo Pérez fue un investigador pionero sobre Lucha Canaria y Juego del Palo, publicando varios libros sobre ambos deportes autóctonos, que en su momento se convirtieron en manuales básicos, uno de ellos premiado a nivel nacional; además, dio a la luz otro libro sobre Lucha Libre Olímpica y fundó la primera revista del archipiélago especializada en Lucha Canaria. Fue designado delegado en Tenerife para la promoción de las Luchas Olímpicas y se le concedió la Medalla de Plata de la Federación Española de Lucha. Desde la faceta directiva, fue fundador y primer presidente del Club de Luchas “Unión Santa Cruz”, de la “Sociedad de Amigos del Juego del Palo y de la Lucha Canaria” y del “Centro de Estudios Aborígenes de Canarias”. En suma, durante toda su vida asumió un compromiso con las principales señas canarias de identidad, especialmente las deportivas, pero su tierra aún no ha reconocido su labor y lo ha tenido injustamente olvidado.

      Nuestro biografiado nació en Candelaria el 15 de julio de 1928, a las dos de la tarde, siendo hijo de don Fernando Buenaventura Pérez Rivero y de doña Ángela Pérez Nóbrega, naturales y vecinos de dicha villa en la calle de La Arena. Al día siguiente, su nacimiento fue inscrito por su padre en el Registro Civil del Juzgado Municipal de dicho pueblo, actuando como testigos don Manuel Muñoz Jiménez y don Bernardo García Panasco, vecinos de la mencionada calle…

        En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Artículo-JUAN JERÓNIMO PÉREZ PÉREZ