Apuntes históricos del caserío costero de “Las Eras” (Fasnia-Arico)

Las Eras-plaza-ermita antigua      El desplazamiento de la población canaria hacia el área costera es un fenómeno que se remonta a los inicios del siglo XX, aunque se ha agudizado en las últimas décadas. De este modo, han surgido numerosos núcleos de población en la costa de la isla donde antes sólo había algún almacén de mercancías o una solitaria choza de pescadores. Este es el caso de Las Eras, asentado en la divisoria costera de los municipios de Fasnia y Arico, que en la actualidad se consolida como uno de los caseríos más prósperos del Sudeste tinerfeño, sobre cuyo nombre siempre ha reinado una total confusión, hasta el punto de que existen varias teorías sobre el mismo.

     Por su especial ubicación a ambos lados de la desembocadura de un barranco, el actual caserío de Las Eras ha tenido una dependencia político-administrativa y religiosa bastante peculiar a lo largo de su Historia. Así, en la época prehispánica formaba parte del Menceyato o Bando guanche de Güímar, y dentro de éste del sector de Agache, que se extendía desde La Ladera hasta el Barranco de Tamadaya en Arico. Tras la Conquista, se constituyeron entre otras la Alcaldía pedánea de Güímar, que contó luego con su parroquia, y la de Vilaflor, que también tenía la suya; ambos pueblos fijaron como linde el Barranco de Las Eras (también conocido por las Vigas, Cano o de la Linde), con lo que el paraje costero que nos ocupa siguió caminos divergentes. Pero la parte correspondiente a Vilaflor pasó luego a formar parte del nuevo Ayuntamiento de Arico, tras su segregación en 1639, y a depender de la Parroquia de San Juan Bautista, también creada por entonces…

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Santiago del Teide: Don Antonio González Velázquez (1774-1854), teniente coronel graduado de Milicias y alcalde mayor del Valle de Santiago

Tamaimo.    Un ejemplo de la estrecha relación que siempre ha existido entre los municipios contiguos de El Tanque y Santiago del Teide es el personaje al que dedicamos este trabajo. Don Antonio González Velázquez, perteneciente a una ilustre familia de militares, nació en El Tanque Alto y vivió la mayor parte de su vida en el Valle de Santiago, concretamente en Tamaimo, donde contrajo matrimonio, falleció y dejó numerosa descendencia. Siguió la tradición familiar y llegó a ser un destacado oficial del Regimiento Provincial de Garachico, pues desde cadete ascendió hasta capitán de Milicias, obteniendo el grado de teniente coronel en el momento de su retiro, que se le concedió con uso de uniforme y fuero militar. También prestó sus servicios en la guarnición de Santa Cruz de Tenerife y al final de su carrera estuvo agregado al Regimiento Provincial de Abona. Fue, además, alcalde mayor de la Villa de Santiago.

     Nuestro biografiado nació en El Tanque el 3 de enero de 1774, siendo hijo de don Felipe González-Velázquez y González y de doña Rosalía González-Grillo y González (Dávila), vecinos de dicho lugar en el pago de El Granero. El 13 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia parroquial de San Antonio de Padua por Fray José de Santo Tomás Acosta y Capelo, prior del convento de San Sebastián de Icod, con licencia del párroco don Antonio Hernández de Córdova; se le puso por nombre “Antonio José” y actuó como padrino su abuelo paterno, el teniente capitán don Tomás González Velázquez…

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Vilaflor de Chasna: Don Antonio Camacho Pérez (1854-1932), emigrante, maestro, inspector, catedrático, rector interino de la Universidad de la República de Uruguay y miembro de la Cámara de Representantes de la Asamblea General de dicho país


     Hijo de zapatero, don Antonio Camacho Pérez inició la carrera de Magisterio en Tenerife, pero antes de concluir su carrera contrajo matrimonio y emigró a Brasil, atraído por la campaña propagandística que por esos años se hizo en Canarias. Pero al chocar con la cruda realidad dio pruebas de amor a sus paisanos al preocuparse desde aquel continente por los incautos que estaban prestos a emigrar a dicho país, remitiendo una carta a la prensa en la que relataba la experiencia negativa de los canarios que allí estaban, hablando de las mil y una dificultades para cultivar la tierra, de los múltiples problemas de comunicación y abastecimiento, etc.; dicha carta tuvo un amplio eco e influyó en que muy pocos isleños emigrasen al enorme país sudamericano. Pasó luego a la República Oriental del Uruguay, donde terminó sus estudios y obtuvo el título de Maestro de Primera Enseñanza; ejerció en distintas localida­des y luego fue designado inspector de escuelas. En Maldonado fundó una sección de Enseñanza preparatoria y secundaria, anexa a la pres­tigiosa “Escuela Ramírez”. Más tarde, se le confió la Jefatura de Trabajos Prácticos de Historia Natural, así como diversas asignaturas en la Universidad de la República y, a pesar de su humilde cuna y de las grandes dificultades que había tenido que superar en su vida de emigrante, llegó a ser catedrático y rector interino de dicha Universidad, demostrando que con tesón, inteligencia e ideas claras se puede conseguir casi todo lo que uno se propone. También fue elegido miembro de la Cámara de Representantes de la Asamblea General de la República Oriental del Uruguay. Fue, sin duda, un destacado personaje del Sur tinerfeño.

    Nuestro biografiado nació en la calle de La Ladera del pueblo de Vilaflor el 1 de noviembre de 1854, siendo hijo de don Antonio Camacho y Cerdeña, natural de La Antigua en la isla de Fuerteventura, y de doña Antonia Pérez Tacoronte, que lo era del pueblo tinerfeño. Cuatro días después recibió el bautismo en la iglesia matriz del Apóstol San Pedro, de manos del cura párroco don José Lorenzo Grillo y Oliva; se le puso por nombre “Antonio del Patrocinio” y actuó como padrino don Pedro Fumero…

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“El tesoro de Pancho Pérez” (cuento centrado en Güímar, 1926), por Rafael Peña León

Puertito-5-espigón-1929-Fonda Medina     El cuento al que dedicamos este trabajo fue publicado el 20 de junio de 1926 en la revista Hespérides, editada en Santa Cruz de Tenerife, siendo su autor el director-gerente de dicha revista don Rafael Peña León. La historia está centrada en Güímar y en un personaje local muy particular, Pancho Pérez. El citado autor había estado en esta localidad un par de meses antes y el 4 de mayo había anunciado en la revista que dirigía, que iba a dedicar un número monográfico a Güímar, lo que se hizo realidad el 6 de junio de 1926, dos semanas antes de publicar el cuento que nos ocupa en otra edición de dicha publicación.

    El breve relato recoge la ilusión que alguna vez ha tenido cualquier persona de encontrar un tesoro que le ayudase a mejorar su vida. En Güímar, como en otras muchas localidades de la isla, las búsquedas de este tipo han estado centradas, sobre todo, en el legendario tesoro del pirata “Cabeza de Perro”, tras el cual muchos vecinos de éste y otros municipios de la isla han recorrido el litoral escudriñando todas las cuevas y covachas que encontraban a su paso, pero que sepamos sin ningún éxito, sobre todo teniendo en cuenta que según recientes estudios este célebre pirata solo fue una mera creación literaria.

      En el cuento, el autor combina la realidad con la fantasía y transforma la natural ilusión de un hombre en una obsesión enfermiza, por encontrar la riqueza que ni su origen ni su trabajo le proporcionarían nunca, obsesión que le alejaba de su familia y del mundo en que vivía. Cuando por fin parecía que había logrado su objetivo, durante un paseo por El Puertito, el brutal desengaño parece que hizo aflorar en el personaje un sentimiento humano que parecía olvidado. El desenlace está basado en un hecho real ocurrido ese mismo año.

     El autor del cuento, don Rafael Peña León (1888-1955), nació en Río Tinto (Huelva) y falleció en Santa Cruz de Tenerife. Fue comandante de Infantería, secretario del Ateneo de La Laguna, periodista, escritor y editor…

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Granadilla de Abona: Don Juan Pedro de Frías y Peraza (1814-1879), Bachiller, notario público eclesiástico, cura párroco, mayordomo de fábrica, capellán castrense y maestro

Granadilla-7      Aunque nacido en una familia de profunda tradición militar, don Juan Pedro de Frías se sintió atraído desde muy joven por la carrera eclesiástica, obteniendo muy pronto cargos de responsabi­lidad en la parroquia natal. Tras obtener el título de Bachiller, fue notario público eclesiástico, teniente de cura, párroco servidor, mayordomo de fábrica y, finalmente, cura ecónomo de Granadilla de Abona; cometido este último que desempeñó durante 14 años, con una interrupción de cinco en que regentó la parroquia de San Miguel de Abona. También fue secretario del comité electoral de Granadilla, mayordomo de la ermita de San Isidro, capellán castrense de la Sección de Milicias de Abona, cargo éste que ocupó durante los últimos 21 años de su vida, y ejerció como maestro en su pueblo natal.

    Nació en Granadilla de Abona el 30 de abril de 1814, siendo hijo de don Gregorio Francisco de Frías y doña Jerónima Peraza y Ayala, naturales y vecinos de dicho lugar. Ese mismo día recibió el bautismo en la iglesia de San Antonio de Padua, de manos del párroco propio Dr. don Isidoro Rivero y Peraza de Ayala; se le puso por nombre “Juan Pedro de Santa Catalina” y actuó como madrina doña Ana Peraza y Ayala, su tía materna…

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Artículo-JUAN PEDRO DE FRÍAS Y PERAZA

Candelaria: Don José Díaz Hernández (1827-1875), albañil, alférez graduado de Milicias y teniente de Infantería víctima de la Guerra Carlista

       El personaje que nos ocupa creció en el seno de una familia sencilla de labradores y aprendió el oficio de albañil, que ejerció en su pueblo natal. Luego, al ingresar como soldado en las Milicias Canarias para prestar su servicio, se sintió atraído por la vida militar y fue ascendiendo sucesivamente a cabo 2º, cabo 1º, sargento 2º y sargento 1º, empleo con el que se reenganchó, alcanzando luego el grado de alférez; en ese tiempo fue condecorado con dos cruces. Luego pasó como alférez al cuerpo de Infantería y con este empleo participó en la Guerra Carlista, en la que fue herido gravemente, lo que mereció su ascenso a teniente; pero falleció a consecuencia de dichas heridas en el Hospital Militar de Santa Cruz de Tenerife, lo que truncó la que podía haber sido una brillante carrera. Le sobrevivió su esposa, con la que había procreado ocho hijos, de los que tres también prestaron servicio en el Ejército.

       Nació en el pago de Barranco Hondo el 27 de febrero de 1827, siendo hijo de don Juan José Díaz del Rey y Díaz, natural de La Laguna en El Rosario, y de doña María San Juan Hernández Marrero, que lo era del pago candelariero, donde estaban avecindados. El 4 de marzo inmediato fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de Candelaria por el cura párroco don José de Elías y Hernández; se le puso por nombre “José Julián” y actuó como madrina doña María Antonia Mirabal, natural también de El Rosario…

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El asentamiento agustino en Arafo. La alquería y oratorio de “Lo de Ramos”

     En 1509, el conquistador don Gonzalo Mejías cedió la data que poseía en Arafo, con agua y tierras, al Convento agustino del Espíritu Santo de La Laguna. Después de recibir esta donación, los frailes construyeron su alquería con oratorio en el sitio actualmente conocido como “Lo de Ramos”. En 1745, ya se veneraba en la ermita de San Juan Degollado de Arafo una imagen de San Agustín, probablemente donada por los agustinos, que enseguida alcanzó gran devoción en el vecindario, como quedó de manifiesto en 1751, al producirse el prodigio o “milagro” de San Agustín en el Barranco de Añavingo.

      En el siglo XVIII, casi todas las tierras de Arafo, además del diezmo y primicias para el sostenimiento de la parroquia, estaban gravadas con tributos a diferentes conventos de la isla, entre ellos el agustino de La Laguna. A partir de 1836, con motivo de la Desamortización, el Estado se incautó en Arafo de las extensas fincas rústicas pertenecientes a dichos frailes. En 1849, la Dirección General de Fincas del Estado aprobó la redención del censo agustino de 18 y media doblas que gravaba las tierras de Arafo, por la suma de 1.227 reales y 20 maravedíes de vellón. Y en 1993 se inició la construcción en “Lo de Ramos” de una capilla dedicada al Apóstol Santiago, así como una zona recreativa que se inauguró en 1998…

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Fasnia-Arico: Don Simón Hernández Gómez (1811-1894), clérigo tonsurado, propietario, mayordomo del Rosario, alcalde y juez de Arico, secretario del Juzgado, regidor síndico e interventor electoral

      Este destacado personaje, nacido en Sabina Alta, quiso seguir la carrera eclesiástica y llegó a recibir la Tonsura clerical, pero luego la abandonó y contrajo matrimonio en Arico, donde se estableció con su familia y vivió hasta su muerte. En este municipio ocupó un papel relevante, pues desempeñó los principales cargos de la sociedad local: mayordomo de la Cofradía del Santísimo Rosario en la iglesia parroquial del Lomo, juez de paz suplente, alcalde constitucional, secretario del Juzgado de Paz, juez de paz titular, juez municipal accidental, regidor síndico del Ayuntamiento, elector contribuyente, secretario “acompañado” del Juzgado Municipal e interventor electoral. También fue un importante propietario agrícola.

      Nuestro biografiado nació en el pago de Sabina Alta (Fasnia) el 28 de septiembre de 1811, siendo hijo de don José Hernández y doña Catalina Gómez Estévez. Dos días después recibió el bautismo en la iglesia de San Joaquín de Fasnia de manos del cura párroco don Juan de Castro y Baute; se le puso por nombre “Simón de Rojas” y actuó como madrina doña Francisca Gómez, su tía materna…

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Adeje: Don Pedro Melo Casañas (1801-1875), sochantre-organista, maestro, sargento de Milicias, notario público, secretario, regidor síndico, juez de paz suplente y diputado provincial

Adeje-1829-Williams     Casi toda la vida de don Pedro Melo Casañas transcurrió en la Villa de Adeje, donde ostentó numerosos cargos relacionados con la vida militar, religiosa y civil de la localidad. En las Milicias Canarias ascendió a cabo 1º y sargento, empleo éste con el que estuvo destacado en la guarnición de Santa Cruz de Tenerife. En la parroquia matriz de Santa Úrsula ejerció como sochantre, organista y notario público eclesiástico, los dos primeros empleos durante por lo menos 44 años. Y en la vida municipal ocupó diversas plazas: secretario del Ayuntamiento, maestro de escuela y secretario del Juzgado; así como los cargos de regidor síndico del Ayuntamiento, vocal secretario de la Junta local de Primera Enseñanza, juez de paz suplente, elector contribuyente y diputado provincial. Fue, además, labrador medianero de la Casa Fuerte.

     Nuestro biografiado nació en Adeje el 25 de marzo de 1801, siendo hijo del labrador don Antonio Melo Alayón y de doña Ana María Alonso Casañas. Dos días después fue bautizado en la iglesia de Santa Úrsula por el beneficiado don Agustín de Salazar; se le puso por nombre “Pedro Antonio” y actuó como padrino don José García Casañas…

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El callejero de El Tablado (Güímar): la razón de unos nombres

Plano-calles-Tablado-2      El Tablado, como todos los pueblos, está configurado por una plaza y un entramado de calles, más estrechas y sinuosas las antiguas, más anchas y rectas las recientes. Para identificarlas, a cada vía se le ha dado un nombre vinculado al propio caserío o a la comarca en la que se asienta. Este es el motivo del presente trabajo, desentrañar los nombres que figuran en el callejero de esta pequeña pero acogedora localidad costera de la Comarca de Agache.

     El Tablado figuró por primera vez como entidad de población en el censo de 1920, pues hasta entonces estaba incluido en El Escobonal; en dicho año ya tenía la categoría de caserío y contaba con 6 edificios de un piso y 5 cuevas, en total 11 posibles viviendas, sólo habitadas accidentalmente. La estructura del núcleo se mantuvo prácticamente igual hasta 1950, en que el número de viviendas (incluyendo las cuevas) era de 16, solamente habitadas con carácter temporal. El salto se produjo en la década de los cincuenta, cuando los propietarios de la mayor parte de los terrenos que pertenecían a la Finca de Cano, don Carlos Reyes González de Mesa y su esposa doña María Elisa Fuentes Cullen, procedieron a vender numerosas parcelas en dicho caserío a bajo precio; por ello, en 1960 el núcleo ya constaba de 70 viviendas, cuyos propietarios habían construido dos años antes un estanque de agua potable. Así comenzó su desarrollo actual, como lugar de segunda residencia, descanso y veraneo de los escobonaleros…

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