El actual término municipal de Fasnia y sus pagos, según el padrón vecinal de 1779

Padrón Arico-1779     En el último cuarto del siglo XVIII, en 1779, el corregidor de Tenerife, a petición expresa de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, levantó un curioso censo de todos los pueblos de la isla y, por este precioso documento estadístico podemos conocer la pasada pobreza general de los pueblos del Sur, que nunca disfrutaron de las ventajas agrícolas y comerciales de los del Norte. Así, gracias al “Padron general del vecindario del Lugar de Arico con esprecion, de sus Barrios; edades, estado y ocupaciones, oficios y exercicios con las demas Notas, conforme a Riales ordens.”, confeccionado en dicho año por el fiel de fechos don Pablo Gómez y firmado por don José Martín Bello, “Alcalde atual de la Referida jurisdicion y sus territorios”, conocemos los límites de la amplia jurisdicción de Arico en esa época: “Esta jurisdición confina por la parte del Norte con la de Guimar, su divicion un Barranco que titulan de Herque. Por la parte del Sul con la juridicion de la Granadilla su divicion el Barranco que llaman del Río; puede tener de estremo a estremo sinco leguas con poca diferencia; por el poniente confina con la cumbre o tierras consexiles, por el Naciente el mar y del estremo del Mar a lo consexil puede aber quatro leguas poco mas o menos”. Por lo tanto, como se aprecia en dichos límites, incluía a los actuales términos municipales de Arico y Fasnia. Según este padrón, la población total de la jurisdicción ascendía a 472 vecinos (o familias), de los que 217 vivían en el actual término de Fasnia y 255 en lo que al presente es el municipio de Arico.

     Gracias a dicho documento, podemos conocer la situación de los cuatro núcleos o pagos que constituían el actual término de Fasnia, que sumaban en total 963 habitantes, agrupados en las mencionadas 217 familias. Aunque el pago de Fasnia ya contaba con 65 vecinos (279 almas), todavía era superado por La Zarza con 81 familias (332 personas); también había crecido La Sombrera, que en esa fecha casi había duplicado su población con respecto a la de 1737, con 38 vecinos (182 habitantes), y La “Savina Alta” o “Sabinalta”, que estaba a punto de triplicarla, con 33 familias (170 almas). Por esta razón, no es de extrañar que la primera ermita del término se construyese dentro del territorio correspondiente a dicho pago de La Zarza, el núcleo principal. La población activa se dedicaba casi en su totalidad al sector primario, tanto a la agricultura (jornaleros, labradores, mozos de labranza y medianeros) como a la ganadería (pastores de cabras u ovejas) y la pesca (tan sólo dos hombres de una misma familia). En cuanto al resto de las actividades, que ocupaban a menos del 10 % de la población activa, destacaban: dos carpinteros (uno de los cuales sabía medir tierras), un zapatero, un albañil, un fabricante de tejas y un marchante; además, un grupo considerable de hombres estaban “acomodados a sueldo” y otros figuraban ausentes “en Indias”. Por su parte las mujeres se dedicaban en su mayoría a atender a su familia, educar a sus hijos y hacer las tareas de la casa; en los ratos libres hacían labor (hilar, tejer y coser), en muchos casos para poder mantenerse; algunas compaginaban esas actividades con la agricultura y un pequeño grupo tenía profesiones u oficios específicos: varias acomodadas a sueldo, tres mercachifles o traficantes (dedicadas a comprar y vender), dos loceras (una de ellas también panadera), una criada, una esclava, etc.; además, muchas jóvenes cuidaban a sus padres. No podían faltar algunos enfermos e imposibilitados: ciegos, mancos, inválidos y dementes. Ningún niño iba a la escuela, que no existía, dedicándose a hacer mandados y ayudar a sus padres en lo que éstos les ordenasen, así como a aprender su oficio. La inmensa mayoría de los vecinos vivían pobremente o “con cortedad”, aunque muchos eran considerados sumamente pobres e infelices y algunos sobrevivían de limosna; un sector minoritario pasaba regularmente o “no tan mal” y tan sólo dos vivían “con buena comodidad”. En cuanto a la cultura, solamente 8 hombres sabían leer y escribir en toda la jurisdicción, que eran los labradores más acomodados o los artesanos (un carpintero y un zapatero); a ellos se unían otros tres hombres y una mujer que tan sólo sabían leer…

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San Miguel de Abona: Don Miguel Feo Hernández (1855-1919), maestro superior de Primera Enseñanza, presidente de la Sociedad “La Unión” y fiscal municipal suplente

San Miguel de Abona-2     Tras obtener los títulos de maestro elemental y superior de Primera Enseñanza, nuestro biografiado ejerció como interino, probablemente en su pueblo natal. Posteriormente tomó posesión de la escuela de niños de San Andrés y Sauces como maestro propietario, tras superar la correspondiente oposición, y allí permaneció durante algo más de cuatro años. Finalmente, pasó por concurso de traslado a la escuela elemental de niños de San Miguel de Abona, donde desarrolló una reconocida labor docente durante más de 31 años y hasta su muerte. Además, en su municipio natal ejerció como jurado judicial, presidente de la Sociedad “La Unión”, corresponsal de El Defensor del Magisterio, vocal de la Junta Municipal del Censo Electoral y fiscal municipal suplente.

     Nació en San Miguel de Abona el 11 de noviembre de 1855, siendo hijo de don Anselmo Feo Gómez y doña Emilia Hernández Alfonso. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia del Arcángel San Miguel por el cura párroco don Gerónimo Mora y Hernández; se le puso por nombre “Miguel María” y actuó como padrino su tío abuelo don Miguel Alfonso Feo, comandante graduado de Milicias…

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Artículo-MIGUEL FEO HERNÁNDEZ

Arona: Don Bartolomé Agustín de Sarabia (1726-1812), capitán graduado de Milicias, notario público eclesiástico, fiel de fechos, alcalde de Vilaflor y Arona

Arona-41.5 (CFIT)-2     Siguiendo la tradición de su familia materna, don Bartolomé Agustín de Sarabia siguió la carrera militar durante 39 años en el Regimiento Provincial de Abona, en el que entró como subteniente, para luego ascender a teniente y obtener el grado de capitán en el momento de su retiro. Además, desempeñó diversos cargos públicos: notario público eclesiástico, durante más de tres décadas; fiel de fechos o secretario del Ayuntamiento, por lo menos durante un año; alcalde en tres ocasiones de la amplia jurisdicción de Vilaflor; y primer alcalde real del pueblo de Arona, tras su segregación, donde años más tarde volvió a ser elegido para la misma responsabilidad. En el aspecto religioso, fue mayordomo de la Hermandad del Santísimo Sacramento y prioste de la Hermandad de la Misericordia. Llegó a ser en su época una de las personas de mayor prestigio social de la comarca de Chasna.

     Nuestro biografiado nació en el pago del Valle (también conocido como Valle del Ahijadero, actual Valle de San Lorenzo, en Arona) el 24 de agosto de 1726, siendo hijo del secretario don José Perera de Saravia, natural de La Victoria, y de doña María Matías Borges y Quijada, que lo era de Vilaflor. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Vilaflor por el Doctor don Antonio de la Cruz Caraveo, beneficiado servidor de la misma; se le puso por nombre “Bartolomé Luis Agustín” y actuó como padrino don José Francisco Quijada, vecino de Arico…

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Artículo-BARTOLOMÉ AGUSTÍN DE SARABIA

Las fiestas de la Virgen de Candelaria en febrero de 1810, según el Diario de Juan Primo de la Guerra

Fiestas Virgen-Juan Primo-Diario      Don Juan Primo de la Guerra y del Hoyo (1775-1810), III Vizconde de Buen Paso, llegó a Candelaria el 1 de febrero, en su propio caballo y acompañado por su criado, y abandonó este pueblo en las primeras horas de la mañana del día 3. En su minuciosa descripción incluye detalles del viaje y del recorrido, los lugares que atraviesa, el paisaje e incluso las plantas. Luego, ya en Candelaria, se detiene en detalles sobre la familia que lo alojó en su casa durante los dos días. En la localidad mariana hace una descripción de los lugares de interés que visitó: la cueva de San Blas, primera morada de la Virgen; la iglesia parroquial de Santa Ana; el convento, con su sacristía y los cuadros de los milagros; y la casa del Cabildo. Asimismo, describe los actos a los que asistió, como las “horas del Nombre” en la capilla de la Virgen, cantada por los dominicos; la salve cantada por un coro de mujeres de La Esperanza; las misas y diversas procesiones celebradas el día principal. Resulta muy interesante la referencia a la canción entonada por una quincena de “guanches”, en una de las primeras descripciones de este colectivo, que de forma extraordinaria concurrieron a esta festividad, pues solo solían hacerlo en la de agosto; en esta ocasión lo hicieron invitados por el Cabildo para agasajar al diputado vocal de la Junta de Gobierno del Reino, don Manuel María Avalle, quien los recompensó económicamente por ello. Incluye detalles de la vivienda en que se alojó y de las comidas efectuadas en ella, así como del ambiente que se respiraba en la casa del Cabildo, los refrescos allí servidos, los juegos de naipes, los invitados asistentes de las principales familias de la isla y sus entrevistas con algunos personajes.

   Criticaba el antiguo fanatismo religioso, el exceso de fantasía asociada a la venerada imagen, que mucha gente poco reflexiva creía era un ser vivo, y la falta de racionalidad y sencillez en el culto a la Virgen de Candelaria, cuyo hallazgo por los guanches ya era de por sí suficiente importante como para sostener la fe y la veneración por esta “respetable imagen”. También describe el lugar de Candelaria: su orografía y paisaje; su población; su producción y economía, destacando la dedicación masculina a la pesca y la navegación, y la femenina a la elaboración de cerámica. Relaciona los principales personajes que residían en la localidad. Además, menciona el castillo, la batería y las casas que allí tenían el Conde de La Gomera, el Marqués de Casahermosa, las familias Soler y Montemayor. En su regreso, el autor del relato hace mención a como su caballo retrocedía “al ver correr los barrancos”, lo que nos indica que ese invierno había sido muy lluvioso en el sureste de Tenerife.

      En resumen, los datos contenidos en el Diario de don Juan Primo de la Guerra son de enorme interés para conocer como era el pueblo de Candelaria en los albores del siglo XIX; las características de la festividad del mes de febrero y el ambiente que se vivía en ellas; y muchos aspectos etnográficos relacionados con las viviendas, la alimentación, los oficios tradicionales, los medios de transporte, etc…

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Güímar-Arafo: Doña Amalia María Hernández Álvarez (1923-2001), “Crucita”, cantante aficionada, Bachiller y Maestra nacional en La Palma, El Hierro y Tenerife, destacando casi 30 años en Arafo

Hija de maestros, nuestra biografiada siguió la tradición familiar y, tras obtener el correspondiente título, ejerció como maestra interina en Malpaís de Candelaria y en la Cruz de Tea (Granadilla de Abona), Merese (Frontera) y Santo Domingo (Garafía). Una vez superada la correspondiente oposición, fue nombrada propietaria provisional de la Escuela Volante y, tras un paso fugaz por la Sección Graduada de Güímar, fue destinada a Las Cuevecitas de Candelaria. Luego, ya como propietaria definitiva, estuvo destinada en El Hierro, primero en San Andrés y luego en El Mocanal, para pasar finalmente al Colegio “Andrés Orozco” de Arafo, donde alcanzó la jubilación, tras 36 años de intensa labor docente, casi 30 de ellos en esa última localidad, de la que era oriunda; en ese tiempo obtuvo varios votos de gracia. Además, en la preadolescencia actuó como cantante aficionada en Candelaria. Después de jubilada vivió en El Puertito de Güímar, en su municipio natal.

Nuestra biografiada nació en la plaza del Ayuntamiento de Güímar (conocida por entonces como “plaza del General Eulate”) el 3 de marzo de 1923, a las doce del mediodía, siendo hija de los maestros don José Hernández Melque, natural de Arafo, y doña Basilia Álvarez Hernández, que lo era de Arona. El 30 de abril inmediato fue bautizada en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol por don Juan Jesús Amaro Díaz, Dr. en Sagrada Teología y cura ecónomo de la misma; se le puso por nombre “Amalia María del Pilar” y actuaron como padrinos don Abelardo García Rodríguez y doña Herminia Fumero Pérez, siendo testigos don Rafael Jordi y don José Jordi Rincón. Fue conocida cariñosamente como “Crucita”…

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Granadilla de Abona: Don Manuel González Guillén (1770-1837), teniente de beneficiado de Vilaflor, mayordomo de fábrica, teniente de párroco y cura servidor de Granadilla

Granadilla-1 (CFIT)   Nuestro biografiado fue un sencillo cura de pueblo, cuya vida transcurrió en la comarca de Abona, en la que desempeñó cargos parroquiales modestos. Tras su ordenación sacerdotal fue nombrado teniente de beneficiado de Vilaflor. Luego fue adscrito a la parroquia de su Granadilla natal, en la que permanecería el resto de su vida y en la que ejerció como predicador, mayordomo de la fábrica parroquial, encargado de las misas del alba, teniente de párroco y cura sustituto o servidor, en varias etapas.

     Nació en Granadilla de Abona el 25 de diciembre de 1770, siendo hijo de don Juan González Guillén y doña María Josefa Bello, naturales y vecinos de dicha feligresía. Dos días después recibió el bautismo en la iglesia de San Antonio de Padua de manos del párroco don Joaquín González Perlaza del Castillo; se le puso por nombre “Manuel Antonio” y actuó como padrino don Antonio González Perlaza…

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Artículo-MANUEL GONZÁLEZ GUILLÉN

Adeje: Don Petronilo Casañas García (1847-1908), sargento 1º de Milicias, tallador de quintos, comandante de armas, interventor electoral, juez municipal de Adeje y carpintero

Petronilo Casañas-hoja servicios-2     Fueron muchos los sureños que, gracias a sus méritos personales, pudieron desarrollar  modestas carreras militares en las Milicias Canarias, por lo general en las compañías asignadas a los pueblos en los que vivían. Este fue el caso de don Petronilo Casañas García, quien prestó todos sus servicios en la 3ª compañía de la Sección Ligera Provincial de Abona, en la que ingresó como soldado para ir ascendiendo sucesivamente a cabo 2º, cabo 1º, sargento 2º y sargento 1º de Milicias; con los dos últimos empleos fue nombrado tallador de quintos y comandante de armas de dicha villa, en varias ocasiones, al ser el militar de mayor graduación que residía en ella. Además, actuó como interventor electoral, fue nombrado juez municipal de Adeje y trabajó toda su vida como carpintero.

    Nació en Adeje el 30 de septiembre de 1847, siendo hijo de don Diego Antonio Casañas García y doña Camila García Trujillo, ambos naturales de dicha villa, pero ella oriunda por su padre de Arona. El 3 de octubre inmediato fue bautizado en la iglesia de Santa Úrsula por el beneficiado servidor don Antonio Álvarez y Méndez; se le puso por nombre “Petronilo Manuel Fernando Diego Jerónimo de los Inocentes” y actuó como padrino don Manuel Rodríguez…

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Artículo-PETRONILO CASAÑAS GARCÍA

Candelaria: Don José Rafael Otazo de Barrios (1762-1821), notario público eclesiástico, mayordomo de la fábrica parroquial, cura servidor y capellán de la ermita de Igueste

Candelaria-ruinas baílica     El municipio de Candelaria, quizás influido por la presencia de la Virgen, ha sido siempre rico en vocaciones religiosas. Este fue el caso de don José Rafael Otazo, quien tras obtener una capellanía y un patrimonio vitalicio se ordenó de sacerdote. Ejerció siempre en Candelaria, al estar adscrito como capellán a la parroquia de Santa Ana, en la que colaboró activamente con los distintos párrocos y ejerció como notario público eclesiástico, mayordomo de la fábrica parroquial y cura sustituto, encargado o servidor en numerosas ocasiones, además de actuar como capellán de la ermita de Igueste durante muchos años.

    Nuestro biografiado nació en Candelaria el 27 de abril de 1762, siendo hijo de don Francisco Obtazo Marrero y doña Águeda (Rodríguez) de Barrios, naturales y vecinos de dicho lugar. Tres días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por fray José Méndez y Acevedo, teniente de beneficiado; se le puso por nombre “José Rafael” y actuó como padrino don Vicente Rodríguez de Barrios…

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Artículo-JOSE RAFAEL OTAZO DE BARRIOS

La polémica periodística por la concesión a Güímar del título de “Villa” (1900)

Güímar-Barrio de Los Majuelos     A mediados del siglo XIX, algunos vecinos de Güímar ya aspiraban a que se le concediese a este pueblo el título de Villa, pues consideraban que reunía méritos más que suficientes, al ser el principal núcleo de población de todo el Sur de Tenerife. Sirva como ejemplo la carta remitida desde Güímar al director del periódico El Insular el 26 de mayo de 1866, que fue publicada el 6 de junio inmediato, en la que un tal “E” analizaba las mejoras que se estaban llevando a cabo en dicho municipio, que consideraba merecedor del preciado título, y que concluía con una invitación a las próximas Fiestas Patronales: “El pueblo de Güimar se prepara, en fin, Sr. Director, á celebrar con la solemnidad acostumbrada los días de su patron S. Pedro. Yo, vecino de este pueblo (que por varios y merecidos conceptos es acreedor al título de Villa) me preparo á divertirme de la mejor manera posible é invito á Vd. y á toda la Redacción de el Insular por si gustan disfrutar en mi casa, honrándola, los modestos goces que á esta tal pueda proporcionarles”. Pero aún habrían de pasar 34 años para que dicha aspiración se hiciese realidad.

     Por gestión directa del diputado a Cortes por Tenerife don Imeldo Serís (1848-1904), Marqués de Villasegura, que era oriundo de Güímar, el 28 de junio de 1900 el Rey Don Alfonso XIII, y en su nombre la Reina Regente Doña María Cristina, hizo merced a Güímar del título de “Villa”, que llevaba implícito el tratamiento de “Muy Ilustre” a su Ayuntamiento. Así se le comunicó por telégrafo el Marqués al alcalde de Güímar, don Hipólito de Castro Díaz, a quien en el mismo sentido enviaron sendos oficios el ministro de la Gobernación y el gobernador civil de la provincia. Dicha noticia fue recogida en la prensa con un diferente tratamiento, según la línea ideológica de cada periódico, lo que dio lugar a una curiosa polémica…

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Fasnia: Doña Concha Doris Díaz Frías (1920-2008), extraordinaria maestra nacional, impulsora de actividades extraescolares y conseguidora de premios, gestora de ayudas para personas necesitadas, concejal, promotora de obras comunitarias, secretaria de la Junta Parroquial y poeta popular

Doris Díaz Frías     Este artículo está dedicado a una de esas maestras que pusieron todo su tiempo, su ilusión, su esfuerzo y su trabajo en sacar adelante a los pueblos, elevando el nivel social y cultural de los vecinos desde la escuela. Tras cursar la carrera de Magisterio, ejerció una brillante labor docente en  Chimiche, El Bueno, Icor, Las Galletas, Fasnia (durante 22 años) y Santa Cruz de Tenerife, que fue reconocida con 14 votos de gracia. Además, en su pueblo natal trabajó en la formación de la juventud, a través de actividades extraescolares (cuentos, dibujos, belenes, etc.), con las que participaron en diversos concursos y obtuvieron numerosos premios; desarrolló una intensa labor social, gestionando ayudas para las personas más necesitadas; fue elegida concejal del Ayuntamiento y promovió la organización de “comunidades” encaminadas a la realización de obras comunitarias perentorias; actuó como secretaria de la Junta Rectora  o Comisión Parroquial de Obras de la Parroquia de San Joaquín, que se encargó de la reparación y reforma del templo parroquial, así como de la construcción del salón parroquial y la cripta; y perteneció al Consejo parroquial de Fasnia. Como se destacaba en una entrevista que se le realizó en 1995 para la revista Bentheara de Fasnia, doña Concha Doris era: “la maestra de los Concursos, de los Cuentos, de las Obras de Teatro, de los premios…; la persona que arregló los subsidios y pensiones a más de un anciano…; la mujer que dió su tiempo y esfuerzo en arreglar la iglesia, el salón parroquial y la cripta…; organizadora de viajes y festejos para recaudar fondos para la iglesia y el pueblo”. Como curiosidad, también fue aficionada a la poesía popular. En resumen, dio su vida a los demás y el pueblo de Fasnia continúa estando en deuda con ella.

     Nuestra biografiada nació en la calle La Morra de Fasnia el 18 de diciembre de 1920, a las ocho de la mañana, siendo hija de don Juan Díaz Castro y doña María del Carmen Frías Díaz, conocida por “Carmela”. El 15 de enero de 1921 fue bautizada en la iglesia de San Joaquín por el cura párroco don Luis Navarro Nóbrega; se le puso por nombre “Doris María de la Concepción” y actuaron como padrinos don Jorge Frías Díaz y doña Edelmira Díaz Castro. Siempre fue conocida entre sus paisanos como “Concha Doris”…

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