No es frecuente que tres hermanos decidan seguir la misma actividad profesional y, menos aún, que coincidan en la vocación sacerdotal. Este es el caso de los sacerdotes güimareros don Hipólito, don Vicente y don Juan Jorge Dorta. El amor de estos hermanos por la ciudad natal ha quedado patente, en un rasgo de desinterés y entrega, al donar una hermosa finca de su propiedad situada en la parte baja de la ciudad de Güímar para construir en ella un monasterio, que ellos mismos impulsaron hasta dejarlo en pleno funcionamiento; ello les valió la Medalla de Plata de Güímar y la nominación de una calle
La vida sacerdotal de don Vicente Jorge Dorta, al que vamos a dedicar el presente artículo, transcurrió en su Valle natal, en el que desempeñó los cargos de coadjutor de San Pedro de Güímar; capellán de las Misioneras de Nazaret; párroco de San Juan Degollado de Arafo (durante 53 años); párroco de Ntra. Sra. de Fátima (22 años); párroco fundador de la Santa Cruz de Lomo de Mena (solo un año y medio); profesor de Religión del Colegio “San Pedro” (15 años), del Colegio “Santo Domingo”, regentado por las Religiosas de Nazaret, del Colegio Nacional “Hernández Melque” y del Instituto “Mencey Acaymo” de Güímar (24 años); responsable de Vocaciones y arcipreste del distrito de Güímar (6 años); etc. En todos ellos se ganó el cariño de sus feligreses y discípulos, por su sencillez y bonhomía, y así se lo manifestaron en los diversos homenajes que se le tributaron durante su largo ministerio. Además de las distinciones que recibió conjuntamente con sus hermanos, como reconocimiento a su labor en Arafo se le nombró Hijo Adoptivo de dicha villa, donde también se le dio su nombre a una calle. Asimismo, se le concedió la Medalla de la Virgen del Socorro, por la que siempre sintió una profunda devoción…
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