Los barcos de cabotaje que operaban en los puertos de El Escobonal (Güímar): El Tablado y Chimaje

agache-cabotaje     Desde finales del siglo XVIII hasta comienzos del XX, El Tablado se transformó en un importante puerto de cabotaje, para la entrada y salida de mercancías y personas. Por este puerto operaban los veleros que constituían casi la única comunicación de Agache con el exterior, sobre todo con Santa Cruz de Tenerife y, en menor medida, con otras islas del archipiélago. También existió en la comarca otro puerto de cabotaje de menor importancia, el llamado “Puerto del Escobo­nal”, que estaba situado en la playa de Chimaje. Los productos de exportación o importación se conducían entre El Escobonal y El Tablado por el camino del Arrastradero (La Tirada) o por el de La Corujera; mientras que con Chimaje la comunicación era a través del Arrastradero de La Montaña. Aunque con menos frecuencia, también fueron utilizados como puertos de cabotaje ocasionales las playas de Los Barrancos y La Caleta, donde desembocaban los arrastraderos de Lomo de Mena y Pájara, respectivamente. Como muestra de la importancia de la comunicación marítima, hacia 1847 la correspondencia también se enviaba por barco, recibiéndose de la administración de Santa Cruz una o dos veces en la semana, y siendo conducida por los patrones de los barquitos fleteros. Simultáneamente y desde muy antiguo, en la costa de Agache se desarrolló una limitada actividad pesquera, por lo general complementaria de las tareas agrícolas, que tuvo su máximo desarrollo en el siglo XIX.

     Los barcos dedicados a la navegación de cabotaje estaban gobernados por patrones, la mayoría de ellos escobonaleros, entre los que destacaba la saga de los Castro, los Marrero y los Bethencourt, con varias generaciones de hombres vinculados a la mar. Los que operaban por los puertos de Agache eran sobre todo veleros de pequeño porte, de los que conocemos un total de 15, algunos de ellos con base en El Tablado. En el litoral de El Escobonal se embarcaban sobre todo papas y, en menor medida, frutos, vino, cochinilla y barrilla, que los veleros conducían a la capital de la provincia. Por lo general, al día siguiente de su llegada a Santa Cruz regresaban al puerto de origen, con granos, frutos y madera, así como otras mercancías y “carga general”. También transportaban pasajeros, tanto a la ida como a la vuelta…

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Los vecinos de Santiago del Teide fallecidos a causa de la Guerra Civil Española y el monumento a los Caídos construido en su memoria

santiago-fallecidos-guerra     Como en todos los municipios canarios, fueron muchos los jóvenes de Santiago del Teide movilizados con motivo de la Guerra Civil para combatir al lado del Bando Nacional, varios de ellos casi adolescentes, que fueron enviados al frente a jugarse la vida por una causa que en su mayoría no comprendían, ante la desesperación de sus padres y, en algunos casos, de sus esposas e hijos. Todos los supervivientes perdieron en esos años su inocencia, al vivir duras experiencias que no olvidarían jamás y les atormentarían el resto de sus vidas. Pero algunos dejaron su vida y otros su salud, al sufrir heridas graves que les dejaron secuelas para siempre o enfermaron durante la contienda bélica y, aunque regresaron a su tierra, murieron a consecuencia de ello. A esas víctimas de una absurda tragedia colectiva vamos a dedicar este artículo.

     Según el Colectivo Arguayo, al menos 13 jóvenes de este municipio perdieron la vida en la Guerra Civil Española: don Rogelio Hernández González, don José Hernández González y don Cornelio Luis Rodríguez Rodríguez, de Arguayo; don Buenaventura José Curbelo González y don Octavio Forte Rodríguez, del Valle de Arriba; don Lázaro Dorta Pérez, del Valle Santiago; los hermanos don Antonio y don Alejo Tejera Jiménez, del Puerto de Santiago; don Antonio Gorrín Pérez y don Domingo Hernández Viña, de Tamaimo; don Ismael González Pérez y don José Pérez González, de El Retamar; y don Pedro Trujillo Trujillo, de Las Manchas. No obstante, de momento solo hemos localizado información documental de 10 de ellos, además de otro de Masca, pero feligrés de la parroquia de San Fernando de dicha villa; del total, solo uno era cabo y los demás soldados. De algunos de esos militares, sus familiares conservan un “piadoso recuerdo”, con su fotografía.

     Tras finalizar la Guerra Civil y a raíz de una disposición del Gobierno central, se acordó erigir en Santiago del Teide un monumento a los Caídos, con el fin de recordar a los militares santiagueros fallecidos en el Bando Nacional durante la Guerra Civil. Por ello, hacia 1943-1944 se construyó dicho monumento en la plaza de Santa Ana del núcleo de Tamaimo, el mayor del municipio…

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Artículo-SANTIAGUEROS FALLECIDOS EN LA GUERRA CIVIL

La centenaria tradición folclórica en Barranco Hondo de Candelaria

barranco-hondo-folclore     El pueblo de Barranco Hondo, en el municipio de Candelaria, ha conservado a lo largo del tiempo muchas de las tradiciones de la tierra, en especial las vinculadas a la música folclórica. A finales del siglo XIX existía un Rancho de Ánimas, que recorría el pueblo para recoger limosnas destinadas a la Novena de Ánimas y cantando villancicos en las Pascuas de Navidad. Luego, en 1912 en esta localidad existía un grupo de bailes folclóricos que actuó en un festival benéfico en Santa Cruz de Tenerife. En 1924 ya contaba con una parranda organizada, cuya estrella musical era el famoso “Ciego de Barranco Hondo”, que actuó incluso en las Fiestas de Mayo de dicha capital. En 1935, varios solistas de este pueblo actuaron de nuevo en Santa Cruz, destacando entre ellos una niña de corta edad, que asombró al auditorio.

     Posteriormente, hacia 1953 se formó la Rondalla “Albarianes”, en 1974 la Rondalla de pulso y púa “San José”, en 1984 la Agrupación Folclórica “San José” y en 1992 la Agrupación Folclórica “Chajoigo”; las dos últimas continúan en activo y han llevado el nombre del pueblo fuera de las fronteras insulares e incluso nacionales; y ambas dan nombre a sendas calles de Barranco Hondo, al igual que la primera. Esa arraigada tradición también hizo que en 1984 se incorporase a la festividad de San José la popular Romería, que se celebra anualmente en el mes de marzo. Por ello, el crítico musical José D. Gamallo diría que Barranco Hondo es “el pueblo de mayor afición a las típicas rondallas

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Los cementerios de la Villa de Arico

arico-cementerio-villa     Como en todos los municipios de las islas, los vecinos del actual término de Arico recibieron sepultura inicialmente en los templos parroquiales de los que dependían. Por ello, los ariqueros se vieron obligados a emigrar después de fallecidos, siendo trasladados desde 1560 a la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Vilaflor, en la que eran enterrados. Asimismo, a partir de 1624 algunos ariqueros también comenzarían a recibir sepultura en la capilla mayor del convento agustino de San Juan Bautista de la antigua capital chasnera, cuando así lo disponían en sus testamentos. Esporádicamente, otros fueron enterrados en la ermita de San Juan Bautista de El Lomo, que ya existía en 1602 y en la que recibió sepultura su fundador, el capitán don Juan González Gómez, así como algunos feligreses fallecidos con motivo de epidemias o cuando el estado de los cadáveres no permitía su traslado hasta la cabecera del término.

     Luego, tras la creación de la parroquia de Arico en 1639, que tenía su sede en dicha iglesia de San Juan Bautista, se comenzó a dar sepultura en ella a todos los fallecidos en su jurisdicción (que abarcaba al actual municipio), donde las principales familias poseían sepulcros propios, perteneciendo los de la capilla mayor a los descendientes de los que contribuyeron a la fundación de dicho templo. Así continuó haciéndose durante 189 años, hasta que con motivo de enfermedades epidémicas se construyó un primer cementerio parroquial en 1828, que fue sustituido en 1854 por el actual cementerio municipal, ambos en El Lomo o Villa de Arico…

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Artículo-CEMENTERIO DE LA VILLA DE ARICO

Los vecinos de Arafo fallecidos a consecuencia de la Guerra Civil y la Cruz de los Caídos construida en su memoria

arafo-cruz-caidos     La Guerra Civil Española fue una tragedia colectiva para este país en su conjunto, pero sin duda lo fue aún más para aquellas familias que tuvieron que ver como sus hijos, en algunos casos casi unos niños, eran movilizados a la fuerza y llevados al frente para combatir en un enfrentamiento absurdo entre paisanos, solo por tener diferentes ideas. En Canarias, la primera región que pasó al bando franquista por iniciarse aquí el alzamiento, todos los jóvenes fueron obligados a alistarse en el Ejército Nacional, en la mayoría de los casos en contra de su voluntad, para sufrir en esos años de enfrentamiento un trauma psicológico que les dejaría marcados para el resto de su vida. Pero un porcentaje no pequeño dejó su vida en el frente, o sufrieron heridas graves que les dejaron secuelas para siempre; incluso algunos enfermaron durante la Guerra y, aunque regresaron a su tierra, murieron a consecuencia de ello. Sin duda, esos jóvenes también fueron víctimas del franquismo, del golpe militar que acabó con la II República Española, tras una cruenta guerra que duró casi tres años. A ellos vamos a dedicar este artículo y en otra ocasión nos ocuparemos de los represaliados por los vencedores de la Guerra y el régimen dictatorial que le siguió.

     Con motivo de la Guerra Civil entregaron su vida un total de 11 vecinos de Arafo, cuatro cabos (don Jesús Santiago Guanche Fariña, don Julián Gil Hernández, don Gabriel Domingo Fariña Fariña y don Nicolás Sosa Pérez) y siete soldados (don Domingo Albertos Borges, don Jaime Marrero Fariña, don Lucas González Fariña, don Paulino Batista Peña, don José Brito Marrero, don Baldomero Nicolás González Fumero y don Tomás Hernández Delgado). De ellos, siete eran naturales del propio municipio y cuatro habían nacido fuera (dos en Cuba, uno en Fasnia y otro en Santa Úrsula). Diez murieron en acciones de guerra o a consecuencia de las heridas sufridas en ellas y solo uno a causa de enfermedad contraída en el frente. Inicialmente, el destino parecía proteger a los combatientes de Arafo, pues en el primer año y medio de no falleció ninguno; pero luego se aceleraron las desgracias y diez murieron en el plazo de un año, pues el primer caído fue el cabo de Falange don Jesús Santiago Guanche Fariña (el 21 de enero de 1938); mientras que el último lo fue el cabo de Infantería don Nicolás Sosa Pérez (el 23 de enero de 1939), con la salvedad de don Tomás Hernández Delgado, quien falleció enfermo en su domicilio de Arafo el 9 de enero de 1940.

     Al finalizar la Guerra Civil, a raíz de una disposición del Gobierno central, se acordó colocar en Arafo una Cruz de los Caídos para recordar a los araferos caídos en el Bando Nacional durante la Guerra Civil, la cual se terminó de instalar a comienzos de 1940. Luego ese monumento fue remodelado y reubicado en tres ocasiones, dotándosele de una lápida patriótica e incompleta, hoy de difícil justificación ante la Ley de la Memoria Histórica…

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Artículo-ARAFEROS FALLECIDOS EN LA GUERRA CIVIL-CRUZ DE LOS CAÍDOS

El Somatén Armado del distrito de Adeje en su primera etapa (1924-1931)

adeje-jueces     El Somatén Armado, antigua milicia popular de rancio abolengo tradicional, surgió en el siglo XI en Cataluña, donde enseguida alcanzó un gran arraigo. Tuvo especial fama y resonancia a comienzos del siglo XIX, con motivo de la invasión del territorio español por las tropas de Napoleón, pues contribuyó de forma decisiva a la derrota de los franceses. Al constituirse la I República, en el año 1873, el Somatén fue disuelto, aunque por poco tiempo, ya que al empezar las revueltas carlistas volvió a ser instituido por Figueras. En 1876 volvió al primer plano del relieve nacional, al levantarse en armas y aplastar en tres días los últimos focos de la insurrección carlista. Más tarde, el Somatén volvió a revitalizarse con ocasión del golpe de Estado del general Primo de Rivera, en 1923, pues en su manifiesto a la Nación, el general hizo un encendido panegírico del Somatén y anunció la inmediata reorganización de esta milicia en los lugares donde ya hubiera existido y su creación en todas las provincias que no la hubieran tenido nunca, así como en las plazas de soberanía del territorio marroquí. Posteriormente, en 1931 el Gobierno de la II República decretó la disolución definitiva del Somatén. No obstante, después de finalizada la Guerra Civil, en 1945 el general Franco recuperó esta institución, que se mantuvo durante décadas. Dado su origen, la Patrona del Somatén Nacional sería Nuestra Señora de Montserrat, que se festejaba el 27 de abril.

     Una vez constituido en Canarias, a comienzos de agosto de 1924 se nombraron los primeros mandos del Somatén Armado en Tenerife, tanto de los partidos como de los diferentes distritos municipales. En ese año, la estructura del Somatén de Tenerife estaba compuesta por 5 cabos de partido, 5 subcabos de partido, 37 cabos de distrito (seis de ellos en Santa Cruz, dos en La Laguna y uno en cada municipio), 38 subcabos de distrito, y numerosos cabos y subcabos de pueblo o barrio. En cuanto al partido judicial de Granadilla de Abona, al que pertenecía Adeje, incluía 8 municipios y el Somatén Armado estaba compuesto por 64 miembros: 1 cabo de partido (don José Pomar García) y 1 subcabo de partido (don Blas Batista Pérez), 8 cabos de distrito, 8 subcabos de distrito y 46 somatenistas.

     A comienzos de agosto de 1924 se nombraron los primeros responsables del Somatén Armado de Adeje: cabo de distrito, don Alonso Cabrera González, y subcabo de distrito, don José García Rodríguez. Por un estado numérico del Somatén de Canarias, fechado a 1 de diciembre de ese mismo año, conocemos cual era la aún escasa fuerza del mismo: 1 cabo de distrito, 1 subcabo de distrito y 10 somatenistas; en total, 12 miembros. En esta villa, el Somatén contó con un cuartelillo, donde prestaban su servicio, que estaba dirigido a la prevención de la delincuencia y mantenimiento del orden público. Como cabos jefes del distrito en esta etapa sucedieron al ya nombrado, don Fermín Fraga González y don Manuel Fernández Piñeiro…

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Artículo-SOMATÉN ARMADO DE ADEJE

Distinciones concedidas por el Ayuntamiento de Fasnia durante el último régimen dictatorial (1939-1979)

fasnia-distinciones-1979     En este artículo nos vamos a centrar en las distinciones concedidas por el Ayuntamiento de Fasnia durante el último régimen dictatorial, es decir, desde el final de la Guerra Civil hasta las primeras elecciones municipales democráticas, celebradas en 1979.

     En la etapa estudiada se concedieron tres títulos de Hijo Adoptivo (don Domingo Pérez Cáceres, don Blas Pérez González y don Enrique Cejas Zaldívar) y uno de Hijo Predilecto (aunque éste por error, por lo que fue anulado), diversos “votos de gracia” y felicitaciones a maestros o funcionarios del Ayuntamiento, así como adhesiones a homenajes y distinciones de carácter insular o nacional. Además, se nominaron tres calles (Domingo Pérez, Cáceres, Avenida de la Paz y Avenida del Silencio), el cementerio municipal (San Isabelino) y el colegio público (Guajara); y se aprobó el primer Reglamento Municipal de Honores y Distinciones.

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Los jueces de la Villa de Santiago del Teide en su primera etapa (1855-1870)

santiago-40-7-cfit     En la Villa de Santiago de Tenerife (hoy Santiago del Teide), al igual que en los restantes municipios de España, hasta mediados del siglo XIX los juicios verbales de faltas se celebraban ante el alcalde de la localidad o el teniente de alcalde en el que aquel delegase. Pero en 1855 la Legislación española separó la autoridad civil de la judicial, al crear la figura independiente del “Juez de paz”. Afortunadamente, conocemos casi todos los jueces que ha tenido la jurisdicción de Santiago del Teide desde 1856 hasta hoy, aunque dicha figura ha sufrido algunos cambios en este municipio a lo largo del tiempo, pues primero fueron jueces de paz (1856-1870), luego jueces municipales (1871-1945) y de nuevo jueces de paz, desde 1945 hasta el presente. En este artículo solo nos vamos a ocupar de los primeros.

     Como se preveía en el Real Decreto de creación de la figura del juez de paz, para cubrir las vacantes de jueces o suplentes se elegirían personas de reconocido prestigio en los diferentes municipios, por lo que la mayoría de ellos asumirían también otras responsabilidades en dichas localidades, tanto en el Ayuntamiento como en las Milicias o en la Parroquia, figurando además entre los mayores contribuyentes del término correspondiente. Así ocurrió en la Villa de Santiago de Tenerife (como por entonces se llamaba a este municipio), donde en esta primera etapa, de 1859 a 1870, conocemos cuatro jueces de paz titulares, gracias a que la mayoría de los nombramientos se recogían en el Boletín Oficial de la Provincia de Canarias; pero de momento, no conocemos a los que pudieron nombrarse entre 1856 (en que se crearon los Juzgados de Paz) y 1859, aunque sí a uno de los suplentes. De ellos, el récord de permanencia al frente del Juzgado lo ostentó don Francisco González Barrios (3 años y medio como titular, más otros 2 como suplente); le siguieron en duración: don Antonio Lorenzo Dorta (3 años como titular, más 2 como suplente), don Nicolás Dorta González (3 años como titular) y don Antonio González Guanche (algo más de 2 años de titular). Con respecto al lugar de nacimiento, no sabemos si todos eran naturales del Valle de Santiago…

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Artículo-JUECES DE PAZ-SANTIAGO DEL TEIDE

La epidemia de fiebre amarilla de 1810-1811 en el Valle de Güímar y la enigmática tumba de Monjui en el caserío de El Socorro

     Hace menos de medio siglo aún se conservaban en el caserío de El Socorro las piedras labradas que cubrían una sepultura, conocida erróneamente como “La tumba del Cura Monjui”, que hoy ya no se conserva. Se situaba en un erial, frente a la ermita principal de la Virgen y junto a otras desaparecidas con anterioridad. En este artículo desvelamos el misterio del personaje enterrado en esa tumba, situando su muerte en la tristemente célebre epidemia de fiebre amarilla que asoló Santa Cruz de Tenerife en 1810 y 1811.

     Cuando llegaron los primeros enfermos al Valle de Güímar, procedentes de la capital tinerfeña, se habilitó un lazareto para su aislamiento en la solitaria ermita de El Socorro, así como un campo santo cercano a ésta para dar sepultura a los que allí falleciesen, de los que conocemos a tres. Por dicho motivo, la imagen de la Virgen del Socorro fue trasladada a la iglesia de San Pedro Apóstol, donde ya quedó para siempre, volviendo a su ermita solo con motivo de su festividad. Además, por el mismo motivo se habilitaron otros lugares de enterramiento aislados en las poblaciones principales, como ocurrió en Candelaria, donde se enterraron dos vecinos, y en Güímar, donde lo hicieron otros dos. Asimismo, en Santa Cruz murieron cuatro güimareros allí avecindados y un palmero casado con una güimarera, así como cinco militares oriundos de este Valle y cinco prisioneros franceses del Depósito de Güímar…

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Las escuelas unitarias de La Sabinita (Arico) y sus maestros (1932-1975)

La Sabinita-plaza     En este artículo vamos a recordar la existencia, durante más de cuatro décadas, de las escuelas unitarias del núcleo de La Sabinita, situado en las medianías del extenso municipio de Arico, a 500 m de altitud y por encima de La Degollada y Arico el Nuevo. La primera escuela se instaló en dicho barrio en 1912, por traslado de la existente en Arico el Nuevo, al con contar con local en este pago. Luego, a partir de 1929, los vecinos de La Sabinita solicitaron la creación oficial de una escuela mixta atendida por maestra, lo que se hizo realidad a finales de 1931, comenzando a funcionar a comienzos del año siguiente. Ésta se desdobló a finales de 1933, al crearse una escuela unitaria de niños y la mixta existente transformarse en unitaria de niñas, por lo que pasó a ser una agrupación escolar de dos unidades. Ambas se mantuvieron hasta 1975, en que fueron suprimidas e integradas en el Colegio Nacional “Nuestra Señora de la Luz” de La Degollada.

     En sus 43 años de existencia, estuvieron al frente de la escuela mixta y de ambas unitarias 14 maestras y 22 maestros, ostentando el récord de permanencia en la de niñas doña Teodora Brito Hernández, con 7 años y medio, y en la de niños don Manuel de la Torre Fernández, con 6 años y medio (en dos etapas); seguidos por doña María Dolores Beautell Díaz y don Rómulo López González, respectivamente…

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Artículo-ESCUELAS UNITARIAS DE LA SABINITA