Candelaria: Don Felipe Víctor Otazo Ramos (1812-1870), párroco propio de Matanzas en la isla de Cuba y cura encargado de Arafo

25-Candelaria-Convento-Bannerman (1922)     A pesar de nacer en el seno de una familia destacada, como tantos otros canarios emigró a América en unión de un hermano y se estableció en Venezuela, de donde pasó a Curazao. No sabemos a qué se dedicó en dicho continente, pero lo cierto es que ya mayor cursó allí la carrera eclesiástica y, tras ser ordenado sacerdote, obtuvo en propiedad la importante parroquia de la ciudad de Matanzas, en la isla de Cuba, que regentó durante casi una década. Luego regresó a Tenerife, donde solo pensaba estar una temporada, pero vivió los tres últimos años de su vida, en los que estuvo encargado durante unas semanas de la parroquia de Arafo, sorprendiéndole la muerte sin volver a su destino.

      Nació en Candelaria el 21 de julio de 1812, siendo hijo de don Juan Obtazo de Barrios, natural de dicho pueblo, y doña Manuela Ignacia Ramos Villa, que lo era de Sevilla. Dos días después recibió el bautismo en la iglesia parroquial de Santa Ana, de manos del cura párroco don Esteban Montañés; se le puso por nombre “Felipe Víctor de Santa Práxedes” y actuó como su padrino el presbítero don José Rafael Otazo, su tío paterno…

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Artículo-FELIPE VÍCTOR OTAZO RAMOS

2 pensamientos en “Candelaria: Don Felipe Víctor Otazo Ramos (1812-1870), párroco propio de Matanzas en la isla de Cuba y cura encargado de Arafo

  1. Don Octavio, procura usted los textos con tanto esmero, que cuando le cazamos un excepcional gazapo hasta nos ponemos “contentos” al comprobar que es usted terrenal, de El Escobonal, para más señas…

    En la “entradilla” del artículo, que es la que procuro leer con más atención he observado dos. Uno, seguro y banal: “cursó allí cursó la carrera”. Otro es más probable que obedezca a transcripción literal, pero no deja de ser curioso el que hijo y tío se apelliden “Otazo” y, sin embargo, el padre sea “Obtazo”.

    Siempre es un placer leerle y aprender. Por cierto, abusando de la confianza y para romper la rigurosa sobriedad que siempre da a sus artículos: A la vista de lo sucedido, tras su regreso de América para una prevista corta estancia en la tierra que le vió nacer, me imagino que Don Felipe exclamaría a los cuatro vientos, desde el Alto de Cho Marcial: ¡Puñetas, si lo sé no vengo!

    • Gracias Pedro por cazar el gazapo, que ya he corregido.
      El cambio ortográfico de los apellidos fue una constante en Canarias desde el siglo XVI al XIX. En concreto el del personaje que nos ocupa figura en algunos antepasados como “Botazo” o “Obtazo”, hasta que se consolidó como “Otazo”, como continúa en la actualidad.
      Este sacerdote probablemente regresó a su tierra con la esperanza de encontrar aquí un destino parroquial que le permitiese establecerse en su tierra, pero solo encontró uno provisional y la muerte, que truncó sus anhelos.
      Saludos.

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