Güímar-Arona: Don Pablo Cuesta Ruiz (1748-1813), sargento 1º de Milicias profesional o “de sueldo continuo” en los Regimientos de Güímar y Abona

Nuestro biografiado llegó a Tenerife como militar profesional destinado a la instrucción de las Milicias Canarias, tras la reorganización de éstas. Se incorporó como cabo de escuadra al Regimiento Provincial de Güímar, en cuya cabecera ejerció y contrajo matrimonio. Luego pasó con el mismo destino a la compañía de La Matanza de Acentejo del mismo cuerpo. Tras regresar a Güímar como cabo 1º, ascendió a sargento 1º de Milicias “de sueldo continuo”. Con este último empleo pasó posteriormente al Regimiento de Abona, quedando encargado de la instrucción de la compañía del Valle de San Lorenzo (Arona), donde obtuvo su retiro y falleció. Su descendencia se extendió por Güímar, Arona, San Miguel de Abona y Santa Cruz de Tenerife.

Nació en la Península, probablemente en Madrid, hacia 1748, siendo hijo de don Pablo Cuesta y doña Úrsula Ruiz. No obstante, en 1800 se firmaba como “Pablo Cuesta Rodríguez Barco”. Como lugar de su naturaleza figuran contradicciones en las distintas partidas de boda de él y de sus hijos, así como en el bautizo de éstos y en su partida de entierro: la “villa de Untoas en Madrid”, la localidad de “Antova en Andalucía”, “el Reyno de Toledo en la Península de España” o “la Villa de Madrid” …

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Granadilla de Abona: Don José Álvarez de Ledesma (1796-?), sacerdote, beneficiado servidor de Adeje y Garachico

Miembro de una destacada familia de escribanos, militares y religiosos, nuestro biografiado eligió esa última opción y siguió la carrera eclesiástica; así, tras conseguir que sus padres fundasen un patrimonio vitalicio a su favor, recibió las órdenes sagradas hasta el presbiterado. Luego se le concedieron las licencias de celebrar, confesar y predicar. De sus destinos, sabemos que ejerció como beneficiado servidor de la parroquia de Santa Úrsula en la villa de Adeje, a cuyo frente permaneció durante seis años; y posteriormente, por problemas de salud, pasó con el mismo cargo a la parroquia de Santa Ana en la villa y puerto de Garachico, en la que estuvo otros cinco años. Debió tener un carácter fuerte, pues en ese último destino tuvo serios enfrentamientos con el alcalde constitucional de dicha villa y con el otro beneficiado propio de su parroquia. Tras cesar en ésta, de momento no tenemos más información de la vida de este sacerdote.

Nació en Granadilla de Abona el 8 de diciembre de 1796, siendo hijo de don José Álvarez de Ledesma, natural de la villa de La Orotava, y doña María Lorenzo García del Castillo y Casanova, que lo era de la primera localidad. Ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial de San Antonio de Padua por fray José García del Castillo, predicador jubilado, con licencia del párroco don Cristóbal Pérez Barrios; se le puso nombre “José Cristóbal Francisco Antonio de la Concepción” …

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San Miguel de Abona-Adeje: Don Anselmo Feo (Gómez) Sierra (1829-1885), cabo 1º de Milicias, juez de paz suplente, primer juez municipal y alcalde constitucional de San Miguel, elector contribuyente y propietario

Miembro de una destacada familia, nuestro biografiado inició una modesta carrera militar como soldado en el Batallón Provincial de Abona, en el que ascendió hasta cabo 1º de Milicias, aunque al final pasó al Batallón Ligero Provincial de La Orotava, en el que obtuvo su licencia absoluta. Como uno de los mayores propietarios de San Miguel de Abona, figuró entre los electores contribuyentes de dicho municipio, en el que gozó de notable prestigio, pues desempeñó los cargos de juez de paz suplente, primer juez municipal y alcalde constitucional.

Nació en San Miguel de Abona el 21 de abril de 1829, siendo hijo de don Nicolás Bruno Feo Hernández y doña María Petra de los Dolores Sierra de León. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia del Arcángel San Miguel por el cura párroco propietario don Francisco Guzmán y Cáceres; se le puso por nombre “Anselmo Bartolomé de San Nicolás” y actuaron como padrinos don Bartolomé Hernández y su mujer, doña María Petra de León Sierra…

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La detallada descripción de las Fiestas de la Virgen del Socorro de Güímar en 1888, escrita por el culto sacerdote don Santiago Beyro y Martín

Al culto sacerdote don Santiago Beyro y Martín le debemos una de las descripciones más completas, aunque poco conocida, de las fiestas de Nuestra Señora del Socorro en el siglo XIX, concretamente las celebradas el 7 y 8 de septiembre de 1888. Curiosamente, no la publicó hasta once años después, entre el 15 de abril y el 24 de mayo de 1899, en cinco entregas que vieron la luz en el Diario de Tenerife; y la reprodujo íntegramente entre el 20 de julio y el 24 de agosto del año siguiente, también en cinco partes, en el semanario Siglo XX. Está extraída del libro sobre “Historia y evolución de las Fiestas de Nuestra Señora del Socorro en Güímar”, que tenemos en preparación.

En su interesantísimo trabajo, el Doctor Beyro describe con todo lujo de detalles los principales aspectos de dichas fiestas: los repiques de las campanas en la iglesia de San Pedro y en la ermita de El Socorro; la salida de la Virgen de la iglesia matriz y el entorno de ésta, incluso las plantas que adornaban la plaza y sus olores, así como la masa humana que la espera, su emoción e incluso sus trajes; la danza de las cintas, con los principales aspectos del baile y la vestimenta de los danzarines; la procesión hasta La Asomada, con la banda de música y los numerosos fieles; los ramos de albahaca que llevaban las chicas para adornar la ermita costera; la llegada a ésta, sus olores y el canto de la Salve; el baño de los romeros, su posterior almuerzo y las parrandas; el pozo al que se llevaba el agua para esta fiesta; las promesas de los fieles y las limosnas entregadas al mayordomo; la tradicional luchada en la playa; la emotiva representación de la “Ceremonia” de aparición de la Virgen a los guanches, en el mismo Llano donde se produjo; la procesión de retorno a la ermita, con la banda de música; la suelta de globos aerostáticos y los fuegos artificiales; el regreso a Güímar de los señores más acomodados en sus bestias; la noche pasada en la costa por otros muchos vecinos, en las chozas improvisadas o en los ventorrillos; la función de la mañana del día 8, con sermón; el regreso a Güímar de la mayoría de los romeros, para esperar allí a la Virgen ya vestidos de fiesta; la soledad de Nuestra Señora esa tarde en la costa, solo acompañada por el mayordomo, que por entonces era don Nicasio García Díaz, y un escaso número de amigos y devotos, que le ayudan a recoger la capilla y al traslado de la venerada imagen a la iglesia de San Pedro; la concentración de fieles de todos los barrios del municipio y de Arafo en La Asomada; el alegre recibimiento en dicho lugar; el regreso a la parroquia en procesión abigarrada; el educado juego de “¿Pares o nones?” (primera referencia escrita sobre el mismo); la llegada a la iglesia matriz, entre fuegos artificiales, vítores, alegría y fe religiosa de una densa masa de fieles; la emotiva entrada en el templo; la posterior soledad y el silencio de esa noche en Güímar. Concluye el Dr. Beyro, recordando con nostalgia la playa de El Socorro, la ermita costera y la fiesta que había vivido hacía más de dos lustros, recreando la presencia guanche en dicho término, que había dado lugar a esta celebración.

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La polémica incorporación de la “Ceremonia guanche” a las fiestas de la Virgen del Socorro de Güímar en 1872

Desde mediados del siglo XIX, los vecinos de Güímar querían incorporar a la festividad de El Socorro la representación de la aparición de la Virgen a los guanches, como se venía haciendo en la festividad de Candelaria por lo menos desde mediados del siglo XVIII; para ello, se apoyaban en que la playa de Chimisay era el auténtico lugar de aparición y, por lo tanto, el mejor lugar para que se efectuara la Ceremonia. Pero el informe negativo del párroco de Santa Ana de Candelaria, que al igual que ocurrió con unas polémicas postales alegaba que sólo la Virgen de Candelaria podía tener guanches en su festividad, hizo que el obispo de la Diócesis prohibiese repetidamente dicha representación. Sin embargo, los güimareros siguieron intentándolo hasta que lo consiguieron.

La primera representación de la Ceremonia, a cargo de güimareros ataviados a la usanza guanche, se remonta al año 1872, lo que vino a incrementar la antigua rivalidad entre Güímar y Candelaria por la festividad de la Virgen. Pero a partir de entonces, la “Ceremonia Guanche” se consolidó y se fue convirtiendo en uno de los actos más esperados, si no el que más, de las fiestas anuales en honor a Nuestra Señora de El Socorro. Como es bien sabido, se trata de una escenificación, sin sonidos y solo con mímica, del encuentro por parte de dos pastores guanches de la imagen de la Virgen, antes de la conquista de la isla. Hasta hace medio siglo, en la Ceremonia solo participaba un reducido número de hombres, pero hoy participan en ella unos dos centenares de hombres, mujeres y niños de todas las edades.

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Los dos casinos de El Bueno (Arico) en la II República: “La Unión del Bueno” y “Círculo de Amistad 25 de Julio” (1934-1936)

Gracias al trabajo y tesón del ariquero, que sabe mucho de lucha desesperada, incluso contra las propias condiciones geográficas y climáticas del territorio, se constituyeron en el municipio de Arico varios casinos o sociedades de recreo, que pervivieron hasta el final de la II República en los diferentes núcleos de población: Arico el Nuevo (“Círculo Agrícola”), El Lomo o Villa de Arico (“Atlántida”), Arico el Viejo (“Centro Republicano”) y La Sabinita (“Unión y Libertad”), El Bueno (con dos casinos) y El Río de Arico (con otros dos). Teniendo en cuenta que su finalidad era desconectar a los vecinos de las duras faenas agrícolas y ganaderas, en estas sociedades se celebraban sobre todo bailes, pero se abrían para que sus socios pasasen el rato con los juegos de mesa y con la lectura de periódicos, revistas o libros, por lo que solían contar con una modesta biblioteca; además, es muy probable que en ellos se llevasen a cabo otros actos culturales, como obras de teatro o recitales de música y poesía, como ocurrió con la mayoría de las sociedades de este tipo en esa época.

En esta ocasión vamos a centrarnos exclusivamente en los dos casinos que existieron en El Bueno desde 1934 hasta 1936, que tuvieron por nombre “La Unión del Bueno” y “Círculo de Amistad 25 de Julio”. Llama la atención esa duplicidad, teniendo en cuenta que se trataba de uno de los núcleos menos poblado y más disperso de todo el municipio, pero se surtían de socios procedentes tanto de dicho pago como de los parajes de Madre del Agua, Chajaña, La Cabezada, La Yesca, La Morra del Pino y Altos de Arico. La explicación habría que buscarla en las rivalidades locales, que también motivaría sus respectivas actividades sociales, con el fin de superarse mutuamente.

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Arafo: Don Luis Marrero Romero (1891-1970), comerciante, sanitario altruista, directivo de varias comunidades de aguas, de la Compañía Eléctrica y del Casino “Unión y Progreso”, presidente de la Sociedad Filarmónica “Nivaria” y del Comité local del Partido Republicano Tinerfeño, alcalde de Arafo y vocal del “C.L. Chimisay”

A pesar de padecer una discapacidad en su mano derecha desde su niñez, nuestro biografiado logró sacar adelante sus estudios primarios, que luego amplió de forma autodidacta, dando muestras de su notable inteligencia. Comenzó su vida laboral como empleado en un comercio y luego puso uno por su cuenta, que llegó a ser el más importante de Arafo; también se dedicó a la exportación de frutos y fue corresponsal administrativo del periódico Gaceta de Tenerife. Además, fue directivo de diversas comunidades de aguas de Arafo: impulsor de la galería “Los Huecos”, presidente de “La Saleta” y “Chavique”, y tesorero de “El Risco Azul”, “Barranco de Amance”, “Añavingo”, “Las Madres” y “La Nueva Bienvenida”; asimismo, fue tesorero de la Compañía Eléctrica de Arafo S.A. Simultáneamente, tuvo una intensa vida pública, pues ejerció como adjunto del Tribunal Municipal, miembro de la Junta de Cultura de Arafo, presidente durante más de una década de la Sociedad Filarmónica “Nivaria”, concejal suplente del Ayuntamiento, somatenista, tesorero del Casino “Unión y Progreso”, presidente del Comité local del Partido Republicano Tinerfeño, alcalde de Arafo, vocal suplente de la Junta Municipal del Censo electoral y vocal del Club de Luchas “Chimisay”. No obstante, quizás es más recordado por la intensa actividad sanitaria que aprendió con su tío Felipe y desarrolló en su municipio natal, con claro carácter vocacional y altruista, pues ponía inyecciones, extraía dientes, hacía primeras curas e incluso llegó a practicar la cirugía en pequeñas intervenciones; a pesar de su falta de titulación colaboró con los médicos titulares, a los que sustituía ocasionalmente, aunque también sufrió denuncias por intrusismo. Su labor fue agradecida y reconocida por sus paisanos, por lo que después de su muerte el Ayuntamiento de dicha villa dio su nombre a una calle.

Nació en Arafo el 30 de marzo de 1891, a las diez de la noche, siendo hijo de don Luis Marrero Rodríguez y doña María Romero Fariña. El 1 de abril inmediato fue bautizado en la iglesia de San Juan Degollado por el cura ecónomo don José Cruz y Bencomo; se le puso por nombre “Luis Víctor Juan” y actuó como madrina doña Josefa Sosa.

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Candelaria: Don Juan González Alberto (1851-1922), marino, sochantre de la parroquia, cabo 2º de Milicias, alcalde constitucional, alcalde de mar, juez municipal electo, interventor electoral, jurado judicial y adjunto del tribunal municipal

Este polifacético personaje era miembro de una familia modesta y, como la mayoría de sus paisanos, desde joven se volcó en el mar, como pescador y marino. Simultáneamente, obtuvo el empleo de sochantre que, probablemente, llevaba aparejado el de organista de la parroquia de Santa Ana, en la que varios familiares ejercieron como sacristanes. Prestó su servicio militar en las Milicias Canarias, en las que alcanzó el empleo de cabo 2º. Luego, desempeñó diversos cargos públicos en su municipio natal, del que fue alcalde constitucional y alcalde de mar. También emigró a Cuba y, tras su regreso, fue nombrado juez municipal, aunque no llegó a tomar posesión, pero sí ejerció como interventor electoral, alcalde constitucional por segunda vez, jurado en diversas causas vistas en la cabecera del partido judicial de Santa Cruz de Tenerife y adjunto del tribunal municipal de Candelaria.

Nació en Candelaria el 30 de enero de 1851, siendo hijo de don Alejandro de la Cruz González Leal y doña María del Carmen Albertos de Frías. El 2 de febrero inmediato fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el cura párroco don Juan Núñez del Castillo; se le puso por nombre “Juan Cristóbal” y actuó como padrino don Salvador González, natural y vecino de dicho lugar…

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La celebración de la “Fiesta del Árbol” en la villa de Adeje (1911, 1915, 1916)

Como ya hemos recogido en cuatro artículos anteriores dedicados a otros tantos municipios del Sur de Tenerife, la primera “Fiesta del Árbol” que se llevó a cabo en el planeta tuvo lugar en Villanueva de la Sierra (Cáceres) en 1805, por iniciativa del cura párroco de dicha localidad y como gesto oportuno para conmemorar el valor de la libertad, tras la destrucción de los montes del norte de Cáceres por las batallas libradas entre las tropas locales y las francesas de Napoleón Bonaparte. En Canarias, la primera “Fiesta del Árbol” se celebró en Las Palmas de Gran Canaria el 29 de abril de 1902, por iniciativa del periodista don Francisco González Díaz, conocido como el “Apóstol del árbol”; fue organizada por la Asociación de la Prensa ante la inacción de las instituciones públicas, de lo que se quejó su impulsor; y el 6 de diciembre de ese mismo año también se celebró en Santa Cruz de Tenerife. El auge que fue adquiriendo esta celebración a lo largo del Estado español determinó la publicación de un Real Decreto el 15 de marzo de 1904, que le daba carácter oficial, y otro del 5 de enero de 1915 que declaraba “obligatoria la celebración anual de una Fiesta del Árbol en cada término municipal”. Pero ello no determinó su efectiva puesta en práctica, pues serían contadas las localidades canarias que cumplieron lo establecido en dicha disposición y la mayoría de ellas solo la celebraron en una ocasión. Entre otros municipios, además de ambas capitales, la organizaron: Teror, Arucas, Santa María de Guía, Gáldar, Moya, Telde, Santa Brígida, Moya; La Laguna, Adeje, La Orotava, Güímar, Icod de los Vinos, Guía de Isora, Tacoronte, La Victoria, La Matanza, Candelaria, Los Realejos, Arico, Fasnia, Arafo; Hermigua, Alajeró, Vallehermoso; San Bartolomé, Arrecife de Lanzarote; Valverde; etc. Con dicha celebración se pretendía concienciar a toda la población sobre la conservación de la naturaleza, a la vez que cumplir un objetivo educativo en las escuelas.

La primera “Fiesta del Árbol” se celebró en la villa de Adeje en 1911, a iniciativa del médico don Manuel Fernández Piñeiro, presidente de la Sociedad “Unión y Cultura”, y luego se repitió por lo menos en 1915 y 1916, pues de la posible celebración en los años intermedios y posteriores de momento no tenemos ninguna constancia documental. A ellas siempre asistían las autoridades locales, encabezadas por el alcalde y el cura párroco, quien bendecía los árboles; ocupaban un lugar relevante los niños de las escuelas, con sus correspondientes maestros, que desfilaban y cantaban el “Himno al Árbol”; se leían poesías y discursos alusivos al motivo de la celebración, siempre uno de ellos por el citado médico; y concluían con un baile en la citada sociedad. Algunos de los árboles plantados en esas fiestas son los laureles de Indias que aún adornan la plaza principal y la calle Grande…

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Güímar: Doña María Mercedes García Campos (1919-1996), religiosa misionera de Nazaret, maestra y superiora de diversos centros de su Orden en España y Venezuela

Miembro de una destacada familia güimarera, doña Mercedes se sintió atraída desde muy joven por la vida religiosa, por lo que ingresó como hermana en la Cofradía del Carmen de la Parroquia de San Pedro de Güímar antes de tomar el hábito como religiosa misionera de Nazaret en el Colegio “Santo Domingo” de la misma ciudad. En este centro hizo su primera profesión y luego pasó a Barcelona, donde efectuó los votos perpetuos y obtuvo el título de maestra. A partir de entonces, durante 28 años, fue profesora y superiora de varias residencias y colegios en Caracas, Barcelona, La Laguna, Madrid, Los Realejos y Los Llanos de Aridane. Al final de su vida pasó ocho años en Güímar, donde dio clases y cuidó de una hermana; cinco en Madrid, llevando a cabo tareas sencillas; y tres en Barcelona, donde falleció.

Nació en la calle de San Pedro Arriba de Güímar el 5 de diciembre de 1919, a la una de la madrugada, siendo hija de don Florentín García Díaz y doña Emelina Campos Jorge. Fue bautizada en la iglesia de San Pedro Apóstol por el coadjutor encargado don Domingo Pérez Cáceres; se le puso por nombre “María de los Ángeles Secundina Savas” y actuó como madrina doña Angelina Cruz Jorge, viuda…

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