La capilla antigua y la ermita de Ntra. Sra. de la Peña en el barrio de La Hoya (Güímar)

     Este artículo está dedicado a la vida religiosa del barrio de La Hoya, en el municipio de Güímar. Llama la atención que, a pesar de tratarse de un núcleo relativamente pequeño, cuenta con dos templos dedicados a la Virgen de la Peña, una antigua capilla, de escaso tamaño, y una ermita de considerable capacidad, con vocación de iglesia.

     La primitiva imagen de la Virgen de la Peña que se venera en este barrio, de corta talla, pero muy antigua y de gran valor escultórico, probablemente formó parte de un retablo y fue encontrada en la segunda mitad del siglo XIX al derruirse una vieja casa de la familia Galdona, en la troja de la misma (entre la madera que sujetaba las tejas), y durante años se conservó en un salón particular, donde algunos jóvenes comenzaron a hacerle una fiesta informal de carácter casi familiar. Esa primitiva imagen, de unos cincuenta centímetros de altura, es de estilo gotizante y representa el busto de la Virgen María sosteniendo en la mano izquierda al Niño Jesús dormido, mientras con la derecha sostiene un libro abierto. Posiblemente fue elaborada para ser adosada por su parte posterior, que es plana.

     Hacia 1897, una mujer piadosa de la citada familia, doña Concepción Galdona Torres, con motivo de una promesa promovió la construcción de una capilla en la calle principal de La Hoya, para colocar en ella la citada imagen y que se le rindiese culto público, que se levantó gracias a la colaboración de los vecinos, que ayudaron con su trabajo y limosnas; fue bendecida en 1905 y en ese mismo año se celebró su primera fiesta oficial. En 1928, a iniciativa de los jóvenes del lugar, se construyó la enorme espadaña de la capilla, tan ancha como ella, en la que se instaló una campana de grandes dimensiones. En 1967, el Ayuntamiento de Güímar cedió un solar de 200 m2, junto a la plaza del barrio, para construir una nueva ermita de mayor capacidad, con su correspondiente sacristía; al año siguiente comenzó su construcción, que fue llevada a cabo por iniciativa vecinal; y, una vez techada y concluida la estructura del templo, en 1972 fue bendecida por el párroco don Salvador Miralles Pérez, desde cuyo año se comenzó a celebrar Misa en ella, aunque las obras no concluyeron hasta 1979…

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Güimareros en las Guerras de Cuba (1868-1898)

     Muchos han sido los trabajos que han puesto de manifiesto los estrechos lazos existentes entre Canarias y América, pero a pesar de ello sólo ha aflorado la punta del iceberg, pues sin duda aún queda mucha información en los archivos existentes a ambos lados del Océano Atlántico de una integración canario americana que ya dura cinco siglos. Con el presente trabajo sólo pretendemos que se conozca mejor la aportación canaria a la Historia de América, aunque sea desde una óptica local y centrada exclusivamente en la Independencia cubana. Sobre los canarios en Cuba se posee una documentación extensa, pues el contingente canario que emigró a dicha isla tuvo un mayor peso demográfico que en otros lugares de América. Centrándonos en la Guerra, muchos canarios ya se encontraban en Cuba cuando estalló el movimiento insurreccional y allí tomaron partido por uno u otro bando contendiente; la mayoría se alinearon con el Ejército español, pero un colectivo nada despreciable lo hizo con el Ejército libertador o mambí. Además, muchos canarios acudieron a dicha Guerra desde España, como militares de reemplazo o como oficiales profesionales.

     Este artículo está dedicado a la presencia de los hijos de Güímar en dicha Guerra, en algún caso, desde las filas de la prensa, como hizo don Miguel Espinosa Hernández. Aparte de los soldados de reemplazo, destinados a la guerra por sorteo, fueron numerosos los oficiales güimareros que se incorporaron al Ejército español en Cuba, la mayoría de los cuales solicitaron su pase al mismo con carácter voluntario, con el fin de lograr ascensos y mejoras en su carrera militar; nueve combatieron en dicha isla durante la “Guerra de los Diez Años” (1868-1878), en la que uno murió; los otros ocho lo hicieron también en la “Guerra Chiquita” (1879-1880) y en otros brotes revolucionarios posteriores, período en el que murieron dos de ellos; y otros dos participaron en la “Guerra de Independencia” (1895-1898). Sólo conocemos a tres güimareros que se enrolaron en las fuerzas independentistas de Cuba, en las que alcanzaron cierta graduación, aunque probablemente no fueron los únicos, pero ellos nos sirven de muestra de que no todos los canarios que vivían en dicha isla en el momento de la Guerra de Independencia lucharon a favor de España. Aunque probablemente fueron más, también tenemos información de ocho güimareros fallecidos durante las campañas de Cuba o a consecuencia de las mismas. Finalmente, de los numerosos soldados nacidos en este municipio que combatieron en Cuba y fueron repatriados, sólo conocemos a otros 19, la mayoría por la prensa de la época, aunque seguro que no fueron todos los que participaron en dicha contienda bélica; de ellos, solo dos murieron después de 1960, por lo que llegaron a percibir una pensión extraordinaria del Estado…

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La religiosidad, la vida social y la situación económica en el municipio de Arona, según la Santa Misión de 1965

     Hace poco más de medio siglo, en 1965, se celebró una Santa Misión en la isla de Tenerife, una vez concluidas las realizadas en las demás islas de la Diócesis Nivariense. Después de un asesoramiento previo, el obispo de la Diócesis, don Luis Franco Cascón, dispuso que se celebrara dicha Misión empezando por el Sur de la isla y siguiendo un orden geográfico, desde la parroquia de Santiago del Teide hasta la de Barranco Hondo. Tuvo lugar entre la segunda semana de mayo y la segunda de julio, evitando la época de la zafra del tomate, que solía trastocar la vida en el Sur al ocasionar un considerable trasiego de personas, dedicadas en esos meses casi exclusivamente a dicho trabajo, “de día y de noche sin descanso”. Al final de la campaña se tuvo que hacer una ligera variación, para que no coincidieran las fiestas patronales de San Pedro de Güímar con la Santa Misión. Pero resultó interesante el que el Valle de Güímar quedase para el final, con el fin de que la concentración que se planteaba en Candelaria como clausura estuviese más nutrida, como así ocurrió. La dirección de esta campaña misional fue encomendada por el citado obispo a un prestigioso sacerdote jesuita, el padre Sebastián Puerto, director del Centro Misional del Beato Juan de Ávila, en Montilla, a quien acompañarían otros siete padres jesuitas de la Península, más cuatro padres paúles y dos dominicos de Candelaria. Con algo más de un mes de anticipación se desplazó a esta isla el director, con el objetivo de conocer el terreno, tomar contacto con todos los párrocos de cada Arciprestazgo y planear la Santa Misión según las necesidades de cada parroquia, lo que motivó la confección de un estudio sociológico previo en cada una de ellas. La idea que presidió el plan fue “que no quedara ningún grupo de personas, algo notable, sin que llegara a él la gracia de la palabra de Dios”; por ello, dicha misión se extendió a un total de 73 centros, entre parroquias y barrios.

     El municipio de Arona estaba constituido por numerosos núcleos de población y contaba por entonces con tres parroquias, una de ellas muy reciente: San Antonio Abad (creada en 1796), San Lorenzo Mártir del Valle de San Lorenzo (creada en 1929) y Nuestra Señora del Carmen de Los Cristianos (creada en 1963), que reunían una población de hecho de 1.401, 2.497 y 2.896 habitantes, respectivamente. Se establecieron centros misionales en las tres parroquias, así como en los barrios de Los Frailes, Las Galletas, Buzanada y Cabo Blanco, donde a falta de templos, o por su escasa capacidad, se utilizaron los cines y algunos salones de empaquetado. A continuación, vamos a analizar como tuvo lugar la Santa Misión en este municipio, tal como fue descrita por los propios misioneros jesuitas que la llevaron a cabo en cada uno de dichos centros misionales (parroquias o barrios), lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa y social, así como la situación económica, en los distintos núcleos que integraban el término municipal, con datos a veces muy curiosos…

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El largo proceso de creación de la parroquia de San Bartolomé del Río de Arico y la relación de sus párrocos

     Después de consolidado el núcleo del Río de Arico, los vecinos principales decidieron levantar una ermita y, tras obtener la correspondiente autorización, en junta celebrada en 1674 acordaron dedicarla a San Bartolomé Apóstol y dotar al templo. El cargo de primer mayordomo recayó en don Antonio Gaspar, quien rindió sus primeras cuentas en 1678, de las cuales se deduce que ese primer templo era una modesta capilla, en forma de salón, sin presbiterio diferenciado, y presidida por un cuadro de San Bartolomé. En 1691 ya se había incorporado al templo la actual imagen del Santo titular, de talla completa y policromada, cuyo autor fue el imaginero don Domingo de Campos. Desde su fundación contó con mayordomos y capellanes para su cuidado y servicio. En 1739 comenzó la construcción de una capilla mayor, separada de la nave principal por un arco de cantería de medio punto, que ya había sido construido en 1745; luego siguió la construcción de la sacristía y todas las obras de esta ampliación concluyeron en 1754; el presbiterio resultante tenía planta cuadrada y estaba situado a la misma altura de pavimento de la nave; no se le pudo hacer retablo, pero se abrieron tres nichos en la pared del fondo. Mientras se reconstruía la ermita, en 1774 fue dotada la festividad de San Bartolomé, el 24 de agosto, por una vecina de El Río, doña María Candelaria Pérez. En el inventario de 1780 ya figuraba en el nicho central la Virgen de la O y a los lados un Cristo y San Bartolomé; también existían en el presbiterio una imagen de la Concepción, quince cuadritos y la pila del agua bendita con tasa de cantería, que también se conserva. En 1778 fue dotada la festividad de la Virgen de la O, que se celebraba el 18 de diciembre, en el testamento de doña Ángela María Martín. En 1836 se reformó todo el frente de la ermita y se recomendó la construcción de un campanario, un sardinel en la capilla mayor y un retablo para la misma, con repisa de cantería. En ese mismo año el obispo aceptó cederle la campana de la incendiada ermita de la Punta de Abona, por lo que ya contaba con una espadaña sobre la puerta principal. A mediados de esa centuria se construyó el retablo, que ya existía en 1882. En 1932 se sustituyó el campanario por su nueva torre y se adquirió la campana grande. En 1967 se restauró el interior del templo y se levantaron los nuevos cuerpos de la torre.

     En el presente artículo nos vamos a centrar en el largo proceso seguido para elevar la ermita de San Bartolomé Apóstol a la categoría de parroquia, el cual comenzó el 27 de mayo de 1854 y concluyó el 1 de enero de 1944, en que comenzó a regir, aunque desde 1929 ya era parroquia filial de la de San Juan Bautista de la villa de Arico. También se incluye la relación de párrocos que la han regentado desde su creación, con breves reseñas biográficas. En estos 75 años, desde el 1 de enero de 1944, han estado al frente de esta parroquia un total de 24 sacerdotes, ninguno de los cuales ha nacido en Arico y solo siete han sido nombrados exclusivamente para esta parroquia. El récord de permanencia en la parroquia lo ostenta don José Bernardo Juan, con 12 años y medio; le siguen: don José Antonio Baute Chico (más de 12 años), don Miguel Dévora Hernández (5 años), don Jorge Hernández Rodríguez, don Norberto Álvarez González, don Jerónimo Hernández Rodríguez y don Juan P. Velázquez Velázquez (más de 4 años cada uno), don José Luis B. Escobar Blanco (casi 4 años), don Pablo González y González (casi 3 años y medio) y don Benito José María Lagos (más de 3 años).

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El Juzgado Municipal de Arafo (1870-1946): jueces, fiscales, adjuntos y secretarios

     En un artículo anterior ya nos ocupamos del primer Juzgado de Paz de Arafo (1855-1870) y en éste vamos a recordar al Juzgado Municipal que sucedió al anterior y que se mantuvo durante 75 años y medio, de 1870 a 1946, asumiendo la competencia del Registro Civil de la localidad, creado también en 1870, al igual que la nueva figura del fiscal municipal. En este período, existieron 17 jueces municipales titulares y 14 fiscales municipales, además de otros tantos suplentes, así como numerosos adjuntos del tribunal municipal y 8 secretarios (titulares, interinos o habilitados), sin contar los suplentes y numerosos “acompañados”. Es normal que muchos de los jueces y fiscales que alcanzaron la titularidad fuesen con anterioridad suplentes, pero llama la atención que varios de ellos ostentasen dos de dichos cargos. También resulta llamativo que ninguna mujer accediese por entonces a esas responsabilidades.

    En la larga etapa estudiada, de los jueces municipales titulares, el récord de permanencia lo ostentó don Juan Pérez Cáceres (más de 9 años y medio), seguido por: don Víctor Núñez Rodríguez (más de 8 años y medio), don Santiago Romero Ferrera (más de 6 años y medio), don José García Siliuto (más de 6 años y medio), don Andrés Batista y Batista (más de 6 años) y don Federico Batista Marrero (casi 6 años, en dos etapas); con respecto a su lugar de nacimiento, solo conocemos un juez titular que no había nacido en el municipio de Arafo, don Juan Pérez Cáceres (de Güímar), y un juez suplente, don José Cañestro Reyes (de Ronda -Málaga-); y como curiosidad, solo uno de los jueces era Licenciado en Derecho (don Federico Batista Marrero). De los fiscales titulares que se conocen en el municipio de Arafo, el récord de permanencia lo ostentaron D. Eusebio García Delgado y D. Rafael Pérez Mesa, con 8 años y medio, seguidos por: D. Felipe Marrero Rodríguez (por lo menos 7 años, en dos etapas), D. Francisco Pérez Batista (más de 6 años) y D. Claudio Amaro Vizcaíno (5 años y medio); todos eran naturales de Arafo. De los secretarios que ejercieron en dicha etapa (titulares o interinos), ostenta el récord de permanencia don José Rodríguez Arvelo, con 19 años y medio, seguido por: don Antonio Pérez Hernández (más de 15 años como titular en dos etapas y más de 5 como acompañado, en varios períodos) y don Pedro José Amaro (más de 9 años); con respecto al lugar de nacimiento, cuatro de los secretarios no habían nacido en Arafo (D. Juan J. Ponce Cárdenas, D. Arturo Valdés y Laffitte, D. Antonio Rodas Padrón y D. Romualdo García-Panasco y Acosta), además de un acompañado (D. Mateo Armas Esquivel)…

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Artículo-JUZGADO MUNICIPAL DE ARAFO

La antigua ermita de San Juan de Araya de Candelaria y las fiestas patronales durante la II República

     Hasta bien avanzado el siglo XIX no existía ningún lugar de culto en Araya de Candelaria, teniendo que acudir los vecinos hasta la iglesia de Santa Ana para recibir los distintos sacramentos o asistir a misa y a las festividades religiosas. No obstante, la fábrica parroquial de Ntra. Sra. de la Concepción de La Laguna poseía una hacienda en Los Brezos; y los religiosos dominicos de Candelaria eran propietarios de una finca en Araya, que ocupaba la Franja de La Ladera y La Mesa.

     Sin embargo, desde finales de dicha centuria esta localidad ha contado con tres templos sucesivos, todos ellos en el mismo solar y dedicados a San Juan o “San Juanito”: una pequeña capilla privada, construida en el siglo XIX por el médico candelariero don José Llarena y Mesa, luego de carácter público al ser comprada por el vecindario en 1923; la ermita resultante de la ampliación de la anterior hacia 1930; y la actual iglesia parroquial, construida en 1975 tras la demolición de dicha ermita. En este artículo nos vamos a ocupar de la primitiva capilla y de la posterior ermita.

     Desde la adquisición del templo por el pueblo, se celebra en el barrio de Araya la fiesta de San Juan Bautista, a la que luego se añadieron las de Santa Rita y la Virgen de Fátima y, más recientemente, la Romería en honor de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza…

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Artículo-ANTIGUA ERMITA DE ARAYA DE CANDELARIA

El Hotel “El Sanatorio”, luego “Pensión Sunnyside” y “Pensión Stritter” de Güímar

     Desde hace varias décadas la ciudad de Güímar vive un resurgimiento del turismo rural, que ha permitido la apertura de varias instalaciones hoteleras; pero ello no es algo novedoso. Desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil española, la entonces villa vivió un notable auge turístico, apoyado en su excelente clima, así como en los enclaves naturales de gran belleza de este Valle. Por ello, además de algunas fondas más modestas en el centro de la población, se abrieron por entonces tres instalaciones hoteleras en la parte más alta de la localidad: el Hotel inglés “El Buen Retiro”, la Pensión alemana “El Sanatorio” y la Casa de huéspedes “La Raya”, desde los cuales se disfrutaba, además, de excelentes vistas panorámicas del Valle de Güímar. En este artículo nos vamos a ocupar profundamente de la segunda de ellas.

     En 1899 se construyó en Güimar un sanatorio alemán, que se abrió al año siguiente para enfermos y turistas de dicha nacionalidad que sufrían fundamentalmente enfermedades pulmonares, siendo el lugar elegido la Hoya de Cartaya, en una ubicación estratégica para contemplar todo el Valle y muy cerca de la cuesta de Chacaica, donde ya existía el Hotel inglés “El Buen Retiro”. En sus casi cuatro décadas de existencia estuvieron a su frente, sucesivamente, Mr. Harris, Walter W. White, Thekla Plitt (Miss Plitt) y Wilhem (Guillermo) Stritter, quienes lo impulsaron en las distintas etapas, a veces con enfoques diversos. A lo largo de esa trayectoria también se le dieron nombres diferentes: Hotel “Sanatorio”, “Pensión Anglo-Alemana Güímar”, Pensión “El Sanatorio”, “Pensión Sunnyside” y “Pensión Stritter”; pero siempre se impuso y mantuvo popularmente la denominación original, “El Sanatorio”. Esta instalación hotelera continuó abierta al público hasta finales de los años treinta. Luego, en 1947, el edificio fue adquirido por las Religiosas de la Santa Casa de Nazaret, establecidas en Güimar diez años antes, para instalar en él su casa y el colegio “Santo Domingo”; cubrieron de cristales los antiguos corredores y, años más tarde, construyeron un nuevo pabellón inmediato al anterior. Hoy se conserva el viejo edificio, aunque muy reformado, así como un bello drago de casi un siglo de antigüedad, que presidía sus jardines…

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Artículo-SANATORIO-PENSIÓN SUNNYSIDE-STRITTER

La Visita pastoral y la Santa Misión realizadas en Granadilla de Abona en 1863

     En 1863, el obispo de Canarias Fr. Joaquín Lluch y Garriga, administrador apostólico de la Diócesis de Tenerife, dispuso la celebración de una Visita pastoral y una Santa Misión en la isla de Tenerife. En cumplimiento de dicho mandato, el cura párroco servidor de San Antonio de Padua de Granadilla de Abona, don Juan Frías y Peraza, organizó una Santa Misión en dicha parroquia, que se celebró durante once días, del 27 de junio al 7 de julio de dicho año. Fue llevada a cabo por el sacerdote jesuita don Ramón Jové, acompañado por el Lcdo. don Claudio Marrero Delgado, misionero apostólico del Sur de Tenerife y párroco propio de Arafo. Coincidió con la estancia del gobernador eclesiástico de la Diócesis, Dr. don José Martín Méndez, que llegaba a dicha localidad en Santa Visita Pastoral.

     Como se ha indicado, el obispo fray Joaquín Lluch y Garriga dispuso, mediante decreto fechado en Las Palmas el 1 de mayo de 1863, la celebración de una segunda Visita pastoral y una Santa Misión en las cuatro islas de la Diócesis de Tenerife, delegando las facultades necesarias en el Dr. don José Martín Méndez, vicario general y gobernador eclesiástico del Obispado, en sede vacante, quien debía visitar las parroquias de la isla de Tenerife, disponiendo la labor que debían efectuar los visitadores al examinar el estado de cada una. Asimismo, fijó el plan de las misiones, nombrando como misionero responsable para las de Tenerife al sacerdote jesuita padre Ramón Jové, quien estaría acompañado, como auxiliares en la predicación y confesión, por el Lcdo. don Claudio Marrero en las parroquias comprendidas desde Candelaria hasta Adeje, así como por los respectivos párrocos locales…

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Artículo-GRANADILLA-SANTA MISIÓN DE 1863

La «Fiesta del Árbol» en Guía de Isora (1915)

     Como ya hemos señalado en artículos anteriores dedicados a otros municipios del Sur de Tenerife, la primera “Fiesta del Árbol” que se llevó a cabo en el planeta tuvo lugar en Villanueva de la Sierra (Cáceres) en 1805, por iniciativa del cura párroco de dicha localidad y como gesto oportuno para conmemorar el valor de la libertad, tras lo destruido que habían quedado los montes del norte de Cáceres por las batallas libradas entre las tropas locales y las francesas de Napoleón Bonaparte. En Canarias, la primera “Fiesta del Árbol” se celebró en Las Palmas de Gran Canaria el 29 de abril de 1902, por iniciativa del periodista don Francisco González Díaz, conocido como el “Apóstol del árbol”; fue organizada por la Asociación de la Prensa ante la inacción de las instituciones públicas, de lo que se quejó su impulsor. El 6 de diciembre de ese mismo año también se celebró en Santa Cruz de Tenerife. El auge que fue adquiriendo esta celebración a lo largo del Estado español determinó la publicación de un Real Decreto el 15 de marzo de 1904, que le daba carácter oficial, y otro del 5 de enero de 1915 que declaraba “obligatoria la celebración anual de una Fiesta del Árbol en cada término municipal”. Pero ello no determinó su efectiva puesta en práctica, pues serían contadas las localidades canarias que cumplieron lo establecido en dicha disposición y la mayoría de ellas solo la celebraron en una ocasión. Entre otros municipios, además de ambas capitales, la organizaron: Teror, Arucas, Santa María de Guía, Gáldar, Moya, Telde, Santa Brígida, La Laguna, La Orotava, Adeje, Güímar, Icod de los Vinos, Guía de Isora, Tacoronte, La Victoria, La Matanza, Moya, Alajeró, Vallehermoso, Candelaria, Los Realejos, Arico, Fasnia, Arafo, Arrecife de Lanzarote, etc. etc. Con dicha celebración se pretendía concienciar a toda la población sobre la conservación de la naturaleza, a la vez que cumplir un objetivo educativo en las escuelas.

     Atendiendo al citado Real Decreto, el domingo 21 de febrero de 1915 se celebró por primera vez en Guía de Isora la “Fiesta del Árbol”, que fue organizada por el Ayuntamiento, por entonces presidido por el alcalde don Abelardo González González. El acto tuvo lugar en la plaza principal de dicha localidad, con asistencia de todas las autoridades locales (alcalde, concejales, juez municipal, comandante militar, oficial de Telégrafos, guarda montes, así como diversos colectivos (damas y sección local de la Cruz Roja, juntas locales de Instrucción Pública y Plagas del Campo, miembros de la Guardia Civil) y los alumnos de las dos escuelas públicas, con estandartes y sus maestros al frente, además de propietarios, agricultores, industriales, obreros, corresponsales locales de los periódicos tinerfeños y un numeroso público. La celebración comenzó con el Himno de la Cruz Roja cantado por los alumnos de las escuelas, dirigidos por el músico local don Manuel Reverón; luego, el concejal don Luis Díaz Afonso leyó unas cuartillas, en las que reflejaba la importancia de dicha fiesta, ensalzando el arbolado y criticando a los taladores; a continuación, dos alumnas de la escuela de niñas recitaron composiciones poéticas relacionadas con el mundo vegetal; a continuación se efectuó la plantación de árboles (cedros y acacias) en la misma plaza, por parte de doce niños de la escuela, mientras sus compañeros repetían el himno; y concluyó con un desfile de los miembros de la Cruz Roja y los alumnos de las escuelas. Luego se ofreció un brindis a los niños asistentes al acto…

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Artículo-FIESTA DEL ÁRBOL-GUÍA DE ISORA

La bendición de la nueva ermita del Valle de San Lorenzo (Arona) y su elevación a parroquia filial (1929)


     La primitiva ermita de San Lorenzo Mártir en el Valle del Ahijadero, actual Valle de San Lorenzo en el municipio de Arona, se construyó en el primer tercio del siglo XVII en el actual barrio de La Fuente. Tres siglos después, en 1923, comenzó su traslado a un nuevo emplazamiento más céntrico, en El Natero; se inauguró al año siguiente, pero no se bendijo hasta 1929, poco antes de su elevación a parroquia filial; y se terminó en los años siguientes. Allí ha continuado hasta el presente, tras sucesivas obras de ampliación y mejora.

     En 1855, el párroco de Arona, don Miguel Rodríguez Guillama, ya solicitaba la reconstrucción y el traslado de la ermita a un lugar más céntrico del Valle de San Lorenzo. Pero fue en el primer tercio del siglo XX, cuando muchos vecinos iniciaron las peticiones para el traslado, con el que no estaban de acuerdo los residentes en La Fuente, pero sí los del resto de los caseríos que conformaban el amplio Valle. Según recogió el Boletín Oficial del Obispado de Tenerife en su crónica diocesana, el 22 de junio de 1923 “El Rdo. Cura Regente de Arona Sr. Díaz-Llanos, con licencia del Sr. Vicario y el beneplácito de la Junta diocesana de Admon. trabaja celosamente unida a una respetable comisión nombrada al efecto, para trasladar la solitaria ermita de San Lorenzo a la parte más poblada del valle, aspiración antigua de sus habitantes. Ya tienen los recursos necesarios”…

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Artítulo-NUEVA ERMITA VALLE SAN LORENZO