La Sociedad de recreo e instrucción “Amigos del Arte” de Guía de Isora (1920-1922)

Ya en una ocasión anterior dimos a conocer que el municipio de Guía de Isora ha contado con varios casinos o sociedades culturales y recreativas, siendo la primera el “Casino Principal”, fundado en el último tercio del siglo XIX y refundado en 1926, en esta segunda etapa con el nombre de “Casino de Guía” y un marcado carácter republicano y progresista, circunstancia que provocó su clausura en 1936, al inicio de la Guerra Civil. A lo largo del siglo XX, se crearon otras seis nuevas sociedades de instrucción y recreo: el “Centro Isorano”, de línea conservadora, que ya existía en 1908 y fue disuelto hacia 1944; la Sociedad “Unión Republicana”, fundada en 1918; la Sociedad “Amigos del Arte” (1920-1922); la Sociedad “Centro El Porvenir” de Chío (1928-1932); la “Juventud Católica” de Guía de Isora, fundada en 1933; y el nuevo “Casino de Guía de Isora”, que comenzó su andadura en 1961. A ellos se podría sumar una Sociedad “XXV de Diciembre”, de existencia dudosa, que figura en la prensa de 1928.

En este artículo nos vamos a ocupar de la Sociedad de recreo e instrucción “Amigos del Arte” de Guía de Isora, fundada en mayo de 1920 y en cuya junta directiva figuraban destacadas personalidades locales, así como varios funcionarios relevantes domiciliados en dicha localidad. Fue elegido presidente don Nazario García Cruz, practicante en Medicina y Cirugía y prestigioso orador. Organizaba sobre todo veladas teatrales, musicales y literarias, la mayoría de carácter benéfico, que se celebraban en el salón-teatro de dicha localidad. Se la menciona en la prensa desde su fundación hasta septiembre de 1921, aunque en febrero y marzo de 1922 se celebraron dos festivales en los que participaron varios de sus directivos, por lo que probablemente fueron organizados por esta sociedad, pero no se especifica…

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Los primeros casinos de Vilaflor de Chasna (1925-1936) y los bailes en casas particulares

El pueblo de Vilaflor de Chasna siempre fue muy aficionado a los bailes, que desde finales del siglo XIX hasta la II República Española se celebraban sobre todo en casas particulares que contaban con salones espaciosos adecuados para ello, sobre todo con motivo de las principales festividades, entre las que destacaron las de don Camilo Hernández y don Fernando Pérez, en las que luego se instalarían sendos casinos. Posteriormente, comenzaron a surgir los casinos. Así, según recogió el investigador chasnero don Nelson Díaz Frías, los vecinos del barrio de arriba contaban con un Casino, que primeramente estuvo instalado en un inmueble de la calle Dolores, propiedad de don Camilo Hernández Fumero; posteriormente se ubicó en un viejo inmueble de la Plaza de la Iglesia, que pertenecía a doña Manuela Hernández Oliva. Por su parte, los vecinos que vivían en la parte baja del pueblo de Vilaflor acudían al Casino instalado en la calle del Dr. Rodríguez López o del Convento, en una casa propiedad de don Fernando Pérez “Santamaría”.

Tras rastrear la prensa tinerfeña de la época, tenemos constancia de que a lo largo del siglo XX el pueblo de Vilaflor ha contado con varias sociedades de recreo y cultura, de las que por lo menos conocemos las cinco siguientes: el “Casino Vilaflorense” (1925-1928), el Casino “La Unión” (1934), el Casino “Nivaria” (1935), la “Unión Vilaflorense” (1947-1964) y la Sociedad Recreativa y Cultural “XXV de Abril” (desde los años ochenta hasta el presente). En este artículo solo nos vamos a centrar en los tres primeros casinos, además de dedicar un apartado a los bailes en las casas particulares…

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El Cine de El Escobonal (Güímar), principal local de esparcimiento de Agache durante medio siglo (1950-2003)

En un artículo anterior sobre el “Club Juventud” ya nos ocupamos del primer cine mudo de El Escobonal, instalado en el salón de don Graciliano Díaz. En el presente artículo nos vamos a centrar en el posterior “Cine Escobonal”, una instalación emblemática que tuvo una gran importancia para el esparcimiento del pueblo, pues fue el único local recreativo de El Escobonal durante muchas décadas, tras la desaparición de los casinos. Con un proyecto elaborado en 1944 por el arquitecto don Tomás Machado Méndez, su construcción se comenzó a tramitar en ese mismo año, aunque la licencia municipal se le concedió en 1946 y abrió sus puertas hacia 1950. Combinó las proyecciones cinematográficas con los bailes, que llegaron a gozar de notable popularidad. Aunque los propietarios eran don Arsenio Pérez Díaz y su esposa doña María Díaz Díaz, su primer empresario fue su yerno don Antonio Reyes Marrero, quien también actuaba como operador, al que siguió don José Pérez Díaz “Cheo”, hijo de los propietarios. Continuó con ambas actividades hasta 1986, en que murió su último propietario, continuando luego con otros usos hasta 2003, en que fue demolido tras su adquisición por el Ayuntamiento.

Aunque la calidad de las películas proyectadas nunca fue muy elevada, consiguió captar al público de toda la comarca, pues durante varias décadas fue el único lugar de esparcimiento de este pueblo, cuya vida social y recreativa giró en torno a este edificio, por el que entraba al pueblo la cultura cinematográfica y las relaciones sociales. Sobre todo, alegró la vida de las chicas del pueblo, pues hasta entonces las únicas salidas que podían hacer de sus casas eran para ir a misa o a las fiestas patronales, mientras que ahora podían acudir todas las semanas al cine y con mucha frecuencia a los bailes, eso sí, siempre en compañía de sus madres, hermanos u otros familiares. Los hombres también se beneficiaron con la apertura del cine, aunque siempre lo tenían más fácil, pues podían pasar parte de las tardes y noches de ocio en los bares o tabernas del pueblo, en muchos casos practicando juegos de mesa, o asistían a los frecuentes encuentros de lucha canaria, en los que la asistencia de mujeres era bastante escasa. Lo cierto fue, que tanto en los bailes como en las proyecciones cinematográficas se forjaron muchas parejas en este pueblo…

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La detallada descripción de las Fiestas de la Virgen del Socorro de Güímar en 1888, escrita por el culto sacerdote don Santiago Beyro y Martín

Al culto sacerdote don Santiago Beyro y Martín le debemos una de las descripciones más completas, aunque poco conocida, de las fiestas de Nuestra Señora del Socorro en el siglo XIX, concretamente las celebradas el 7 y 8 de septiembre de 1888. Curiosamente, no la publicó hasta once años después, entre el 15 de abril y el 24 de mayo de 1899, en cinco entregas que vieron la luz en el Diario de Tenerife; y la reprodujo íntegramente entre el 20 de julio y el 24 de agosto del año siguiente, también en cinco partes, en el semanario Siglo XX. Está extraída del libro sobre “Historia y evolución de las Fiestas de Nuestra Señora del Socorro en Güímar”, que tenemos en preparación.

En su interesantísimo trabajo, el Doctor Beyro describe con todo lujo de detalles los principales aspectos de dichas fiestas: los repiques de las campanas en la iglesia de San Pedro y en la ermita de El Socorro; la salida de la Virgen de la iglesia matriz y el entorno de ésta, incluso las plantas que adornaban la plaza y sus olores, así como la masa humana que la espera, su emoción e incluso sus trajes; la danza de las cintas, con los principales aspectos del baile y la vestimenta de los danzarines; la procesión hasta La Asomada, con la banda de música y los numerosos fieles; los ramos de albahaca que llevaban las chicas para adornar la ermita costera; la llegada a ésta, sus olores y el canto de la Salve; el baño de los romeros, su posterior almuerzo y las parrandas; el pozo al que se llevaba el agua para esta fiesta; las promesas de los fieles y las limosnas entregadas al mayordomo; la tradicional luchada en la playa; la emotiva representación de la “Ceremonia” de aparición de la Virgen a los guanches, en el mismo Llano donde se produjo; la procesión de retorno a la ermita, con la banda de música; la suelta de globos aerostáticos y los fuegos artificiales; el regreso a Güímar de los señores más acomodados en sus bestias; la noche pasada en la costa por otros muchos vecinos, en las chozas improvisadas o en los ventorrillos; la función de la mañana del día 8, con sermón; el regreso a Güímar de la mayoría de los romeros, para esperar allí a la Virgen ya vestidos de fiesta; la soledad de Nuestra Señora esa tarde en la costa, solo acompañada por el mayordomo, que por entonces era don Nicasio García Díaz, y un escaso número de amigos y devotos, que le ayudan a recoger la capilla y al traslado de la venerada imagen a la iglesia de San Pedro; la concentración de fieles de todos los barrios del municipio y de Arafo en La Asomada; el alegre recibimiento en dicho lugar; el regreso a la parroquia en procesión abigarrada; el educado juego de “¿Pares o nones?” (primera referencia escrita sobre el mismo); la llegada a la iglesia matriz, entre fuegos artificiales, vítores, alegría y fe religiosa de una densa masa de fieles; la emotiva entrada en el templo; la posterior soledad y el silencio de esa noche en Güímar. Concluye el Dr. Beyro, recordando con nostalgia la playa de El Socorro, la ermita costera y la fiesta que había vivido hacía más de dos lustros, recreando la presencia guanche en dicho término, que había dado lugar a esta celebración.

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La polémica incorporación de la “Ceremonia guanche” a las fiestas de la Virgen del Socorro de Güímar en 1872

Desde mediados del siglo XIX, los vecinos de Güímar querían incorporar a la festividad de El Socorro la representación de la aparición de la Virgen a los guanches, como se venía haciendo en la festividad de Candelaria por lo menos desde mediados del siglo XVIII; para ello, se apoyaban en que la playa de Chimisay era el auténtico lugar de aparición y, por lo tanto, el mejor lugar para que se efectuara la Ceremonia. Pero el informe negativo del párroco de Santa Ana de Candelaria, que al igual que ocurrió con unas polémicas postales alegaba que sólo la Virgen de Candelaria podía tener guanches en su festividad, hizo que el obispo de la Diócesis prohibiese repetidamente dicha representación. Sin embargo, los güimareros siguieron intentándolo hasta que lo consiguieron.

La primera representación de la Ceremonia, a cargo de güimareros ataviados a la usanza guanche, se remonta al año 1872, lo que vino a incrementar la antigua rivalidad entre Güímar y Candelaria por la festividad de la Virgen. Pero a partir de entonces, la “Ceremonia Guanche” se consolidó y se fue convirtiendo en uno de los actos más esperados, si no el que más, de las fiestas anuales en honor a Nuestra Señora de El Socorro. Como es bien sabido, se trata de una escenificación, sin sonidos y solo con mímica, del encuentro por parte de dos pastores guanches de la imagen de la Virgen, antes de la conquista de la isla. Hasta hace medio siglo, en la Ceremonia solo participaba un reducido número de hombres, pero hoy participan en ella unos dos centenares de hombres, mujeres y niños de todas las edades.

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Los dos casinos de El Bueno (Arico) en la II República: “La Unión del Bueno” y “Círculo de Amistad 25 de Julio” (1934-1936)

Gracias al trabajo y tesón del ariquero, que sabe mucho de lucha desesperada, incluso contra las propias condiciones geográficas y climáticas del territorio, se constituyeron en el municipio de Arico varios casinos o sociedades de recreo, que pervivieron hasta el final de la II República en los diferentes núcleos de población: Arico el Nuevo (“Círculo Agrícola”), El Lomo o Villa de Arico (“Atlántida”), Arico el Viejo (“Centro Republicano”) y La Sabinita (“Unión y Libertad”), El Bueno (con dos casinos) y El Río de Arico (con otros dos). Teniendo en cuenta que su finalidad era desconectar a los vecinos de las duras faenas agrícolas y ganaderas, en estas sociedades se celebraban sobre todo bailes, pero se abrían para que sus socios pasasen el rato con los juegos de mesa y con la lectura de periódicos, revistas o libros, por lo que solían contar con una modesta biblioteca; además, es muy probable que en ellos se llevasen a cabo otros actos culturales, como obras de teatro o recitales de música y poesía, como ocurrió con la mayoría de las sociedades de este tipo en esa época.

En esta ocasión vamos a centrarnos exclusivamente en los dos casinos que existieron en El Bueno desde 1934 hasta 1936, que tuvieron por nombre “La Unión del Bueno” y “Círculo de Amistad 25 de Julio”. Llama la atención esa duplicidad, teniendo en cuenta que se trataba de uno de los núcleos menos poblado y más disperso de todo el municipio, pero se surtían de socios procedentes tanto de dicho pago como de los parajes de Madre del Agua, Chajaña, La Cabezada, La Yesca, La Morra del Pino y Altos de Arico. La explicación habría que buscarla en las rivalidades locales, que también motivaría sus respectivas actividades sociales, con el fin de superarse mutuamente.

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La celebración de la “Fiesta del Árbol” en la villa de Adeje (1911, 1915, 1916)

Como ya hemos recogido en cuatro artículos anteriores dedicados a otros tantos municipios del Sur de Tenerife, la primera “Fiesta del Árbol” que se llevó a cabo en el planeta tuvo lugar en Villanueva de la Sierra (Cáceres) en 1805, por iniciativa del cura párroco de dicha localidad y como gesto oportuno para conmemorar el valor de la libertad, tras la destrucción de los montes del norte de Cáceres por las batallas libradas entre las tropas locales y las francesas de Napoleón Bonaparte. En Canarias, la primera “Fiesta del Árbol” se celebró en Las Palmas de Gran Canaria el 29 de abril de 1902, por iniciativa del periodista don Francisco González Díaz, conocido como el “Apóstol del árbol”; fue organizada por la Asociación de la Prensa ante la inacción de las instituciones públicas, de lo que se quejó su impulsor; y el 6 de diciembre de ese mismo año también se celebró en Santa Cruz de Tenerife. El auge que fue adquiriendo esta celebración a lo largo del Estado español determinó la publicación de un Real Decreto el 15 de marzo de 1904, que le daba carácter oficial, y otro del 5 de enero de 1915 que declaraba “obligatoria la celebración anual de una Fiesta del Árbol en cada término municipal”. Pero ello no determinó su efectiva puesta en práctica, pues serían contadas las localidades canarias que cumplieron lo establecido en dicha disposición y la mayoría de ellas solo la celebraron en una ocasión. Entre otros municipios, además de ambas capitales, la organizaron: Teror, Arucas, Santa María de Guía, Gáldar, Moya, Telde, Santa Brígida, Moya; La Laguna, Adeje, La Orotava, Güímar, Icod de los Vinos, Guía de Isora, Tacoronte, La Victoria, La Matanza, Candelaria, Los Realejos, Arico, Fasnia, Arafo; Hermigua, Alajeró, Vallehermoso; San Bartolomé, Arrecife de Lanzarote; Valverde; etc. Con dicha celebración se pretendía concienciar a toda la población sobre la conservación de la naturaleza, a la vez que cumplir un objetivo educativo en las escuelas.

La primera “Fiesta del Árbol” se celebró en la villa de Adeje en 1911, a iniciativa del médico don Manuel Fernández Piñeiro, presidente de la Sociedad “Unión y Cultura”, y luego se repitió por lo menos en 1915 y 1916, pues de la posible celebración en los años intermedios y posteriores de momento no tenemos ninguna constancia documental. A ellas siempre asistían las autoridades locales, encabezadas por el alcalde y el cura párroco, quien bendecía los árboles; ocupaban un lugar relevante los niños de las escuelas, con sus correspondientes maestros, que desfilaban y cantaban el “Himno al Árbol”; se leían poesías y discursos alusivos al motivo de la celebración, siempre uno de ellos por el citado médico; y concluían con un baile en la citada sociedad. Algunos de los árboles plantados en esas fiestas son los laureles de Indias que aún adornan la plaza principal y la calle Grande…

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Las Fiestas de El Escobonal (Güímar) en honor de San José, presididas por la antigua imagen del Patrono (1755-1942)

El 19 de marzo de 1755 se celebró la primera fiesta de Agache en honor del nuevo Patrono, tras la bendición de la primitiva ermita, que desde entonces se ha seguido haciendo anualmente, salvo por motivos extraordinarios. En esa misma fecha de marzo se continuaron celebrando durante décadas las Fiestas Patronales de San José, hasta que en el siglo XIX se trasladaron al primer domingo de agosto, fecha en la que ya se celebraban en 1850. Con dicho cambio se buscaban unas mejores condiciones climáticas y, por lo tanto, menor riesgo de suspensión y una mayor asistencia de público; además coincidía con un período de menor actividad agrícola, lo que también favorecía el que los miembros de la comisión pudiesen dedicarle más tiempo, tanto a la organización como a la participación en la fiesta. Las fiestas se celebraron durante más de un siglo en el llano que rodeaba a la Ermita Vieja de Cano, en la parte baja de El Escobonal, hasta 1861 (aunque luego continuaría celebrándose allí la fiesta de San Vicente Ferrer, nueva advocación de dicho templo, hasta su destrucción en un temporal). A partir de 1862 se trasladaron al llano de tierra situado delante de la iglesia nueva, en el centro del pueblo, que en 1938 fue transformado en una auténtica plaza, con pavimento de cemento, bancos y árboles.

A mediados del siglo XIX la fiesta principal ya se celebraba el primer domingo de agosto, aunque los actos festivos se extendían también al sábado de la víspera y, en ocasiones, al lunes inmediato. Los palos o plumas con las primeras banderas se plantaban en la plaza el fin de semana anterior al de la fiesta y se adornaban por entonces con ramas de brezo o faya y hojas de palma, colocándose en los días siguientes el resto de los adornos por los distintos accesos a la plaza. Al igual que aún sucede con las Fiestas de San Pedro de Güímar, en este período las Fiestas de San José eran organizadas por las dos mitades en que se dividía el pueblo, El Escobonal de Arriba en los años pares y el de Abajo en los impares. La partición no era equitativa, pues se utilizaba como frontera la propia iglesia y plaza, en lugar del lomo de La Tambora que es la auténtica mitad del pueblo; por ello, lo normal era que El Escobonal de Abajo lograse recaudar más dinero que el de Arriba, lo que repercutía en la vistosidad de las fiestas. No obstante, el entusiasmo puesto por las comisiones y el tremendo pique existente entre ellas contribuía a disminuir las diferencias. Solía comenzar con el repique de campanas y lanzamiento de cohetes. No faltó nunca la actuación de la danza en la tarde del domingo principal por la plaza y el centro del pueblo, así como en la procesión, siempre acompañada por el flautista y tamborilero (que en esta etapa fue primero Cho Gaspar Díaz “El Cojo de la Pita” y luego su hijo Cho Cirilio Díaz). Casi nunca faltó la actuación de una banda de música el día principal de las fiestas o los dos días, alternándose sobre todo las de Arafo con la de Güímar; en su recibimiento (primero por la mañana y luego en las primeras horas de la tarde), que era un número esperado, la banda llegaba al sector que organizaba la Fiesta (a La Montaña en los años pares y a El Pino en los impares), desde donde se dirigía hasta la Plaza de San José en cabalgata anunciadora, ejecutando alegres marchas y pasacalles; luego, además de dar conciertos, amenizaba los paseos y los bailes en la plaza, y por la noche acompañaba a la procesión, junto con la danza. Asimismo, esa banda invitada tocaba la Diana del día principal por las calles principales.

En la mañana del domingo, día principal de la Fiesta, se celebraba una solemne función religiosa, en la que desde los años treinta del siglo pasado se invita a un destacado orador sagrado. Un número prácticamente fijo era la corrida de sortijas, que primero fue en bestias (caballos, burros o mulas) y a partir de los años veinte en bicicleta, la cual se celebraba inicialmente el domingo y luego pasó al sábado. Sobre todo a partir de 1930, en que se formó el primer “partido” o “bando” de El Escobonal, casi siempre se celebraba un encuentro de lucha canaria el domingo por la tarde, aunque a veces no se especificaba en el programa. En la noche del día principal tenía lugar la procesión, que llegaba hasta Las Lúas en los años pares y hasta La Fonda en los impares, en la que primero sólo se sacaba a la imagen de San José y luego, desde finales del siglo XIX, se incorporó a ella la Purísima o Inmaculada, con la participación de la danza de las cintas y banda de música, quemándose en su recorrido multitud de fuegos artificiales por uno o dos pirotécnicos, culminando con la exhibición de la “Entrada”. Y tanto el sábado como el domingo se celebraban bailes, a distintas horas (mañana, tarde y noche), a veces especificándose que eran regionales, amenizados por pianolas, orquestas o la propia banda invitada, tanto en salones particulares como en los casinos, además de verbenas en la propia plaza, sobre todo a partir de los años cuarenta…

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La situación municipal de Arafo en el año 1938, en plena Guerra Civil

Gracias a un informe elaborado por el Ayuntamiento de Arafo, fechado el 4 de julio de 1938 y firmado por el alcalde, don Juan Jerónimo Galdona Delgado, y el secretario, don Edmundo Rodolfo García Díaz, conocemos la situación municipal de dicha localidad en plena Guerra Civil. Solo un año antes, el 23 de marzo de 1937, se habían hecho cargo de la Comisión Gestora del Ayuntamiento las siguientes personas, que seguían a su frente y de las que nos ocuparemos más adelante: el mencionado don Juan Jerónimo Galdona, alcalde; don Jerónimo Monje Guzmán, 1er. teniente de alcalde; don Claudio Marrero Pérez, 2º teniente de alcalde; don Florencio Alzola Trujillo, vocal síndico; y don Florentín Castro Díaz, vocal suplente del síndico. Por su parte, el juez municipal era don Juan Pérez Cáceres y su suplente don Juan Claudio Marrero Flores, mientras que el cargo de fiscal municipal lo ostentaba don Juan Rafael Pérez Mesa.

Resumiendo la situación municipal de Arafo en el citado año 1938: En educación, el consistorio municipal sólo pagaba la indemnización por casa-habitación de los maestros y organizaba el Día del Libro y el Día del Maestro. En el aspecto sanitario, asumía el barrido y la limpieza de las vías públicas; y abonaba las medicinas de los enfermos pobres del término municipal. Procuraba la colocación de todos los obreros que carecieren de trabajo, por medio de la Oficina Local de Colocación Obrera. El abastecimiento de aguas se atendía a través de tres fuentes automáticas, estratégicamente situadas, que disponían de agua abundante y de buena calidad. No existía alcantarillado, por lo que la evacuación se llevaba a cabo en las casas mediante pozos negros absorbentes. El pueblo estaba dotado de alumbrado público, contratado por el Ayuntamiento a una empresa particular, la Compañía Eléctrica de Arafo S.A., a la que se le debía cierta cantidad, que no se había pagado por ser ella a su vez deudora de la Hacienda pública. El municipio poseía varios bienes comunales en las cumbres, donde se surtía el vecindario de leñas, arbustos y pastos. La única obra pública que se llevaba a cabo en el municipio era la construcción de las nuevas casas consistoriales, lo que mitigaba en parte el paro obrero que se sufría en la localidad, pero absorbía todo el presupuesto municipal destinado a ese apartado. La situación general de la hacienda municipal era buena, a pesar de que se debía alguna cantidad a la Delegación de Hacienda, por el impuesto de Derechos Reales sobre Personas Jurídicas…

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Principales aniversarios de acontecimientos históricos o biográficos que se conmemoran en el municipio de Güímar en el año 2020

Desde el año 2001 comenzamos a publicar en el folleto del programa de las Fiestas Patronales de Güímar los aniversarios de las principales efemérides que se cumplían en este término municipal. Aunque en este año tan anómalo por la pandemia que nos ha tocado no se ha publicado el programa en papel, no queremos interrumpir dicha serie de trabajos, por lo que aprovecho mi blog para divulgar los principales aniversarios que se conmemoran este año, tanto de acontecimientos históricos como biográficos, relacionados con hijos o vecinos destacados de este municipio.

A modo de ejemplo, de todas las efemérides recogidas podemos destacar las siguientes: los 425 años del fallecimiento de Argenta de Franquis Luzardo, dueña y administradora del Heredamiento de Güímar; los 275 años del inicio de la construcción de la primitiva ermita de San José de El Escobonal; los 225 años de la segregación de las parroquias de Candelaria y Arafo del beneficio de Güímar; los 150 años de la transformación del Juzgado de Paz de Güímar en Juzgado Municipal, de la creación del Registro Civil de este término y de la subasta del tramo de la Carretera General del Sur entre Candelaria y Güímar; los 125 años del nacimiento de Tomás Cruz García, abogado, político, cronista e Hijo Predilecto de Güímar; los 100 años del nacimiento de Ángel Hernández Rodríguez, químico, presidente de la ATAO y del Hogar Canario de Madrid e Hijo Predilecto de Güímar, de Juan Esteban Pérez Castro, cónsul honorario de Filipinas en Canarias y decano del cuerpo consular, y de Isidoro Frías Díaz, tamborilero de las danzas y Medalla de Plata de Güímar; los 75 años de la entrada en funcionamiento del nuevo Juzgado Comarcal de Güímar, de la aprobación de la urbanización de El Volcán y de la denominación de este barrio con el nombre de Fátima, de la inauguración del estadio de fútbol Tasagaya, del nacimiento de Arturo Gómez García, Dr. en Medicina, profesor universitario, Hijo Adoptivo de Gran Canaria y Predilecto de Güímar, y de Agustín Ángel García Díaz, malogrado director concertador de orquesta, fundador de la A.T.A.O. e Hijo Predilecto de Güímar; los 50 años de la inauguración de la autopista del Sur, en el tramo comprendido entre Güímar y Los Roques de Fasnia, de la transformación de Sección Delegada de Güímar en Instituto Nacional de Enseñanza Media, del estreno de la letra del Pasodoble “Al Socorro”, compuesta por Pedro Guerra Cabrera, de la inauguración del Club Náutico Puertito de Güímar y del fallecimiento de Andrés Hernández Álvarez, comandante de Artillería, presidente del “Orfeón La Paz”, árbitro de fútbol, colaborador periodístico, poeta, etc.; y los 25 años de la conclusión de las obras de prolongación y arreglo del muelle de El Puertito, de la recuperación de la tradicional fiesta de Chinguaro, del reconocimiento de la Denominación de Origen de los Vinos del Valle de Güímar, de la creación la Escuela de Música de Güímar, de la fundación de la agrupación folclórica “Atenguajos” de El Tablado, y del hermanamiento entre Güímar y Agaete…

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