Relación de alcaldes del municipio de Santiago del Teide (1548-2019)

     No conocemos todos los alcaldes que ha tenido la jurisdicción de Santiago del Teide, pues al haberse perdido el archivo municipal en un incendio producido hacia 1910 no se conservan actas ni libros de oficios anteriores a esa fecha, por lo que es solamente desde dicho año cuando disponemos de las fechas exactas de posesión y cese, aunque también faltan las actas de 1912 a 1923 y de 1938 a 1944. Sin embargo, gracias a documentos consultados en otros archivos locales, insulares y regionales, tanto públicos como privados, hemos podido elaborar una lista bastante amplia de las personas que ocuparon tanto la alcaldía pedánea o real desde 1548, o la alcaldía mayor u ordinaria desde 1663, ambas en el Antiguo Régimen al XIX, como la posterior alcaldía constitucional. La jurisdicción de estos alcaldes no ha variado a lo largo del tiempo, pues siempre ha abarcado la misma jurisdicción territorial.

     Como curiosidad, de los 81 alcaldes titulares que conocemos, pues muchos repitieron en el cargo, el récord de permanencia en la alcaldía lo ostenta D. Pancracio Socas García, durante más de 15 años consecutivos, seguido por: D. Rafael González Pérez (casi 14 años), D. Juan García Dorta (13 años, en tres etapas), D. Juan Damián Gorrín Ramos (12 años), D. Agustín Rodríguez Guanche (más de 10 años), D. José Trujillo Hernández (unos 10 años, en cuatro etapas), D. José Antonio Navarro Díaz (casi 9 años), D. José Forte González (unos 7 años, en tres etapas), D. Pedro Acevedo Bisshop (casi 6 años), etc. Con respecto al lugar de nacimiento, conocemos por lo menos a 10 alcaldes que no han nacido en este municipio: don D. Antonio González Velázquez (de El Tanque), D. Lorenzo Dorta del Castillo (de Los Silos), D. Agustín Ferrer y González (de Guía de Isora) y Dª. Concepción García Suárez (de La Laguna); además de D. Nicoloso de Ponte y Cuevas, D. Manuel Antonio Ramos, D. José Antonio de Acosta, D. Francisco Olavarrieta, D. Antonio Rodríguez Montana y D. Pedro Acevedo Bisshop, de los que de momento desconocemos su lugar de nacimiento. Como curiosidad, han sido alcaldes vecinos de varios núcleos de población del municipio, pero hasta el momento solo una mujer ha ostentado la alcaldía (Dª. Concepción García Suárez)…

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El Juzgado de Paz del municipio de Guía de Isora en su primera época (1856-1870)

     Al igual que en los restantes municipios de España, en Guía de Isora (por entonces conocido como “Guía de Tenerife”) hasta mediados del siglo XIX los juicios verbales de faltas se celebraban ante el alcalde de la localidad o, en su defecto, ante un teniente de alcalde o regidor. Pero en 1855 la Legislación española separó la autoridad civil de la judicial, al crear la figura independiente del “Juez de paz”. Afortunadamente, conocemos casi todos los jueces que ha tenido la jurisdicción de Guía de Isora desde 1856 hasta hoy, aunque dicha figura ha sufrido algunos cambios en este municipio a lo largo del tiempo, pues primero fueron jueces de paz (1856-1870), luego jueces municipales (1871-1945) y de nuevo jueces de paz, desde 1945 hasta el presente. En este artículo solo nos vamos a ocupar del Juzgado de Paz en su primera época, centrándonos en la creación de la figura del juez de paz, en la relación de las personas que desempeñaron dicho cargo en Guía y en los escasos secretarios que conocemos de esa etapa.

     Como se preveía en el mencionado Real Decreto de creación de la figura del juez de paz, para cubrir las vacantes de jueces o suplentes se elegirían personas de reconocido prestigio en los diferentes municipios, por lo que la mayoría de ellos asumirían también otras responsabilidades en dichas localidades, tanto en el Ayuntamiento como en las Milicias o en la Parroquia, figurando además entre los mayores contribuyentes del término correspondiente. Así ocurrió en Guía de Isora, donde en esta primera etapa, de 1856 a 1870, solo conocemos 5 jueces de paz titulares, dos de los cuales también fueron suplentes, y otros 6 que solo fueron suplentes, pues de momento no hemos podido localizar a los que ocuparon dichos cargos en los tres primeros años (1856-1859). Entre ellos, ostentó el récord de permanencia D. José Gorrín y Barrios, que lo fue durante más de cuatro años y medio (en dos etapas), seguido por D. Andrés Martín (2 años, más cuatro y medio como suplente en dos etapas), don Victorino Delgado (2 años), D. Antonio Álvarez Arbelo (casi 2 años) y D. Francisco Martínez Ocampo (poco más de un año). Con respecto al lugar de nacimiento, por lo menos tres de los jueces no nacieron en el municipio de Guía: D. José Gorrín y Barrios (de Tamaimo, en Santiago del Teide), D. Francisco Martínez Ocampo (de Garachico) y D. Antonio Álvarez Arbelo (de Icod de los Vinos). Desgraciadamente, de momento solo conocemos a dos secretarios de este Juzgado de Paz en la etapa estudiada, de los cuales uno era natural de La Orotava y otro de Icod de los Vinos: D. Juan Padrón y León y D. Guillermo Fajardo y Rodríguez…

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La Orquesta “The Six Men” de la Villa de Arafo (1969-1971)

     El presente artículo está dedicado a una de las numerosas orquestas de baile que han existido en la villa de Arafo. Llevó por nombre “The Six Men”, por el número de miembros que la componían, y solo permaneció en activo algo menos de dos años. No obstante, en ese tiempo llevaron su buen hacer musical a salas de numerosas localidades tinerfeñas e incluso de Lanzarote. La mayoría de sus miembros eran araferos, siendo uno de ellos su coordinador, don Adalberto Albertos Albertos, a pesar de ser el más joven del grupo.

     Tres meses después de la disolución del conjunto músico-vocal “Los 5 de Arafo” , en junio de 1969 se formó una nueva orquesta en la villa de Arafo, con tres componentes de la anterior más otros tres músicos nuevos, la cual fue bautizada como “The Six Men”, en inglés para darle un toque de modernidad. Como ya se ha indicado, fue coordinada y dirigida por don Adalberto Albertos Albertos (cofundador y saxo tenor), a quien acompañaban dos de la orquesta anterior: don Rubén Delgado Coello (cofundador y trompeta) y don José Marrero Albertos (órgano), los tres araferos; a ellos se sumaron tres nuevas incorporaciones: don Quírico Coello Albertos (contrabajo eléctrico), también hijo de Arafo, don Antonio García (batería), de Igueste de Candelaria, y don Miguel (vocalista), de La Laguna…

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La Sociedad “Club Deportivo Cárdenes” de Barranco Hondo (Candelaria) [1943-1955]

     En 1943 se fundó en Barranco Hondo (Candelaria) la Sociedad “Club Deportivo Cárdenes”, que es más recordada por su actividad recreativa que por la deportiva, a pesar de que, como se recogía en su reglamento, su objetivo era “cultivar toda clase de deportes, dedicando especial atención al fútbol”. Por ello, también se la conocía en el pueblo como el “Casino”, al tener un notable protagonismo en las fiestas locales, sobre todo en la celebración de bailes y, en alguna ocasión, en la elección de mises y de las nuevas comisiones de fiestas. Se mantuvo en activo durante una docena de años, pero de momento solo conocemos a cuatro de sus presidentes: don Antonio Hernández Delgado (1943), don Crisanto Marrero Delgado (1948), don Porfirio P. Medina (1949) y don José de Armas Delgado (1952-1953).

     El 1 de marzo de 1943, se redactó en Barranco Hondo el reglamento de la Sociedad “Club Deportivo Cárdenes”, por una comisión organizadora compuesta por: don Antonio del Castillo, don Antonio Martín, don Álvaro Peña Ramos, don Florentín del Castillo, don Malaquías Pacheco, don Ignacio Díaz Oliva, don José Valladares, don Andrés Rodríguez, don Antonio Cazorla y don Fermín Ramos; se fijó su domicilio en el barrio de las Tiendas nº 1…

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La capilla antigua y la ermita de Ntra. Sra. de la Peña en el barrio de La Hoya (Güímar)

     Este artículo está dedicado a la vida religiosa del barrio de La Hoya, en el municipio de Güímar. Llama la atención que, a pesar de tratarse de un núcleo relativamente pequeño, cuenta con dos templos dedicados a la Virgen de la Peña, una antigua capilla, de escaso tamaño, y una ermita de considerable capacidad, con vocación de iglesia.

     La primitiva imagen de la Virgen de la Peña que se venera en este barrio, de corta talla, pero muy antigua y de gran valor escultórico, probablemente formó parte de un retablo y fue encontrada en la segunda mitad del siglo XIX al derruirse una vieja casa de la familia Galdona, en la troja de la misma (entre la madera que sujetaba las tejas), y durante años se conservó en un salón particular, donde algunos jóvenes comenzaron a hacerle una fiesta informal de carácter casi familiar. Esa primitiva imagen, de unos cincuenta centímetros de altura, es de estilo gotizante y representa el busto de la Virgen María sosteniendo en la mano izquierda al Niño Jesús dormido, mientras con la derecha sostiene un libro abierto. Posiblemente fue elaborada para ser adosada por su parte posterior, que es plana.

     Hacia 1897, una mujer piadosa de la citada familia, doña Concepción Galdona Torres, con motivo de una promesa promovió la construcción de una capilla en la calle principal de La Hoya, para colocar en ella la citada imagen y que se le rindiese culto público, que se levantó gracias a la colaboración de los vecinos, que ayudaron con su trabajo y limosnas; fue bendecida en 1905 y en ese mismo año se celebró su primera fiesta oficial. En 1928, a iniciativa de los jóvenes del lugar, se construyó la enorme espadaña de la capilla, tan ancha como ella, en la que se instaló una campana de grandes dimensiones. En 1967, el Ayuntamiento de Güímar cedió un solar de 200 m2, junto a la plaza del barrio, para construir una nueva ermita de mayor capacidad, con su correspondiente sacristía; al año siguiente comenzó su construcción, que fue llevada a cabo por iniciativa vecinal; y, una vez techada y concluida la estructura del templo, en 1972 fue bendecida por el párroco don Salvador Miralles Pérez, desde cuyo año se comenzó a celebrar Misa en ella, aunque las obras no concluyeron hasta 1979…

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Güimareros en las Guerras de Cuba (1868-1898)

     Muchos han sido los trabajos que han puesto de manifiesto los estrechos lazos existentes entre Canarias y América, pero a pesar de ello sólo ha aflorado la punta del iceberg, pues sin duda aún queda mucha información en los archivos existentes a ambos lados del Océano Atlántico de una integración canario americana que ya dura cinco siglos. Con el presente trabajo sólo pretendemos que se conozca mejor la aportación canaria a la Historia de América, aunque sea desde una óptica local y centrada exclusivamente en la Independencia cubana. Sobre los canarios en Cuba se posee una documentación extensa, pues el contingente canario que emigró a dicha isla tuvo un mayor peso demográfico que en otros lugares de América. Centrándonos en la Guerra, muchos canarios ya se encontraban en Cuba cuando estalló el movimiento insurreccional y allí tomaron partido por uno u otro bando contendiente; la mayoría se alinearon con el Ejército español, pero un colectivo nada despreciable lo hizo con el Ejército libertador o mambí. Además, muchos canarios acudieron a dicha Guerra desde España, como militares de reemplazo o como oficiales profesionales.

     Este artículo está dedicado a la presencia de los hijos de Güímar en dicha Guerra, en algún caso, desde las filas de la prensa, como hizo don Miguel Espinosa Hernández. Aparte de los soldados de reemplazo, destinados a la guerra por sorteo, fueron numerosos los oficiales güimareros que se incorporaron al Ejército español en Cuba, la mayoría de los cuales solicitaron su pase al mismo con carácter voluntario, con el fin de lograr ascensos y mejoras en su carrera militar; nueve combatieron en dicha isla durante la “Guerra de los Diez Años” (1868-1878), en la que uno murió; los otros ocho lo hicieron también en la “Guerra Chiquita” (1879-1880) y en otros brotes revolucionarios posteriores, período en el que murieron dos de ellos; y otros dos participaron en la “Guerra de Independencia” (1895-1898). Sólo conocemos a tres güimareros que se enrolaron en las fuerzas independentistas de Cuba, en las que alcanzaron cierta graduación, aunque probablemente no fueron los únicos, pero ellos nos sirven de muestra de que no todos los canarios que vivían en dicha isla en el momento de la Guerra de Independencia lucharon a favor de España. Aunque probablemente fueron más, también tenemos información de ocho güimareros fallecidos durante las campañas de Cuba o a consecuencia de las mismas. Finalmente, de los numerosos soldados nacidos en este municipio que combatieron en Cuba y fueron repatriados, sólo conocemos a otros 19, la mayoría por la prensa de la época, aunque seguro que no fueron todos los que participaron en dicha contienda bélica; de ellos, solo dos murieron después de 1960, por lo que llegaron a percibir una pensión extraordinaria del Estado…

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La religiosidad, la vida social y la situación económica en el municipio de Arona, según la Santa Misión de 1965

     Hace poco más de medio siglo, en 1965, se celebró una Santa Misión en la isla de Tenerife, una vez concluidas las realizadas en las demás islas de la Diócesis Nivariense. Después de un asesoramiento previo, el obispo de la Diócesis, don Luis Franco Cascón, dispuso que se celebrara dicha Misión empezando por el Sur de la isla y siguiendo un orden geográfico, desde la parroquia de Santiago del Teide hasta la de Barranco Hondo. Tuvo lugar entre la segunda semana de mayo y la segunda de julio, evitando la época de la zafra del tomate, que solía trastocar la vida en el Sur al ocasionar un considerable trasiego de personas, dedicadas en esos meses casi exclusivamente a dicho trabajo, “de día y de noche sin descanso”. Al final de la campaña se tuvo que hacer una ligera variación, para que no coincidieran las fiestas patronales de San Pedro de Güímar con la Santa Misión. Pero resultó interesante el que el Valle de Güímar quedase para el final, con el fin de que la concentración que se planteaba en Candelaria como clausura estuviese más nutrida, como así ocurrió. La dirección de esta campaña misional fue encomendada por el citado obispo a un prestigioso sacerdote jesuita, el padre Sebastián Puerto, director del Centro Misional del Beato Juan de Ávila, en Montilla, a quien acompañarían otros siete padres jesuitas de la Península, más cuatro padres paúles y dos dominicos de Candelaria. Con algo más de un mes de anticipación se desplazó a esta isla el director, con el objetivo de conocer el terreno, tomar contacto con todos los párrocos de cada Arciprestazgo y planear la Santa Misión según las necesidades de cada parroquia, lo que motivó la confección de un estudio sociológico previo en cada una de ellas. La idea que presidió el plan fue “que no quedara ningún grupo de personas, algo notable, sin que llegara a él la gracia de la palabra de Dios”; por ello, dicha misión se extendió a un total de 73 centros, entre parroquias y barrios.

     El municipio de Arona estaba constituido por numerosos núcleos de población y contaba por entonces con tres parroquias, una de ellas muy reciente: San Antonio Abad (creada en 1796), San Lorenzo Mártir del Valle de San Lorenzo (creada en 1929) y Nuestra Señora del Carmen de Los Cristianos (creada en 1963), que reunían una población de hecho de 1.401, 2.497 y 2.896 habitantes, respectivamente. Se establecieron centros misionales en las tres parroquias, así como en los barrios de Los Frailes, Las Galletas, Buzanada y Cabo Blanco, donde a falta de templos, o por su escasa capacidad, se utilizaron los cines y algunos salones de empaquetado. A continuación, vamos a analizar como tuvo lugar la Santa Misión en este municipio, tal como fue descrita por los propios misioneros jesuitas que la llevaron a cabo en cada uno de dichos centros misionales (parroquias o barrios), lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa y social, así como la situación económica, en los distintos núcleos que integraban el término municipal, con datos a veces muy curiosos…

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El largo proceso de creación de la parroquia de San Bartolomé del Río de Arico y la relación de sus párrocos

     Después de consolidado el núcleo del Río de Arico, los vecinos principales decidieron levantar una ermita y, tras obtener la correspondiente autorización, en junta celebrada en 1674 acordaron dedicarla a San Bartolomé Apóstol y dotar al templo. El cargo de primer mayordomo recayó en don Antonio Gaspar, quien rindió sus primeras cuentas en 1678, de las cuales se deduce que ese primer templo era una modesta capilla, en forma de salón, sin presbiterio diferenciado, y presidida por un cuadro de San Bartolomé. En 1691 ya se había incorporado al templo la actual imagen del Santo titular, de talla completa y policromada, cuyo autor fue el imaginero don Domingo de Campos. Desde su fundación contó con mayordomos y capellanes para su cuidado y servicio. En 1739 comenzó la construcción de una capilla mayor, separada de la nave principal por un arco de cantería de medio punto, que ya había sido construido en 1745; luego siguió la construcción de la sacristía y todas las obras de esta ampliación concluyeron en 1754; el presbiterio resultante tenía planta cuadrada y estaba situado a la misma altura de pavimento de la nave; no se le pudo hacer retablo, pero se abrieron tres nichos en la pared del fondo. Mientras se reconstruía la ermita, en 1774 fue dotada la festividad de San Bartolomé, el 24 de agosto, por una vecina de El Río, doña María Candelaria Pérez. En el inventario de 1780 ya figuraba en el nicho central la Virgen de la O y a los lados un Cristo y San Bartolomé; también existían en el presbiterio una imagen de la Concepción, quince cuadritos y la pila del agua bendita con tasa de cantería, que también se conserva. En 1778 fue dotada la festividad de la Virgen de la O, que se celebraba el 18 de diciembre, en el testamento de doña Ángela María Martín. En 1836 se reformó todo el frente de la ermita y se recomendó la construcción de un campanario, un sardinel en la capilla mayor y un retablo para la misma, con repisa de cantería. En ese mismo año el obispo aceptó cederle la campana de la incendiada ermita de la Punta de Abona, por lo que ya contaba con una espadaña sobre la puerta principal. A mediados de esa centuria se construyó el retablo, que ya existía en 1882. En 1932 se sustituyó el campanario por su nueva torre y se adquirió la campana grande. En 1967 se restauró el interior del templo y se levantaron los nuevos cuerpos de la torre.

     En el presente artículo nos vamos a centrar en el largo proceso seguido para elevar la ermita de San Bartolomé Apóstol a la categoría de parroquia, el cual comenzó el 27 de mayo de 1854 y concluyó el 1 de enero de 1944, en que comenzó a regir, aunque desde 1929 ya era parroquia filial de la de San Juan Bautista de la villa de Arico. También se incluye la relación de párrocos que la han regentado desde su creación, con breves reseñas biográficas. En estos 75 años, desde el 1 de enero de 1944, han estado al frente de esta parroquia un total de 24 sacerdotes, ninguno de los cuales ha nacido en Arico y solo siete han sido nombrados exclusivamente para esta parroquia. El récord de permanencia en la parroquia lo ostenta don José Bernardo Juan, con 12 años y medio; le siguen: don José Antonio Baute Chico (más de 12 años), don Miguel Dévora Hernández (5 años), don Jorge Hernández Rodríguez, don Norberto Álvarez González, don Jerónimo Hernández Rodríguez y don Juan P. Velázquez Velázquez (más de 4 años cada uno), don José Luis B. Escobar Blanco (casi 4 años), don Pablo González y González (casi 3 años y medio) y don Benito José María Lagos (más de 3 años).

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El Juzgado Municipal de Arafo (1870-1946): jueces, fiscales, adjuntos y secretarios

     En un artículo anterior ya nos ocupamos del primer Juzgado de Paz de Arafo (1855-1870) y en éste vamos a recordar al Juzgado Municipal que sucedió al anterior y que se mantuvo durante 75 años y medio, de 1870 a 1946, asumiendo la competencia del Registro Civil de la localidad, creado también en 1870, al igual que la nueva figura del fiscal municipal. En este período, existieron 17 jueces municipales titulares y 14 fiscales municipales, además de otros tantos suplentes, así como numerosos adjuntos del tribunal municipal y 8 secretarios (titulares, interinos o habilitados), sin contar los suplentes y numerosos “acompañados”. Es normal que muchos de los jueces y fiscales que alcanzaron la titularidad fuesen con anterioridad suplentes, pero llama la atención que varios de ellos ostentasen dos de dichos cargos. También resulta llamativo que ninguna mujer accediese por entonces a esas responsabilidades.

    En la larga etapa estudiada, de los jueces municipales titulares, el récord de permanencia lo ostentó don Juan Pérez Cáceres (más de 9 años y medio), seguido por: don Víctor Núñez Rodríguez (más de 8 años y medio), don Santiago Romero Ferrera (más de 6 años y medio), don José García Siliuto (más de 6 años y medio), don Andrés Batista y Batista (más de 6 años) y don Federico Batista Marrero (casi 6 años, en dos etapas); con respecto a su lugar de nacimiento, solo conocemos un juez titular que no había nacido en el municipio de Arafo, don Juan Pérez Cáceres (de Güímar), y un juez suplente, don José Cañestro Reyes (de Ronda -Málaga-); y como curiosidad, solo uno de los jueces era Licenciado en Derecho (don Federico Batista Marrero). De los fiscales titulares que se conocen en el municipio de Arafo, el récord de permanencia lo ostentaron D. Eusebio García Delgado y D. Rafael Pérez Mesa, con 8 años y medio, seguidos por: D. Felipe Marrero Rodríguez (por lo menos 7 años, en dos etapas), D. Francisco Pérez Batista (más de 6 años) y D. Claudio Amaro Vizcaíno (5 años y medio); todos eran naturales de Arafo. De los secretarios que ejercieron en dicha etapa (titulares o interinos), ostenta el récord de permanencia don José Rodríguez Arvelo, con 19 años y medio, seguido por: don Antonio Pérez Hernández (más de 15 años como titular en dos etapas y más de 5 como acompañado, en varios períodos) y don Pedro José Amaro (más de 9 años); con respecto al lugar de nacimiento, cuatro de los secretarios no habían nacido en Arafo (D. Juan J. Ponce Cárdenas, D. Arturo Valdés y Laffitte, D. Antonio Rodas Padrón y D. Romualdo García-Panasco y Acosta), además de un acompañado (D. Mateo Armas Esquivel)…

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Artículo-JUZGADO MUNICIPAL DE ARAFO

La antigua ermita de San Juan de Araya de Candelaria y las fiestas patronales durante la II República

     Hasta bien avanzado el siglo XIX no existía ningún lugar de culto en Araya de Candelaria, teniendo que acudir los vecinos hasta la iglesia de Santa Ana para recibir los distintos sacramentos o asistir a misa y a las festividades religiosas. No obstante, la fábrica parroquial de Ntra. Sra. de la Concepción de La Laguna poseía una hacienda en Los Brezos; y los religiosos dominicos de Candelaria eran propietarios de una finca en Araya, que ocupaba la Franja de La Ladera y La Mesa.

     Sin embargo, desde finales de dicha centuria esta localidad ha contado con tres templos sucesivos, todos ellos en el mismo solar y dedicados a San Juan o “San Juanito”: una pequeña capilla privada, construida en el siglo XIX por el médico candelariero don José Llarena y Mesa, luego de carácter público al ser comprada por el vecindario en 1923; la ermita resultante de la ampliación de la anterior hacia 1930; y la actual iglesia parroquial, construida en 1975 tras la demolición de dicha ermita. En este artículo nos vamos a ocupar de la primitiva capilla y de la posterior ermita.

     Desde la adquisición del templo por el pueblo, se celebra en el barrio de Araya la fiesta de San Juan Bautista, a la que luego se añadieron las de Santa Rita y la Virgen de Fátima y, más recientemente, la Romería en honor de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza…

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Artículo-ANTIGUA ERMITA DE ARAYA DE CANDELARIA