Güímar-Candelaria: Don Pedro Lorenzo de Barrios y González (1688-1786), condestable del Castillo de Candelaria, retirado como subteniente de Artillería, mayordomo de la fábrica parroquial de Santa Ana y hermano del Santísimo Sacramento

Condestable-Pedro Lorenzo de Barrios     Hijo de un artillero, nuestro longevo biografiado nació en Güímar y se estableció en Candelaria a causa del destino militar de su padre. Tras el retiro de éste, fue nombrado condestable del Castillo de San Pedro de esta localidad mariana, que desempeñó durante seis décadas; ya nonagenario obtuvo el retiro, con sueldo y el empleo honorífico de subteniente de Artillería. Además, su compromiso religioso le llevó a ser mayordomo de la fábrica parroquial de Santa Ana, bienhechor de este templo y hermano del Santísimo Sacramento. También trabajó como labrador, fue un notable propietario agrícola y tuvo una amplia y destacada sucesión.

     Nació en el pueblo de Güímar el 2 de agosto de 1688, siendo hijo del artillero don Juan Lorenzo de Barrios y doña Juana González de Castro, naturales de la Villa de La Orotava y residentes en dicho lugar. El 13 de dicho mes fue bautizado con “óleo y crisma” en la iglesia de San Pedro Apóstol por fray Pedro Sánchez del Castillo, de la Orden de Predicadores, “Parroco Servidor de dicha parroquia por Su Sa e Ima el Sr. D. Bartholome Garcia Ximenes Obpo de Canaria”; se le puso por nombre “Pedro” y actuó como padrino don Juan de Arrosa, natural y vecino de dicho lugar…

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Artículo-PEDRO LORENZO DE BARRIOS GONZÁLEZ

La solicitud de segregación de El Escobonal del municipio de Güímar para unirse al de Fasnia, en 1911. Miseria y emigración de “Las Hurdes canaria” en los albores del siglo XX

Escobonal-segregación-1911     La lucha de los vecinos de la comarca de Agache ante las autoridades municipales de Güímar, en demanda de la dotación de los servicios básicos, ha sido muy larga. La histórica falta de comprensión de la administración provocó en el pasado reiterados choques, que desembocaron en varios intentos de segregación, el primero de los cuales ocurrió en 1858, como recogimos en un artículo anterior. Tras éste, a pesar de que el Ayuntamiento tomó algunas medidas para contentar a estos vecinos, en el último cuarto del siglo XIX las dificultades económicas de la época agudizaron de nuevo la tensión, ante la falta de inversiones en la comarca y el agravio comparativo con el resto del municipio. Ello motivó las protestas de los vecinos de El Escobonal y pagos limítrofes a la hora de contribuir con sus impuestos, por lo que recurrieron el reparto individual del impuesto de consumos y lograron su anulación. Años más tarde, el Ayuntamiento logró el establecimiento de la fiscalización administrativa en Agache, con la creación de un fielato, ante lo cual los vecinos comenzaron a negarse a pagar los impuestos, lo que dio lugar incluso a algunas revueltas populares. Acudiendo a las autoridades los vecinos de esta comarca lograron la anulación de la fiscalización en dos ocasiones, pero los recursos presentados por el Ayuntamiento fueron más determinantes para la Administración que los intereses de los vecinos de El Escobonal, por lo que en 1910 volvieron a estabcerse los fielatos y la fiscalización en este pago, de forma definitiva, con el total rechazo del vecindario.

     A la presión impositiva que se ejercía sin contemplaciones sobre el vecindario de El Escobonal y su comarca se sumaba la falta de inversiones, así como la escasez o el mal estado de los servicios municipales e insulares, lo que caldeó aún más el ánimo de los agacheros. Para hacernos una idea, los vecinos de El Escobonal carecían de todos los servicios que ya existían por entonces en Güímar: parroquia, escuelas, lavaderos públicos, cementerio, central telefónica, cartería, alumbrado público, médico, practicante, farmacia, fuentes públicas, etc. etc.; es decir, los vecinos no tenían casi nada, por lo que tenían que recorrer 13 kilómetros, hasta Güímar, si querían utilizarlos; no obstante, pagaban sus impuestos de igual forma que los de la cabecera municipal, que disfrutaban de todos esos servicios a dos pasos de su casa.

     Ante la falta de solución a sus problemas, la tensión entre los vecinos de El Escobonal y el Ayuntamiento de Güímar desembocó en un nuevo intento de segregación de este pueblo, encabezado por el escobonalero don Manuel Díaz Díaz, quien junto con don Rogelio Ojeda Bethencourt también había liderado las reclamaciones de este pueblo por la fiscalización administrativa establecida por el Ayuntamiento. Ahora, la propuesta de los segregacionistas incluía la unión posterior a Fasnia, alegando la mayor proximidad a este municipio y la abusiva presión fiscal del término del que dependían, sobre todo en el extrarradio. El intento no tuvo éxito y en los años que siguieron la situación de este pueblo sería dramática, agudizada por un ciclón y una fuerte sequía, lo que provocó miseria y emigración, hasta el punto de ser considerado en la prensa de la época como las “Hurdes canarias”…

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Artículo-SEGREGACIÓN ESCOBONAL-1911-UNIÓN FASNIA

Güímar: Don Domingo Quintero y Acosta (1748-1828), “El Virrey”, Bachiller, sargento de Infantería, notario público mayor del Juzgado de Indios, juez sustituto, receptor propietario de la Real Audiencia de México, ministro interventor e intendente de provincia honorario en La Habana

Domingo Quintero Acosta     Fue, quizás, el güimarero que ostentó cargos de mayor relieve en la América colonial de los siglos XVIII y XIX. El Bachiller don Domingo Quintero y Acosta se trasladó muy joven a Nueva España (México), donde se le nombró sargento 2º del Regimiento de Infantería de la ciudad de Toluca, notario público mayor del Juzgado General de Indios del Obispado de Antequera, juez sustituto del Juzgado privativo y Dirección general de Rentas Reales de Nueva España y receptor propietario de número de la Real Audiencia de México. Luego pasó a La Habana, donde contrajo matrimonio y fue nombrado ministro interventor de las Reales Obras, Fortificaciones y Víveres; tras su jubilación fue nombrado intendente de provincia honorario de dicha capital. A pesar de sus múltiples responsabilidades y de la temprana separación de la familia, jamás olvidó a ésta, siendo su principal sostén en las épocas más difíciles y contribuyendo desinteresadamente con fuertes sumas al bienestar económico de sus hermanos.

     Nuestro ilustre personaje nació en Güímar el 8 de septiembre de 1748, en la casona familiar situada junto al convento dominico de la localidad y frente a la plaza de éste (hoy del Ayuntamiento), siendo hijo de don José Quintero Padrón, natural de la villa de Valverde en El Hierro, y doña Antonia Paula Josefa de Acosta y Yanes de Villavicencio, que lo era de la ciudad de La Laguna, aunque oriunda también de El Hierro por su padre. Cinco días después recibió el bautismo en la iglesia parroquial matriz del Apóstol San Pedro, de manos de don Juan Alonso Jiménez, beneficiado servidor de la misma y de la de Santa Ana de Candelaria; se le puso por nombre “Domingo María” y actuó como padrino el reverendo padre fray Miguel de Espino, lector de Gramática del convento de Santo Domingo de dicho lugar…

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Artículo-DOMINGO QUINTERO ACOSTA

Güímar: Don Florentín Castro Díaz (1870-1936), emigrante, propietario agrícola, impulsor de la atarjea de El Escobonal, guarda local de montes, concejal del Ayuntamiento, cartero rural y alcalde de barrio de La Medida y Pájara

Florentín Castro Díaz     Nuestro biografiado fue la persona más destacada de La Medida en su época. Tras emigrar a Cuba se estableció en su pueblo natal, donde sobresalió como propietario agrícola, se inició como destilador de aguardiente, lo que le dio más disgustos que alegrías, y fue uno de los principales impulsores de la atarjea de El Escobonal, así como accionista de galerías de agua. También desempeñó los empleos públicos de peatón municipal de Correos de Güímar a Arico, guarda local de los montes de Agache y primer cartero rural de Lomo de Mena, La Medida y Pájara. Además, ocupó diversos cargos, como los de interventor electoral, jurado judicial, concejal del Ayuntamiento de Güímar y alcalde de barrio de La Medida y Pájara.

     Nació en La Medida el 23 de octubre de 1870, a las once de la mañana, siendo hijo de don Juan de Castro Díaz y doña Anastasia Díaz Delgado. Tres días después fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro por el cura ecónomo don Juan Elías Hernández; se le puso por nombre “Florentín”, y actuó como padrino don Antonio Pestano…

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Artículo-FLORENTÍN CASTRO DÍAZ

Santiago del Teide – Güímar: Don Enrique Remón Martín (1907-1996), teniente mecánico de las Fuerzas Aéreas de la República Española, exiliado en Francia y retirado con el sueldo de capitán de Aviación

Enrique Remón Martín     Con mucho esfuerzo, nuestro biografiado obtuvo el ingreso en la prestigiosa Escuela de Mecánicos de Aviación de Cuatro Vientos (Madrid), en la que obtuvo el título de Mecánico de Aviación con la 15ª promoción. Pronto alcanzó el empleo de cabo y como tal estuvo destinado en las Fuerzas Aéreas de África, donde participó en la campaña y toma de Ifni, por la que fue condecorado. Al inicio de la Guerra Civil, al pasar la mayor parte de su guarnición al bando nacional, desertó y pasó al Marruecos Francés, de donde se trasladó a Francia y desde allí entró en España, para integrarse en las Fuerzas Aéreas de la República Española. En este cuerpo ascendió enseguida a sargento, brigada y teniente mecánico, empleos con los que participó activamente en la contienda bélica, en diversos aviones, en los frentes de Aragón y Cataluña. Al final de la Guerra se exilió en Francia, donde fundó su familia y continuó siendo fiel al Gobierno de la República Española en el exilio. Con la democracia regresó definitivamente a España y se estableció en El Escobonal (Güímar), desde donde pudo acogerse al Decreto-ley que reconocía a los militares profesionales del Ejército Republicano, que participaron en la Guerra Civil, el derecho a solicitar el retiro con la correspondiente pensión, la que obtuvo con el empleo de capitán de Aviación, que le correspondía por antigüedad. Luego se estableció en Lleida, donde falleció.

     El Sr. Remón fue un caso excepcional, pues dado que las Islas Canarias quedaron integradas casi desde el inicio de la Guerra Civil en el bando nacional, fue de los pocos tinerfeños con graduación que participaron en dicha contienda formando parte del Ejército Republicano. Durante su estancia en El Escobonal hablé en varias ocasiones con este hombre, al que llamaban “El Francés”, que me infundía un gran respeto por sus conocimientos, su coherencia y su elegancia al vestir; en una ocasión me invitó al restaurante que su hijo tenía por entonces en Masca (Buenavista del Norte), aprovechando las horas que pasamos juntos para contarme su vida.

     Nació en la Villa Histórica de Santiago del Teide el 23 de julio de 1907, a las ocho de la mañana, siendo hijo de don Maximino Remón Roqueso, natural de Santa Cruz de Tenerife, y doña Rita Martín Hernández, que lo era de Guanajay (Provincia de Santa Clara, Cuba), aunque vecina de Masca desde su niñez. Al día siguiente fue inscrito en el Registro Civil de Santiago del Teide por declaración de su padre, ante el juez municipal don Leopoldo Forte Dorta, siendo testigos don Agustín Navarro Gorrín y don Antonio Lecuona y Méndez, mayores de edad y de dicha vecindad. El 29 de agosto inmediato fue bautizado en la iglesia de San Fernando por el cura regente don José Serret y Sitjá; se le puso por nombre “Enrique Diego del Monte Carmelo” y actuó como madrina doña María del Carmen Dorta Rodríguez, soltera, de dicha naturaleza y vecindad…

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Artículo-ENRIQUE REMÓN MARTÍN

Constitución y primeras etapas de la Cruz Roja en el municipio de Güímar

Güímar-Cruz Roja     La ciudad de Güímar ocupa un lugar destacado en la historia de la Cruz Roja en Tenerife, al ser una de las primeras localidades de la isla que contó con una Subcomisión de la Cruz Roja. Ésta se constituyó en 1900, hace nada menos que 116 años y medio, por algunas de las principales personalidades de dicha localidad. Después de disuelta dicha subcomisión, en 1917 se le tributó un solemne recibimiento en Güímar a la Comisión de la Cruz Roja de La Laguna, que llegó a la entonces villa con su flamante ambulancia. En los años cuarenta, la Cruz Roja se refundó en Güímar, bajo la presidencia don José Antonio Pérez Campos. Una vez disuelta y por gestiones realizadas por doña Edelmira Pérez Campos, hermana del anterior, en los años sesenta se recaudó entre los güimareros residentes en Venezuela el dinero necesario para adquirir una ambulancia, que fue donada al Ayuntamiento de Güímar, cubriendo durante un par de décadas el hueco dejado por la Cruz Roja. Finalmente, en 1983 esta ONG se volvió a establecer en Güímar, aunque esa es una historia de la que nos ocuparemos en otro momento.

     Pero este municipio ya tenía un vínculo anterior con esta institución humanitaria, pues la delegada para la creación de la Cruz Roja en Tenerife fue una ilustre güimarera, doña Francisca Delgado-Trinidad y O’Shea, Marquesa de la Florida. A falta de otros documentos, se puede decir que Cruz Roja llegó a Canarias en 1874, en que fue implantada en Las Palmas de Gran Canaria; y en 1875, el diario El Memorándum informaba que la Marquesa de la Florida asumía su representación en Tenerife. El objeto principal de las actividades de esta institución en el Archipiélago consistía en recabar todo tipo de ayudas para destinarla a la Península, que en aquel momento se debatía en las Guerras Carlistas. Sin embargo, sobre 1876 la Cruz Roja desapareció de Canarias, al igual que ocurrió en el resto de España, a causa de la situación convulsa que atravesaba el país…

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Artículo-INICIOS DE LA CRUZ ROJA EN GÜÍMAR

Güímar: Don Luis Tomás Baulén de Ponte (1686-1736), capitán de Infantería, castellano del Castillo de San Cristóbal de Santa Cruz de Tenerife, regidor perpetuo de la isla, síndico personero general y diputado de fortificaciones

Luis Tomás Baulén de Ponte     El presente artículo está dedicado a un miembro de una ilustre familia tinerfeña, oriunda de Francia y establecida en la ciudad de La Laguna, pero con fuertes vínculos en el pueblo de Güímar, cuyo apellido ya se ha extinguido en estas islas. Ha sido historiada en el Nobiliario de Canarias y de la relación de muchos de sus miembros con América se ha ocupado Alejandro Cioranescu en su Diccionario Biográfico de Canarios-Americanos.

     Propietario del Heredamiento de Güímar, don Luis Tomás Baulén de Ponte nació y murió en dicho pueblo, aunque la mayor parte de su vida la pasó en La Laguna. Como casi todos sus antepasados y parientes siguió la carrera militar, en la que ascendió desde alférez de Milicias hasta capitán de Infantería, empleo en el que permaneció hasta su muerte. Además, fue castellano del castillo principal de Santa Cruz de Tenerife, en los últimos años de su vida, así como regidor perpetuo de la isla, de la que también fue síndico personero general y diputado de fortificaciones.

     Nuestro biografiado nació en la casa solariega de los Baulén, en Güímar de Arriba, el 14 de agosto de 1686, siendo hijo del capitán don Luis Tomás Baulén de Ocampo y doña María Ana de Ponte y Llarena, naturales de La Laguna. El 28 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol por el beneficiado don Bartolomé Pérez Sutil; se le puso por nombre “Luis” y actuó como padrino don Bartolomé Domingo de Ponte, vecino de dicha ciudad de La Laguna…

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Artículo-LUIS TOMÁS BAULÉN DE PONTE

Güímar: Don Eladio Pérez García (1913-1938), jornalero y medianero agrícola, obrero estibador y sargento provisional de Ingenieros Zapadores, fallecido en la Guerra Civil

Eladio Pérez García     Miembro de una modesta familia de agricultores, nuestro biografiado se dedicó desde su adolescencia a las labores agrícolas, primero como jornalero y luego como medianero en Güímar. Prestó su servicio militar en Santa Cruz de Tenerife, en el Grupo de Ingenieros, en el que alcanzó el empleo de cabo 1º, con el que fue licenciado; por entonces, tuvo un gesto altruista, que fue muy elogiado por sus superiores y la prensa. Posteriormente trabajó como obrero estibador en el puerto de la capital, dedicado a la carga y descarga de buques, empleo del que fue despedido por secundar el paro convocado contra el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Pero en ese mismo mes fue movilizado con motivo de la Guerra Civil, como cabo del Grupo Autónomo Mixto de Zapadores y Telégrafos, siendo destinado inicialmente a prestar sus servicios en el puerto de Santa Cruz y, poco después, embarcó para el frente con la 1ª compañía de Zapadores Expedicionaria del citado Grupo, en la que ascendió a sargento provisional, empleo con el que perdió la vida, a consecuencia de un balazo en la cabeza en Robledo de Chavela, cuando solo le faltaba un día para pasar a retaguardia.

     Nació en el núcleo agachero de Pájara (Güímar) el 18 de febrero de 1913, a las dos de la madrugada, siendo hijo de don Gregorio Pérez García y doña Hortensia Andrea García Torres, labradores, naturales y vecinos de dicha localidad en el Lomo de Pájara. Dos días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por don Hildebrando Reboso y Ayala, “Cura Párroco propio de la Degollación de S. Juan Bautista de Arafo con anuencia del Cura Párroco propio de ésta”; se le puso por nombre “Eladio Juan” y actuó como madrina doña Flora García Díaz…

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Artículo-ELADIO PÉREZ GARCÍA

La Capilla pequeña de El Socorro, en Güímar, y el bello cuadro que alberga en su interior

capilla-el-socorro     Una de las muchas dudas que se plantean en la historia de El Socorro, en la costa de Güímar, es la remota existencia de una o dos ermitas en dicho paraje. Pero en todas las citas bibliográficas del siglo XIX, incluyendo las de don Agustín Díaz Núñez, sacerdote güimarero, mayordomo de la Virgen e impulsor de la fiesta, sólo se hablaba de un único edificio en la costa de Güímar dedicado al culto de la Virgen. No obstante, la tradición oral recoge la antigua existencia de una ermita al final de la cuesta de El Socorro, teoría que apoyaba el profesor Álvarez Delgado, pero cuya existencia con anterioridad al siglo XX no ha podido ser constatada documentalmente.

     Lo cierto y documentado es que en 1915 se levantó una pequeña capilla de nueva planta al final de la cuesta que sube desde el Llano de la Virgen, en el sitio donde anualmente se celebran las Fiestas en honor de Nuestra Señora del Socorro, con el fin de que sirviese de descanso a la Virgen en las procesiones que allí se hacían, por iniciativa de los hermanos mayordomos don Pedro y don Modesto Campos Díaz, que llevaban en el cargo desde 1905. El lugar elegido fue el punto donde, según la tradición, el Mencey Acaymo pidió ayuda a los suyos, agobiado por el peso de la Santa Imagen. Simultáneamente, dos vecinos de Güímar, don Remigio y don Fortunato Jorge, encargaron un cuadro para la nueva capilla al pintor santacrucero don Felipe Poggi González, de madre güimarera. Este óleo sobre lienzo, concluido y firmado por su autor en agosto de 1916, representa la imagen de la Virgen llevada en brazos por el mencey y los guanches protagonistas del milagro, con un fondo que recuerda las laderas del Valle de Güímar. Pero si bien este cuadro fue bendecido el 26 de noviembre de ese mismo año, por distintos motivos la capilla no lo fue hasta el 7 de septiembre de 1919, en que lo hizo el entonces coadjutor de San Pedro Apóstol don Domingo Pérez Cáceres…

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Artículo-CAPILLA PEQUEÑA DE EL SOCORRO-GÜÍMAR

Güímar: Fray Juan Hipólito de la Cruz y Castro (1786-1859), sacerdote dominico secularizado, sacristán mayor, sochantre y organista de la iglesia del Pilar en Santa Cruz de Tenerife, párroco y diputado provincial en Venezuela, donde murió asesinado

juan-hipolito-de-la-cruz     Miembro de una familia destacada, nuestro biografiado ingresó en la Orden de Predicadores en el Convento de Santo Domingo en Soriano de Güímar y luego se ordenó de presbítero; desarrolló su labor ministerial en el citado convento dominico de su pueblo natal, en el que había profesado, y luego en el de Santa María de la Consolación de Santa Cruz de Tenerife. Posteriormente fue nombrado sacristán mayor, sochantre y organista de la ayuda de parroquia de Ntra. Sra. del Pilar de la Villa de Santa Cruz de Tenerife, cargos en los que permaneció durante casi seis años, a pesar de los choques que tuvo con el beneficiado servidor, que le llevaron a presentar su renuncia, que no le fue aceptada. Tras su secularización emigró a Venezuela, donde desarrolló una intensa labor pastoral como párroco de Onoto, en la provincia de Barcelona (actual estado Anzoátegui); también atendió el servicio religioso de otros poblados de la zona occidental y central de dicha provincia, como San Pablo, San Lorenzo, La Margarita del Llano y San Francisco, así como la villa capital del amplio término, Aragua de Barcelona, de la que aquellos dependían. Asimismo, tuvo cierta participación en la política nacional, pues fue elegido diputado provincial principal de Barcelona y, como tal, intervino en la elección del presidente de la República. Quizás por ello fue asesinado mientras estaba al frente de la parroquia de Carito, en la Guayana.

     Nació en Güímar el 13 de agosto de 1786, siendo el hijo menor de don Leonardo de la Cruz y Campos y doña María Candelaria de Castro y Perdomo. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el beneficiado propio don Luis Ambrosio Fernández del Castillo; se le puso por nombre “Juan Hipólito Casiano” y actuó como padrino don Juan Delgado, vecino de dicho lugar y natural del de Candelaria en Igueste…

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Artículo-FRAY JUAN HIPÓLITO DE LA CRUZ