Güímar: Don Ernesto de la Rosa Lugo (1880-1911), Bachiller, tipógrafo, vocal del “Gremio de Tipógrafos, Encuadernadores y Litógrafos” y sargento de Infantería, fallecido en plena juventud

Ernesto de la Rosa Lugo     De corta edad, nuestro biografiado se estableció en Santa Cruz de Tenerife, donde gracias a una pensión del Ayuntamiento obtuvo los títulos de Bachiller y Tipógrafo, que le permitió ejercer en las imprentas de dicha capital, donde llegó a ser vocal del “Gremio de Tipógrafos, Encuadernadores y Litógrafos”. Después de casado ingresó en el Ejército, donde desarrolló una corta carrera militar, en la que ascendió desde soldado hasta sargento de Infantería, empleo con el que le sorprendió la muerte en plena juventud, cuando contaba tan solo 31 años de edad, dejando esposa e hijos.

     Nació en el pago de El Escobonal (Güímar) el 23 de enero de 1880, a las tres de la madrugada, siendo hijo de doña María de la Rosa Lugo, natural del mismo pueblo. Tres días después fue bautizado en la iglesia de de San Pedro Apóstol de Güímar por don Fidel Farré Pujol, Lcdo. en Sagrada Teología, beneficiado curado propio de dicha iglesia y arcipreste del partido; se le puso por nombre “Ernesto” y actuó como madrina doña Florentina de la Rosa, siendo testigos don Rafael Hernández Delgado y don Nicolás Torres, de dicha vecindad…

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Artículo-ERNESTO DE LA ROSA LUGO

Güímar: Don Francisco Hernández de la Rosa (1670-1731), capellán y sacerdote, teniente de beneficiado, cura servidor de Candelaria y Güímar, notario público eclesiástico, juez comisario y mayordomo de la fábrica parroquial

Francisco Hernández de la Rosa     Tras obtener la capellanía que había fundado uno de sus tíos, nuestro biografiado siguió la carrera eclesiástica hasta ordenarse de presbítero. Por entonces, tuvo un notable protagonismo en la fundación de la Hermandad del Carmen de la iglesia parroquial de Güímar, de la que fue miembro. Como capellán, quedó adscrito a la parroquia de “San Pedro de Güímar y Santa Ana de Candelaria”, que englobaba a los tres pueblos del Valle, en la que desempeñó el cargo de teniente de beneficiado; en virtud de éste, ejerció en dos ocasiones como teniente servidor de la iglesia parroquial de Candelaria y en otra como beneficiado servidor de la de Güímar, siendo uno de los primeros güimareros que estuvo al frente de su parroquia. Además, fue nombrado notario público eclesiástico, juez comisario del Santo Oficio y mayordomo de la fábrica parroquial de Güímar.

     Nació en Güímar el 13 de febrero de 1670, siendo hijo de don Juan Hernández Rodríguez y doña Felipa María de la Cruz de los Reyes (o Rodríguez). Dos días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el Bachiller don Salvador Pérez, beneficiado de dicha parroquia; se le puso por nombre “Francisco” y actuaron como padrinos don Luis Pérez Texera y doña Juana Gaspara, vecinos de dicho lugar…

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Artículo-FRANCISCO HERNÁNDEZ DE LA ROSA

Güímar: Don José Delgado Trinidad y Díaz (1717-1789), capitán de Milicias, alcalde de Güímar, fundador de las ermitas de San José de El Escobonal y Ntra. Sra. de Belén de Chacaica, así como patrono y mayordomo de la primera

José Delgado Trinidad Díaz     La conocida familia güimarera que ostentó el apellido Delgado-Trinidad (ya extinguido) descendía por línea de varón del Mencey Don Diego de Adeje, a quien los Reyes Católicos concedieron el entonces apreciado título de “Don” y el derecho a usar escudo de armas, y de su primo don Juan Delgado Benza, llamado antes del bautismo “Ayateronte y Hayaterombron”, su antepasado directo; asimismo llevaba sangre del Mencey guanche de Güímar. Uno de sus miembros más destacados fue don José Delgado Trinidad y Díaz, quien alcanzó el empleo de capitán de Milicias y el cargo de alcalde real de Güímar, que ostentó en varias ocasiones, siendo asimismo fundador de las ermitas de San José de El Escobonal y Ntra. Sra. de Belén de Chacaica, así como patrono y mayordomo de la primera; también perteneció de las tres hermandades de Güímar; constituyó con su esposa, doña Antonia de la Rosa, la pareja más prolífica del Valle de Güímar en el siglo XVIII, pues tuvieron 17 hijos; y fue uno de los mayores propietarios del municipio, ya que poseía tierras y casas en diferentes lugares del mismo (Chacaica, Cano y Aguerche, estos dos últimos en El Escobonal).

     Este ilustre personaje nació en Güímar el 13 de agosto de 1717, siendo hijo del alférez don Juan Delgado Trinidad, natural de Fasnia, y doña Anastasia Díaz, que lo era de la primera localidad, donde se habían casado el año anterior. El 22 de ese mismo mes recibió el bautismo en la iglesia de San Pedro Apóstol, de manos del beneficiado don Domingo de Paes y Galdona; se le puso por nombre “Joseph” y actuó como padrino el alférez don Diego Alonso Bencomo, natural de Arafo y vecino de Güímar…

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Artículo-JOSÉ DELGADO TRINIDAD Y DÍAZ

Güímar-Candelaria: Don Pedro Ximénez Núñez (1750-1829), capellán, clérigo minorista, sochantre de la parroquia de Santa Ana, emigrante a Cuba, diputado y fiel de fechos del Ayuntamiento de Candelaria, diputado de la Alhóndiga e interventor del Pósito

Pedro Ximénez Núñez     Nuestro biografiado fue uno de los muchos vecinos de Candelaria nacidos en los otros pueblos del Valle, que tuvieron diversas responsabilidades públicas en esta localidad. Tras obtener una capellanía en su pueblo natal, recibió la prima Tonsura clerical. Siendo ya clérigo tonsurado se estableció en Candelaria, donde obtuvo el empleo de sochantre de la iglesia de Santa Ana. Después de ascender a clérigo minorista, abandonó la carrera eclesiástica, contrajo matrimonio y emigró a Cuba. Tras su regreso desempeñó varios cargos en el Ayuntamiento de Candelaria, como los de diputado del común (o de abastos) y fiel de fechos, éste en dos ocasiones. Además, fue diputado de la Alhóndiga e interventor del Pósito del mismo término.

     Nació en Güímar el 18 de mayo de 1750, siendo hijo de don Benito Ximénez García y doña María Josefa Núñez González. Cinco días después fue bautizado en la iglesia del Apóstol San Pedro por don Juan Alonso Ximénez, beneficiado servidor de dicha parroquial y de la de Santa Ana de Candelaria; actuó como padrino don Alonso Ximénez, natural y vecino de dicho lugar…

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Artículo-PEDRO XIMÉNEZ NÚÑEZ

Güímar: Don Esteban García Tejera (1848-1921), agricultor, cabo 1º de Milicias, guardia provincial de 1ª clase, interventor electoral y empleado de consumos en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife

Esteban García Tejera     Aunque su profesión inicial fue la de agricultor, nuestro biografiado se vio atraído luego por la carrera militar al ser destinado por sorteo a las Milicias Canarias, en las que prestó sus servicios durante ocho años, con los empleos de soldado, cabo 2º y cabo 1º. Después de licenciado se volvió a dedicar a la agricultura en El Escobonal, durante un año y medio, hasta que solicitó y obtuvo una plaza de guardia provincial de 2ª, ascendido luego a guardia provincial de 1ª clase, empleos con los que prestó sus servicios durante diez años en los puestos de Santa Cruz de Tenerife, San Sebastián de La Gomera, Güímar y Granadilla de Abona. Luego regresó a su pueblo natal, donde volvió a dedicarse a las labores agrícolas; además, por entonces tuvo cierto compromiso público y actuó como interventor electoral. Finalmente, obtuvo una plaza de empleado de consumos en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, donde se estableció con su familia y residió hasta su muerte.

     Nació en el pago de El Escobonal (Güímar) el 2 de enero de 1848, siendo hijo de don Juan García Monroy y doña Victoria Tejera García, vecinos del lugar de Abajo. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por el Dr. don Agustín Díaz Núñez, examinador sinodal, beneficiado curado propio y vicario juez eclesiástico de dicho pueblo y su partido; se le puso por nombre “Esteban” y actuó como padrino don Juan de Castro, de la misma vecindad…

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Artículo-ESTEBAN GARCÍA TEJERA

El Convento-Colegio de Religiosas Dominicas “Marquesa de la Florida” de Güímar (1924-1927)

Güímar-Convento-colegio dominicas     En la ciudad de Güímar se conserva una bella mansión, concretamente en la cuesta de Chacaica, que fue la residencia o casa solariega de la ilustre familia Delgado-Trinidad, descendiente directa del Mencey de Adeje. La última persona de esta familia que llevó el apellido fue doña Josefa Delgado-Trinidad y O’Shea, Marquesa viuda de la Florida, quien al carecer de descendencia transformó dicho edificio en el Hotel “Buen Retiro”, que se mantuvo abierto desde 1890 hasta 1920. Luego, en 1924 fue cedido por su propietaria para un Convento-Colegio de Religiosas Dominicas, del que fue fundadora y protectora; la superiora de dicha comunidad fue sor Aurora Izquierdo Cullen; mientras que la labor docente corrió a cargo de doña Isabel Sainte-Marie Galván, prestigiosa maestra superior de Primera Enseñanza. Como curiosidad, en un edificio anexo a dicha mansión vivió el recordado obispo güimarero don Domingo Pérez Cáceres y su familia.

     Además de la casa, la Marquesa cedió la huerta, los jardines y la anexa capilla de Ntra. Sra. de Belén. El colegio se inauguró a finales de 1924, con 41 alumnas, más otras que acudían a clases de labores artísticas; las clases doctrinales las daba semanalmente el capellán de dicho centro, don Julián Marco y Requeno; y el día de Reyes de 1925 se celebró en él un festival literario-musical, al que asistió numerosa concurrencia. Fue creado inicialmente como “Colegio de la Santísima Trinidad” y luego llevó el nombre de la Marquesa viuda de la Florida, en honor de su fundadora y protectora. Pero la muerte de ésta, en 1927, truncó la existencia de este centro religioso y docente güimarero, que por lo tanto tuvo una existencia muy corta, de tan solo tres años…

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Artículo-CONVENTO-COLEGIO DOMINICAS-GÜÍMAR

Güímar-Candelaria: Don Pedro Lorenzo de Barrios y González (1688-1786), condestable del Castillo de Candelaria, retirado como subteniente de Artillería, mayordomo de la fábrica parroquial de Santa Ana y hermano del Santísimo Sacramento

Condestable-Pedro Lorenzo de Barrios     Hijo de un artillero, nuestro longevo biografiado nació en Güímar y se estableció en Candelaria a causa del destino militar de su padre. Tras el retiro de éste, fue nombrado condestable del Castillo de San Pedro de esta localidad mariana, que desempeñó durante seis décadas; ya nonagenario obtuvo el retiro, con sueldo y el empleo honorífico de subteniente de Artillería. Además, su compromiso religioso le llevó a ser mayordomo de la fábrica parroquial de Santa Ana, bienhechor de este templo y hermano del Santísimo Sacramento. También trabajó como labrador, fue un notable propietario agrícola y tuvo una amplia y destacada sucesión.

     Nació en el pueblo de Güímar el 2 de agosto de 1688, siendo hijo del artillero don Juan Lorenzo de Barrios y doña Juana González de Castro, naturales de la Villa de La Orotava y residentes en dicho lugar. El 13 de dicho mes fue bautizado con “óleo y crisma” en la iglesia de San Pedro Apóstol por fray Pedro Sánchez del Castillo, de la Orden de Predicadores, “Parroco Servidor de dicha parroquia por Su Sa e Ima el Sr. D. Bartholome Garcia Ximenes Obpo de Canaria”; se le puso por nombre “Pedro” y actuó como padrino don Juan de Arrosa, natural y vecino de dicho lugar…

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Artículo-PEDRO LORENZO DE BARRIOS GONZÁLEZ

La solicitud de segregación de El Escobonal del municipio de Güímar para unirse al de Fasnia, en 1911. Miseria y emigración de “Las Hurdes canaria” en los albores del siglo XX

Escobonal-segregación-1911     La lucha de los vecinos de la comarca de Agache ante las autoridades municipales de Güímar, en demanda de la dotación de los servicios básicos, ha sido muy larga. La histórica falta de comprensión de la administración provocó en el pasado reiterados choques, que desembocaron en varios intentos de segregación, el primero de los cuales ocurrió en 1858, como recogimos en un artículo anterior. Tras éste, a pesar de que el Ayuntamiento tomó algunas medidas para contentar a estos vecinos, en el último cuarto del siglo XIX las dificultades económicas de la época agudizaron de nuevo la tensión, ante la falta de inversiones en la comarca y el agravio comparativo con el resto del municipio. Ello motivó las protestas de los vecinos de El Escobonal y pagos limítrofes a la hora de contribuir con sus impuestos, por lo que recurrieron el reparto individual del impuesto de consumos y lograron su anulación. Años más tarde, el Ayuntamiento logró el establecimiento de la fiscalización administrativa en Agache, con la creación de un fielato, ante lo cual los vecinos comenzaron a negarse a pagar los impuestos, lo que dio lugar incluso a algunas revueltas populares. Acudiendo a las autoridades los vecinos de esta comarca lograron la anulación de la fiscalización en dos ocasiones, pero los recursos presentados por el Ayuntamiento fueron más determinantes para la Administración que los intereses de los vecinos de El Escobonal, por lo que en 1910 volvieron a estabcerse los fielatos y la fiscalización en este pago, de forma definitiva, con el total rechazo del vecindario.

     A la presión impositiva que se ejercía sin contemplaciones sobre el vecindario de El Escobonal y su comarca se sumaba la falta de inversiones, así como la escasez o el mal estado de los servicios municipales e insulares, lo que caldeó aún más el ánimo de los agacheros. Para hacernos una idea, los vecinos de El Escobonal carecían de todos los servicios que ya existían por entonces en Güímar: parroquia, escuelas, lavaderos públicos, cementerio, central telefónica, cartería, alumbrado público, médico, practicante, farmacia, fuentes públicas, etc. etc.; es decir, los vecinos no tenían casi nada, por lo que tenían que recorrer 13 kilómetros, hasta Güímar, si querían utilizarlos; no obstante, pagaban sus impuestos de igual forma que los de la cabecera municipal, que disfrutaban de todos esos servicios a dos pasos de su casa.

     Ante la falta de solución a sus problemas, la tensión entre los vecinos de El Escobonal y el Ayuntamiento de Güímar desembocó en un nuevo intento de segregación de este pueblo, encabezado por el escobonalero don Manuel Díaz Díaz, quien junto con don Rogelio Ojeda Bethencourt también había liderado las reclamaciones de este pueblo por la fiscalización administrativa establecida por el Ayuntamiento. Ahora, la propuesta de los segregacionistas incluía la unión posterior a Fasnia, alegando la mayor proximidad a este municipio y la abusiva presión fiscal del término del que dependían, sobre todo en el extrarradio. El intento no tuvo éxito y en los años que siguieron la situación de este pueblo sería dramática, agudizada por un ciclón y una fuerte sequía, lo que provocó miseria y emigración, hasta el punto de ser considerado en la prensa de la época como las “Hurdes canarias”…

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Artículo-SEGREGACIÓN ESCOBONAL-1911-UNIÓN FASNIA

Güímar: Don Domingo Quintero y Acosta (1748-1828), “El Virrey”, Bachiller, sargento de Infantería, notario público mayor del Juzgado de Indios, juez sustituto, receptor propietario de la Real Audiencia de México, ministro interventor e intendente de provincia honorario en La Habana

Domingo Quintero Acosta     Fue, quizás, el güimarero que ostentó cargos de mayor relieve en la América colonial de los siglos XVIII y XIX. El Bachiller don Domingo Quintero y Acosta se trasladó muy joven a Nueva España (México), donde se le nombró sargento 2º del Regimiento de Infantería de la ciudad de Toluca, notario público mayor del Juzgado General de Indios del Obispado de Antequera, juez sustituto del Juzgado privativo y Dirección general de Rentas Reales de Nueva España y receptor propietario de número de la Real Audiencia de México. Luego pasó a La Habana, donde contrajo matrimonio y fue nombrado ministro interventor de las Reales Obras, Fortificaciones y Víveres; tras su jubilación fue nombrado intendente de provincia honorario de dicha capital. A pesar de sus múltiples responsabilidades y de la temprana separación de la familia, jamás olvidó a ésta, siendo su principal sostén en las épocas más difíciles y contribuyendo desinteresadamente con fuertes sumas al bienestar económico de sus hermanos.

     Nuestro ilustre personaje nació en Güímar el 8 de septiembre de 1748, en la casona familiar situada junto al convento dominico de la localidad y frente a la plaza de éste (hoy del Ayuntamiento), siendo hijo de don José Quintero Padrón, natural de la villa de Valverde en El Hierro, y doña Antonia Paula Josefa de Acosta y Yanes de Villavicencio, que lo era de la ciudad de La Laguna, aunque oriunda también de El Hierro por su padre. Cinco días después recibió el bautismo en la iglesia parroquial matriz del Apóstol San Pedro, de manos de don Juan Alonso Jiménez, beneficiado servidor de la misma y de la de Santa Ana de Candelaria; se le puso por nombre “Domingo María” y actuó como padrino el reverendo padre fray Miguel de Espino, lector de Gramática del convento de Santo Domingo de dicho lugar…

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Artículo-DOMINGO QUINTERO ACOSTA

Güímar: Don Florentín Castro Díaz (1870-1936), emigrante, propietario agrícola, impulsor de la atarjea de El Escobonal, guarda local de montes, concejal del Ayuntamiento, cartero rural y alcalde de barrio de La Medida y Pájara

Florentín Castro Díaz     Nuestro biografiado fue la persona más destacada de La Medida en su época. Tras emigrar a Cuba se estableció en su pueblo natal, donde sobresalió como propietario agrícola, se inició como destilador de aguardiente, lo que le dio más disgustos que alegrías, y fue uno de los principales impulsores de la atarjea de El Escobonal, así como accionista de galerías de agua. También desempeñó los empleos públicos de peatón municipal de Correos de Güímar a Arico, guarda local de los montes de Agache y primer cartero rural de Lomo de Mena, La Medida y Pájara. Además, ocupó diversos cargos, como los de interventor electoral, jurado judicial, concejal del Ayuntamiento de Güímar y alcalde de barrio de La Medida y Pájara.

     Nació en La Medida el 23 de octubre de 1870, a las once de la mañana, siendo hijo de don Juan de Castro Díaz y doña Anastasia Díaz Delgado. Tres días después fue bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro por el cura ecónomo don Juan Elías Hernández; se le puso por nombre “Florentín”, y actuó como padrino don Antonio Pestano…

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Artículo-FLORENTÍN CASTRO DÍAZ