Las fiestas de la Virgen de Candelaria en febrero de 1810, según el Diario de Juan Primo de la Guerra

Fiestas Virgen-Juan Primo-Diario      Don Juan Primo de la Guerra y del Hoyo (1775-1810), III Vizconde de Buen Paso, llegó a Candelaria el 1 de febrero, en su propio caballo y acompañado por su criado, y abandonó este pueblo en las primeras horas de la mañana del día 3. En su minuciosa descripción incluye detalles del viaje y del recorrido, los lugares que atraviesa, el paisaje e incluso las plantas. Luego, ya en Candelaria, se detiene en detalles sobre la familia que lo alojó en su casa durante los dos días. En la localidad mariana hace una descripción de los lugares de interés que visitó: la cueva de San Blas, primera morada de la Virgen; la iglesia parroquial de Santa Ana; el convento, con su sacristía y los cuadros de los milagros; y la casa del Cabildo. Asimismo, describe los actos a los que asistió, como las “horas del Nombre” en la capilla de la Virgen, cantada por los dominicos; la salve cantada por un coro de mujeres de La Esperanza; las misas y diversas procesiones celebradas el día principal. Resulta muy interesante la referencia a la canción entonada por una quincena de “guanches”, en una de las primeras descripciones de este colectivo, que de forma extraordinaria concurrieron a esta festividad, pues solo solían hacerlo en la de agosto; en esta ocasión lo hicieron invitados por el Cabildo para agasajar al diputado vocal de la Junta de Gobierno del Reino, don Manuel María Avalle, quien los recompensó económicamente por ello. Incluye detalles de la vivienda en que se alojó y de las comidas efectuadas en ella, así como del ambiente que se respiraba en la casa del Cabildo, los refrescos allí servidos, los juegos de naipes, los invitados asistentes de las principales familias de la isla y sus entrevistas con algunos personajes.

   Criticaba el antiguo fanatismo religioso, el exceso de fantasía asociada a la venerada imagen, que mucha gente poco reflexiva creía era un ser vivo, y la falta de racionalidad y sencillez en el culto a la Virgen de Candelaria, cuyo hallazgo por los guanches ya era de por sí suficiente importante como para sostener la fe y la veneración por esta “respetable imagen”. También describe el lugar de Candelaria: su orografía y paisaje; su población; su producción y economía, destacando la dedicación masculina a la pesca y la navegación, y la femenina a la elaboración de cerámica. Relaciona los principales personajes que residían en la localidad. Además, menciona el castillo, la batería y las casas que allí tenían el Conde de La Gomera, el Marqués de Casahermosa, las familias Soler y Montemayor. En su regreso, el autor del relato hace mención a como su caballo retrocedía “al ver correr los barrancos”, lo que nos indica que ese invierno había sido muy lluvioso en el sureste de Tenerife.

      En resumen, los datos contenidos en el Diario de don Juan Primo de la Guerra son de enorme interés para conocer como era el pueblo de Candelaria en los albores del siglo XIX; las características de la festividad del mes de febrero y el ambiente que se vivía en ellas; y muchos aspectos etnográficos relacionados con las viviendas, la alimentación, los oficios tradicionales, los medios de transporte, etc…

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Artículo-FIESTAS DE LA VIRGEN-FEBRERO DE 1810

La religiosidad del municipio de Candelaria, según la Santa Misión de 1965

Basílica-Memoria     En 1965, una vez concluidas las misiones realizadas en las demás islas de la Diócesis Nivariense y después de un asesoramiento previo, el obispo don Luis Franco Cascón dispuso que se celebrara una Santa Misión en Tenerife, empezando por el Sur de la isla y siguiendo un orden geográfico, desde la parroquia de Santiago del Teide hasta la de Barranco Hondo. Se celebraría entre la segunda semana de mayo y la segunda de julio, evitando la época de la zafra del tomate, que solía trastocar la vida en el Sur al ocasionar un considerable trasiego de personas, dedicadas en esos meses casi exclusivamente a dicho trabajo, “de día y de noche sin descanso”. También se decidió que el Valle de Güímar quedase para el final, con el fin de que la concentración que se planteaba en Candelaria como clausura de la misión estuviese más nutrida, como así resultó. La dirección de esta campaña misional fue encomendada por el citado prelado a un prestigioso sacerdote jesuita, el padre Sebastián Puerto S.J., director del Centro Misional del Beato Juan de Ávila, en Montilla, a quien acompañarían otros siete padres jesuitas de la Península, más cuatro padres paúles y dos dominicos de Candelaria.

     La Santa Misión en los distintos núcleos de población de Candelaria fue descrita por los propios misioneros que la llevaron a cabo en cada uno de ellos, lo que nos permite conocer como era por entonces la vida religiosa de los distintos pueblos que integraban el municipio, con datos a veces muy curiosos. En el casco de Candelaria, la misión corrió a cargo de los padres jesuitas, encabezados por el director de la Misión, el padre Sebastián Puerto S.J. Centrada en la iglesia de Santa Ana, tras intensas jornadas de trabajo el resultado se consideró bueno, en gran parte gracias a la colaboración de los padres dominicos de dicha villa. En Las Cuevecitas fue asumida por otro sacerdote jesuita, el padre Morales S.J. Comenzó mal, al coincidir con las fiestas de Güímar, pero luego se recondujo. El barrio se consideraba muy unido y ya contaba con la imagen de San Andrés, pero aún no se había construido la ermita, que tanto deseaban y necesitaban los vecinos. En Araya, la misión también corrió a cargo de un jesuita, el padre Martínez S.J. La fama de religiosos que tenían los vecinos de este pueblo se vio confirmada, pues la masiva asistencia de fieles hizo que los actos tuvieran que salir de la ermita a la plaza, siendo el único núcleo del municipio en el que los hombres participaron más que las mujeres. Tuvieron gran éxito las procesiones nocturnas con farolillos hasta los sectores más apartados del barrio, así como la procesión final con alfombras de flores y fuegos artificiales. El resultado se consideró excelente, siendo la mejor de todo el municipio. De la misión en el pueblo de Igueste se encargaron otros dos jesuitas, los padres Conde y Mañé S.J. Realizada en medio de la frialdad e indiferencia del vecindario, fue considerada la peor de todo el municipio y con frutos religiosos casi nulos, debido a la escasa asistencia, sobre todo de mujeres casadas, pese a todos los intentos realizados y a que las conferencias se impartían en el casino de la localidad (la Sociedad “Juventud Iguestera”). Solo se consideró positiva la reciente creación de un club juvenil mixto, pero se insinuaba un boicot con el grupo electrógeno, que no les permitió utilizar altavoces. Y en el pueblo de Barranco Hondo la Misión estuvo a cargo de un sacerdote paúl, el padre Lapuente C.M., quien la resumió en pocas frases, en las que se desprende que no quedó muy satisfecho, pues no asistieron muchas personas mayores y se apreciaba una gran falta de fe y cultura religiosa…

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Artículo-SANTA MISIÓN EN CANDELARIA-1965

Güímar (sus bellezas y tradiciones) (1932), por Domingo Pérez Cáceres

Güímar-Iglesia San Pedro-fiestas     El artículo “Güímar”, englobado bajo el epígrafe “Güímar y Granadilla, sus bellezas y tradiciones”, se le encargó por el director de La Prensa, don Leoncio Rodríguez, al entonces párroco-arcipreste de Güímar, don Domingo Pérez Cáceres, para ser incluido en un suplemento de dicho periódico dedicado al Sur de Tenerife, publicado el 24 de enero de 1932. En este breve trabajo, de estructura sencilla y fácil lectura, el sacerdote güimarero destaca someramente el paisaje, la producción agrícola, la central Hidroeléctrica, los vinos, la vida parroquial y las fiestas. Al final, fiel a su origen y destino, pide el apoyo de las distintas administraciones, insulares y nacionales, a los abandonados pueblos del Sur. Que conozcamos, este artículo es el único trabajo salido de la pluma de don Domingo Pérez Cáceres dedicado exclusivamente a su municipio natal. No es un ensayo profundo sobre Güímar, pero en su lectura se vislumbra el conocimiento que su autor tenía de la realidad religiosa, económica y social de su pueblo, así como el sincero cariño que sentía por él y por sus paisanos.

  Su autor, don Domingo Pérez Cáceres (1892-1961), fue sucesivamente: coadjutor y cura ecónomo de Güímar, cura regente de La Matanza, coadjutor de Santa Cruz de Tenerife, párroco propio y arcipreste de Güímar, cura encargado de El Escobonal, deán de la Santa Iglesia Catedral de Tenerife, vicario general y capitular de la Diócesis, y VIII obispo de Tenerife. Al cesar como párroco de La Matanza fue nombrado Hijo Adoptivo de dicha localidad y se dio su nombre a la calle principal; ya deán, recibió el título de Hijo Predilecto de Güímar; y tras ser nombrado obispo, todos los ayuntamientos de la Diócesis lo nombraron Hijo Adoptivo y dieron su nombre a las calles más céntricas; simultáneamente, la Mancomunidad Interinsular de Cabildos acordó su nombramiento como Hijo Predilecto de la provincia. Su ardiente caridad, recogida como lema de su pontificado (“Parte tu pan con el pobre”), fue premiada por el Gobierno de la Nación con la Gran Cruz de Beneficencia con distintivo Morado y motivó que se le llamase el “Obispo de los Pobres”…

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Descripción-GÜÍMAR SEGÚN PÉREZ CÁCERES

La jurisdicción de Candelaria según el padrón vecinal de 1779, que incluía al actual municipio de Arafo

Candelaria-ruinas baílica     Desde el siglo XVI hasta el XVIII, la mayor parte del sureste de Tenerife formaba una única entidad religiosa, militar y política, que incluía a los actuales municipios de Candelaria, Arafo, Güímar y Fasnia. En 1723 se redujo, al segregarse Fasnia para unirse a Arico. Luego, hacia 1770, Candelaria y Arafo se segregaron de Güímar, integrándose bajo una misma Alcaldía. Finalmente, en 1798 se segregó Arafo, quedando el término de Candelaria reducido a sus límites actuales.

   Por ello, según el “Padron general del vecindario del Lugar de Candelaria, con especificación de sexos, estado y ocupaciones, oficios y ejercicios conforme a Rs. Ordenes, año de 1779”, que se conserva en el archivo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Laguna, fechado el 28 de septiembre de dicho año 1779 y firmado por don Bernardo Marrero, alcalde real y notario público eclesiástico de Candelaria: “La juridicion deste Lugr. tendra dos Leguas y media de territorio, por el naciente confina con la mar, por el poniente con la cunbre, por el Norte con la juridicion de la ciudad de la Laguna, y por el Sul, con la juridicion de Guimar”. Por lo tanto, como se aprecia en sus límites, incluía a los actuales términos municipales de Candelaria y Arafo. La población de dicha jurisdicción ascendía por entonces a 389 vecinos o familias, agrupadas en siete núcleos de población, que de mayor a menor eran: Arafo (con 138 familias), Candelaria (91 familias), Igueste (73 familias), Barranco Hondo (44 familias), Araya (24 familias), Cuevecitas (14 familias) y Malpaís (5 familias)…

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Artículo-CANDELARIA-ARAFO EN 1779

La parroquia y el municipio de Fasnia a mediados del siglo XIX (1852-1854)

Fasnia-finales XIX     Gracias al recordado párroco don Basilio José Acosta Valladares conocemos en detalle las características de la parroquia de San Joaquín de Fasnia a mediados del siglo XIX. En un primer informe, de 1852, explica los aspectos relacionados con su erección, el reconocimiento de la de San Pedro de Güímar como su matriz y sus límites, así como las características de la iglesia parroquial y su feligresía. En el segundo, de 1854, se incluía el padrón general de la localidad, con una pequeña descripción de los distintos núcleos de población que constituían el término municipal, especificando sus habitantes y comunicaciones, para en anexos posteriores responder a un cuestionario sobre las características de la parroquia y el presupuesto necesario para su mantenimiento.

     Don Basilio José Acosta Valladares (1812-1881), nacido en el Valle de La Orotava y fallecido en Fasnia, fue el decano de todos los sacerdotes que han estado al frente de la Parroquia de San Joaquín,  pues la regentó como párroco propio durante casi 38 años, de 1844 a 1881.

     Según el padrón general de 1854, la población del término se elevaba a un total de 383 vecinos (o familias), lo que suponía 1.693 personas: 599 en el casco, 616 en La Zarza, 178 en La Sabina Alta y 300 en La Sombrera. Asimismo, en ese padrón se incluía una breve referencia a cada uno de los pagos, señalando la distancia a la parroquia y las características del camino hasta ella…

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Artículo-FASNIA-1852-1854

El municipio de Fasnia en 1865, según el Diccionario de Pedro de Olive

Fasnia desde Montaña     En el Diccionario Estadístico-Administrativo de las Islas Canarias, encargado por la Diputación provincial de Canarias a don Pedro de Olive, que se imprimió en Barcelona en 1865, se hizo un completo estudio del municipio de Fasnia, con los principales datos demográficos, sociales, económicos, etc., que nos permiten conocer con bastante detalle cual era la situación del término municipal a mediados del siglo XIX. Comenzaba con la descripción de los límites del término: “Lugar, cabeza de distrito municipal en la isla de Tenerife, p. j. de Santa Cruz; está situado en terreno montuoso y confina su término, al N. con el barranco de Herque, jurisdiccion de Güimar; al E. con el mar, al S. con el barranco de barro y al O. con las cumbres altas que dividen este término con el de la Orotava”.

     Por entonces, el municipio estaba constituido por 2 lugares, 2 aldeas, 3 caseríos, 2 casas aisladas y 3 albergues. El conjunto de edificios se elevaba a 343, de ellos 313 de un piso (236 en poblado y 77 en despoblado) y 30 de dos pisos (25 en poblado y 5 en despoblado), a los que habría que sumar 156 cuevas-vivienda u hogares. Del total, 412 casas y cuevas estaban constantemente habitadas (281 en poblado y 131 en despoblado), 14 temporalmente habitadas (5 en poblado y 9 en despoblado) y 73 inhabitadas…

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Artículo-FASNIA1865-OLIVE

“De viaje. Arafo” (1906), por Emilio Suárez Calimano

Arafo-imagen_7     En el artículo “De viaje. Arafo”, firmado el 20 de abril de 1906, cuatro días antes de su publicación, el lagunero don Emilio Suárez Calimano evocaba los dos días deliciosos que había pasado en Arafo, en casa de un amigo, de ahí que el artículo sea claramente elogioso, en todos los aspectos que abordó de esta localidad. Comenzaba evocando la belleza de su paisaje urbano y natural, a la par que destacaba la paz que se respiraba en el pueblo, solo perturbada por el sonido del agua que discurría constantemente por la atarjea. Se centraba luego en describir la calle principal, la Avenida La Libertad, con las casas rurales que la bordeaban, unas más modernas y otras más antiguas (las que más le atraían), con sus bellos balcones, sus parras y sus flores, que desprendían un agradable aroma. El autor se quejaba de que Arafo, a pesar de su belleza, era un pueblo desconocido para los turistas, debido sobre todo a la dificultad del camino de acceso. Valoraba su producción agrícola, sobre todo la de vino, papas y tomates. A pesar de la calidad del primero, que comprobó en varias bodegas, lamentaba su mala comercialización. También visitó salones de empaquetado y valoraba el esfuerzo para exportar las apreciadas papas del Sur de la isla, superando las dificultades climáticas. Elogiaba los progresos que ya experimentaba el Casino que se acababa de fundar en el pueblo a comienzos de ese mismo año, sin olvidar el encanto de la mujer arafera. Finalmente, protestaba por la indecorosa diligencia o “coche de hora” que recorría la Carretera General del Sur, por lo que prefería regresar a su ciudad en un coche particular o incluso en un carro. Como curiosidad, Arafo fue el único pueblo sureño que describió este culto periodista.

     El autor, don Emilio Suárez Calimano (1884-1949), fue estudiante de Náutica y Derecho, pero luego se dedicó al periodismo en Tenerife, donde ya comenzó a estudiar la historia y la evolución de la literatura. En 1907 emigró a Buenos Aires (Argentina), donde vivió el resto de su vida. Allí trabajó como profesor de Lengua Española y cursó estudios la Facultad de Filosofía y Letras; pero, sobre todo, se volcó en el periodismo y la crítica literaria. Como escritor, además de los cuentos y narraciones que dio a la luz en la prensa, así como dos libros de poemas inéditos, publicó seis libros con estudios críticos sobre diferentes aspectos de la literatura americana en general y argentina en particular; también tradujo dos libros. Fue miembro de la Asociación Canaria, de la Sociedad Argentina de Escritores y del P.E.N. Club de Buenos Aires. Aunque permaneció en Argentina hasta su muerte, fue siempre un perfecto canario desde su lejanía…

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Descripción-ARAFO-1906

“Impresiones de Güímar” (1929), por José Galán Hernández

Güímar-Iglesia San Pedro-fiestas      En el artículo “Impresiones de Güímar”, escrito en esta villa en mayo de 1929, don José Galán hace una descripción poética de Güímar. Comienza recorriendo los hitos paisajísticos del Valle, para centrarse luego en la vida social de la localidad, durante el paseo de un domingo en la plaza de San Pedro: el deambular de los vecinos, el flirteo entre los jóvenes, el alumbrado público al oscurecer, la actuación de la banda de música, etc. Luego se centra en la importancia del agua, que naciendo en las montañas discurre por las calles de Güímar a través de las atarjeas, con su característico sonido, para regar las huertas y los jardines, condicionando la conocida fertilidad de este valle. A continuación, llama su atención la importancia agrícola de esta villa y los numerosos salones de exportación agrícola que bordeaban la carretera, que no solo daban trabajo a los güimareros sino que atraían a personas de otras islas, dando trabajo a muchos obreros; la actividad de las empaquetadoras, los clavadores y los exportadores, el descanso de los dromedarios, el paso de los camiones, etc., se suceden en la descripción. El artículo concluye con un epílogo original, coincidiendo con el silencio de la noche en el Valle, en el que la imaginación del poeta cree ver con la luz de un rayo de luna como surge a partir de una nubecilla la figura espectral, el fantasma del polémico mencey Añaterve, criticado por unos y alabado por otros, que luego desaparece barrido por la brisa marina. La poética descripción finaliza con una ligera lluvia y el paso de una estrella fugaz que atraviesa el Valle.

     En resumen, este trabajo nos sitúa la entonces Villa de Güímar en su contexto físico e histórico, así como en la actualidad económica y social del momento en que fue escrito, todo ello enriquecido con la calidad literaria de su autor. Éste, don José Galán Hernández (1893-1936), nacido en Tacoronte y casado en Los Realejos, destacó como militar (sargento de Artillería), maestro nacional, político (alcalde de Fasnia y fundador de la Agrupación Socialista de Güímar), sindicalista (delegado local y secretario provincial de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza de la FETE-UGT), poeta, escritor y periodista. Fue detenido el 18 de julio de 1936, al comienzo de la Guerra Civil, por su conocida ideología progresista, y el 6 de octubre de ese mismo año fue sacado de prisión y arrojado vivo a las aguas del Atlántico, donde pereció, con las manos atadas y un peso en los pies…

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Descripción-IMPRESIONES DE GÜÍMAR