La lucha canaria en Malpaís de Candelaria

Malpaís-lucha canaria     Desde el punto de vista colectivo, Malpaís de Candelaria es el núcleo de las medianías del municipio con menor tradición luchística, pues nunca ha tenido clubes federados, frente a Las Cuevecitas, Araya, Igueste o Barranco Hondo que sí han contado con ellos, en lo que también ha influido su menor población. No obstante, si tuvo un equipo aficionado, el “Añavingo”, que llegó a enfrentarse con éxito a los de los pueblos vecinos, comandado por Policarpo Otazo (“Pollo de Malpaís”). Con posterioridad, han surgido en este deporte vernáculo algunas individualidades vinculadas a esta localidad, entre las que han destacado cuatro puntales regionales.

    En la primera mitad del siglo XX, los jóvenes continuaban teniendo pocos entretenimientos, y se divertían enfrentándose por las tardes en cualquier huerta, en amistosos desafíos de lucha canaria. Con frecuencia los jóvenes luchadores de los distintos pueblos se agrupaban en bandos de 15 o 20 luchadores que competían con los de localidades vecinas, sobre todo en las luchadas organizadas con motivo de las fiestas patronales. La lucha era corrida y controlada por tres árbitros u hombres buenos. La ropa de brega se limitaba a un pantalón elaborado con la tela de un saco de pita “de amoníaco inglés, de la lista azul”, luego sustituido por sacos de azúcar. Así surgieron los primeros luchadores de Malpaís…

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Artículo-LUCHA CANARIA-MALPAÍS DE CANDELARIA

Candelaria: Don Pedro Alonso Ruiz (1845-1887), agricultor, sargento 2º de Milicias, comandante de armas de Candelaria, tallador de quintos en el Ayuntamiento y emigrante a Cuba, donde falleció

pedro-alonso-ruiz     Fue uno de los personajes más relevantes que nacieron y vivieron en el pequeño caserío de Pasacola, situado entre Igueste y Barranco Hondo. Entró a servir como soldado de Milicias en la 6ª compañía del Batallón Ligero Provincial de La Laguna nº 1 de Canarias, en el que luego ascendió a cabo 2º, cabo 1º y sargento 2º. Con este empleo fue nombrado comandante de armas de Candelaria, al ser el militar de mayor graduación que residía en dicho municipio, siendo designado también tallador de quintos en el Ayuntamiento. Después de licenciado emigró a Cuba para mejorar su fortuna, pero allí le sorprendió la muerte siendo aún bastante joven, por lo que su numerosa familia quedó sumida en la pobreza.

     Nació en el caserío de Pasacola (Igueste de Candelaria) el 18 de enero de 1845, siendo hijo de don Gregorio Salvador Alonso y Díaz y doña Juana María Ruiz Pérez. Seis días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de Candelaria por el cura párroco don Juan Núñez del Castillo; se le puso por nombre “Pedro” y actuó como padrino don Nicolás Alonso, natural y vecino del pago de Igueste. Como curiosidad, la partida de bautismo no fue asentada a su debido tiempo, por lo que tuvo que hacerse el 31 de agosto de 1872, en virtud de un auto del gobernador eclesiástico del Obispado…

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Artículo-PEDRO ALONSO RUIZ

Candelaria: Doña Ana Narcisa Marrero de Torres (1783-1849), partera de Barranco Hondo

barranco-hondo-panoramica-iglesia-mi-pueblo     Desde la época guanche hasta mediados del siglo XX, en que comenzaron a actuar las matronas con formación académica y título oficial, las parteras rurales compartieron momentos cruciales en la vida de los vecinos de la comarca, pues recibieron en sus manos al nacer a la mayoría de los candelarieros de numerosas generaciones, en tiempos de penuria y de hambre. Estas mujeres, de importancia vital en ese tránsito a la vida que es el nacimiento, son ejemplos inmejorables de sacrificio en favor de los demás, pues ya fuese a pie o a lomos de bestias recorrían a veces grandes distancias, acudiendo a los rincones más apartados del municipio o a los pueblos vecinos, a cualquier hora del día o de la noche, con buen tiempo o en plena tormenta, para atender a las parturientas y ayudar a nacer a sus hijos.

     Las más antiguas, incluso bautizaban “en caso de necesidad” a las criaturas que nacían en peligro inminente de muerte, para lo que estaban instruidas. Asimismo, extremaban las medidas higiénicas en el momento del parto, pero dentro de lo posible, dadas las difíciles condiciones de habitabilidad existentes en el pasado de nuestra tierra, en el que mucha gente aún vivía en cuevas, lo que hace aún más meritoria su labor de auténticas comadronas profesionales, a pesar de carecer de titulación académica; a la mayoría le bastaba un poco de agua caliente, unas sábanas, toallas limpias y unas tijeras para hacer su trabajo, y todo con una sonrisa. Pero debían compatibilizar dicho oficio con la agricultura, las labores del hogar y el cuidado de su familia, pues ninguna de ellas vivía de los partos, al no percibir salarios reglados por sus servicios, que por lo general eran recompensados con papas, cebollas, frutas, huevos, gallinas, etc., aunque a veces solo se iban con una tacita de caldo y, en más de una ocasión, eran ellas las que llevaban el caldito a la parturienta para que recuperase sus fuerzas, cuando la economía familiar estaba al límite. En muchos casos, estas mujeres que recibían a los niños transmitían sus conocimientos de madres a hijas.

     Con este artículo queremos rendir homenaje a ese entrañable colectivo, pues está dedicado a una de esas parteras, una de las más antiguas que conocemos en el municipio de Candelaria, que desarrolló su labor en el siglo XIX en el pago de Barranco Hondo, en el que vivía, y en todo el término municipal, allí donde fuesen reclamados sus servicios.

     Miembro de una ilustre familia, nació en el pago de Barranco Hondo el 29 de octubre de 1783, siendo hija de don Francisco Marrero de Torres y Rodríguez del Castillo, “El Menor”, y doña María Hilaria Marrero, natural del lugar de Arico. El 2 de noviembre inmediato fue bautizada en la iglesia de Santa Ana de Candelaria por el teniente de beneficiado don Fernando de San José Fuentes; se le puso por nombre “Ana Narcisa del Carmen” y actuó como padrino don Salvador Ramos del Castillo, “de estado libre”…

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Artículo-ANA NARCISA MARRERO DE TORRES

Candelaria y Teror, dos municipios canarios hermanados por la Virgen (1991-2016)

hermanamiento-candelaria-teror     El presente artículo se enmarca en la conmemoración del 25 aniversario de la firma del Hermanamiento entre las villas de Candelaria y Teror, que se llevó a cabo en 1991, tras cuatro años de intensas gestiones. Aunque ambas villas están ligadas sobre todo por la Virgen María, auténtico eje en el que ha girado su historia, a lo largo del tiempo también han sido muy fuertes los vínculos humanos entre ambas, así como de toda la isla de Gran Canaria con Candelaria. El Hermanamiento oficial se suscribió en Candelaria el 9 de marzo de dicho año y en Teror el 16 del mismo mes. Desde entonces hasta ahora nunca ha faltado una representación oficial de un municipio en la festividad principal del otro. En el presente año 2016 se han conmemorado las bodas de plata de dicho Hermanamiento con varios actos celebrados en las dos villas marianas, el 6 de marzo en la tinerfeña y el 12 del mismo mes en la grancanaria.

     Los primeros grancanarios establecidos en Candelaria se remontan al momento de la conquista y desde entonces no han cesado de llegar y asentarse en esta localidad hasta el presente. En cuanto al flujo humano en sentido contrario, desde la Villa Mariana tinerfeña hasta Gran Canaria, ha sido menor pero también ha existido y no debe pasar desapercibido. Pero el motivo central del Hermanamiento entre Candelaria y Teror es la Virgen María, en dos de sus numerosas advocaciones, la Candelaria y el Pino, las más veneradas de Canarias, cuyas imágenes titulares han seguido trayectorias paralelas…

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Candelaria: Don Antonio Chico Díaz (1812-1878), recaudador, vigilante de obras, celador de montes, primer teniente de la Milicia Nacional, juez de paz suplente, hermano mayor del Santísimo Sacramento, síndico personero y alcalde de Candelaria

antonio-chico-diaz     Este rico propietario agrícola llegó a ser en su época el hombre más poderoso de Araya, Cuevecitas y Malpaís, donde poseía cuantiosos bienes, así como el segundo mayor contribuyente de todo el término de Candelaria. Por ello, no es de extrañar que desempeñase numerosos cargos en este municipio: recaudador, regidor del Ayuntamiento, vigilante de obras, celador de montes, perito repartidor, 2º teniente de alcalde, alcalde accidental, primer teniente de la compañía de Milicia Nacional, juez de paz suplente, hermano mayor de la Hermandad del Santísimo Sacramento, elector de diputados, concejal y síndico personero, miembro de la Junta local de Instrucción Primaria y alcalde constitucional. Curiosamente, al final de su vida tuvo serios problemas económicos y gran parte de sus bienes fueron embargados, muchos de ellos incluso después de su muerte a sus numerosos herederos.

     Nació en el pago de Araya el 2 de junio de 1812, siendo hijo de don Miguel Francisco Chico de Sosa, natural de la jurisdicción de La Laguna en el pago de El Rosario, y doña Bárbara Jacinta Díaz Hernández, que lo era de la primera localidad. Dos días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de Candelaria por el cura párroco don Esteban Montañés; se le puso por nombre “Antonio Marcelino” y actuó como padrino su tío don Juan José Chico de Sosa, natural de El Rosario y vecino de Araya…

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Artículo-ANTONIO CHICO DÍAZ

Candelaria: Don Manuel Policarpo de la Cruz Marrero (1801-1879), artillero miliciano, labrador, barquero, molinero, subdelegado de Policía, recaudador, depositario del Ayuntamiento y del Pósito, alcalde de mar, alcalde constitucional y juez de paz

manuel-cruz-marrero     Este artículo está dedicado a un polifacético personaje, que desempeñó en Candelaria casi todos los cargos que se podían tener en su época. Prestó su servicio militar como artillero miliciano en la media compañía de Artillería que existía en dicho pueblo; trabajó como labrador, barquero y molinero; y ejerció en dicha localidad como subdelegado de Policía, comisionado organizador de la Milicia Nacional, recaudador de la contribución de culto parroquial, perito repartidor de contribuciones, depositario de los fondos del Ayuntamiento y del Pósito, miembro de la Junta local de Instrucción Primaria, alcalde de mar, alcalde constitucional, juez de paz, depositario y secretario de la Hermandad del Santísimo Sacramento de la parroquia de Santa Ana.

     Nació en Candelaria el 26 de enero de 1801, siendo hijo de don Juan Marcos de la Cruz Núñez, natural de dicho lugar, y doña Agustina Marrero de Barrios, que lo era de Arafo. Dos días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el cura párroco don Agustín Tomás de Torres; se le puso por nombre “Manuel Policarpo” y actuó como padrino su tío carnal don Felipe Marrero, natural y vecino de Arafo…

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Artículo-MANUEL POLICARPO DE LA CRUZ MARRERO

La centenaria tradición folclórica en Barranco Hondo de Candelaria

barranco-hondo-folclore     El pueblo de Barranco Hondo, en el municipio de Candelaria, ha conservado a lo largo del tiempo muchas de las tradiciones de la tierra, en especial las vinculadas a la música folclórica. A finales del siglo XIX ya existía un Rancho de Ánimas, que recorría el pueblo para recoger limosnas destinadas a la Novena de Ánimas y cantando villancicos en las Pascuas de Navidad. Luego, en 1924 ya existía una parranda organizada, cuya estrella musical era el famoso “Ciego de Barranco Hondo”, que actuó incluso en las Fiestas de Mayo de Santa Cruz de Tenerife. En 1935, actuaron varios solistas de Barranco Hondo de nuevo en la capital, entre los que destacó una niña de tan solo cuatro años, que asombró al auditorio.

     Posteriormente, hacia 1953 se formó la Rondalla “Albarianes”, en 1974 la Rondalla de pulso y púa “San José”, en 1984 la Agrupación Folclórica “San José” y en 1992 la Agrupación Folclórica “Chajoigo”; las dos últimas continúan en activo y han llevado el nombre del pueblo fuera de las fronteras insulares e incluso nacionales. Esa arraigada tradición también hizo que en 1984 se incorporase a la festividad de San José la popular Romería, que se celebra anualmente en el mes de marzo. Por ello, el crítico musical don José Diéguez Gamallo diría que Barranco Hondo es “el pueblo de mayor afición a las típicas rondallas”…

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Artículo-TRADICIÓN FOLCLÓRICA DE BARRANCO HONDO

Candelaria: Fray Alfredo Turrado Carracedo (1926-1999), sacerdote dominico, lector, Licenciado en Teología, profesor, director general del Rosario, promotor de Vocaciones, párroco comprometido de Araya y cronista de la Virgen de Candelaria

alfredo-turrado-carracedo     Nuestro biografiado profesó como dominico en Almagro (Ciudad Real), se ordenó de sacerdote y obtuvo los títulos de Lector y Licenciado en Teología, en Salamanca. Estuvo destinado en los  conventos de Almagro, Valencia, Córdoba, Madrid y Armilla (Granada), donde ostentó los cargos de profesor, director general del Rosario, promotor de Vocaciones, capellán del Ejército, procurador provincial, superior de los dominicos. Luego vino destinado a Candelaria, donde ejerció su apostolado durante más de dos décadas, tanto en el Convento, del que fue lector, como de la Basílica, al servicio de la Patrona. Pero, sobre todo, es recordado como el primer párroco de Araya durante casi 21 años, en los que asumió profundamente su compromiso, apoyando e impulsando diversas obras de mejora en su parroquia y en el barrio. Asimismo, como gran devoto de la Virgen de Candelaria, publicó varios trabajos sobre ella y su santuario, tanto libros como artículos en la prensa tinerfeña y en algunos programas de fiesta, varios de ellos dedicados a Araya.

     Nació en Calzada de la Valdería (León) el 1 de marzo de 1926, siendo hijo de don Julián Turrado García y doña Genoveva Carracedo. Tuvo otro hermano religioso, fray Tomás Turrado Carracedo (1940), sacerdote dominico, párroco de Las Cuevecitas (Candelaria) y prior regional de Venezuela; y dos hermanas que también fueron monjas dominicas. Además, un primo, fray Florencio Turrado Turrado (1937), fue igualmente sacerdote dominico, párroco de Igueste de Candelaria y Barranco Hondo, actualmente destinado en Almería; asimismo, fueron religiosos dominicos otros tres primos, hermanos entre sí, fray Helidoro, fray Anastasio y fray Alberto Carmona Carracedo, así como dos hermanas de éstos…

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Artículo-FRAY ALFREDO TURRADO CARRACEDO

Candelaria: Don José Pérez Fresneda (1820-1907), ventero, juez de paz, teniente de alcalde, secretario del Ayuntamiento y del Juzgado, depositario del Pósito y de la Alhóndiga y notario público eclesiástico de Candelaria

jose-perez-fresneda     Nuestro biografiado fue un polifacético personaje de Candelaria, que llegó a ocupar un lugar destacado en la vida política y social de dicha localidad. Su principal actividad económica fue la de ventero, aunque también poseyó diversas propiedades agrícolas. Pero, sobre todo, ocupó diversos cargos de relieve en el municipio, como los de juez de paz, concejal en tres legislaturas, primer teniente de alcalde, secretario del Ayuntamiento (en varias etapas) y del Juzgado, depositario de los fondos del Pósito y de la Alhóndiga, interventor electoral y notario público eclesiástico de la parroquia de Santa Ana.

     Nació en Candelaria el 25 de noviembre de 1820, siendo hijo de don Juan Esteban Pérez Bencomo y doña María de Jesús Fresneda Tejera. Cinco días después recibió el bautismo en la iglesia de Santa Ana de manos de su tío fray José Fresneda, “Maestro de Estudiantes en la Orden de Predicadores”, con licencia del párroco don José de Elías Hernández; se le puso por nombre “José Francisco Xavier” y actuó como madrina doña María del Cristo Texera…

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Artículo-JOSÉ PÉREZ FRESNEDA

La epidemia de fiebre amarilla de 1810-1811 en el Valle de Güímar y la enigmática tumba de Monjui en el caserío de El Socorro

epidemia-fiebre-tumba-monjui     Hace menos de medio siglo aún se conservaban en el caserío de El Socorro las piedras labradas que cubrían una sepultura, conocida erróneamente como “La tumba del Cura Monjui”, que hoy ya no se conserva. Se situaba en un erial, frente a la ermita principal de la Virgen y junto a otras desaparecidas con anterioridad. En este artículo desvelamos el misterio del personaje enterrado en esa tumba, situando su muerte en la tristemente célebre epidemia de fiebre amarilla que asoló Santa Cruz de Tenerife en 1810 y 1811.

     Cuando llegaron los primeros enfermos al Valle de Güímar, procedentes de la capital tinerfeña, se habilitó un lazareto para su aislamiento en la solitaria ermita de El Socorro, así como un campo santo cercano a ésta para dar sepultura a los que allí falleciesen, de los que conocemos a tres. Por dicho motivo, la imagen de la Virgen del Socorro fue trasladada a la iglesia de San Pedro Apóstol, donde ya quedó para siempre, volviendo a su ermita solo con motivo de su festividad. Además, por el mismo motivo se habilitaron otros lugares de enterramiento aislados en las poblaciones principales, como ocurrió en Candelaria, donde se enterraron dos vecinos, y en Güímar, donde lo hicieron otros dos. Asimismo, en Santa Cruz murieron cuatro güimareros allí avecindados y un palmero casado con una güimarera, así como cinco militares oriundos de este Valle y cinco prisioneros franceses del Depósito de Güímar…

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Artículo-EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA 1810-11-TUMBA DE MONJUI