Candelaria: Don Juan González Alberto (1851-1922), marino, sochantre de la parroquia, cabo 2º de Milicias, alcalde constitucional, alcalde de mar, juez municipal electo, interventor electoral, jurado judicial y adjunto del tribunal municipal

Este polifacético personaje era miembro de una familia modesta y, como la mayoría de sus paisanos, desde joven se volcó en el mar, como pescador y marino. Simultáneamente, obtuvo el empleo de sochantre que, probablemente, llevaba aparejado el de organista de la parroquia de Santa Ana, en la que varios familiares ejercieron como sacristanes. Prestó su servicio militar en las Milicias Canarias, en las que alcanzó el empleo de cabo 2º. Luego, desempeñó diversos cargos públicos en su municipio natal, del que fue alcalde constitucional y alcalde de mar. También emigró a Cuba y, tras su regreso, fue nombrado juez municipal, aunque no llegó a tomar posesión, pero sí ejerció como interventor electoral, alcalde constitucional por segunda vez, jurado en diversas causas vistas en la cabecera del partido judicial de Santa Cruz de Tenerife y adjunto del tribunal municipal de Candelaria.

Nació en Candelaria el 30 de enero de 1851, siendo hijo de don Alejandro de la Cruz González Leal y doña María del Carmen Albertos de Frías. El 2 de febrero inmediato fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el cura párroco don Juan Núñez del Castillo; se le puso por nombre “Juan Cristóbal” y actuó como padrino don Salvador González, natural y vecino de dicho lugar…

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Candelaria: Don Víctor Rodríguez Cruz (1884-1970), comerciante, exportador agrícola, propietario de un balandro, una planta eléctrica y un molino de gofio, depositario de los fondos municipales, subcabo de distrito del Somatén, fiscal municipal y tesorero fundador de la Agrupación Municipal de Izquierda Republicana

Nuestro biografiado emigró a Cuba y, tras su regreso, destacó como comerciante, poseyó un balandro a motor de cabotaje, actuó como tesorero de la Comunidad de aprovechamiento de aguas “Chese” y fue exportador de frutos, así como propietario de un molino de gofio y de una máquina de energía eléctrica, por lo que actuó como contratista del alumbrado público de Candelaria. Además, desempeñó diversos cargos en su pueblo natal: vocal de la Junta local de Primera Enseñanza, secretario accidental del Juzgado Municipal, depositario de los fondos municipales, cofundador y vocal de la Sociedad “Patria y Unión” y del Casino de Candelaria, subcabo de distrito del Somatén Armado, vocal de la Comisión o Junta de Repartimiento del Ayuntamiento, fiscal municipal de Candelaria y tesorero fundador de la Agrupación Municipal del Partido “Izquierda Republicana”. En 1915 se adhirió a la asamblea organizada en Santa Cruz por el Consejo de Fomento para estudiar la crisis agrícola que sufría la región, así como los medios que se podían y debían adoptar al objeto de superarla; y en 1933 asistió a una asamblea del Partido Republicano Tinerfeño en la capital de la isla. Varias décadas después de su muerte se dio su nombre a una calle de la villa de Candelaria, donde desarrolló su labor.

Nació en Candelaria el 5 de marzo de 1884, a las cuatro de la tarde, siendo hijo de don Juan Rodríguez Castellano y doña María del Carmen Cruz Frías. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el beneficiado propio don Antonio de la Barreda y Payva; se le puso por nombre “Víctor” y actuó como padrino don Pedro Castro, siendo testigos don Juan Martín y don Isidro Delgado, de dicha vecindad. Fue conocido por sus paisanos como “Victico”…

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Güímar-Candelaria: Fray José Romero de León (1762-1839), religioso dominico y último fraile lego del Convento Real de Candelaria en el siglo XIX

En su juventud, a finales del siglo XVIII, nuestro biografiado profesó como fraile lego de la Orden de Predicadores en el Convento de Santo Domingo en Soriano de su Güímar natal. Como tal, pasó luego al Convento Real de Candelaria, en el que ya prestaba sus servicios en 1810 y en el que continuó viviendo hasta la primera supresión de conventos de 1821, en que aquel se cerró temporalmente, por lo que se tuvo que trasladar al pueblo en el que había nacido. Regresó a dicho Convento en 1824, con motivo de su reapertura, y en él estaba cuando se produjo el tristemente célebre aluvión de 1826, en el que desapareció la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria y fue destruido el inmediato Castillo de San Pedro, con las ocho personas que vivían en él; permaneció en ese Convento hasta 1836, en que se volvió a cerrar y fue incautado por el Estado, con motivo de las leyes desamortizadoras. Una vez exclaustrado, ya septuagenario, se estableció definitivamente en su pueblo natal, donde percibió una pensión del Estado hasta su muerte.

Nació en Güímar el 11 de marzo de 1762, siendo hijo de don Matheo Romero Bello y doña Josepha Francisca de León Barbusano, natural ésta de la Villa de La Orotava y ambos vecinos del citado lugar de Güímar, donde se casaron en 1751. Cinco días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro por don Cristóbal Alonso Núñez, beneficiado propio de dicha parroquia; se le puso por nombre “Joseph Francisco” y actuó como madrina doña Francisca Bello de Ledesma…

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El artículo “Impresiones históricas / El pueblo de Candelaria” (1929), de Dacio V. Darias y Padrón

El artículo “Impresiones históricas / El pueblo de Candelaria” de don Dacio V. Darias y Padrón fue publicado en La Prensa en dos partes los días 13 (miércoles) y 14 (jueves) de marzo de 1929, siguiendo la estela de los dedicados a otras localidades del Sur de Tenerife. En él, don Dacio destaca el protagonismo de la Virgen de Candelaria en la historia del pueblo al que da nombre, su origen municipal, el castillo que custodiaba el Santuario y las referencias a esta localidad en los libros de actas del antiguo Cabildo de Tenerife, debido a los traslados de la Virgen a La Laguna, a las reparaciones de la casa de apeo que dicha institución poseía en Candelaria y a los arreglos del camino viejo que unía La Laguna con el pueblo sureño. A continuación, se centra en la financiación por el Cabildo de las dos festividades anuales de la Virgen y en la pretensión fallida de que a la festividad de la Patrona asistieran todas las parroquias de la isla con cruz alzada hasta Candelaria. También analiza el último pleito de los naturales contra el Cabildo y los dominicos por el derecho tradicional a cargar la Santa imagen, en 1738. Finalmente, dedica un amplio párrafo a la parroquia de Candelaria, en el que precisamente no hilvana muy bien las fechas que marcaron su larga trayectoria y sus vínculos con los otros pueblos del Valle, si bien destaca el valor de las imágenes de la parroquia de Santa Ana, sobre todo un Cristo Crucificado.

En cuanto al autor, don Dacio Victoriano Darias y Padrón (1880-1960) nació en Valverde de El Hierro y falleció en La Laguna. Fue Bachiller, Perito, Contador y Profesor Mercantil, Maestro Elemental y Superior de Primera Enseñanza; comandante honorífico de Infantería y comandante militar de El Hierro y La Palma; profesor particular de 1ª y 2ª Enseñanza, así como de la Escuela Profesional de Comercio de la capital tinerfeña, de la Escuela de Magisterio de La Laguna y del Seminario Diocesano de Tenerife; director de La Gaceta de Tenerife y asiduo colaborador de numerosos periódicos canarios; subdelegado de Enseñanza en la isla de El Hierro y comisario provincial de Excavaciones Arqueológicas; investigador y autor de numerosas publicaciones históricas; Cronista Oficial de Valverde y de la isla de El Hierro; cofundador y director de la Revista de Historia Canaria; directivo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, miembro de la Real Academia de la Historia y de otras instituciones; poseedor de numerosas distinciones, entre ellas las de Hijo Predilecto de la Isla de El Hierro, Cruz y Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, la nominación de varias calles, etc…

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Candelaria: Don Francisco Rodríguez Izquierdo (?-1575), rico propietario agrícola, ganadero y colmenero, y primer capitán de Infantería del Valle de Güímar, de origen guanche

Se sabe con certeza que la población inicial de la actual villa de Candelaria era mayoritariamente de origen guanche, pues muchos de los antiguos pobladores de la isla que sobrevivieron a la conquista se establecieron en dicho lugar, agrupados en torno a la Virgen. Por ello, durante el siglo XVI la mayoría de los alcaldes y alguaciles, así como de los jefes y oficiales de Milicias del Valle de Güímar, eran descendientes de guanches, como ocurrió con el personaje al que está dedicado este trabajo.

El guanche don Francisco Rodríguez Izquierdo, cuya vida transcurrió en el pueblo de Candelaria, llegó a ser un destacado propietario agrícola y ganadero, pues llegó a poseer extensos terrenos agrícolas en Igueste, con una notable producción cerealística, además de centenares de cabras, ovejas, cochinos, vacas y asnos, y más de un centenar de colmenas, así como casas, corrales, solares y cuevas en Candelaria y La Laguna. A pesar de ser analfabeto, su innata inteligencia y su desahogada posición económica permitió su nombramiento como capitán jefe de la única compañía de Infantería del Valle de Güímar, a cuyo frente permaneció hasta su muerte, sucediéndole en dicho empleo uno de sus diez hijos, don Pedro Rodríguez.

Nuestro biografiado nació en Candelaria en los albores del siglo XVI, poco después del final de la conquista, y era de origen guanche, aunque de momento desconocemos los nombres de sus padres. Siempre vivió en dicho pueblo, donde contrajo matrimonio hacia 1524 con doña Francisca Martín, natural de la misma isla e hija de los guanches don Francisco de Tacoronte (o Fernández) y doña Leonor Afonso…

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Candelaria: Dª. Eloína Pestano Martín (1913-2000), jornalera, gangochera, ventera, promotora de un salón de baile y un terrero de lucha canaria, cocinera, curandera, amortajadora y partera, que da nombre a una calle de Barranco Hondo

Este artículo está dedicado a una recordada vecina de Barranco Hondo, quien desarrolló una intensa y polifacética actividad en dicho pueblo, donde trabajó como jornalera, gangochera y ventera. Asimismo, fue promotora de un salón de baile, gracias al cual se formaron muchas parejas que terminaron en matrimonios, así como de un terrero de lucha canaria para uso del “C.L. Tinerfe”. Además, ejerció como cocinera en las bodas, amortajadora, curandera y partera, cubriendo en parte la falta de asistencia sanitaria pública en ese pueblo. En reconocimiento a esa intensa labor, en su mayor parte altruista, recientemente el Ayuntamiento de Candelaria le ha dado su nombre a una calle del municipio.

Nuestra biografiada nació en Igueste de Candelaria el 20 de noviembre de 1913, a las tres de la madrugada, siendo hija de los agricultores don Félix Pestano de León y doña Leonor Martín Padrón, naturales de dicho pueblo. Dos días después, su nacimiento fue inscrito en el Registro Civil de Candelaria, ante el juez don Juan Reyes Fariña y el secretario accidental don Aniano Cruz, siendo testigos don Pedro Tejera y don Juan González; pero, curiosamente, en su partida se anotó que había nacido el 22 de noviembre. Poco tiempo después fue bautizada en la iglesia de la Santísima Trinidad por el cura párroco don José Trujillo y Trujillo, aunque su partida fue inscrita en la parroquia matriz de Santa Ana de Candelaria, con la fecha correcta de nacimiento; y se le puso por nombre “Eloína Felicia”…

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Candelaria: Don Francisco Gaspar Rodríguez del Castillo (1752-1829), labrador, propietario agrícola, sargento 1º de Milicias y alcalde real de Candelaria

     Este artículo está dedicado a uno de los miembros de la familia más destacada de Igueste en los siglos XVIII y XIX, los Rodríguez del Castillo. Al igual que su padre y sus hermanos trabajó toda su vida como labrador en sus propiedades agrícolas. Asimismo, como su hermano Agustín y su sobrino Pedro siguió la carrera militar, en la que alcanzó el empleo de sargento 1º de Milicias en la 4ª compañía del Regimiento Provincial de Güímar. Además, fue alcalde real de Candelaria, donde probablemente desempeñó otros cargos de responsabilidad.

     Nació en Igueste de Candelaria el 12 de marzo de 1752, siendo hijo de don Francisco Gaspar Rodríguez del Castillo y doña María Josefa de Ledesma, vecinos de dicho pago en La Jiménez. El 19 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa Ana por don Pedro Hernández de Oliva Álvarez y Ledesma, párroco teniente de beneficiado; se le puso por nombre “Francisco” y actuó como de padrino el reverendo padre maestro fray Luis Tomás Leal, pero en su nombre lo sacó de la pila el padre maestro de novicios jubilado fray José Díaz, predicador del convento de dicha localidad…

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Enfrentamientos en las fiestas de Igueste de Candelaria en el último tercio del siglo XIX, con motivo de la procesión

    Desde 1788, en que se terminó y bendijo la ermita de la Santísima Trinidad de Igueste de Candelaria, comenzaron a celebrarse las fiestas patronales de dicha localidad, cuyo acto principal era la misa y procesión con las imágenes existentes en el templo. Desde sus inicios, la financiación y organización de éstas se hizo de forma alterna entre los dos sectores del pueblo, los vecinos de arriba en los años pares y los de abajo en los impares, como ocurría en otros muchos pueblos de Tenerife y aún continúa haciéndose en las de San Pedro de Güímar.

     En el último tercio del siglo XIX, tras la misa del día principal de la fiesta, en Igueste sacaban en procesión el antiguo cuadro con la representación de la Santísima Trinidad, así como las imágenes de la Purísima Concepción y San Juan, precedidas por la Cruz parroquial y el estandarte, por un itinerario acordado entre los párrocos y los vecinos. Pero en 1871, los vecinos de la parte de abajo, que ese año organizaban la fiesta, suplicaron al párroco de Candelaria, don Antonio de la Barreda y Payba, que se cambiase el itinerario de la procesión, dirigiéndola por un camino que daba un rodeo hasta la ermita, a lo que aquel accedió y así se hizo. Dicha innovación desagradó a los vecinos del lugar de arriba, quienes se alarmaron, protestaron y se quejaron a las autoridades religiosas, por lo que al año siguiente se verificó la procesión por el itinerario acostumbrado desde antiguo.

    Sin embargo, en 1873, cuando la fiesta volvió a corresponder a los vecinos del lugar de abajo, estos instaron nuevamente para que la referida procesión volviera por el camino por el que ya había transcurrido en 1871 y, al verificarlo así, se produjo un grave enfrentamiento, incluso físico, entre los vecinos de arriba y los de abajo, por lo que la procesión tuvo que retirarse a la ermita, lo que dio lugar a la formación de causas criminales, detenciones, enemistades y discordias entre los vecinos, por cuyo motivo la autoridad eclesiástica prohibió que la procesión discurriese por dicho camino y se dispuso que a partir de entonces se llevase a cabo alrededor de la plaza, con aprobación de las dos partes del pueblo que estaban enfrentadas. Pasaron algunos años de cierta tranquilidad hasta que en agosto de un año impar de ese mismo siglo XIX, en el que las fiestas eran organizadas de nuevo por los vecinos de abajo, se volvió a liar…

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El naufragio del vapor transatlántico español “Valbanera” en la costa de Cuba (1919) y su repercusión en el Sur de Tenerife

     El pasado año, concretamente el 10 de septiembre de 2019, se conmemoró el primer centenario de la mayor tragedia naval española en tiempo de paz, el naufragio del vapor transatlántico “Valbanera”, que partiendo de Barcelona recogió 569 pasajeros en Canarias, quienes emigraban a Cuba en busca de mejor fortuna; pero muchos de ellos encontraron la muerte en esa travesía, sin haber llegado a su destino. El hundimiento de dicho buque con motivo de un huracán acabó con la vida de 488 personas, de las cuales al menos 408 eran canarias, por lo que fue conocido como el “Titanic de los pobres”, el “Titanic canario” o el “Titanic de la emigración canaria”. En este artículo nos ocupamos de ese triste suceso, de repercusión internacional, recordando a los pasajeros del Sur de Tenerife que viajaban en él. Curiosamente, en su viaje anterior el mismo barco sufrió una grave epidemia de gripe en la travesía de Cuba a Canarias, en la que murieron unos 30 pasajeros, además de otros que fallecieron después de desembarcar en Las Palmas de Gran Canaria. Sin duda es una de las historias más dramáticas de la emigración canaria, una constante que ha marcado la historia de este archipiélago.

     El vapor “Valbanera” era un gran buque correo transatlántico español, propiedad de la compañía de navegación “Pinillos”. Fue construido en Glasgow, en Escocia, y entregado a dicha naviera en noviembre de 1906, siendo bautizado como “Valbanera” en honor a la Virgen de Valvanera, de La Rioja, aunque por algún error se modificó el nombre cambiando la segunda v por una b. Sus características generales eran: 121,9 m de eslora; 14,6 m de manga; 6,5 m de puntal; 7,6 m de calado; propulsión por alternativa de triple expansión, con dos hélices; velocidad de 12 nudos; y capacidad para 1.200 pasajeros, repartidos en 4 clases o categorías. Fue asignado por la Naviera Pinillos a la línea entre los puertos mediterráneos españoles y los atlánticos de Canarias, a Puerto Rico, Cuba y los puertos norteamericanos del Golfo de México. También navegó en la ruta entre España, Brasil y Argentina…

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Candelaria: Don Domingo Torres Martín (1944-2019), luchador destacado, puntal de Tercera y Segunda, presidente durante casi tres décadas del “C.L. Arguama”, con diversos reconocimientos, mandador, vocal de la Federación Tinerfeña de Lucha Canaria y delegado federativo

     Profundo amante de la lucha canaria, permaneció como luchador en activo durante 26 años, casi todos ellos en el club de sus amores, el “C.L. Arguama” de Igueste de Candelaria, salvo una temporada en la que se alineó con el “C.L. Águila Negra” del Camino de Chasna (La Orotava) y dos en las que militó en el “C.L. Araya” de su municipio natal. Fue puntal de Tercera e incluso lo llegaron a clasificar como puntal de Segunda, aunque no compitió como tal. También fue presidente de la junta directiva y auténtico alma mater del “C.L. Arguama” durante casi tres décadas, en cuatro etapas, labor por la que su directiva obtuvo varios reconocimientos. Además, fue entrenador o mandador, directivo de la Federación Tinerfeña de Lucha Canaria, delegado federativo y asambleísta. En la vida laboral, se inició en las labores agrícolas, pero luego trabajó durante 32 años como granjero avicultor.

     Nació en Igueste de Candelaria el 4 de febrero de 1944, a las dos de la madrugada, siendo hijo de don Antonio Torres Coello (conocido por “Domingo”) y doña Matilde Martín García. El 23 de agosto de ese mismo año fue bautizado en la iglesia de la Santísima Trinidad (aunque inscrito en la parroquia de Santa Ana de Candelaria) por fray Fernando Silva, cura ecónomo de la misma, actuando como madrina doña Remedios Rodríguez Pérez, de la misma naturaleza y vecindad…

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