La agitación social, política y sindical de El Escobonal (Güímar) durante la II República Española en Canarias (1931-1936)

Este año se cumple el 85 aniversario del final de la II República en Canarias, truncado bruscamente por el golpe de estado que inició la Guerra Civil Española, aunque en parte de la Península se prolongó durante los tres años que duró dicha contienda. En el presente artículo vamos a hacer balance de lo que supuso esta interesantísima etapa en la historia política y sindical de El Escobonal (Güímar), centrándonos en la creación de agrupaciones políticas y sindicales, así como en la repercusión de éstas en las elecciones generales y municipales que se celebraron en esos cinco años (de 1931 a 1936). Gracias al fondo de Asociaciones del Gobierno Civil, que se custodia en el Archivo Histórico Provincial, al Archivo Municipal de Güímar, a la prensa de la época y a las fuentes orales, podemos conocer cómo se desarrolló la actividad política en este interesante período de nuestra historia.

Al final de la II República, El Escobonal alcanzó el máximo demográfico de su historia, con más de 2.300 habitantes, que lo situaban como el 10º núcleo de población de la isla en número de habitantes, a pesar de no ser una cabecera municipal. Por ello, no es de extrañar que en ese interesante período de nuestra historia, este pueblo contase con un alcalde de barrio, varios concejales, dos agrupaciones políticas, una federación obrera, dos casinos, dos orquestas de baile…

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Güímar: Don Hermenegildo Rodríguez Pérez (1873-1973), agricultor, emigrante, interventor electoral, alcalde de barrio de Lomo de Mena y La Medida, presidente interino y primer vocal de la “Asociación Pro-Cultural del Escobonal”, archivo viviente y promotor de la primitiva ermita de Lomo de Mena, donde da nombre a una calle

Este artículo está dedicado a un modesto agricultor, que emigró a Cuba para mejorar su fortuna, trabajando en dicha isla en el cultivo de la caña de azúcar, y a su regreso continuó dedicado a dicha profesión, sobre todo como viticultor. Alcanzó una notable cultura autodidacta, lo que le permitió actuar como interventor electoral y ser nombrado alcalde de barrio, en una primera etapa de Lomo de Mena y La Medida y luego en otras dos solo de Lomo de Mena, la última durante toda la II República. También fue miembro de la comisión organizadora, presidente interino y primer vocal de la “Asociación Pro-Cultural del Escobonal”, auténtico ayuntamiento encubierto de Agache que intentó sin éxito la segregación del municipio de Güímar. Además, fue el promotor de la construcción de la primitiva ermita de la Santa Cruz, bendecida en 1932. Después su muerte, con casi 100 años, se dio su nombre a una calle de Lomo de Mena, de donde fue el auténtico archivo viviente.

Nació en el pago de Lomo de Mena el 6 de julio de 1873, a las seis de la tarde, siendo hijo de don Román Rodríguez Torres y doña María Dolores Pérez Duque. Dos días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el cura párroco rector ecónomo don Fidel Farré Pujol, Lcdo. en Sagrada Teología y arcipreste del partido; se le puso por nombre “Hermenegildo” y actuó como madrina doña Paula de Torres, siendo testigos don Francisco Yanes y don Emilio Hernández Delgado.

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Principales efemérides que se conmemoran en Güímar en 2021, relacionadas con acontecimientos históricos o biográficos

Tras el año especialmente anómalo que hemos vivido, en el actual queremos colaborar de nuevo con las Fiestas Patronales de Güímar recordando los principales aniversarios que se conmemoran en 2021, relacionados con los acontecimientos históricos más curiosos o de mayor trascendencia, así como el nacimiento o la muerte de personajes destacados de este municipio.

A modo de ejemplo, se cumplen los 375 años de la aprobación de los estatutos de la Cofradía de la Virgen del Socorro; los 225 años del nacimiento del Dr. Agustín Díaz Núñez, uno de los hijos más ilustres de Güímar; los 200 años del fallecimiento del ilustre sacerdote güimarero Florentín Núñez y Torres, canónico de la Catedral; los 150 años del Juzgado Municipal y del Registro Civil; los 100 años de la bendición de la imagen del Cristo de Limpias o de la Agonía y de su primera fiesta; los 75 años de la inauguración de la barriada de pescadores de El Puertito; los 50 años de la inauguración de la Autopista del Sur por la costa de este municipio; los 25 años de la creación de los Bomberos Voluntarios del Valle de Güímar; etc. …

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Las pescaderas o vendedoras de pescado de El Escobonal (Güímar)

En el año 2014, con motivo del Día de la Mujer, el Ayuntamiento de Güímar acordó distinguir a las vendedoras de pescado o pescaderas, unas mujeres muy populares, forjadas por la sal, el polvo del camino y la lucha diaria en la costa, en una dura actividad, que ha ocupado un merecido lugar en la historia de este municipio, pues su vida ha estado ligada al trabajo y a la superación, cimentado en una intensa batalla contra las penurias de la época que les tocó vivir. A este entrañable colectivo se dedica el presente artículo, centrado en las que estuvieron vinculadas a El Escobonal y desarrollaron su labor en El Tablado o El Puertito de Güímar. En otra ocasión nos ocuparemos de las pescaderas establecidas en ese último núcleo.

En la costa de Agache se desarrolló una limitada actividad pesquera desde muy antiguo, pero por lo general complementaria de las tareas agrícolas. Tuvo su máximo desarrollo en el siglo XIX, pues en 1833 ocho familias vivían casi exclusivamente de la pesca, al dedicarse a ella los cabezas de familia, que estaban matriculados como pescadores; de ellos, seis eran vecinos de El Escobonal, uno de La Medida y otro de Lomo de Mena; y a lo largo de dicho siglo se fueron incorporando a la pesca nuevos vecinos de dicha comarca. Éstos faenaban por la costa del sureste insular, entre Candelaria y el Porís de Abona, aunque preferentemente lo hacían en el litoral de Agache y Fasnia. Muchos de estos pescadores comenzaron a habilitar cuevas o a construir pequeñas casas terreras para alojarse durante el tiempo que permanecían en la costa, lo que, junto a los salones construidos para depositar las mercancías que llevaban y traían los antiguos barcos de cabotaje, dio origen a los caseríos de El Tablado, Chimaje, Los Barrancos y La Caleta. Es de suponer que en esa centuria, como en la siguiente, fueron las esposas o las hijas de los pescadores las encargadas de distribuir y vender el pescado por los distintos barrios y núcleos de población de la comarca, de las que enumeramos a 10 escobonaleras del siglo XIX y tres del XX.

Además, a lo largo de la pasada centuria muchos pescadores y pescaderas de El Escobonal se establecieron en El Puertito de Güímar, casi todos ellos miembros de la familia Bethencourt, donde constituyeron el segundo grupo en importancia de dicho colectivo, tras los vecinos de Candelaria allí establecidos. Recordamos en este artículo a 14 pescaderas nacidas en El Escobonal, o casadas con pescadores escobonaleros, que estuvieron avecindadas en dicho caserío de la costa güimarera…

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Fasnia-Güímar: Don Amaro Díaz Rodríguez (1780-1856), militar profesional en la Guerra de la Independencia, retirado con fuero y sueldo, depositario de las limosnas para la construcción de la iglesia de San José en El Escobonal y elector contribuyente

A lo largo de la historia de esta isla ha sido muy frecuente el intercambio humano entre pueblos colindantes, como siempre ha ocurrido entre Fasnia y El Escobonal (Güímar). El personaje del que hoy nos ocupamos es un ejemplo de ello, pues nació y creció en el lugar de Fasnia, en el seno de una familia destacada, pero luego contrajo matrimonio en el pago de El Escobonal, donde vivió el resto de su vida. Siguió la carrera militar y fue movilizado con motivo de la Guerra de la Independencia contra Francia, por lo que estuvo combatiendo en la Península durante algunos años como militar profesional con sueldo; probablemente alcanzó la graduación militar de cabo o sargento, dado su acreditado valor y que sabía leer y escribir, lo que no era muy frecuente en esa época, pero de momento no lo hemos podido confirmar; lo cierto es que obtuvo su retiro con fuero militar y sueldo. Una vez establecido en El Escobonal, en este pueblo actuó como testigo en escrituras de compraventa y en testamentos; también fue uno de los promotores de la construcción de la nueva iglesia de San José, siendo elegido depositario de las limosnas para dicha obra. Además, durante toda su vida se dedicó a las labores agrícolas, primero como jornalero y luego como propietario. Por ello, figuró entre los mayores contribuyentes del municipio de Güímar, lo que le permitió participar en las elecciones para diputados a Cortes y senadores.

Nació en el entonces pago de Fasnia el 16 de noviembre de 1780, siendo hijo de don Amaro Díaz y doña María Inés Rodríguez Perera. Seis días después fue bautizado en la iglesia de San Juan Bautista de Arico, de la que por entonces dependía dicho pago, por el cura párroco don José Hernández de Ara; se le puso por nombre “Amaro Rufino” y actuó como padrino don José Rodríguez. Fueron sus abuelos paternos: don Amaro Díaz y doña Josefa Blas González, naturales y vecinos de Fasnia; y los maternos: don Gaspar Rodríguez, natural de Güímar, y doña Inés Perera, que lo era de Fasnia, donde estaban avecindados…

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Güímar: Don José del Carmen Martín (1791-1844), jornalero agrícola, sargento profesional de la Brigada de Artillería Veterana de Santa Cruz de Tenerife y comandante jefe de dicha arma en Candelaria

Miembro de una familia humilde, tras comenzar su vida laboral como jornalero agrícola, nuestro biografiado ingresó como soldado en la Brigada de Artillería Veterana, en la que desarrolló su carrera como militar profesional, destinado sobre todo en Santa Cruz de Tenerife, donde contrajo matrimonio. En dicha Brigada ascendió a cabo 2º, cabo 1º y sargento 2º de Artillería; y con este último empleo también prestó sus servicios en los destacamentos del Castillo del Puerto de Garachico y de la Batería de Santiago de Candelaria; en esta última localidad celebró segundas nupcias y ejerció como comandante jefe de dicha arma. Falleció prematuramente en la capital tinerfeña, con tan solo 52 años, y tuvo un hijo con su primera esposa, que fue marinero de la Armada y práctico de número del Puerto de Santa Cruz de Tenerife.

Nació en el pago de El Escobonal (Güímar) el 26 de noviembre de 1791, siendo hijo natural de doña Josefa Martín Palenzuela “y padre no conocido”. El 1 de diciembre inmediato fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por el presbítero don José Bernardo Carrillo, con licencia de don Francisco Cruz Alayón, beneficiado propio de dicho lugar y de Candelaria; se le puso por nombre “José del Carmen” y actuó como madrina doña Águeda González, de la misma naturaleza y vecindad…

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Güímar: Don Santiago Manuel Frías Díaz “Lolo El Capitán” (1950-2001), bailador de la Danza y la Rondalla de El Escobonal, monitor de baile folclórico, director de baile de rondallas, cofundador y vicepresidente de “Atenguajos”, directivo de la Comisión de Fiestas y de la Asociación de Vecinos de El Tablado, electricista, agricultor y artesano

Este recordado escobonalero, pequeño de cuerpo pero de enorme inquietud, tras cursar los estudios primarios trabajó en Santa Cruz de Tenerife como camarero, mientras obtenía el título de electricista, que le permitió estar empleado en el mantenimiento del alumbrado público de Santa Cruz de Tenerife hasta su jubilación, aunque también realizó algunas instalaciones particulares. Con carácter aficionado, no profesional, también fue patrón de barco, pescador, agricultor, panadero, artesano y mecánico. Pero, sobre todo, se le recuerda como folclorista, pues fue componente de la Danza de las Cintas de El Escobonal y de la Agrupación folclórica “Coros y Danzas” del mismo pueblo; luego actuó como director de baile y tocador (laúd) de la Rondalla “Axaentemir”, también de El Escobonal, monitor de baile folclórico de los colegios de Lomo de Mena y Fasnia, y cofundador, director de baile, tocador y vicepresidente de la Agrupación folclórica “Atenguajos” de El Tablado. Además, en este núcleo costero en el que vivió el último tercio de su vida, fue presidente de la Comisión de Fiestas, impulsor de la Danza de Cintas y vicepresidente de la Asociación de Vecinos.

Nuestro biografiado nació en El Escobonal (Güímar) el 25 de julio de 1950, a las diez de la noche, aunque en la parroquia fue inscrito con la fecha del 12 de mayo; siendo hijo de don Manuel Antonio Frías Rodríguez y doña Clemencia Díaz García, naturales y vecinos de dicho pueblo. El 6 de agosto de ese mismo año fue bautizado en la iglesia de San José por el cura encargado don Juan Luis Pérez; se le puso por nombre “Santiago Manuel” y actuaron como padrinos don Alfonso Díaz García y doña Isabel Díaz Tejera. El 23 de febrero de 1954, con tan solo tres años de edad, fue confirmado en la misma parroquia; y siempre fue conocido entre sus paisanos como “Lolo el Capitán”, al heredar un apodo familiar…

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Güímar: Don Indalecio Cubas Castro (1885-1948), agricultor, comerciante, perito apreciador y partidor, delegado de la Asociación de Cazadores de Tenerife, presidente de la Asociación Pro Cultural de El Escobonal y teniente de alcalde republicano del Ayuntamiento

Nuestro biografiado trabajó en El Escobonal como agricultor, comerciante, perito apreciador de tierras y partidor. Además, desempeñó diversos cargos: vocal de la Junta Municipal del Censo electoral, delegado en El Escobonal de la Asociación de Cazadores de Tenerife, adjunto suplente de la mesa electoral de dicha sección y presidente fundador de la Asociación Pro Cultural de El Escobonal, que promovió un intento de segregación de este pueblo. Asimismo, formó parte del Ayuntamiento de Güímar durante la II República, como miembro de la Comisión Gestora y teniente de alcalde (2º y 3º), primero como político republicano independiente y luego como miembro del Partido Republicano Tinerfeño. Falleció en su domicilio de Güímar, cuando contaba 63 años de edad.

Nació en el pago de El Escobonal el 29 de abril de 1885, a las siete de la noche, siendo hijo de don Abelardo Cubas Padilla, natural de San Sebastián de La Gomera, y doña Rita Castro Díaz, que lo era del citado pago. El 4 de mayo inmediato fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por el coadjutor don Juan Elías Hernández, con licencia de don Fidel Farré Pujol, Lcdo. en Sagrada Teología, examinador sinodal, beneficiado curado propio y arcipreste del partido; se le puso por nombre “Pedro Indalecio” y actuó como padrino don Cándido Castro Delgado, siendo testigos don Rafael Hernández Delgado y don Domingo Torres Campos…

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

El Cine de El Escobonal (Güímar), principal local de esparcimiento de Agache durante medio siglo (1950-2003)

En un artículo anterior sobre el “Club Juventud” ya nos ocupamos del primer cine mudo de El Escobonal, instalado en el salón de don Graciliano Díaz. En el presente artículo nos vamos a centrar en el posterior “Cine Escobonal”, una instalación emblemática que tuvo una gran importancia para el esparcimiento del pueblo, pues fue el único local recreativo de El Escobonal durante muchas décadas, tras la desaparición de los casinos. Con un proyecto elaborado en 1944 por el arquitecto don Tomás Machado Méndez, su construcción se comenzó a tramitar en ese mismo año, aunque la licencia municipal se le concedió en 1946 y abrió sus puertas hacia 1950. Combinó las proyecciones cinematográficas con los bailes, que llegaron a gozar de notable popularidad. Aunque los propietarios eran don Arsenio Pérez Díaz y su esposa doña María Díaz Díaz, su primer empresario fue su yerno don Antonio Reyes Marrero, quien también actuaba como operador, al que siguió don José Pérez Díaz “Cheo”, hijo de los propietarios. Continuó con ambas actividades hasta 1986, en que murió su último propietario, continuando luego con otros usos hasta 2003, en que fue demolido tras su adquisición por el Ayuntamiento.

Aunque la calidad de las películas proyectadas nunca fue muy elevada, consiguió captar al público de toda la comarca, pues durante varias décadas fue el único lugar de esparcimiento de este pueblo, cuya vida social y recreativa giró en torno a este edificio, por el que entraba al pueblo la cultura cinematográfica y las relaciones sociales. Sobre todo, alegró la vida de las chicas del pueblo, pues hasta entonces las únicas salidas que podían hacer de sus casas eran para ir a misa o a las fiestas patronales, mientras que ahora podían acudir todas las semanas al cine y con mucha frecuencia a los bailes, eso sí, siempre en compañía de sus madres, hermanos u otros familiares. Los hombres también se beneficiaron con la apertura del cine, aunque siempre lo tenían más fácil, pues podían pasar parte de las tardes y noches de ocio en los bares o tabernas del pueblo, en muchos casos practicando juegos de mesa, o asistían a los frecuentes encuentros de lucha canaria, en los que la asistencia de mujeres era bastante escasa. Lo cierto fue, que tanto en los bailes como en las proyecciones cinematográficas se forjaron muchas parejas en este pueblo…

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo:

Las Fiestas de El Escobonal (Güímar) en honor de San José, presididas por la antigua imagen del Patrono (1755-1942)

El 19 de marzo de 1755 se celebró la primera fiesta de Agache en honor del nuevo Patrono, tras la bendición de la primitiva ermita, que desde entonces se ha seguido haciendo anualmente, salvo por motivos extraordinarios. En esa misma fecha de marzo se continuaron celebrando durante décadas las Fiestas Patronales de San José, hasta que en el siglo XIX se trasladaron al primer domingo de agosto, fecha en la que ya se celebraban en 1850. Con dicho cambio se buscaban unas mejores condiciones climáticas y, por lo tanto, menor riesgo de suspensión y una mayor asistencia de público; además coincidía con un período de menor actividad agrícola, lo que también favorecía el que los miembros de la comisión pudiesen dedicarle más tiempo, tanto a la organización como a la participación en la fiesta. Las fiestas se celebraron durante más de un siglo en el llano que rodeaba a la Ermita Vieja de Cano, en la parte baja de El Escobonal, hasta 1861 (aunque luego continuaría celebrándose allí la fiesta de San Vicente Ferrer, nueva advocación de dicho templo, hasta su destrucción en un temporal). A partir de 1862 se trasladaron al llano de tierra situado delante de la iglesia nueva, en el centro del pueblo, que en 1938 fue transformado en una auténtica plaza, con pavimento de cemento, bancos y árboles.

A mediados del siglo XIX la fiesta principal ya se celebraba el primer domingo de agosto, aunque los actos festivos se extendían también al sábado de la víspera y, en ocasiones, al lunes inmediato. Los palos o plumas con las primeras banderas se plantaban en la plaza el fin de semana anterior al de la fiesta y se adornaban por entonces con ramas de brezo o faya y hojas de palma, colocándose en los días siguientes el resto de los adornos por los distintos accesos a la plaza. Al igual que aún sucede con las Fiestas de San Pedro de Güímar, en este período las Fiestas de San José eran organizadas por las dos mitades en que se dividía el pueblo, El Escobonal de Arriba en los años pares y el de Abajo en los impares. La partición no era equitativa, pues se utilizaba como frontera la propia iglesia y plaza, en lugar del lomo de La Tambora que es la auténtica mitad del pueblo; por ello, lo normal era que El Escobonal de Abajo lograse recaudar más dinero que el de Arriba, lo que repercutía en la vistosidad de las fiestas. No obstante, el entusiasmo puesto por las comisiones y el tremendo pique existente entre ellas contribuía a disminuir las diferencias. Solía comenzar con el repique de campanas y lanzamiento de cohetes. No faltó nunca la actuación de la danza en la tarde del domingo principal por la plaza y el centro del pueblo, así como en la procesión, siempre acompañada por el flautista y tamborilero (que en esta etapa fue primero Cho Gaspar Díaz “El Cojo de la Pita” y luego su hijo Cho Cirilio Díaz). Casi nunca faltó la actuación de una banda de música el día principal de las fiestas o los dos días, alternándose sobre todo las de Arafo con la de Güímar; en su recibimiento (primero por la mañana y luego en las primeras horas de la tarde), que era un número esperado, la banda llegaba al sector que organizaba la Fiesta (a La Montaña en los años pares y a El Pino en los impares), desde donde se dirigía hasta la Plaza de San José en cabalgata anunciadora, ejecutando alegres marchas y pasacalles; luego, además de dar conciertos, amenizaba los paseos y los bailes en la plaza, y por la noche acompañaba a la procesión, junto con la danza. Asimismo, esa banda invitada tocaba la Diana del día principal por las calles principales.

En la mañana del domingo, día principal de la Fiesta, se celebraba una solemne función religiosa, en la que desde los años treinta del siglo pasado se invita a un destacado orador sagrado. Un número prácticamente fijo era la corrida de sortijas, que primero fue en bestias (caballos, burros o mulas) y a partir de los años veinte en bicicleta, la cual se celebraba inicialmente el domingo y luego pasó al sábado. Sobre todo a partir de 1930, en que se formó el primer “partido” o “bando” de El Escobonal, casi siempre se celebraba un encuentro de lucha canaria el domingo por la tarde, aunque a veces no se especificaba en el programa. En la noche del día principal tenía lugar la procesión, que llegaba hasta Las Lúas en los años pares y hasta La Fonda en los impares, en la que primero sólo se sacaba a la imagen de San José y luego, desde finales del siglo XIX, se incorporó a ella la Purísima o Inmaculada, con la participación de la danza de las cintas y banda de música, quemándose en su recorrido multitud de fuegos artificiales por uno o dos pirotécnicos, culminando con la exhibición de la “Entrada”. Y tanto el sábado como el domingo se celebraban bailes, a distintas horas (mañana, tarde y noche), a veces especificándose que eran regionales, amenizados por pianolas, orquestas o la propia banda invitada, tanto en salones particulares como en los casinos, además de verbenas en la propia plaza, sobre todo a partir de los años cuarenta…

En el siguiente enlace se puede descargar el artículo completo: