Vilaflor de Chasna: Don José Antonio Hernández de Fuentes (1792-1853), cabo 1º de Milicias, sochantre organista y notario público eclesiástico de la Parroquia, propietario agrícola, fiel de fechos del Ayuntamiento y administrador del Convento agustino

Este artículo está dedicado a una destacada personalidad de Vilaflor de Chasna en la primera mitad del siglo XIX. Desarrolló una modesta carrera militar, en la que alcanzó el empleo de cabo 1º de Milicias. Ejerció durante la mayor parte de su vida como sochantre organista y notario público eclesiástico de la Parroquia matriz de San Pedro Apóstol de dicha localidad, aunque también atendió sus propiedades agrícolas. Además, fue fiel de fechos (secretario) del Ayuntamiento y administrador del Convento agustino de Vilaflor. Todo ello le permitió alcanzar una posición económica desahogada, a pesar de su origen humilde.

Nació en Vilaflor de Chasna el 3 de agosto de 1792, siendo hijo natural de don Salvador Hernández de Fuentes y doña Lorenza García Estévez, naturales y vecinos de dicha localidad. Al día siguiente fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol por el teniente de beneficiado don José del Campo Guezala, con licencia del beneficiado servidor don Luis Cabeza y Viera; se le puso por nombre “José Antonio Esteban” y actuó como madrina doña María Mena. El 29 de noviembre de 1801, a los nueve años de edad, fue legitimado con el matrimonio de sus padres…

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Granadilla de Abona: Don Marcelo García González del Castillo (1800-1838), capitán graduado de Milicias, ayudante del Regimiento de Abona y propietario agrícola, fallecido en plena juventud

Al ser miembro de una familia acomodada de militares, siendo aún paisano don Marcelo fue propuesto para ocupar la plaza de teniente de la 4ª compañía del Regimiento Provincial de Abona, que se hallaba vacante; la desempeñó interinamente durante dos años, hasta que le fue ratificada mediante el correspondiente Real Despacho. Luego ascendió a ayudante 2º del mismo cuerpo, empleo en el que permaneció hasta su retiro, y se le concedió también el grado de capitán de Milicias. Obtuvo su retiro a los 37 años de edad, cuando llevaba más de 11 años de servicio, falleciendo al año siguiente, en plena juventud. También fue propietario agrícola.

Nació en Granadilla de Abona el 16 de enero de 1800, siendo hijo del sargento don Juan Antonio de Mata (González) García Bello, natural de dicho pueblo, y doña Antonia (Luisa Manuela de San Dámaso) González del Castillo y Sarabia, que lo era del pago de Chiñama. El 21 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de San Antonio de Padua por el cura párroco don Cristóbal Pérez Paxés y Barrios; se le puso por nombre “Marcelo Antonio del Sacramento” y actuó como padrino don Antonio Esteban Peraza y Ayala, párroco de San Miguel de Abona.

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Las Fiestas de El Escobonal (Güímar) en honor de San José, presididas por la antigua imagen del Patrono (1755-1942)

El 19 de marzo de 1755 se celebró la primera fiesta de Agache en honor del nuevo Patrono, tras la bendición de la primitiva ermita, que desde entonces se ha seguido haciendo anualmente, salvo por motivos extraordinarios. En esa misma fecha de marzo se continuaron celebrando durante décadas las Fiestas Patronales de San José, hasta que en el siglo XIX se trasladaron al primer domingo de agosto, fecha en la que ya se celebraban en 1850. Con dicho cambio se buscaban unas mejores condiciones climáticas y, por lo tanto, menor riesgo de suspensión y una mayor asistencia de público; además coincidía con un período de menor actividad agrícola, lo que también favorecía el que los miembros de la comisión pudiesen dedicarle más tiempo, tanto a la organización como a la participación en la fiesta. Las fiestas se celebraron durante más de un siglo en el llano que rodeaba a la Ermita Vieja de Cano, en la parte baja de El Escobonal, hasta 1861 (aunque luego continuaría celebrándose allí la fiesta de San Vicente Ferrer, nueva advocación de dicho templo, hasta su destrucción en un temporal). A partir de 1862 se trasladaron al llano de tierra situado delante de la iglesia nueva, en el centro del pueblo, que en 1938 fue transformado en una auténtica plaza, con pavimento de cemento, bancos y árboles.

A mediados del siglo XIX la fiesta principal ya se celebraba el primer domingo de agosto, aunque los actos festivos se extendían también al sábado de la víspera y, en ocasiones, al lunes inmediato. Los palos o plumas con las primeras banderas se plantaban en la plaza el fin de semana anterior al de la fiesta y se adornaban por entonces con ramas de brezo o faya y hojas de palma, colocándose en los días siguientes el resto de los adornos por los distintos accesos a la plaza. Al igual que aún sucede con las Fiestas de San Pedro de Güímar, en este período las Fiestas de San José eran organizadas por las dos mitades en que se dividía el pueblo, El Escobonal de Arriba en los años pares y el de Abajo en los impares. La partición no era equitativa, pues se utilizaba como frontera la propia iglesia y plaza, en lugar del lomo de La Tambora que es la auténtica mitad del pueblo; por ello, lo normal era que El Escobonal de Abajo lograse recaudar más dinero que el de Arriba, lo que repercutía en la vistosidad de las fiestas. No obstante, el entusiasmo puesto por las comisiones y el tremendo pique existente entre ellas contribuía a disminuir las diferencias. Solía comenzar con el repique de campanas y lanzamiento de cohetes. No faltó nunca la actuación de la danza en la tarde del domingo principal por la plaza y el centro del pueblo, así como en la procesión, siempre acompañada por el flautista y tamborilero (que en esta etapa fue primero Cho Gaspar Díaz “El Cojo de la Pita” y luego su hijo Cho Cirilio Díaz). Casi nunca faltó la actuación de una banda de música el día principal de las fiestas o los dos días, alternándose sobre todo las de Arafo con la de Güímar; en su recibimiento (primero por la mañana y luego en las primeras horas de la tarde), que era un número esperado, la banda llegaba al sector que organizaba la Fiesta (a La Montaña en los años pares y a El Pino en los impares), desde donde se dirigía hasta la Plaza de San José en cabalgata anunciadora, ejecutando alegres marchas y pasacalles; luego, además de dar conciertos, amenizaba los paseos y los bailes en la plaza, y por la noche acompañaba a la procesión, junto con la danza. Asimismo, esa banda invitada tocaba la Diana del día principal por las calles principales.

En la mañana del domingo, día principal de la Fiesta, se celebraba una solemne función religiosa, en la que desde los años treinta del siglo pasado se invita a un destacado orador sagrado. Un número prácticamente fijo era la corrida de sortijas, que primero fue en bestias (caballos, burros o mulas) y a partir de los años veinte en bicicleta, la cual se celebraba inicialmente el domingo y luego pasó al sábado. Sobre todo a partir de 1930, en que se formó el primer “partido” o “bando” de El Escobonal, casi siempre se celebraba un encuentro de lucha canaria el domingo por la tarde, aunque a veces no se especificaba en el programa. En la noche del día principal tenía lugar la procesión, que llegaba hasta Las Lúas en los años pares y hasta La Fonda en los impares, en la que primero sólo se sacaba a la imagen de San José y luego, desde finales del siglo XIX, se incorporó a ella la Purísima o Inmaculada, con la participación de la danza de las cintas y banda de música, quemándose en su recorrido multitud de fuegos artificiales por uno o dos pirotécnicos, culminando con la exhibición de la “Entrada”. Y tanto el sábado como el domingo se celebraban bailes, a distintas horas (mañana, tarde y noche), a veces especificándose que eran regionales, amenizados por pianolas, orquestas o la propia banda invitada, tanto en salones particulares como en los casinos, además de verbenas en la propia plaza, sobre todo a partir de los años cuarenta…

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