Guía de Isora: Don Miguel Hernández Jorge (1852-1930), aspirante examinado para alférez de Milicias, soldado sustituido, elector contribuyente, interventor electoral, fiscal municipal, adjunto suplente de la mesa electoral y secretario interino del Juzgado Municipal

     Nuestro biografiado quiso seguir la carrera militar, como algunos de sus familiares, por lo que fue aspirante examinado para alférez de Milicias, aunque no obtuvo dicha plaza; no obstante, sí comenzó a servir como soldado de Milicias en la Sección Ligera Provincial de Abona, hasta que puso un sustituto, para dedicarse al cuidado de sus propiedades agrícolas. Llegó a ser uno de los mayores contribuyentes del municipio y tuvo un cierto compromiso público, pues fue elector contribuyente, interventor electoral, fiscal municipal, adjunto suplente de la mesa electoral y secretario interino del Juzgado Municipal.

     Nació en Guía de Isora el 20 de noviembre de 1852, siendo hijo de don Miguel Hernández Martel y González, natural del mismo pueblo, y de doña María Ignacia Jorge Brito, que lo era de Adeje. Ocho días después fue bautizado en la iglesia de Ntra. Sra. de la Luz por el cura párroco don Domingo Carreiro; se le puso por nombre “Miguel Félix del Sacramento” y actuó como padrino don Andrés Martín, natural del Puerto de la Cruz y vecino de la localidad sureña…

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Granadilla de Abona: Lcdo. don Juan Peraza del Castillo (1682-1725), sacerdote y capellán de la parroquia de San Antonio de Padua

     Este artículo está dedicado a uno de los numerosos sacerdotes que desarrollaron una modesta labor pastoral en sus parroquias de cuna, como meros capellanes y colaboradores de los párrocos titulares. Miembro de una ilustre familia, llevado por su vocación religiosa y tras obtener una capellanía, don Juan cursó sus estudios eclesiásticos y recibió sucesivamente las órdenes sagradas: Prima Tonsura, Órdenes Menores, Subdiaconado, Diaconado y Presbiterado. Como sacerdote y capellán, estuvo adscrito a su parroquia natal de San Antonio de Padua, colaborando con el párroco don Rodrigo García de Armas y, probablemente, atendiendo las misas en alguna de las ermitas de la jurisdicción.

     Nuestro biografiado nació en Granadilla de Abona el martes 1 de diciembre de 1682, siendo hijo del alférez don Marcos González del Castillo, alcalde de dicho pueblo, del que era natural, y de doña María Peraza de Ayala y Pérez de Guzmán, que lo era de La Victoria de Acentejo, y ambos “labradores y vecinos” del pueblo sureño. El 27 de ese mismo mes fue bautizado en la iglesia de San Antonio, por el cura párroco don Salvador González; se le puso por nombre “Juan” y actuó como padrino su tío abuelo el Lcdo. don Lucas Rodríguez, clérigo presbítero…

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San Miguel de Abona: Don Gregorio García Alfonso (1852-1931), comerciante, cosechero de vinos, exportador de cochinilla, agente de seguros, alférez de la compañía local de la Milicia Nacional, interventor electoral, presidente de la comisión de fiestas, alcalde constitucional y fiscal municipal

     Trabajó toda su vida como comerciante, aunque también fue cosechero de vinos, exportador de cochinilla y agente de seguros. Prestó su servicio militar como soldado de las Milicias Provinciales, pero también fue alférez de la compañía local de la Milicia Nacional. Además, al figurar entre los mayores contribuyentes de su municipio natal de San Miguel, actuó como elector y desempeñó diversos cargos: concejal del Ayuntamiento, jurado judicial, interventor electoral, miembro de la Junta Municipal, alcalde constitucional, fiscal municipal, presidente de la comisión de fiestas y vocal de la Junta Municipal del Censo electoral.

     Nació en San Miguel de Abona el 20 de julio de 1852, siendo hijo de don Juan Antonio García del Castillo, natural de Granadilla de Abona, y doña María Antonia Alfonso Feo, que lo era de la primera localidad. Cinco días después fue bautizado en la iglesia del Arcángel San Miguel por el cura párroco don Jerónimo Mora y Hernández; se le puso por nombre “Gregorio Eulogio” y actuó como padrino su tío materno don Eulogio Alfonso Feo…

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El artículo “Pequeña descripción del Valle de Güímar” de N. H. G. (1892)

     Este artículo o reportaje periodístico fue publicado en el Diario de Tenerife el 5 de abril de 1892 (pág. 2) y firmado por N.H.G., iniciales que creemos corresponden a don Nicolás Hernández González (1838-1914), Bachiller, maestro y comerciante, natural de La Laguna y establecido en Güímar, donde contrajo matrimonio y falleció, siendo la única persona con esas iniciales que por entonces residía en dicha localidad y poseía la suficiente cultura para escribir este interesante trabajo.

     En la interesante descripción que nos ocupa, en primer lugar se analiza orográficamente el Valle, destacando los accidentes que lo remarcan, su suave pendiente y las montañas que sobresalen en la costa (Montaña Grande y Montaña de los Guirres). A continuación se compara con el de La Orotava, del que lo diferencia su menor verdor, pero al que supera tanto por su cielo despejado como por su aire seco y saludable durante todo el año. Se hace hincapié en las brisas frescas del Norte, que cesan con la puesta del sol, haciendo que los atardeceres sean apacibles e inviten al paseo y las excursiones, mientras que las noches son plácidas y frescas, por lo despejado del cielo. Se resalta su clima templado y sus escasas lluvias, lo que condiciona que la costa sea árida, pero no así las zonas altas y las medianías, donde dominan los cultivos variados, que prosperan gracias al riego. La abundancia de agua en esa época procedía de dos manantiales perennes, que discurrían por los barrancos de Badajoz y El Río, que el autor describe con detalle. En el Barranco del Río destaca sus numerosas fuentes, con saltos y cascadas, el espesor del bosque de laurisilva, los precipicios y los senderos que lo recorrían. Por su parte el de Badajoz, sobresalía por las impresionantes laderas, elevadísimas y verticales, que aún sobrecogen al visitante, así como por la hermosa cascada que existía y la “Cueva del Culantrillo”, con el agua rezumante y la flora que tapizaba sus paredes. Mencionando luego los caminos que llegaban hasta dichos lugares, pendientes, pero sin peligro, que podían recorrerse en bestias. Luego se refiere a la Carretera General del Sur, deteniéndose en un punto de la misma, la “Cortada”, en la parte superior de La Ladera, desde el que se domina todo el Valle (donde luego se instalaría el Mirador de Don Martín). Ello permite al autor reproducir una interesante descripción del paisaje que desde allí se contempla, debida al culto sacerdote lagunero don Ireneo González, oriundo de Güímar por su madre. Finalmente, recomienda al viajero que desde la cumbre se detenga en un lugar desde el que se observan los dos valles opuestos y casi simétricos, a la vez que se pueden contemplar las dos corrientes de lava histórica (de 1705), que partiendo del Volcán situado entre los Roques descendieron hacia el mar, poniendo en peligro a las localidades de Güímar y Arafo.

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Candelaria: Don José Antonio Núñez Villavicencio (1786-1867), labrador, tabernero, sargento de Artillería retirado con fuero, escribiente, fiel de fechos y secretario del Ayuntamiento y del Pósito, vocal de la Junta Municipal de Beneficencia y secretario de la Hermandad del Santísimo Sacramento

     Nuestro biografiado trabajó toda su vida como labrador en las propiedades agrícolas familiares. Además, fue tabernero y sargento de Artillería retirado con fuero. También ejerció como escribiente y, como tal, desempeñó los cargos de fiel de fechos y secretario del Ayuntamiento, así como del Pósito de la localidad, vocal de la Junta Municipal de Beneficencia y secretario de la Hermandad del Santísimo Sacramento de la parroquia de Santa Ana.

     Nació en Candelaria el 3 de octubre de 1786, siendo hijo de don Santiago Núñez Villavicencio y Castellano y doña Rafaela de Barrios García. Cuatro días después fue bautizado en la iglesia de Santa Ana por el teniente de beneficiado don Agustín de Torres; se le puso por nombre “José Antonio” y actuó como padrino don Alejandro Pérez, mozo libre…

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